¿Pero quién secuestró a Shergar? - Jot Down Cultural Magazine

¿Pero quién secuestró a Shergar?

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Shergar y el jockey Walter Swinburn encabezan la carrera, 1981. Foto: Cordon.

3 de junio de 1981. Ante más de ochenta mil personas, un precioso caballo castaño llamado Shergar se impone en el famoso Derby de Epsom por más de diez cuerpos batiendo el récord en la mítica carrera inglesa. Tras esa brutal exhibición también ganaría con rotundidad carreras tan relevantes como el Derby Irlandés o el King George VI, ambas pruebas catalogadas como grupo I, la máxima categoría que se otorga a una carrera de caballos. Shergar se había convertido probablemente en el mejor caballo de carreras del mundo y en ese momento ningún aficionado dudaba que iba a entrar en la historia de los purasangres por la puerta grande. Pero lo que nadie sospechaba es que su fama no se debería solamente a sus actuaciones en las pistas o a su éxito como progenitor en la yeguada, sino también, y fundamentalmente, a su trágica desaparición. Y es que dos años más tarde, Shergar fue secuestrado a punta de pistola. Y tras eso, nunca más se volvería a saber de él.

«Hemos venido a por Shergar, y queremos tres millones de dólares por él. Nos pondremos en contacto con el propietario antes de las doce del mediodía. La clave de verificación será rey Neptuno»; con ese escueto mensaje se despidió el líder del grupo de hombres armados que se llevaron al campeón de Newbridge, la yeguada donde servía Shergar como semental.

Shergar había nacido cinco años antes en los verdes prados irlandeses, y dueño de un exquisito pedigrí, desde sus primeras actuaciones en pista demostró su calidad como corredor. Luciendo los históricos colores verde y rojo del príncipe de los ismaelitas, el magnate Aga Khan, y tras disputar ocho carreras en las que se impondría en seis de ellas con unas ganancias de más de 400 libras de esa época, en otoño de 1981 se retiraría de las pistas con todos los honores, siendo premiado con el galardón de Caballo del Año en Europa. Pese a las mareantes ofertas recibidas por parte de inversores norteamericanos, el Aga Khan no estaba dispuesto a desprenderse de un caballo que era la plasmación de todos sus sueños como propietario y criador de caballos. Las carreras eran su obsesión, y Shergar, su obra maestra.

Estaba decidido, no iría a Estados Unidos, se quedaría en Irlanda, en una yeguada en el condado de Kildare, centro neurálgico de la cría de caballos irlandesa, donde comenzaría a servir como semental. El campeón se quedaba con ellos. Un orgullo para un país tan amante de los caballos como Irlanda. Sindicado en acciones nada más terminar su carrera como corredor, se vendieron participaciones del caballo a diferentes criadores, por un valor total de unos quince millones de dólares. Pero el sueño se tornaría pesadilla un 8 de febrero de 1983, cuando un grupo de hombres armados irrumpió en la casa del encargado de la yeguada, Jim Fitzjerald.

El secuestro fue efectuado de una manera sumamente profesional. Pasadas las ocho de la noche, y tras retener a los trabajadores que cuidaban de la yeguada, cargaron al caballo en un transporte específico para caballos, mientras que en otro coche se llevaron secuestrado a Jim, que no sería liberado hasta horas más tarde. La fecha no fue elegida al azar. El día anterior al secuestro se había celebrado una de las mayores subastas de caballos del año en Irlanda, con lo que todas las carreteras de la zona estaban invadidas de camiones llenos de caballos que trasladaban a sus nuevos destinos, lo que dificultaría más la búsqueda de Shergar. Uno de los secuestros más extraños de la historia de Irlanda había comenzado.

Para empezar, una vez que Jim Fitzjerald fue liberado, y tras llamar a su hermano, que también trabajaba con él en la yeguada, para decirle que se encontraba sano y salvo, se pusieron en contacto con los accionistas del caballo, con el veterinario responsable de Shergar, con gente conectada con el mundo de las carreras de caballos e incluso con altos cargos de ministerios irlandeses, hasta que el ministro de Economía irlandés Alan Dukes telefoneó al ministro de Justicia, y este a su vez a la policía… habían transcurrido más de ocho horas desde la desaparición del caballo hasta que el hecho fue conocido por la policía. La investigación no despegaba con buena pinta.

Tras una ronda de urgencia entre ellos, los accionistas del caballo deciden que no se pagará ningún rescate por el animal. Y es que, pese al altísimo valor de Shergar, someterse a las exigencias de los captores supondría un peligrosísimo precedente. Irlanda es tierra de caballos (y de incentivos fiscales en lo relacionado con la cría), y muchos de los mejores y más caros sementales del mundo estaban estabulados en la isla esmeralda. Y todos, sin excepción, están sin medidas de seguridad especiales. Son explotaciones familiares, que, pese a albergar a ejemplares valorados en millones de dólares, se siguen manejando de una manera tradicional. Implementar medidas de seguridad supondría un coste incalculable, y el fin de una actividad tan rentable como tradicional en Irlanda. Y, para más inri, la aseguradora Lloyds negó tajantemente la posibilidad de un pago de rescate. Se optaría por la recompensa, descartándose, por lo menos oficialmente, pago alguno a los secuestradores. «En ese momento, todos los propietarios decidieron comenzar a negociar, pero nunca pagar», declararía años más tarde Jackie Astor, uno de los mediadores en el secuestro.

Shergar y Walter Swinburn, 1981. Foto. Cordon.

