No era la primera vez que lo escuchaba decir ni sería la última, pero me llamó especialmente la atención porque se produjo en un museo. Estaba contemplando una pintura de Vicent Van Gogh y junto a mí había un reducido grupo que conversaba sobre el cuadro. Hablaban en inglés, pero algunos de los conceptos que expresaban me resultaron tan familiares que estuve seguro de haberlos entendido bien. Especialmente cuando alguien expresó la idea de que el alma torturada del pintor se refleja en su peculiar estilo. Dicho en palabras más llanas que suenan peor pero vienen a resultar equivalentes: Van Gogh pintaba así porque estaba loco. Algo que de tan repetido parece evidente y, sin embargo, es dolorosamente incierto.

Rodear a un artista de un aura romántica —generalmente centrándonos en aspectos trágicos o turbulentos de su biografía— siempre le convierte en una figura más atractiva e interesante, y suele terminar desembocando en la creencia de que su arte está siempre fuertemente condicionado por sus altibajos emocionales y psíquicos. Lo cual es cierto a veces, pero otras es bastante discutible y el que se haga suele depender de las modas del momento o de los caprichos de los medios de comunicación. Por ejemplo, poca gente comenta las alucinantes peripecias vitales de Miguel de Cervantes, cuya existencia fue literalmente digna de un guión de Hollywood. Aunque su intensísima vida tuvo sin duda influencia en su obra, raras veces escucharemos una conversación al vuelo en la que se explique el Quijote como resultado de haber participado en la apocalíptica batalla de Lepanto o el haber pasado años como esclavo en África. Para el gran público, Cervantes presenta una imagen mediática muy difusa; es autor de uno de los dos libros más famosos de la historia —el otro sería la Biblia— pero en pleno siglo XXI no es ya un carácter reconocible, por mucho que su apellido sí sea universalmente famoso. La televisión, la prensa o el cine ya no nos muestran habitualmente el trasfondo humano de Cervantes y por eso la gente ya no suele relacionar su vida con su obra.
El caso de Van Gogh es precisamente el contrario. Desde hace décadas su vida, o lo más llamativo de su vida, está en boca de todo el mundo. Se convirtió en el paradigma de pintor romántico cuyo espíritu tormentoso se refleja claramente en sus cuadros, al que hemos dedicado películas, canciones e incluso el nombre de alguna banda musical. Él sí es un carácter claramente reconocible, con una personalidad bien definida que casi cualquier persona podría describir aunque sea superficialmente. Un genio solitario que no vendió un cuadro en vida y al que sólo la posteridad reconoció, porque en su época nadie supo apreciar su talento. Pues bien, Van Gogh era efectivamente un individuo de naturaleza borrascosa, afligido por trastornos emocionales y hacia el final de su vida, también psíquicos. Pero subyugar el análisis de su obra artística a sus trastornos emocionales, sucumbiendo a la tentación de pensar que la locura puede modelar el genio ensalza su figura sólo de manera artificial. El personaje devora al artista y la leyenda devora a la obra. Van Gogh no fue una excepción producto de sus demonios internos. Fue un pintor muy de su tiempo que, es cierto, no obtuvo el merecido reconocimiento comercial pero no porque su estilo fuese una rareza, sino porque sus problemas emocionales y su carácter sí influyeron en el devenir de su carrera profesional, mucho más que en su obra artística como tal.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.







magistral articulo.felicidades.
me da mucha pena la vida de vincent van gogh,creo que fue un genio y es verdad que al hablar de sus trastornos emocionales, se desdibuja y subestima su gigante figura…pensar que hoy,quien no tiene trastornos de ansiedad?y mas tambien,pero hoy hay medicacion,psiquiatras,psicologos…en fin nacio adelantado el pobre de Vincent,no?
Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Vicente Todolí: “Una obra sola no significa nada, el arte es panteísta”
Buf, Van Gogh es uno de mis pintores favoritos y me ha asomado la lagrimilla. También sus «Cartas a Theo» es uno de los libros más hermosos que he leído. Estupendo artículo.
Felicidades por el artículo. Hemos llegado a un punto donde parece que el arte solo es obra de la locura. Es la justificación. Tal vez por la alienación marcada del trabajo y por el desgaste continuo frente a pantallas, a ser pasivos y no activos.
Es curioso también que hagas referencia a la vida de Velázquez y lo compares con lo de Van Gogh porque hace poco leí un libro, El mundo en un bolsillo de John Berger, que hacía referencia un poco a que se da más importancia al sitio donde pinta que a lo que pinta. También en una revista colombiana, El Malpensante, decía un ensayo que el libro electrónico va a tender a que el autor sea la estrella y no la propia literatura. Eso parece que nos hace justificar las obras en vez de disfrutarlas. Ver si fue triste, deprimido o loco para consolarnos ante nuestra falta de creatividad.
Pingback: Van Gogh, ese célebre desconocido
Sencillamente,GRANDIOSO.Eso es lo que fue Vincent.
Cual es el nombre del primer cuadro? Me hace recordar a campo de trigo con cuervos, uno fe mis favoritos
Me parece que el cuadro al que te refieres es un montaje en el que se fusionan dos obras de Van Gogh: en la parte inferior, reconozco la «Noche estrellada sobre el Ródano»; en la parte superior, como lo advertiste, el «Campo de trigo con cuervos».
