Jot Down Cultural Magazine – La energía que viene del mar

La energía que viene del mar

Publicado por

Fotografía: Kim Hansen / Richard Bartz (CC).

Es irónico, al menos para mí, ver cómo las palabras de un político influyente pueden llegar a veces a mover grandes cantidades de recursos, generando un interés adormecido o latente en temas que esperaban su oportunidad para hacerse viables. Cuando en uno de sus discursos iniciales el presidente de los Estados Unidos Barak Obama dio un giro a la política energética llevada a cabo hasta entonces por Bush, apoyando las energías renovables para dar más independencia a su propio país y ser consecuente con el cambio climático, cientos de pequeñas, medianas y grandes empresas dedicadas al negocio en sus más variopintas facetas fueron testigos de una expansión exponencial. De hecho, hacía más de una década que estaba en marcha el buscar de forma firme y con inversiones monetarias sustanciales una solución a los múltiples problemas energéticos. Pero muchas de las energías hasta entonces ignoradas o que se habían mantenido en cajones de técnicos e ingenieros esperando su oportunidad empezaron a tapizar las mesas de políticos, empresarios y gestores de entes públicos que veían cómo potenciales soluciones y proyectos que hasta el momento formaban parte o de la ciencia ficción o de un grupo de respetables pero poco rentables personajes que parecían buscar una utopía se hacían atractivos y sorprendentemente eficientes.

Por múltiples motivos, las nuevas energías (fusión nuclear, eólica, solar, biodiésel de segunda y tercera generación, corrientes marinas o geotérmica a gran escala, por poner algunos ejemplos) no tienen vuelta atrás. No voy a internarme en el debate de «cuánto petróleo o gas natural queda» (si bien recuerdo, una vez más, que estas son energías finitas y las voces de alarma sobre su durabilidad se alzaron ya hace tiempo). Por otra parte, las cantidades de fuel que hemos movido (y moveremos) son sin duda responsables de parte de los cambios que estamos sufriendo y sufriremos durante los próximos años. El cambio de política energética y de fuentes alternativas a este mercado se acerca y el mar tiene mucho que ver con este futuro. Vamos a poner aquí tres ejemplos que ya se están desarrollando en la actualidad y que dan esperanzas de cambio e independencia en las próximas dos décadas por ser factibles, no exclusivos de ningún lugar del planeta y, aunque en estos momentos algunos no sean del todo rentables respecto al sempiterno petróleo, carbón, gas natural y uranio que utilizamos en la actualidad, en breve plazo pueden ayudarnos a resolver el problema de la dependencia de terceros países.

Lo más importante es actuar desde la prudencia y teniendo en la mano una serie de elementos serios de criterio para descartar soluciones precipitadas, como es el caso del biodiésel de primera generación. Sabemos que el fuel renovable es una posible alternativa (como parche hasta que llegue una energía como la fusión nuclear) a los combustibles fósiles. En estos momentos se han invertido ingentes cantidades de dinero, tierras de cultivo y esfuerzo humano en crear biodiesel y bioetanol como alternativas renovables a nuestros actuales combustibles, pero el fracaso es considerable. «Los diversos tipos de biofuel de primera generación han demostrado ser, desde un punto de vista ambiental, contraproducentes, más incluso que la propia gasolina», opina Jörn Schalermann del Smithsonian Tropical Research Institute de Panamá. Las plantaciones terrestres no son viables, tal y como se demuestra en la actualidad, en parte porque una parte importante del producto agrícola destinado a consumo humano ahora lo queman coches y en parte porque para producir algo que remotamente sustituya a la gasolina y el gasoil de camiones, tractores y coches se necesitaría una cantidad de terreno desproporcionado que pondría en peligro los ya maltrechos ecosistemas, sobre todo los tropicales, donde se está espoleando la producción. «Uno de los factores a tener en cuenta a la hora de valorar este tipo de energía es, sin duda, el impacto ecológico real», añade Schalermann; «Veintiuno de veintiséis cultivos estudiados para este fin reducen en un 30% el efecto invernadero, pero doce de esos veintiséis tienen unos costes ambientales y alimentarios inaceptables». Entre ellos se incluyen la soja, el aceite de palma y la caña de azúcar, tres de los mejores para este tipo de conversión en combustible. Se puede imaginar uno lo importantes que han llegado a ser algunos de estos cultivos al constatar que en algunas regiones de Brasil se pueden comprar casas y coches directamente con soja…

Veamos algunas cifras para entender el problema. El aceite de palma es uno de los vegetales terrestres del que más provecho se puede sacar desde un punto de vista de energía convertible en biodiésel. Una hectárea de este vegetal produce unos 5950 litros de aceite. Un país como los Estados Unidos necesita unos 530 millones de metros cúbicos de diésel al año para mover sus diversas necesidades derivadas de este combustible, especialmente las del tráfico rodado. Por tanto, necesitaría, haciendo cálculos aproximados, unos 111 millones de hectáreas para producir biodiésel suficiente dadas las necesidades actuales, o sea un 61% del terreno cultivable del país. Inaceptable. Otro ejemplo: para dar energía a un 6% de Estados Unidos, este país tendría que invertir todo el maíz que produce en biofuel. Sencillamente intolerable, imposible, aberrante.

