No sabíamos si ir con España o no. Una cuestión de rebeldía adolescente, no le den más importancia. Fue aquel Mundial de las perillas y a ese respecto nuestro héroe era Caminero mucho más que Guardiola. En aquel momento, de hecho, no estaba claro si Guardiola servía para la selección. Demasiado flojo, decían, como dirían años después de Xavi. Javier Clemente prefería colocar a Nadal y a Hierro organizando el juego y a Luis Enrique de media punta. Como extremos, jugaban dos laterales: Goicoechea y Sergi. A veces, el delantero era Salinas y a veces no había delantero.
Jugamos contra Corea del Sur y empatamos a dos. Jugar contra Corea del Sur sin Michel no podía ser lo mismo. Frente a Alemania la cosa quedó uno a uno, aunque no recuerdo haber visto ese partido, envuelto en una estética de desprecio a mis propias pasiones. Sí vi el de Bolivia, que nos clasificaba para octavos. Por las mañanas —ya estábamos de vacaciones— quedábamos los del barrio a jugar a las chapas, con garbanzos haciendo de balones y dedos formando porterías. Cuando repartimos selección, yo me quedé con Italia. Mi jugador favorito, con diferencia, era Roberto Baggio.
La eliminatoria contra Suiza fue un paseo: tres a cero y euforia desmedida, hasta el punto que a la Cibeles le robaron un brazo y tardaron tres días en devolvérselo. He de insistir en que, aunque esté utilizando la primera persona del plural continuamente, en realidad yo seguía sin tener muy claro a qué grupo pertenecía, si al de los entusiastas o al de los tacañones. Los aguafiestas. Y para estar completamente seguro tuvimos que irnos a Lisboa.
No quiero decir que mi adolescencia fuera un desastre porque no lo siento así. Otra cosa es que se juntaran una serie de coincidencias desgraciadas. Por ejemplo, que uno vaya de viaje de verano a Lisboa en busca de sol, chicas y atmósfera romántica y acabe en una pensión de putas del barrio de Intendente, bebiendo con marineros españoles y corriendo para no pagar en los bares de alterne del Barrio Alto. Sé que Lisboa es una ciudad preciosa y mágica igual que sé que en la frontera del Estado de Nueva York con Canadá hay unas cataratas. Pero nunca las he visto.
Ni siquiera vi a las putas, si quieren que les sea sincero. Nadie nos avisó, aunque una pensión que costaba 1000 pesetas la noche debería haber disparado todas las alarmas. Una “pensión basura”, que diría ahora Standard & Poor’s. Ahí vimos a Bulgaria tumbar a Alemania y a Brasil ganarle a Holanda con gol agónico de Branco. El dueño de la pensión nos contaba historias del Sporting. Iba y venía por el salón, como si nos vigilara, aunque probablemente lo suyo no fuera más que aburrimiento.
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Que grande, con tu permiso, voy a recomendar este blog.
Que grande.
Realmente tengo el mismo recuerdo que tú de ese mundial. Las chapas, las mañanas… y el sentimiento de rebeldía hacia España, yo que soy el más patriotero que existe… Fue muy provocado del ataque de todos los medios -justificadamente- al juego de Clemente. Yo no creía en España, aunque los Cuartos con Italia grité y lloré como lo que era, un niño chico…
Desde entonces, todas las lágrimas derramadas, Inglaterra 96, Francia 98, Francia 00, de alegría con el gol de Alfonso, de tristeza con el penalty de Raúl, Corea 2002… hasta la Eurocopa y el Mundial (el día de mi 28 cumpleaños) han sido gracias a esta Selección Española.
Pero desde luego los recuerdos que guardo de aquél Mundial en EE.UU. son muy muy similares. Yo no vi el de Corea, pero sí el de Alemania, con el TALGO, el Tiro Alto y Largo de GOicoechea, que nos valió el empate!
Saludos!