Hola, muy buen articulo, mi mensaje es para preguntar algo, estoy haciendo un trabajo para la facultad y no puedo encontrar en ningun sitio el nombre y año del cuadro que aparece como portada debajo del titulo, necesitaria saber si alguien sabe como se llama dicho cuadro y en que año fue hecho.
Muchas gracias
Hola, Christian:
La imagen de cabecera no es un único cuadro, sino un montaje que hice yo mismo con dos de sus lienzos más célebres.
Un cordial saludo.
Definición de Van Gogh de su habitación en el cuadro “Dormitorio en Arles”: “…simplemente reproduce mi habitación; sólo el color tiene que hacerlo todo, dando un estilo grandioso a los objetos con su simplificación , llegando a sugerir un cierto descanso o sueño…” “…No hay nada más en esta habitación de contraventanas cerradas. Las piezas del mobiliario deben expresar un descanso firme; también, los retratos en la pared, el espejo, la botella, y algunas ropas. El color blanco no se aplica al cuadro, así que su marco será blanco, con la pretensión de conseguir el descanso obligatorio que me recomiendan. No he representado ninguna clase de sombra; sólo he aplicado simples colores planos, como los de las crêpes…”
Como bien escribes en el artículo, no es necesario ser un experto en arte para captar lo que expresa Van Gogh, seguramente al ver el cuadro “dormitorio en Arlés” todos sentiremos sensación de desequilibrio, incluso angustia y opresión, es decir, justo lo contrario que cree transmitir Van Gogh (descanso firme, tranquilidad, etc.). Van Gogh pretendía transmitir una cosa, pero sólo conseguía expresar lo que llevaba en su interior, su angustia vital, su ansiedad interna ligada a su personalidad enferma, por no llamarla “locura”. Muy contrariamente a lo que explicas en el artículo, la pintura de Van Gosh está totalmente ligada a su desequilibrio interno, no sólo por lo que acabo de decir, sino también por la forma pintar, esa pasión obsesiva por expresar lo que lleva dentro que le hace pintar con desmesura varios cuadros en un solo día, como tú indicas. También la fuerza y la energía de los colores amarillos y naranjas que emplea, colores ardientes, tan ligados a la expresión de la locura. Me parece un artículo interesante pero creo que es totalmente desacertada esa opinión tan radical de que Van Gogh sin su locura se habría expresado igual y que su pintura es motivo de una evolución natural de un pintor avanzado. En lo que estoy totalmente de acuerdo es en que Van Gogh fue un genio independiente de su locura. Por cierto, no es por discrepar en todo, pero el mejor cartelista de la historia o por lo menos el precursor, fue otro genio llamado Toulouse Lautrec.
totalmente de acuerdo. de hecho el autor del artículo se contradice ya que expresa «De haber sido un individuo centrado y feliz, es posible que sus cuadros resultasen menos inmediatos», y a continuación afirma «Sus cuadros no son el reflejo de un alma torturada, sino de un sincretismo pictórico perfectamente explicable», lo cual es lo contrario a lo dicho anteriormente. Entiendo lo de la técnica, pero la expresión, lo que transmiten los cuadros, sí son debidos a su personalidad trastornada (también lo dice el autor del artículo). Y bueno, si comparas algunos de sus paisajes, con «campo de trigo con cuervos», que pintó justo antes de pegarse el tiro, puedes ver que este último expresa un desequilibrio brutal, mientras otros como «La cosecha (la llanura de Crau)», 1888″ refleja paz absoluta. Una cosa es el estilo, y otra la expresividad y lo que transmite, y como bien has ejemplificado tú con el de la habitación (ansiedad y angustia total), a veces es muy clara y desequilibrada.
Vincent, Es posiblemente uno de los mejores pintores del mundo. Hay que fijarse con muchos detalles; con eso con los detalles; que tiene en sus pinturas y que casi al ojo humano pasan desapercibidos. Ahora que estoy pintando el patio del café. hay que ver la cantidad de detalles que casi se te pasan por alto. Es un genio. Unico.
Lastima que no hubiera hecho mas cuadros.
Gracas por la pagina.
Muy buen artículo, sin embargo, como historiadora del arte, me cuesta disociar la obra de arte de los avatares, la psique, o los acontecimientos de la vida del artista.
Soy de la opinión de que tanto el contexto en el que se vive, como los demonios interiores influyen en todo ser humano. La diferencia radica en que algunos los plasman en pintura, escultura, literatura, música etc., otros en otras disciplinas menos artísticas y otros los fagocitan sin darles rienda suelta…
Recomiendo el libro del filósofo Karl Jaspers, «Genio artístico y locura».
«Dicho de otro modo: si no se hubiese cortado una oreja, si no se hubiese suicidado y si no hubiese sido el individuo disfuncional que era, no hay nada en sus cuadros que solamente viéndolos nos hubiese llevado a pensar que era un paciente mental y no simplemente un atrevido experimentador posimpresionista».
Me pregunto cómo se puede diagnosticar a una persona de una enfermedad mental a través de sus pinturas.
Sobresaliente artículo, gracias!
Pingback: El tigre de Tarzán (II): La función 32 – El Sol Revista de Prensa