El biodiésel de segunda generación trata de optimizar los procesos y reconvertir aceites vegetales y animales para generar energía. Sin embargo, dista mucho de ser rentable y choca con problemas similares al de primera generación: no cubriría ni de lejos las demandas mínimas al ser una producción baja respecto a lo que se necesita. Sin embargo, el diésel de tercera generación obtenido a partir de microorganismos vegetales está dando un salto decisivo y puede que sirva para parchear la precaria situación en la que, en no demasiado tiempo, nos encontraremos. Se trata de utilizar algas microscópicas, especialmente las de origen marino, que tienen un alto rendimiento de aceites en su interior, son relativamente fáciles de cultivar y ocupan muchísimo menos terreno que los vegetales terrestres, aparte de no ser comestibles de forma directa por el hombre y por tanto no estar creando un conflicto de intereses en este sentido.

FOTO 1 ciclo biodiesel

El ciclo del biodiésel a partir de algas microscópicas en un esquema de Refueling the Future.

«El biodiésel a partir de las algas parece el único fuel que realmente pueda sustituir al actual gasoil sin un perjuicio tan grande para el medio ambiente», opina Yusuf Chisti de la Massey University de Nueva Zelanda. En realidad, la ecuación de cualquier biodiésel suele ser «simple». Los vegetales captan CO2 de la atmósfera, y una vez convertidos en combustible, generan CO2 que vuelve a entrar en el ciclo. Sin embargo, esta ecuación es mucho más complicada de lo que parece.

Hemos de que tener en cuenta que en todo proceso no está solo la planta, está todo lo que rodea su producción, mantenimiento, transporte, etc., que genera CO2 de forma directa o indirecta. A mí me hace gracia cuando se dice que los trenes no contaminan… la gente debería saber de dónde viene la electricidad que consumen, que por desgracia sigue siendo de los combustibles fósiles.

En el caso de las algas microscópicas, si las plantas de generación están bien diseñadas, la ecuación entre CO2 empleado y CO2 absorbido podría ser realmente cero. Las algas pueden tener entre un 30 y un 80% de lípidos en su interior. Su proporción de materia proteica y de carbohidratos es muy inferior al de las plantas terrestres, por eso una serie de biorreactores (canales o tuberías transparentes en los que se cultivan las algas para luego recoger su producción) bien diseñados pueden dar mucho aceite si las condiciones ambientales son las adecuadas. «Hay que buscar las condiciones de temperatura, pH, nutrientes, luz y concentración de CO2 ideales para su cultivo», comenta Claudio Fuentes-Grünewald de la Swansea University. «El biodiésel marino es fácil de cultivar, produce mucho aceite y ocupa poco espacio».

5

Un fotobiorreactor. Imagen: IGV Biotech (CC).

En zonas tropicales, ideales por cuestiones de luz y temperatura, una planta bien diseñada puede producir unos 1535 kilogramos de biomasa por metro cúbico y día. Con un 30% de su peso en aceite tenemos que, comparando con el aceite de palma,  una hectárea puede producir unos 123 metros cúbicos durante el 60-90% del año (dependiendo de la zona y por tanto del clima). Dicho de otra forma, se llega a 98,3 metros cúbicos por hectárea al año, mucho más que con cualquier especie vegetal terrestre y ocupando un espacio de tan solo el 3% de la superficie cultivable, un 58% menos que los cultivos terrestres más optimizados. Hay que escoger las cepas, las algas más adecuadas y optimizar el proceso de producción al máximo. Además, estas microalgas también pueden utilizarse para extraer otro tipo de moléculas de carácter proteico, pueden aprovecharse mucho más que las plantas terrestres. Lo ideal es conseguir cultivos exteriores con un gasto mínimo de energía para cosechar en forma de electricidad, transporte o fertilizantes. Las algas son de crecimiento muy rápido, las células de una cepa normal utilizada para este fin puede alcanzar una división celular cada dos días. Pero es que, además, para acabar de cerrar el ciclo y redondear la ecuación, todo aquello que sobre (proteínas, carbohidratos, etc.) puede fermentarse y convertirse en biogas. Este biogas podría alimentar como combustible las necesidades energéticas de la planta e incluso tener un excedente. El complejo proceso de optimización ya está en marcha, con las empresas petroleras en primera línea intentando llegar a conseguir plantas de gran producción en pocos años. Yo sí me imagino pequeñas ciudades en las que se hagan este tipo de cultivos a nivel institucional, que cubran un 30-50% de la demanda de autobuses, transportes oficiales, calefacción, etc. Sería dar independencia energética a la comunidad, un tema quizás peligroso para los que dominan nuestra energía…

