Ciencias

Una aproximación al valle inquietante de Masahiro Mori

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No volví a ver a aquel hombre hasta después de comer, y me pareció que se hallaba en su centro. Pero su fisonomía me agradó menos aún que antes: por un lado me impresionaba y por otro me parecía inanimada. Sus ojos erraban de un lado a otro, sin expresión alguna, lo que le daba un curioso aspecto, tal como yo no viera nunca. A pesar de ser un hombre apuesto, me repelía extraordinariamente. (Jane Eyre, Charlotte Brontë)

La primera mención registrada sobre la figura del Golem(1) —criatura mágica creada a partir de materia inanimada para servir a su creador— se remonta al Talmud, texto central del judaísmo rabínico, y es por muchos conocida: Adán. Según la leyenda talmúdica, Adán fue creado a partir del barro y llamado golem durante sus primeras doce horas de existencia por ser un cuerpo sin alma. A diferencia suya, los golems que vinieron después y que el mismo Talmud menciona fueron creados por seres humanos que gracias a una posición cercana a su Dios disponían del poder de la creación de vida. Sin embargo, a diferencia del primero, nunca podrían ser más que una sombra de la creación divina.

Frankenstein(2) es —con permiso de la leyenda del rabino Judah Loew ben Bezalel y su Golem de Praga— la criatura ficcional nacida de las manos del hombre más conocida en la historia de la literatura. A diferencia de sus primos judíos, el monstruo de Frankenstein nace fruto de los delirios de grandeza de un científico y está compuesto por piezas de cadáveres cosidas y animadas por la electricidad. La horrenda apariencia de su piel amarillenta y traslúcida, sus ojos vidriosos y brillantes o sus labios negros explican el rechazo que padeció por parte de una sociedad que veía en él a un ser que podía parecer humano pero que no acababa de serlo.

Tal vez el investigador Masahiro Mori tuviera en mente la imagen del monstruo de Frankenstein aislado de la sociedad cuando hace más de cuarenta años escribió uno de los artículos más influyentes en la historia de la robótica. En él presentaba la idea del «valle inquietante». Mori imaginó las reacciones emocionales de la gente hacia seres artificiales que parecieran y se comportaran casi como humanos. Su conclusión en el artículo de 1970 fue que nuestra respuesta ante un robot de apariencia humana llegaría a cambiar abruptamente desde una fuerte empatía a la repulsión más absoluta conforme se acercara, pero fallara en alcanzarla, a la apariencia exacta de un ser vivo.

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9 comentarios

  1. Pingback: Una aproximación al valle inquietante de Masahiro Mori

  2. Brillante artículo, Jose

  3. Por que será que los brillantes lectores «estánbajandoelniveldelarevista-yosemasquetodosustedes-hanperdidounlector» no comentan en estos artículos? Lo brillante es el enfoque del artículo. Hablando sobre cine, se han fijado en las reacciones del público ante cyborgs como el Robocop del reciente remake. La tecnología actual permite mostrar con más detalle (y más crudeza) las partes biológicas expuestas en medio de las biónicas. En qué parte del valle ponemos a este Robocop? Y al primero? Y que hay de la conciencia humana? Este Robocop tenía un control deslizante que iba de «ser humano con emociones y algunas partes mecánicas» a «máquina sin emociones y algunos tejidos humanos». Cuál era más inquietante?

    • Lo que comentas sobre Robocop es muy interesante. Algunos de los detractores de la idea del valle inquietante defienden que las nuevas generaciones que han crecido en un mundo con mayor presencia de tecnología -tanto en la realidad como en el cine- muestran mucho menor rechazo hacia los seres artificiales que hace unas décadas se habrían calificado como «inquietantes».

      Sobre ese control emocional deslizante, creo que lo que más me inquietó no fue ninguna de las modalidades del agente sino la persona que tomaba la decisión de utilizarlo y las razones que esgrimía para hacerlo. Me pareció una forma de pensar perfectamente verosímil en el mundo actual en que vivimos.

      ¡Gracias por comentar!

  4. Excelente artículo. Muy intersante e inquietante. De gran nivel.

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