Desmontes y voladuras Opinión

José Antonio Montano: Jugada maestra

Ha llegado el momento de hablar —otra vez— de los Diarios de Iñaki Uriarte, cuyo segundo volumen acaba de aparecer. He dudado si hacerlo en Jot Down, ya que Manuel Jabois le dedicó aquí una columna. Pero me he dicho que uno de los dos mejores libros del año bien vale la repetición. El otro, por cierto, es el de Jabois, y ambos están en Pepitas de Calabaza, la editorial que acierta en todo menos en su lema: “con menos proyección que un cinexín”.

Dudaba además si el título general de estas colaboraciones —Desmontes y voladuras— no sería inapropiado para el elogio. Aquí podría esgrimir el precedente de Cioran, que junto con la dinamita publicó sus Ejercicios de admiración. Pero lo cierto es que no hace falta. Elogiar a Uriarte tiene también su lado de crítica destructiva: destructiva de todo lo que no es Uriarte. Su prosa es un desmonte de todas las demás prosas; y su ejemplo es, en la práctica, una voladura de (casi) toda su generación.

Aunque sin deliberación por su parte, biográficamente le ha salido una jugada maestra: ser el último de los de su edad en tomar la palabra; aparecer vivo y coleando cuando el resto está embalsamado o desaparecido. De pronto nos encontramos con un miembro de la generación que tomó el poder en los ochenta que se mantuvo al margen, haciendo su vida, y nos lo cuenta ahora. No se ha envilecido: hay continuidad entre su entonces y su ahora, pese a que sus costumbres hayan cambiado un poco, por sabiduría y por la diabetes.

En una de las entradas de 2004, Uriarte habla bien de la biografía de Jaime Gil de Biedma que escribió Miguel Dalmau. El despellejamiento que sufrió esta obra fue un síntoma de la impostura de la gauche divine y los hippies: sexo y drogas al principio; puritanismo biempensante después, con coartadas en el tránsito. De algún modo, se nos había hurtado un hilo razonable entre la juventud descocada y una madurez no embrutecida. Este hilo se encuentra en los diarios de Iñaki Uriarte. El retardo en su aparición trae distancia, pero a la vez preservación de lo vivido. Cuando aparece el pasado en las anotaciones actuales, lo hace con limpieza: y de tal limpieza se benefician también las anotaciones actuales, que hablan de otro periodo de esa misma vida.

El secreto es la actitud, que en un diario se manifiesta en la voz. Leer a Uriarte es quitarse adherencias. Sus soluciones son simples como las de un maestro zen. Predomina la voluntad antirretórica, tanto en el estilo como en los asuntos. Yo simpatizo con casi todo lo que dice, aunque su arte lo aprecio mejor en aquello con lo que discrepo: ciertas críticas a los antinacionalistas, ciertas ironías sobre Savater (¡siempre Savater!)… que me escuecen pero que, al ser sensatas, reducen mi tendencia a las strong opinions. No dejo por ello de discrepar: pero se dinamiza mi asentamiento. La política, por lo demás, ocupa un lugar secundario en el libro: si aparece es como consecuencia de la naturalidad. Al igual que otro elemento que los autores suelen escamotearnos: sus condiciones económicas.

Uriarte pone en práctica la lección principal de su maestro Montaigne: toda vida puede ser contada sin afectación. La herramienta es una escritura diáfana, cuya depuración me recuerda a la que João Gilberto ha logrado en la música. Cuando hablé de la prosa de Jabois, dije que en ella se daba una “eufonía sin sonajero”. En la de Uriarte nos encontraríamos con una eufonía… sin eufonía. Va limpia y clara, sin efectos. Por renunciar, renuncia hasta al exceso de elipsis; no se queda en el esqueleto, sino que tiene carne: la carne suficiente. A los demás nos sobran trucos: suena la guitarra y nos echamos a bailar. Mientras, Uriarte insiste: “no soy escritor”, “no sé escribir”. Y ahí está la clave.

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12 Comentarios

  1. Me he despertado esta mañana temprano y he seguido leyéndolo en la cama. Voy por la mitad. Despacio porque me apena que se acabe tan pronto. Cuando he llegado al párrafo de la página 52 he parado un momento para subrayarlo. Dice con pocas palabras lo que he dicho yo siempre. Lo que dijo -tan cómicamente- Sünskind en su fabuloso Amnesia in Litteris.
    El párrafo de Uriarte: “Para asustarme de mi ignorancia no tengo más que echar un vistazo a mi biblioteca. Miles y miles de libros leídos de los que no recuerdo nada.
    Pero continúo comprando y leyendo. Debe ser algo como eso tan criticado de ´el sexo por el sexo´”
    El relato de Sünskind: http://es.scribd.com/doc/6824456/Suskind-Patrick-Amnesia-in-litteris

  2. viejo Casale

    Enorme este segundo volumen también.