4

Los dinoflagelados marinos (algas microscópicas que en algunos casos pueden formar las mal denominadas mareas rojas) pueden contener una elevada cantidad de grasa por célula. Imagen: Maria Antónia Sampayo / Instituto de Oceanografia, Faculdade Ciências da Universidade de Lisboa (CC).

Otra fuente de energía alternativa que ha entrado con mucha fuerza y que proviene del mar es la eólica. Europa con Gran Bretaña a la cabeza pasó de tener una capacidad acumulada de 700-800 MW de energía proveniente de turbinas de parques marinos (energía eólica offshore) en 2007 a más de 2000 MW en 2009, apenas dos años después. Los parques eólicos marinos, antes una utopía, ahora son una realidad muy palpable.  Parques en los que hay pilares que sostienen de 50 a 500 turbinas han sido instalados a lo largo del mar del Norte y el Báltico para producir energía proveniente de los fuertes vientos que encontramos mar adentro en zonas especialmente expuestas a este tipo de energía. Los parques eólicos tiene  problemas diferentes a los terrestres, aunque la parte estética y la avifauna parecen ser los más críticos. Sin embargo, si el emplazamiento ha sido cuidadosamente seleccionado y se ha logrado alejar las instalaciones de zonas que intercepten rutas migratorias o sean vulnerables por una avifauna abundante o delicada (con especies protegidas), el número de colisiones puede llegar a ser bajo, de 0,01 a 23 colisiones al año por turbina, lo cual es un riesgo aceptable. También los mamíferos marinos pueden verse desplazados de la zona por el ruido o el exceso de ingerencia en sus zonas de reposo, pesca o tráfico, pero los efectos (las pocas veces que han podido comprobarse) son mínimos. El cableado submarino, pero sobre todo los campos electromagnéticos generados por la transmisión de energía de mar a tierra, son otro de los problemas que se adujeron como potencialmente peligrosos para los ecosistemas, pero la realidad es que los pocos estudios serios que existen (e insisto en lo de pocos porque todavía no hay mucha carne en el asador en este sentido) demuestran un efecto despreciable sobre la piscifauna.

Más interferencias tienen estas estructuras sobre la navegación, que se ve muy restringida y en muchos casos, anulada. A pesar de que estos problemas están sobre la mesa, la solución eólica marina parece una de las más aceptables y, a medio plazo, puede generar una gran cantidad de energía. «Hay todavía muchas dudas entre la gente, los empresarios o los propios gobiernos locales», indica Brian Snyder del LSU Center for Energy Studies de Estados Unidos, «los especialistas y los ecólogos que han trabajado sobre el tema en estudios hechos durante la última década no han visto grandes problemas a nivel ambiental». Sin embargo, todos están de acuerdo en que, al menos por el momento, se necesita una fuerte inyección de capital estatal para que estos proyectos sean una realidad. Cien turbinas de cinco megavatios cada una (o sea 500 megavatios de energía generados) colocados a unas 15 millas náuticas de la costa cuestan unos 270 millones de euros en su construcción, unos 80 millones en cimentarlos y otros 126 millones de euros en poner el cableado submarino y los receptores de electricidad. Esto nos da un coste de unos 43 euros por megavatio y hora, un precio en el límite de la rentabilidad, al que hay que añadirle los costes de mantenimiento, seguimiento ambiental, etc.

Hay lugares donde se está desarrollando esta tecnología de forma exponencial por ser muy adecuados desde un punto de vista logístico y energético. Como hemos comentado antes, Gran Bretaña es un país que siempre ha intentado mantener una cierta independencia energética ayudada por sus explotaciones petrolíferas en el mar del Norte pero ahora se encuentra que las reservas menguan y la explotación tanto de este recurso como del carbón empieza a escasear. Hacia el año 2020 (a la vuelta de la esquina), Gran Bretaña calcula que, si no lo remedia, podría depender energéticamente del exterior hasta en un 75%. Por eso existe un ambicioso plan de energías renovables que vendrían a aportar durante las próximas dos décadas hasta un 20% de la energía necesaria para mover el engranaje urbano, industrial y agrícola británico. Entre las energías que se están poniendo ya en marcha se encuentran estos molinos de viento offshore, especialmente en la zona este de Escocia. Antes de 1995 no habían parques eólicos en Escocia, pero en el 2008 ya se han instalado 59 parques operativos, 65 más están aprobados y otros 103 están en fase de estudio. La energía eólica, especialmente en alta mar, entra fuerte en una zona donde los vientos tienen una velocidad media de 7,5 metros por segundo (solo igualada por la costa noruega y algunas zonas de Dinamarca e Irlanda), una fuerza y continuidad considerables que permiten ver los parques eólicos como una realidad muy tangible.