Curiosamente los secuestradores, que tan eficientemente habían llevado a cabo el secuestro de Shergar, se comenzaron a mostrar sumamente incompetentes para la negociación del rescate. Según se supo luego, hicieron diversas peticiones, en su mayoría irracionales, hasta el punto de que suscitaron la duda de si realmente esperaban recibir el rescate (por ejemplo, llegaron a exigir el pago en billetes de cien libras esterlinas, billete que no existía).

Desde el primer momento se piensa en la organización terrorista IRA como responsable del secuestro. Pero hay algo que no cuadra. Los captores dan por supuesto que el caballo es propiedad por entero del Aga Khan, cuando cualquier aficionado irlandés sabe que el caballo ha sido sindicado en acciones, una circunstancia realmente extraña dada el carácter y el conocimiento de los terroristas irlandeses del terreno en el que se movían. Otro aspecto sorprendente es que los captores minusvaloraron la reacción popular ante el secuestro, ya que en un país tan amante de los caballos y las tradiciones como Irlanda, era fácil suponer que cada habitante de las zonas rurales iba a dar aviso a la policía de cualquier pista que encontraran sobre la desaparición de Shergar. Y es que las carreras de caballos, y Shergar en particular, son uno de los grandes motivos de orgullo en Irlanda, cosa que sin duda los terroristas del IRA debían de conocer. El encargado de la investigación designado fue el detective James Murphy, pero el Aga Khan, que todavía poseía una gran parte de las acciones de Shergar, le ninguneó desde el primer momento, prefiriendo contratar a un ejército de investigadores privados.

Hay que resaltar que el IRA nunca reivindicó oficialmente el secuestro, lo que ha dado lugar a diferentes teorías, como que el acto delictivo había sido llevado a cabo por una célula de la organización terrorista sin contar con la aprobación de la plana mayor de la organización, o que directamente el IRA solo había sido contratado por la mafia marsellesa para llevar a cabo el secuestro, como ajuste de cuentas con el Aga Khan debido a turbios asuntos nunca aclarados. Más descabellada parece la teoría de que el secuestro fue encargado al IRA por el coronel Gadafi para saldar la deuda que tenía la organización irlandesa con Libia por una compra de armas, e incluso basado simplemente en una antipatía por motivos religiosos e ideológicos contra el Aga Khan (durante muchos años circuló el rumor de que Shergar estaba ejerciendo secretamente de semental en algún país árabe). El principal defensor de esta teoría de la conexión Gadafi e IRA.es Colin Turner, un periodista londinense, como defiende en su libro En busca de Shergar (libro que, por cierto, contiene diversos errores de bulto y hechos que se ha demostrado que nunca sucedieron)

¿Y qué tal la mafia de Nueva Orleans? Esta teoría está basada en la conexión del agente de purasangres, Jean Michel Gambet. Parece ser que Gambet tenía cuantiosas deudas con la mafia, y habría planeado el secuestro de Shergar para la mafia como pago de sus deudas. El secuestro no llegó a buen puerto, con lo que Gambet no fue capaz de devolver lo que debía, por lo que se creyó que le prendió fuego al coche y posteriormente se suicidó de un disparo. Sin embargo, el examen forense indicó que había sido asesinado. Todo muy confuso.

Sea como fuere, la opinión más extendida es que de una manera u otra el IRA había estado involucrado en el hecho. Así, años más tarde, Sean O’Callaghan, exmiembro del IRA que acabó trabajando como agente doble para la policía, confesaría haber participado en el secuestro y que tuvieron que dar muerte a Shergar a las pocas horas de su captura al haberse dañado irreversiblemente en las patas, habiéndose llevado a cabo la negociación cuando el caballo ya había fallecido. Pero esta versión tampoco ha acabado de convencer a la policía, ya que la verosimilitud de las informaciones de Sean en el pasado tampoco es que fuera irreprochable. Y, como colofón, Nicky Kehoe, señalado por O’Callaghan como miembro activo en el secuestro, lo ha negado furibundamente, acusando a Sean de mentiroso «mintió en el pasado, y miente ahora. Nadie en su sano juicio le creería», declaró el que es actualmente dirigente del Sinn Féin.

Por otro lado hay otros rumores que indican que Shergar fue ejecutado a sangre fría cuando el cerco policial comenzó a estrecharse. Obviamente este punto nunca ha sido (ni será) reconocido por el IRA. Lo único cierto es que el cuerpo de Shergar nunca ha aparecido, pese al tiempo transcurrido y a la copiosa recompensa ofrecida por la compañía de seguros.

Y es que la plana mayor de los terroristas irlandeses siempre ha negado su intervención en el hecho, incluso su conocimiento de los culpables. Así, Martin Kenny, perteneciente a la cúpula del Sinn Féin, declaró hace poco que no solo no sabe quién estuvo detrás del secuestro, sino que directamente nunca oyó a nadie comentar que conociera a alguien que tuviera alguna información de qué pasó con Shergar, cosa realmente extraña dada la red de informadores que tenía el IRA a todos los niveles. En esa línea se mantiene el historiador Kevin O’Connor, persona muy conocedora de las tripas del IRA, que siempre se ha mostrado contrario a esta teoría, manteniendo que era imposible que en una estructura tan jerarquizada y profesional como era la banda terrorista un hecho tan importante hubiera escapado al control y conocimiento de las más altas instancias de la organización.

Y es que solo en la verde Irlanda, tierra de magia y leyendas, podría darse un caso tan rocambolesco como el secuestro y desaparición del que probablemente sea uno de los caballos de carreras más famosos del mundo, el inolvidable Shergar.

4 comentarios

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  3. Es siempre un placer leer los artículos de Enrique. Me considero una amante del Turf pero soy bastante nueva en esto de las carreras, por eso me gustan siempre tanto sus escritos, nos acerca grandes historias míticas del pasado.

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