  3. También por aquello de que coincide con mi opinión me parece muy interesante la entrada de Hemeroflexia, el blog de Andrés Trapiello, titulada Correo interno, en la que se hace una valoración, muy bien fundamentada de este libro

    http://www.andrestrapiello.com/index.php?/mechinal/hemeroflexia-blog

  4. Leí la entrada de Trapiello, Nieves, y también un comentario que firmaba una «nieves» que quizá sea usted. Me llamó la atención qué poco han soportado en chez Trapiello una plasmación de lo que en esa casa de ha propugnado siempre: la «naturalidad del arte», por decirlo con la expresión de Ramón Gaya tan celebrada allí, y aquí.

  5. Sí, soy la misma Nieves. Muy ocurrente y bien traído lo de chez Trapiello pero imagino que no me incluirá a mí.
    Hombre, arte arte lo de Uriarte. No digo que no sea una escritura natural, pero… ver esas ocurrencias citadas como si se tratase de un nuevo Maiena da más risa que otra cosa… Ya sé, ya sé que Gracia lo incluye en su «canon». Pero, ¿puede citarme a alguien que haya publicado un libro y que no esté allí?
    He tratado de encontrar en Montaigne lo de «toda vida puede ser contada sin afectación» pero como es un tocho no he podido dar con ella, le agradecería me diese una pista. Es que da que pensar esta frase… no había pensado en que unas vidas pudiesen ser más propicias que otras para ser contadas sin afectación.
    Gracias por su contestación

  6. ¿He dicho yo que fuese una cita de Montaigne? En fin, no sé si es usted de chez Trapiello, pero ya he visto que anda usted por los blogs enlazando esa entrada. Yo le agradezco que la haya traído aquí también, porque es una entrada muy útil: primero, porque rompe la unanimidad en torno a Uriarte (es la primera crítica negativa que he leído) y eso siempre está bien; segundo, porque hemos podido comprobar que M. escribe mejor que A., lo cual tiene mérito, porque este escribe en verdad muy bien.

  7. Pues discúlpeme el lapsus, que me haya tomado como cita esa su interpretación de los diarios de Montaigne. Es que no me lo podía creer.
    Aunque Montaigne nos hubiese contado su vida sin afectación no puedo comprender que su lección sea que toda vida puede ser contada sin afectación.Si usted tuviese la pequeña buena voluntad de explicármelo. ..Entiendo muy bien en cambio lo que dice constantemente Trapiello de que tiene como objetivo contar la vida sin afectación porque cualquier vida contada sin afectación puede ser interesante.
    Le sintetizo mi vida: nacida en una pequeña aldea de Galicia, de familia humildísima, escuela unitaria, estudios de letras con beca, trabajos alienantes, comparto piso, paro y negro futuro laboral. Esta vida ¿podría contarse, como usted dice sin afectación y con los mismos resultados que la de Uriarte, según eso que ha demostrado Montaigne?
    Si me considera de chez trapiello se lo agradezco; es lo más cerca que he estado de la gloria.

  8. Exacto: su vida (de usted) podría ser contada sin afectación, del mismo modo que Uriarte cuenta la suya sin afectación; y a diferencia de lo que ocurre en chez Trapiello, donde cuentan la vida con un poquito de afectación.

  9. Entonces quedamos en que cualquier vida puede ser contada sin afectación. Según usted,Uriarte lo hace y Trapiello no. Vale.
    No es lo mismo decir «Todo el mundo puede escribir un libro» que «La principal lección de Montaigne es que todo el mundo puede escribir un libro».
    Por no cansarle más no voy a entrar en si está seguro de que lo que hace Montaigne es contar su vida. Eso se podría decir de Trapiello, pero ¿de Montaigne?
    Por cierto, tengo una amiga que dice que la principal lección del Quijote es que demuestra que todo el mundo puede volverse loco.
    Gracias por sus respuestas

  10. De nada, Nieves. Le agradezco su(s) visita(s).

  11. Buf, qué mezquino lo de Trapiello y sus blancas corifeas ¿no? Uriarte es un hallazgo literario como pocos dentro del panorama patrio, un personaje entrañabilísimo, y un tipo de un sentido común que desarma. Y talentazo, eh, talentazo.

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