1

Una de las propuestas mezcla los campos de molinos con granjas de determinados cultivos marinos, en especial algas y moluscos. Fotografía: Untrakdrover (CC).

Como en otros lugares, y tal y como comentábamos antes, la energía eólica despierta recelo paisajístico: nadie quiere los molinos de viento a la vista, por lo aparatoso, antiestético y ruidoso, aunque la tecnología sobre todo en este último punto haya mejorado de forma drástica. Aquí, como en otros lugares, se ha pasado de turbinas de unos 50 metros de diámetro (con producciones de 1 megavatio) a turbinas de más de 125 metros de diámetro (capaces de generar hasta 5 megavatios). Las nuevas generaciones de turbinas eólicas offshore, especialmente aquellas que se encuentran a más de diez millas náuticas de distancia, tendrán posiblemente más de 200 metros de diámetro y una producción sensiblemente mayor. Volviendo a la reflexión anterior, el problema paisajístico es uno de los más difíciles de solventar, sobre todo de cara a un turismo que no es partidario de observar el horizonte marino plagado de molinos. Sin embargo, en el quid pro quo salen beneficiados los generadores eólicos, porque, como ya hemos dicho antes, las ventajas desde un punto de vista ambiental son considerables respecto a otras energías.

Si no se quieren ver los molinos, ¿por qué no sumergirlos bajo el agua? Esa es otra posibilidad que ya están barajando diferentes empresas en Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania: turbinas movidas por las corrientes marinas. Hace apenas dos años, una pequeña empresa escocesa puso en marcha un proyecto de turbinas movidas por la energía de las corrientes valorado en unos casi cuatro millones y medio de euros, una inversión ínfima que casi decuplicó su valor en ese breve periodo. En este caso, las corrientes de marea (de las que ya se hablaba hace más de tres décadas como fuente de energía) son las que han de propiciar electricidad a través del movimiento de las turbinas. No hay operaciones a gran escala, pero sí generadores capaces de producir más de 1,2 megavatios con tan solo un puñado de aparatos de pequeño tamaño.  Los proyectos para crear generadores a partir de las corrientes marinas son más reales que nunca. «Las corrientes marinas son muy interesantes desde un punto de vista energético», dice Charles Finkl de la empresa Coastal Planning & Engineering en Boca Ratón, Estados Unidos. «En el estrecho de Florida se desplazan unos treinta millones de metros cúbicos de agua por segundo; poner turbinas podría generar una gran cantidad de energía».

Ya aparecían bocetos y prototipos hace décadas, cuando se empezó a hablar de esta como de otras energías que sustituyesen al petróleo y otros elementos no renovables de energía. En una estima muy aproximada y posiblemente infravalorada podrían generar unos 450.000 megavatios (o sea unos 450 gigavatios), lo que significaría un equivalente de unos 434.000 millones de euros en todo el planeta. Obviamente esta estima se hace considerando una serie de generadores que interceptasen más de la mitad de las corrientes oceánicas, algo que el equipo de Finkl ni siquiera prevé en sus proyectos de futuro. Como ya hemos comentado antes respecto a los proyectos escoceses, hay decenas de proyectos serios que consideran la energía de las corrientes como una apuesta segura. Cerca de Florida, las corrientes son especialmente intensas y se podrían colocar turbinas entre los 100 y los 500 metros de profundidad para generar electricidad cerca de la conurbación de Miami. Los generadores han de estar cerca de núcleos urbanos para perder la menor cantidad de electricidad posible en su transporte desde el fondo del mar a la costa. «Las corrientes han de superar de media un metro por segundo para que las turbinas sean eficientes», explica un reciente estudio de la National Sun Yat-Sen University de Taiwan. Las turbinas van más lentas que las eólicas, pero la energía cinética, debido a una viscosidad del agua mucho mayor respecto a la del aire, es mucho mayor y genera más electricidad: una corriente de cinco nudos puede proveer de energía equivalente a una velocidad del aire de 350 kilómetros por hora.

