José López Barneo (Torredonjimeno, 1952) es licenciado en Medicina y catedrático de Fisiología en la Universidad de Sevilla, pero en el campo se le reconoce, probablemente, como el mayor experto español en la enfermedad de Parkinson. Actualmente dirige el Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBiS), donde nos recibe para la entrevista. José ha recibido prestigiosos galardones como el Premio Rey Jaime I de investigación, el Premio Maimónides de Investigación de Andalucía o el Premio de la Fundación Lilly de Investigación Biomédica. Este médico jienense ha sido considerado entre los españoles más influyentes de la ciencia y de la tecnología en varias ocasiones. Hablamos con él de neurociencia, de investigación, de párkinson y de cómo transcurre la ciencia en estos tiempos revueltos. José desprende pasión por las historias que cuenta, relata las implicaciones que tiene la biomedicina y traslada, casi sin quererlo, ese entusiasmo plácido que caracteriza al científico que se ha batido en mil batallas.
Estamos frente a un investigador andaluz de éxito internacional. ¿Cómo se consigue?
Ser profeta en tu tierra. Me incorporé a trabajar en Sevilla en un momento de expansión de la I+D. Desde mi época de doctorando hasta que saqué la plaza de profesor hubo un periodo que viví en mis propias carnes las dificultades enormes que había aquí para hacer algo. Vi como en poco tiempo la situación mejoró. Yo empecé a trabajar en ciencia en el año 1975/76, y entonces esto era un erial absoluto. Me fui a Estados Unidos en el 82, y volví en el 85. En esos años la situación cambió espectacularmente. Entramos en un proceso de expansión que ha durado hasta fechas recientes. Ha sido, por tanto, relativamente fácil hacerlo. Luego, en segundo lugar, está la labor personal. Hay que trabajar mucho, de forma clarísima, independientemente de que uno tenga suerte. Hay que trabajar más que si uno hiciera su trabajo científico en Estados Unidos, en Inglaterra o en Alemania. Sinceramente, he trabajado muchísimo.
Para un investigador qué crees que es más importante, ¿las publicaciones, los premios o el reconocimiento social?
Lo más importante es tener el convencimiento de que ha contribuido al desarrollo de la ciencia. Todo lo demás viene siempre como consecuencia de eso. Los investigadores, hablando coloquialmente, somos todos muy listos. Obviamente hay una selección muy alta, pero es que además todos somos ambiciosos y muy trabajadores. Nos une una ambición que no es la que se suele ver en otro tipo de profesión: la del reconocimiento, lo que llamaban los antiguos «la gloria científica». Este premio es, con diferencia, el más grande. El reconocimiento de los pares, de los colegas. Porque eso implica que ha hecho descubrimientos importantes, que se ha reconocido, se ha admitido internacionalmente, que sirve bien para el desarrollo de la ciencia, bien para la transferencia a la clínica, la biotecnología o lo que sea. Lo importante en el mundo de la ciencia es hacer una labor bien hecha, reconocida y, a ser posible, de la mayor transcendencia posible.
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Interesante. He echado en falta, eso sí, alguna referencia a la demencia asociada al Párkinson. Tengo entendido que no siempre se desarrolla, pero hay un porcentaje nada desdeñable de probabilidades. Ciertamente que al paciente y a los familiares les toque semejante «lotería» es tremendo. Supongo que esa es una más de las razones por las que los pacientes de párkinson y sus familiares se quejen de que la gran parte del protagonismo de las enfermedades neurodegenerativas se la lleva el mal de alzhéimer.
Los mismos que nos hablan de la inviolabilidad de los derechos de los animales corren presurosos a pedir una nueva cura para el cáncer cuando su familiar es diagnosticado. http://diario-de-un-ateo.blogspot.com.es/2013/10/para-que-seguir-haciendo-investigacion_24.html
Magníficas respuestas a preguntas nada magníficas. Es lo bueno de la gente con algo que decir, que la entrevista nunca sale mal.
Los hay imbeciles que por su animal son capaces de cualquier fechoría, sí he dicho fechoría y con ello me refiero a que si le recriminas que su perro se mee en la rueda de un coche, de tu coche, puedes perfectamente acabar a mamporrazos. Ahora la culpa de gilipolleces como la que se dice aquí la tiene quienes les dan cobertura legal a semejantes mamarrachadas.
Fue mi profesor recién llegado de Estados Unidos, en 1985, en primero de Medicina. Nos contagiaba diariamente de entusiasmo; nos enseñaba Fisiología celular, los canales iónicos, y recuerod que mencionaba de vez en cuando «trabajé con el descubridor de esto», o » colaboré en la etapa final de tal otra cosa», se conocía personalmente a muchos de los autores que mencionaba. Sus clases no se las perdía nadie, salíamos de allí con ganas de comernos el mundo….. una maravilla como persona, como profesor y como científico
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