
Estimado señor Tebas:
Le escribimos con la cortesía que merece el presidente de una de las competiciones más seguidas del mundo y con la obligación que les debemos a nuestros lectores, que son, en parte, la misma gente que ve sus retrasmisiones. El sábado 30 de agosto publicamos en Jot Down Sport un artículo sobre los apagones de internet que acompañan a cada jornada de Liga y sobre quién, dentro de su organización, debería estar buscando la manera de que no sigan produciéndose. No habían pasado cuarenta y ocho horas cuando recibimos, por conducto certificado y con membrete de su Dirección Legal, una solicitud formal de rectificación con seis puntos, un plazo de tres días y la reserva expresa de emprender contra esta revista cuantas acciones les correspondan en Derecho. La hemos publicado íntegra y compartido en redes sociales, como manda la ley, y hemos corregido lo que había que corregir. Esta carta no va de eso.
Va de una pregunta: ¿es usted consciente de lo que significa un fin de semanas de bloqueos para quien tiene un negocio pequeño? Se lo contamos con nuestro caso, que es modesto y por eso mismo representativo. Somos una editorial pequeña que vive de vender libros, y este verano invertimos mil euros en una campaña de promoción de nuestro catálogo que apuntaba a la web donde se compran. Durante las jornadas de Liga, esa web no existía para los lectores a los que la campaña llegaba: el anuncio se pagaba, el clic se pagaba, y al otro lado había una pantalla en blanco. Mil euros no arruinan a nadie, aunque para una editorial como la nuestra son una tirada, una portada o una nómina. Ahora multiplique eso por cada tienda de repuestos, de ropa de niño o de libros de segunda mano que despacha desde una web y cuyo dueño, un sábado tras otro, mira la caja vacía y se pregunta qué ha hecho mal. Ninguno de ellos pirateó nunca un partido. Muchos ni siquiera siguen el fútbol.
De la carta que hemos recibido no se deduce que en LaLiga haya nadie pensando en esa gente. La carta está pensada para nosotros, y está bien pensada: es precisa, es rápida y es intimidante en la medida justa. Tuvieron cuarenta y ocho horas para reaccionar a un artículo y las emplearon en eso. Nos gustaría saber cuántas horas, en estos meses, se han empleado en sentarse con los afectados, en escucharles o en decirles siquiera que lamentan lo que les está pasando.
No le pedimos que renuncie a defender lo que es suyo. Le pedimos algo más pequeño y, sospechamos, más difícil: que pida perdón a quienes están pagando una guerra que no es la suya, y que ponga de su parte —su gente, su tecnología, su enorme presupuesto— para encontrar una forma de perseguir a los piratas que no arrase con los vecinos. Mientras tanto, seguiremos publicando lo que haya que publicar y rectificando lo que haya que rectificar. Es lo que hace un medio, y es lo que su Dirección Legal ya sabe que hacemos.
Espero que la respuesta a esta carta no sea otro documento amenazante y en lugar muestre algo de sensibilidad con nosotros y el resto de los afectados.





