Nueva entrega de la saga X-Men que recupera el honor gradualmente evaporado con anteriores entregas (la normalilla X-Men: La decisión final y la muy olvidable X-Men Orígenes: Lobezno) y puede presumir de aguantarle la mirada (un poco) a las dos películas iniciales de Bryan Singer, aunque la segunda parte siga dominando el podio. Matthew Vaughn, responsable de cosas tan dispares como Layer Cake, Stardust y Kick-Ass es el encargado para orquestar esta precuela/reboot que ambientada a principios de los 60 nos muestra la formación primigenia del grupo de mutantes y la relación entre los dos futuros antagonistas Charles Xavier (James MacAvoy) y Erik Lensherr (Michael Fassbender).
La cinta comienza tomando prestada la escena de la primera X-Men, en la que un infante Magneto es separado de sus padres en un campo de concentración nazi, expandiéndola para presentarnos al malvado Sebastian Shaw, un espléndido Kevin Bacon ejerciendo de retorcido villano con aires de doctor Mengele, eterna juventud y un exquisito gusto para la decoración de interiores en submarinos. Es de agradecer que Vaughn (con Singer observando en la producción) evite conscientemente encender la mecha de una traca de cohetes pirotécnicos y decida centrarse en lo que realmente importaba en los inicios de las andanzas mutantes en cine: los conflictos personales. Y es por ello que Xavier y Lensherr forman la columna vertebral de la historia mientras el resto de secundarios y subtramas son encajadas con suficiente gracia a su alrededor.
Se nota esa especial atención en el personaje del futuro Magneto al construirle escenas notables como la del bar argentino que nos muestran a un Lensherr con reminiscencias de James Bond y el chip caza nazis de Malditos bastardos echando humo. Y es que Fassbender, MacAvoy y Bacon siendo los pilares de la película no se contentan con firmar el cheque, sino que echan bastante carne a sus papeles como para cumplir con nota y eso es incluso extraño hoy en día tratándose de una gran producción del género superheroico. Bacon incluso se desparrama en alemán. El resto de actores cumplen. Entre ellos Nicholas Hoult sorprende en su papel de Hank/Bestia y Jennifer Lawrence da mucho mejor resultado que el maniquí de Rebeca Romijn en el papel de Mística pero no alivia la impresión de que algo en ella chirría ligeramente. La anécdota graciosa la trae el fichaje español del muy promocionado por aquí Álex González que interpretando a un sicario del villano aparece con regularidad luciendo traje pero sorprendentemente no se le concede ni una sola línea de diálogo, así que más que interpretar, desfila. Pero muy mono.
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Vi la película la semana pasada y me parece rodada a toda prisa. La considero la peor de todas aunque tuve la prudencia de no ver el origen de Lobezno precisamente por el mismo motivo por el que dudé ver esta: la extensión de la marca más allá de la trilogía.
Para mí, una película ridícula, sobre desde que el guión decide meterse en la crisis de los Misiles. Habría sido de agradecer que no utilizaran la Historia, ya escrita, para desarrollar la suya. De la ciencia ficción no se esperan exactitudes históricas pero sí derroche de imaginación o, en su defecto, suficiente disimulo o esfuerzo.
Es más de lo mismo pero peor.