Las turbinas submarinas ya son una realidad en pequeñas localidades de Gran Bretaña. Imagen cortesía de ANDRITZ HYDRO Hammerfest.

La colocación de turbinas impulsadas por las corrientes tiene sus problemas, como todo. El mayor problema técnico es sin duda el llamado fouling, o sea los organismos vegetales y animales que se asientan en todo aquello que se halle sumergido (diques portuarios, quillas de barco, boyas, etc.). Este problema es sin duda uno de los mayores impedimentos, pero poniendo las turbinas a más de cien metros de profundidad el fouling disminuiría al concentrarse el plancton más en zonas donde llega la luz para que crezcan las algas microscópicas. Sin embargo, la operación de mantenimiento sería costosa. La interferencia con la vida marina es mínima, peces, cetáceos o aves no se verían afectados por las turbinas si están bien diseñadas y colocadas en zonas en las que no haya fenómenos migratorios, aparte de que a esas profundidades muchos organismos como las aves quedan descartados porque, sencillamente, no llegan a bucear. Sin embargo, este punto tendría que estudiarse con especial cariño porque algunos organismos como grandes cetáceos (véase cachalotes) podrían ver entorpecida su pesca en profundidad con este tipo de aparatos sumergidos.

La parte más crítica es la propia instalación de las turbinas y el cableado, un poco como las turbinas eólicas en las que comentábamos que uno de los mayores impactos se produce al instalar las macroestructuras y los cables que han de ir a la costa para portar la electricidad. Algunos especialistas incluso hablan de poner las turbinas en zonas específicas con un doble fin: generar electricidad y mitigar el efecto de los huracanes en el golfo de México. Una serie de turbinas puestas en zonas estratégicas de las Antillas podría dar energía a la industria y reducir el efecto de los huracanes al menguar las corrientes que aceleran la formación de los mismos según un estudio de la Sealevelcontrol de Nueva York.

Ahora que hay una explosión real de energías alternativas, hemos de ser conscientes de las posibilidades reales y de su rentabilidad, y huir de una aplicación sistemática sin previo estudio serio de los posibles impactos en el ambiente y de su eficiencia, no vaya a ser que en algunos casos sea peor el remedio que la enfermedad. Me quedo de todas maneras con una duda, un temor… cuando leo la noticia de que el ingeniero que capitalizó la invención de un coche Tata que funciona con aire comprimido (sin petróleo) se «suicidó» hace unas semanas, me viene a la cabeza el hecho de que seguramente no a todos les interesa de verdad que la energía entre en su fase «democrática».

24 comentarios

  1. Pingback: La energía que viene del mar

  2. No estaba mal el artículo hasta que, para ilustrar el suicidio del ingeniero de Tata, nos dirige a una página donde también podemos aprender que “el agua de mar lo cura todo”, ver “la primera fotografía del alma” y “las 90 razas de extraterrestres”; lo que se conoce como rigor científico, vamos…

    • Hola Mose, la página es muy cuestionable, pero esta noticia (verídica) no sale en muchos lugares. Como siempre pasa, a mi entender, este tipo de cosas ocurren, yo no me atrevo a decir si fue algo premeditado o no, pero sí tengo claro (al estar trabajando en este tipo de proyectos) que no hay precisamente una facilidad para que salgan los resultados del mero “tubo de ensayo”. No hay teoría conspirativa ni nada por el estilo, hay simplemente gente que ve coma amenaza real el hecho de que se busquen métodos controlados a pequeña escala sobre la utilización de la energía.

    • Según el artículo, el aire se comprime solo. No hace falta energía para comprimirlo. Qué maravilla.

  3. Pingback: La energía que viene del mar | El Blog de Tolomeo

  4. Un artículo muy interesante, formativo y equilibrado.

    Eso sí, el comentario final contrasta con el tono general. ¿Se insinúa un asesinato?

    Obviamente, como en todo, hay intereses contrapuestos. El aire comprimido no es un invento reciente, y hay otros. Es inevitable que los coches de gasolina, tal como los conocemos, acaben siendo reemplazados por otra cosa, vendida por las mismas empresas probablemente, y que de ahí podamos ahorrar mucho consumo en combustibles fósiles.

    Lo malo, o lo bueno, de la tecnología es que avanza a saltos. Tiene un componente aleatorio que, si bien no lo explica todo, hace que planificar “demasiado” pueda ser poco sensato.

