
Cuando se habla de liderazgo político, es posible que uno piense en cualidades como la determinación o el compromiso con unos principios. No obstante, como bien apunta Xavier Márquez en su excelente blog, abundan los ejemplos históricos de líderes políticos con un perfil muy diferente. Como explican los sociólogos Padgett y Ansell, durante el Renacimiento italiano, Cosimo de Medici ocupó el ejemplo paradigmático de a qué nos referimos. A pesar de no ocupar ningún cargo de jure, se erigió como gobernante de facto de Florencia y dio comienzo a un largo periodo de dominación de su familia en la capital toscana. Todo esto lo hizo habiendo ocupado cargos públicos oficiales apenas en dos ocasiones, ambas durante muy poco tiempo, y consiguiendo crear una facción a la par extremadamente heterogénea en su composición (aunque textos de la época los veían como los «campeones de los nuevos hombres», aún a día de hoy no queda muy claro exactamente qué intereses representaban) pero muy efectiva en su capacidad de movilización.
A pesar del tratamiento que se le da al líder florentino en El príncipe (Maquiavelo y Cosimo eran coetáneos y amigos durante la juventud, aunque su relación posterior fue complicada; la familia de Maquiavelo acabó en el exilio a causa de una trifulca con los Medici, y Maquiavelo posiblemente salvara el cuello gracias a su amistad con Cosimo), las narrativas de los que interactuaron con él describen a Cosimo como «una esfinge indescifrable» de la que no se conocían ni opiniones, ni planes, ni objetivos. De él se decía que era «tan taciturno que incluso sus íntimos y criados tienen problemas a la hora de entenderle». A menudo incluso daba sus respuestas en forma de proverbios o dichos. Vespasiano cuenta que sus respuestas eran tan breves y poco claras con el objeto de tener siempre doble sentido. Cosimo no tomaba la iniciativa jamás, simplemente se limitaba a responder a las peticiones o retos que le llegaban.
Padgett y Ansell argumentan que el gran éxito del liderazgo de Cosimo se debe precisamente a este liderazgo pasivo. Cosimo utilizaba la estrategia de lo que ellos llaman las señales polivalentes, que consiste en enviar mensajes tan ambiguos que pueden ser entendidos de forma distinta por cada receptor, constituyendo prácticamente un test de Rorschach. De esa manera, cada cual puede leer entre líneas lo que encuentre relevante, dejando abiertas el mayor número de opciones para el gobernante.
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Estimado Octavio,
Creo que confundes liderazgo con poder, posición, gobierno.
El líder lo es por su acción ( no tienen por qué ser buenas acciones).
El gobernante, jefe, etc.., lo es por su posición.
En determinadas situaciones puede resultar estratégica la inacción, pero 3 so no significa que genere liderazgo.
Y te lo dice uno que sufre a un jefe inane a diario.
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