Deportes

Aleksandar Djordjevic: La frialdad inquietante de un ganador compulsivo


Final liga yugoslava de 1987

Suena la bocina en el Palau. Final del partido. 73-82. Sasha Djordjevic no se retira al vestuario junto a sus compañeros. Alza los brazos con los dedos índices apuntando a la grada en señal de triunfo. Nacho Rodríguez le intenta sacar de la pista a empujones. El Real Madrid acaba de ganar la ACB en el quinto partido de una sorprendente y polémica final contra el F.C. Barcelona. El gesto del temperamental base serbio contiene un mensaje reivindicativo. Ha vencido otra vez, así que no estaba tan acabado como muchos pensaban. El verano anterior había abandonado el club catalán. AítoGarcía Reneses no le quería. El orgullo de Sasha reclamaba revancha. La encontró frente al eterno rival. Ante el entrenador que rechazó sus servicios y la afición que antaño le idolatraba.

En aquel momento ya superaba la treintena y ofrecía varias señales de declive. Pero daba igual. La calidad de las estrellas tarda en apagarse, casi tanto como su autoestima. Djordjevic no paró hasta levantar los brazos en el Palau Blaugrana con la camiseta del enemigo. Fue su último gran logro como jugador profesional. La culminación de una carrera impresionante, que empezó a escribir en los ochenta en su querida Yugoslavia.

De la tiranía de la Jugoplastika al triple mágico de Estambul

Aleksandar nació en Belgrado en 1967. Con su padre (el entrenador Bratislav Djordjevic) como inspiración, comenzó en el modesto Radnicki antes de recalar en el Partizan de Belgrado. Entre medias, un paso breve por el Estrella Roja, cuyos técnicos no valoraron sus cualidades. Debutó con la primera plantilla en el curso 83-84. Base cercano al 1,90, debía demostrar en la durísima liga yugoslava que no era un talento más, sino un producto especial del inagotable vivero balcánico. La misión se antojaba complicada. Había dentelladas entre los principales equipos del país por conquistar el trono local. El Partizan tenía una competencia feroz representada por la Cibona de Zagreb del fascinante Drazen Petrovic o el Zadar. Con todo, el conjunto entrenado por Dusko Vujosevic ganó la liga yugoslava en 1987. El triunfo tuvo mayor eco gracias al rival al que se enfrentaron en la final: el Estrella Roja, el vecino incómodo de Belgrado.

La alegría por el campeonato duró lo justo, hasta que se cruzó en el camino la Jugoplastika de Split. La irrepetible formación que amargaría al Barcelona en la Copa de Europa se encargó de frustrar los anhelos del Partizan en la competición doméstica. Derrotó al equipo de Sasha, cada vez más asentado como referente, en tres finales de liga: 87-88, 88-89 y 90-91 (en esta última con el nombre de Pop 84). En la final de 1988, Kukoc se emparejó con Djordjevic en varios momentos . No era una excentricidad de Maljkovic, sino una decisión provocada por una rotación escasa. Había que aprovechar al máximo la versatilidad del portentoso alero croata.

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7 comentarios

  1. Uno de los grandes de verdad y con mayúsculas. Contribuyó enormemente a la magia de este deporte que nos apasiona a algunos. Gracias por el artículo.

    http://saliendodesdeelbanquillo.blogspot.com.es

  2. Sasha era un genio sin parangón. Su temperamento y su ímpetu sólo eran superados por su increíble talento.

    No conocía el dato de su ‘enfado’ con Petrovic, que parece que explica la recurrente ausencia de Djordjevic en la maravillosa selección yugoslava de finales de los noventa. Me hubiera encantado verlos jugar juntos. Me declaro fan absoluto de ambos.

  3. Recuerdo la final contra el Joventud como el peor marcaje de la historia. En todo momento Sasha está controlando a donde va y cuando tiene que lanzar ese triple, ante la pasividad de Josefra. Menos mal que Corney hizo justicia dos años más tarde.

  4. Grande Sasha, de los pocos recuerdos buenos de aquellos duros años en el Raimundo Saporta. El minuto 11’40» del video del palau es sencillamente grandioso. Nacho Rodríguez le agarra del pecho y en respuesta Sasha se limita a levantar los dedos aún más mientras le mira a los ojos.

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