    • Hola Nemo, ni idea de si fue algo premeditado o no. Desde luego desconozco la trayectoria d ela historia y espero que esta pequeña provocación no me meta en el saco de los fanáticosde teorías conspirativas…Lo que sí tengo cada vez más claro es que la sociedad, a través de diferentes mecanismos, busca como puede la “independencia energética”. Y eso parece no hacer mucha gracia a unos pocos. Fíjate, cuando hubo la crisis del petróleo con la OPEC en los años ’70, se desarrolló mucha de la tecnología de biosdiesel de 3a generación (microalgas de agua dulce en este caso, sobre todo Spirulina) para tratar de dar un balón de oxígeno a la demanda de energía de forma independiente. Sin embargo, cuando el petróleo volvió a ser muy barato, todos esos planos, esa financiación, desapareció (en especial en EEUU). No era sólo porque el petroleo era barato (otra vez) y estaba disponible en grandes cantidades, era, en mi opinión, porque esa alternativa era mucho menos controlable: “cualquiera” podría cultivar sus células y producir su biodiesel…

      • Pues que “cualquiera” lo haga. La información sobre el cultivo de algas para biodiésel fue realizada con fondos públicos (como cualquier investigación de base) y los resultados, por tanto, son accesibles públicamente.
        “Cualquiera” puede leer los papers y tratar de replicar los expermientos. Total, ¿qué hace falta? Para producir algo de biodiésel, muy poco, apenas conocimientos de botánica marina y un poco de fontanería de base sirve para empezar. Para obtener biodiésel a precio inferior al de la gasolina… ¡ah, bueno, ese es otro cantar! Las estudios preliminares hablaban de plantas gigantescas de cultivo y procesado del aceite para un biodiésel que tendría un precio en torno al dólar y medio por litro.
        Con la perspectiva de que la gasolina subiese hasta el infinito y más allá, era un negociaco de la hostia, así que todo Dios se puso a investigar los biocombustibles. Se acabó la crisis del petróleo y el precio de la gasolina volvió a precios normales de la época (o sea, diez veces más barata). ¿Gasolina cinco veces más barata que el biocombustible? Entonces es una ruina y ni Dios quiere saber nada del asunto.
        Esto entronca con el párrafo inicial del artículo, el que habla del poder de las palabras de un presidente. No hay conspiraciones. No hay illuminati. No hay una sociedad secreta de los canteros (ni de los no-Homer). Simplemente hay empresarios que quieren ganar dinero. Si hay perspectivas de ganar dinero, todos se suben al carro, si no nadie quiere tocar el tema ni con un palo de tres metros de largo.
        Cuando un presidente da seguridades sobre un proyecto, se convierte en negocio seguro y todo el mundo se apunta. ¿Qué pasó aquí cuando Zapatero apostó por las renovables? ¿Acaso no crecieron las plantas de energía solar y eólica como hongos? Luego llegó la crisis y se han jodido vivos todos, pero es así de sencillo: las empresas quieren ganar dinero, y son alérgicas al riesgo. Dales garantías (o que pase algo que les de garantías, como que de repente desaparezca todo el petróleo de la Tierra) y verás como inmediatamente comienzan a trabajar en ello como locos.

        • Estoy totalmente de acuerdo Valhue, es simplemente una cuestión de negocio. Entre otras cosas, el petróleo sigue siendo barato, muy barato en realidad, por lo que las energías alternativas lo tienen muy complicado para dar el relevo. Sin embargo, para mí la cuestión es otra. Si seguimos a este ritmo de quemar combustible fósil, debido a que la demanda sigue subiendo, no podremos solucionar problemas como el del cambio climático. Y me temo que no hay nadie que esté de verdad por la labor, a nivel “mando”. Al final parece que estamos eligiendo el camino a la “adaptación” y hemos aparcado el de la “mitigación”…eso es lo que de veras me preocupa, porque creemos poder controlar el cambio y no lo estamos haciendo.

  5. Gran artículo, Sergio. No había caído nunca en la generación de energía aprovechando las corrientes marinas. Sin duda hay que centrarse en cosas así para la “medio” conservación del “1/4 ambiente” que nos queda.

  6. No sé cuántas fuentes habrá utlizado para escribir la parte relativa a biocarburantes, pero desde el punto de vista técnico lo que ha escrito no tiene rigor. Y desde el periodístico tampoco mucho, pues en un tema que causa controversia lo mínimo sería haber acudido a confrontar opiniones, pero usted ha embalado cuatro prejuicios y los ha querido hacer pasar por un artículo de divulgación. En fin, se nota que estos temas no son el fuerte de Jot Down.

    • Hola, siento que no te gustase el artículo, que no es periodístico, desde luego. Me disculpo porque en todos los demás puse referencias, en ese simplemente me olvidé.

