Destinos Ocio y Vicio

Leonard Cohen en la Ciudad Victoria

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La recepcionista del Hotel Central recibe mientras plancha con un vetusto aparato a vapor en un pequeño cuarto del vestíbulo. Estará a punto de jubilarse, y llegó a la ciudad hace muchos años, en los sesenta. Su padre policía cambió de trabajo y dejó la provincia limítrofe de Sibiu para venir a emplearse en la industria química. El primer camarero del restaurante Paradis nació aquí. Como los de todos los jóvenes de su edad —debe rondar los 25—, sus padres llegaron a la ciudad procedentes de otros lugares de Rumanía para trabajar en la fábrica de productos químicos. El primer camarero del Paradis sirve sonriente y atento. Parece feliz y quizá sea de los pocos de su edad que no quiera emigrar a Occidente. Sí quiere irse, y ya sabe cuándo y dónde, el muchacho de mirada curiosa que nos mira desde el balcón mientras fotografiamos los bloques. Sus padres vinieron hace mucho de Vaslui, una de las más pobres regiones rumanas y provincia fronteriza con la República de Moldavia. Tiene 15 años y familia en Italia, en Roma. Allí marchará a ganarse la vida cuando acabe el curso, siguiendo el camino de muchos otros. 

Son historias de la ciudad transilvana de Victoria, en el corazón geográfico de Rumanía. La primera experiencia industrial en esta zona de bosque a los pies de los Cárpatos data de 1939, cuando una empresa de la Alemania nazi empezó a construir una fábrica con fines militares en torno a la que debía alzarse una ciudad colonia para los trabajadores. Hasta que Rumanía traicionara a su aliado alemán en 1944, trabajaron en la fábrica vecinos de localidades cercanas, prisioneros políticos y judíos. Tras el fin de la guerra y el comienzo de la dominación soviética, la nueva autoridad reactivó la fábrica en 1949 para convertirla en un complejo industrial químico. A su alrededor, y pese a tratarse de una zona rodeada sólo de bosques a los pies de los Cárpatos, construyó una ciudad nueva de bloques uniformes de pocas alturas, que acogió a los trabajadores llegados de diversos puntos de la geografía rumana. La fábrica funcionó bajo el proteccionismo comunista hasta la caída del régimen en 1989, cuando dejó de ser rentable y los victorianos debieron buscarse la vida en otra parte. Muchos emigraron y siguen emigrando a Europa Occidental, especialmente a Italia. El resultado es una población envejecida en la que más de la mitad de los diez mil habitantes tiene más de 60 años. Según datos de la Academia Rumana, sólo un tercio de la población activa tiene trabajo en Victoria. El número de victorianos se ha reducido un 20 por ciento entre 1995 y 2010, la tasa de natalidad es baja y la Academia Rumana asegura que su supervivencia podría verse amenazada en los próximos treinta años. La originalidad de su historia y el crudo destino de Victoria han llamado la atención de la multinacional Siemens, que ha organizado un concurso entre ingenieros y arquitectos jóvenes con proyectos para el desarrollo sostenible de la ciudad para reinventarla y hacerla viable antes de 2020.

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2 comentarios

  1. Una maravilla deliciosamente escrita

  2. Marcel Gascón

    Muchas gracias, Rothko

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