Arte y Letras Literatura

Tres novelas sucias

Sí, tres novelas sucias: violentas, bruscas, íntimas, salvajes. Tres mujeres expuestas a la brutalidad de un padre, un párroco y un granjero —el hombre. Tres jóvenes sin filtros ni velos, en plena exhibición. Porque la voz de Del color de la leche pertenece a una adolescente, la pequeña de tres hermanas, albina y coja, a la que su padre desprecia por no ser tan eficiente en el trabajo como las demás. La de La niña que amaba las cerillas, a una cría que se tiene por niño, que habla de sí misma en masculino, porque así lo hacía su padre, que acaba de morir y les ha dejado a ella y a su hermano el universo entero por cuidar. Y la de The burial, a una mujer joven huérfana que, después de ser una artista circense, acaba en la cárcel y, al salir, en manos de un hombre violento y bebedor que la maltratará. Son tres personajes femeninos con los que Nell Leyshon, Gaétan Soucy y Courtney Collins —respectivamente— no tienen compasión, no se andan con rodeos: las tienen contra las cuerdas, indefensas.

Lo que hace sucias a estas tres novelas es el estilo descarnado con el que están escritas: no hay tregua para el lector. Quizá The burial acaba compadeciéndose de nosotros y se amabiliza, pero en Del color de la leche y La niña que amaba las cerillas, no —hay una conmoción durante toda su lectura, sin bajar la guardia, sin mostrarnos la bondad.

Del color de la leche, o la ingenuidad

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Imagen: Sexto Piso.

Mary vive con su familia en una granja. Es albina, es coja. Tiene un padre bruto, fuerte, que habría querido tres varones, pero no, tiene tres hijas. Y la pequeña, además, diferente. La novela está escrita por la misma protagonista, que tiene un estilo de lo más peculiar. No me refiero a que esté en minúsculas, ni mucho menos, sino a su tono, a su modo de contarlo todo —al raso. Mary vive así, sumergida en el miedo hasta el punto de normalizarlo y convertirlo en su modus vivendi. El único cómplice con el que cuenta es el abuelo, igual de inútil que ella, en una silla de ruedas. Por lo demás, Mary solo hace que contagiarnos de su encierro, de cómo se vive así, en la brutalidad. Lo que hace que esta novela sea tan especial no es tanto la historia que nos cuenta, que también, sino la voz de Mary, que con su ingenuidad y sus repeticiones, como si hablara un niño o un anciano, te va sujetando.

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5 comentarios

  1. Añado a la lista: El Diablo a Todas Horas, de Donald Ray Pollock.

    Gracias por las recomendaciones, no conocía ni una y tienen pinta desgarradora.

  2. Arco Bólido

    ¿Hasta cuándo va a durar la insoportable moda de titular los libros con una subordinada adjetiva? Empezamos susurrando a los caballos, pasamos a no amar a las mujeres y a jugar con cerillas y gasolina, y veo que seguimos en ello, jugando con cerillas.

  3. Arco Bólido

    Dicho lo anterior, Canadá de Richard Ford habla del desarraigo, la violencia de la América de la frontera, etc, en un tono que creo que está en línea con estas reseñas. Muy recomendable también.
    Gracias por las recomendaciones.

  4. Para sucia, Supermame, de Pablo Álvarez. Y buena además.

  5. Pingback: Jot Down Cultural Magazine – Tres novelas sucias más

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