      Algunas para abrir boca te las paso

      Chisti Y (2007) Biodiesel from microalgae beats bioetanol. Trends in Biotechnology 26: 126-131

      Plieninger T, Bens O (2008) How the emergence of biofuels challenges environmental conservation. Environm Conser 34: 273-275

      Schalermann JPW, Laurance WF (2008) How green are biofuels? Science 319: 43-44

      I. Rawat, R. Ranjith Kumar, T. Mutanda, F. Bux (2013) Biodiesel from microalgae: A critical evaluation from laboratory to large scale production. Applied Energy 103 (2013) 444–467

      Y uno de cosecha propia sobre la viabilidad de los cultivos outdoor y el ciclo de vida de materiales/costo de biodiesel de tercera generación basado en microalgas marinas

      Sevigné-Itoiz E, Fuentes-Grünewald C, Gasol CM, Garcés E, Alacid E, Rossi S, Rieradevall J (2012) Energetic balance and environmental impact analysis of microalgal production for biodiesel generation in a photobioreactor pilot plant. Biomass and Bioenergy 39: 324-335

      Son solo algunos, no tengo problema en enviarte más si los necesitas. Si no puedes acceder a alguna de las revistas o capítulos (muchos son de pago, no son open access), yo tengo los pdf. Un saludo.

      • Eso es un zas en toda la boca jaja

        Crack Sergio y un increible artículo.

        Ojala sea así y se pueda en un futuro tener un sistema sostenible de generación de energía sin cargarnos el medio ambiente ni nuestros climas.

  7. No sé de donde salen los datos del articulo para la eólica marina pero son extremadamente bajos tanto en construcción como en coste del MWh. London Array, el mayor parque mundial de eólica marina del mundo con 630 MW ha tenido un coste de 1.900 millones de libras (2.342 millones de euros) frente a los ridiculos 476 millones del artículo para 500 MW.

    ¿Y 43 €/MWh? ni de coña, ni siquiera la eólica terrestre tiene ese coste, más bien se encuentra entorno a los 140 €/MWh (valor que le da por ejemplo el Departamento de Energía y Cambio Climatico Britanico).

    • totalmente de acuerdo. Al mismo cálculo llegué cuando se indica 43 € / MWh…….error de bulto!!!

      • Siento el retraso en la respuesta, ahora vivo en la otra punta del Atlántico. La información puntual la he sacado de las siguientes referencias:

        Snyder B, Kaiser MJ (2009) Ecological and economic cost-benefit analysis of offshore wind energy. Renewable Energy 34: 1567-1578

        Warren CR, Birnie RV (2009) Re-powering Scotland: wind farms and the’Energyor Environment’ debate. Scottish Geogr J 125: 97-126

        Pero, en general, vienen sobre todo de este libro

        Wind turbines: fundamentals, technologies, application, economics E Hau, H Von Renouard – 2013 – books.google.com

        que es de libre acceso. Miraros sobre todo la parte del megaproyecto alemán

        Large wind power plants: ambitious projects in Germany (pp 28-33)

        Este proyecto es el en el que más me baso para poner un coste reducido de Euro/MWh. Hay un libro específico sobre este proyecto que tardó más de 10 años en empezar a construirse en parte por la larga (y creo que una de las mejores) evaluaciones ambientales (libro que, por supuesto, me he dejado en Barcelona, de lo contrario podría escanearos los capítulos correspondientes a los números potenciales…el libro cuesta más de 200 euros).

        Básicamente lo que dice es que la energía producida por metro cuadrado y unidad de tiempo es muy superior en el mar que en tierra (que es el dato en el cual os basáis) por la medida del propio molino (muy superior a los terrestres) y los regímenes de viento (constancia e intensidad). Por supuesto el costo inicial (y por supuesto la amortización) son muy superiores a los terrestres, así como su mantenimiento, pero en el Mar del Norte la profundidad media es de unos 30 metros y el lugar de estudio estaba a unos 25-35 metros de profundidad: eso hace que sea factible usar buzos y un riesgo moderado en los trabajos de mantenimiento. Crear allí las pilonas, el cableado, etc (es una plataforma continental muy amplia y somera) es mucho más fácil que en otros lugares y por tanto el mantenimiento se veía como algo más factible.

        Reconozco que el tema es controvertido, sin duda, y para mí la energía eólica no es la panacea, pero de eso a decir “ni de coña”…un saludo.

        • Me reafirmo en el “ni de coña”, no estamos hablando de una diferencia menor y el número que doy para el coste de generación viene de una fuente competente. La proyección más optimista que da el DECC del coste de la eólica marina para 2020 logra bajar a las 100 libras el MWh (123 €/MWh). Una cosa es que haya incertidumbres y discrepancias y otra el “Whisful thinking”. 47 €/MWh va incluso más allá…

          Otra fuente, la EIA (Energy Information Administration), dependiente del Departamento de Energía estadounidense, cifra el coste para las plantas que entren a operar en 2019 en 204,1 $/MWh (150€/MWh).

          En Alemania la Fraunhofer-Gesellschaft en un estudio de noviembre del pasado año calcula su coste para 2030 entre 96 y 151 €/MWh dependiendo de la ubicación y las condiciones del viento.

          Y precisamente en Alemania están teniendo unos problemas del carajo con sus proyectos eólicos marinos.

  8. Lo que comentas de la mortalidad de avifauna en parques eólicos (0,01 a 23 aves/año y aerogenerador) me ha dejado patidifuso. lo que se da como mínimo no es ningún mínimo, es más o menos la media registrada de mortalidades en parques eólicos. Y 23 aves por aerogenerador al año, sería un auténtico cataclismo y tiene muy poco de “riesgo aceptable”.

    • No te lo discuto, de veras. Es éste un tema muy controvertido, que depende de rutas migratorias, especies vulnerables, etc. Cuando he hablado con ornitólogos sobre el tema he oído de todo…tienes razón en que habría que ver qué es aceptable y qué no lo es. Es un tema candente y pendiente de solución. Hay otros que puieden ser incluso más complicados, como la privatización de las playas para introducir aerogeneradores. Eso pasa en el estado de Ceará, Brasil, donde la población ha visto, de la noche a la mañana (literalmente) cómo sus rutas de acceso a la playa (pesca, ocio, etc.) se ven truncadas porque han empezado a construir aerogeneradores.

      • Cierto, es controvertido. Las tasas habituales de colisones DETECTADAS andan por esos 0,01/aero.año (en eólica terrestre, de marina no controlo tanto y estará mucho menos controlado y estudiado). 23 sería muchísimo, por eso me extrañaba. El tema de la avifauna es un problema grave por los errores de diseño de los parques y la no inclusión, o inclusión errónea, del factor ambiental en su diseño y evaluación. Haciéndolo bien no debería ser un problema significativo (y menor que otros comentados como el paisajístico, propiedad, y otros), pero lo cierto es que a día de hoy lo es en muchos parques por el poco cuidado y respeto en su planificación. En este sentido, creo que es importante decir que la planificación de energía eólica marina en España considera la instalación masiva de aeros en una de las principales rutas migratorias de aves marinas de todo el Hemisferio Norte: costa cantábrica occidental y fachada atlántica de Galicia.

  9. Existe un error en el texto: la energía cinética del agua, comparada con la del aire, es mayor debido a una mayor densidad. La viscosidad afectaría a las pérdidas por fricción. Si un profesor que tuve escuchase lo de “molinos de viento”, preguntaría: “¿qué muelen?”. Las personas con formación técnica deberían de llamarlos aerogeneradores o turbinas eólicas, que es lo que son y no molinos.

    • Lo de los “molinos”…bueno, repetir aerogenerador varias veces en cuatro líneas puede llegar a ser un poco pesado. Digamos que es una licencia no muy ortodoxa pero aceptada popularmente. Respecto a lo del error físico, léete estos artículos y algunas de las referencias que encontrarás dentro, donde se explican con detalle los números para entender por qué rinde más la energía de una turbina bajo el agua

      Finkl CW, Charlier R (2009) Electrical power generation from ocean currents in the Straits of Florida: some environmental considerations. Renewable and Sustainable Energy Reviews 13: 2597-2604

      Lee MQ, Lu CN, Huang HS (2009) Reliability and cost analysis of electricity collection systems of marine current farm-a Taiwanese case study. Ren Sus Energy Rev 13: 2012-1021

      Como antes, si no puedes acceder a ellos pídemelos que te envío los pdf.

  10. Gracias por la respuesta. Respecto a los artículos, el primero lo conozco, leeré el segundo con interés. Lo que decía en mi anterior comentario respecto a la densidad es lo que se concluye de un simple análisis de la ecuación de la energía mecánica en su forma integral: el término energía cinética se obtiene de multiplicar un medio de la velocidad al cuadrado por la densidad del fluido y por el diferencial de volumen. Por tanto, tu afirmación de que la energía cinética varía con la viscosidad del fluido no es correcta.

    Por cierto, en España también se están desarrollando hidrogeneradores marinos y yo tengo la suerte de trabajar en uno de estos proyectos. Un saludo, Marcos

    • Pues es cierto, está mal expresado…gracias Marcos. Y mucha suerte con el proyecto, de veras…suena muy interesante, este tipo de proyectos son, en mi opinión, parte del futuro que teneos a las puertas. Aunque lo primero que deberíamos hacer es, “sencillamente”, consumir menos energía para empezar…

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies