Dicen que el tercer hombre más poderoso del mundo es cualquier capitán de un submarino nuclear lanzamisiles. Es posible. De lo que estoy seguro es que un marinero tuvo durante una noche todo ese poder en sus manos. Al ver su fotografía se hace difícil adjudicar a Sergei Anatolyiech Preminin los veintiún años que tenía, y pocos se lo imaginarían como operador de reactor nucleares de la marina soviética. Sólo las mentes más calenturientas se atreverían a pensar que ese muchacho con cara de niño no muy listo quizá salvase al mundo entero del desastre.
Elegir la Voyenno-morskoy flot para cumplir el servicio militar y en concreto su arma de submarinos era una manera arriesgada de servir a la Rodina, pero Sergei vivía en un tranquilo pueblo del interior de Rusia y siempre había querido ver el mar. Así que se alistó en la escuela de mecánicos navales de Vologda Oblast. Probablemente ese 3 de Octubre de 1986 estaba pensando que no había sido muy buena idea elegir aquel destino, porque el mar no se veía mucho en el pequeño habitáculo sobrecargado de paneles de información y consolas de mando desde el que controlaba el funcionamiento de los dos reactores V-MA, que impulsaban la oscura mole de 9 000 tonelada del K-219 bajo el Mar de los Sargazos, frente a las costas de los EEUU.
Apenas seis meses antes de dejar puerto los 119 tripulantes del boomer, como el resto del planeta, habían asistido estupefactos al mayor accidente nuclear de la historia cuando la central de Chernóbil liberó a la atmósfera 500 veces más material radioactivo que la bomba de Hiroshima. La ‘tradición’ —14 submarinos perdidos por los rojos desde la SGM— de fugas, explosiones y colisiones de los últimos 30 años hacía que los marineros pensaran en los 16 SS-N-6 con dos cabezas de guerra nucleares cada uno como una espada de Damocles sobre ellos, más que sobre los americanos.

Eran las 05:30 hora de Moscú cuando el agua de mar se filtró en el silo lanza misiles número seis reaccionando con el combustible del cohete impulsor para formar ácido nítrico. No tuvieron mucho tiempo para maldecirse por tener razón. Dos minutos después, la onda expansiva de una tremenda explosión zarandeó hasta el último remache de los 130 metros de lo que desde ese momento tenía más pinta de enorme ataúd negro que de submarino estratégico. Una enorme bola de fuego y gases tóxicos se adueñaba de todo el sector central del K-219 mientras el capitán Britanov daba orden de emerger con los planos inclinados al máximo.
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Hola:
Interesante artículo, muchas gracias por compartirlo.
Tienes una errata en el siguiente párrafo: «Un día después los supervivientes del K-129 fueron recogidos por un barco cubano y llevados a La Habana. El gobierno soviético alegó que el accidente había sido provocado por una colisión con un submarino americano: otra “tradición” de la marina rusa que no casa mucho con los cargos de traición, sabotaje y negligencia que afrontó el capitán Britanov.»
Sería el K-219.
Un saludo.
Guau. Escribís de una manera forma que hipnotiza, amena y fresca. Y además de aprender historia, cultura y muchas otras cosas, también descubro vocabulario nuevo (como ordalía, jeje). Gracias por vuestro trabajo. Gran trabajo, mejor revista, saludos.
*Quería decir «gran artículo, mejor revista».
Pingback: Sergei Preminin: el mundo en sus manos | Cuéntamelo España
Mi admiración por este muchacho. Sin palabras.
Gracias.
Me recuerda a los marineros de la pelicula «K 19: El enviudador», basada tambien en hechos reales.
Sí, justo eso. El relato te lleva a esa sala de reactores. Gran artículo.
La mejor película que narra estos hechos es «Aguas turbulentas».Se basa en esta historia real.
Estas historias son las que marcan el sentido, las que enseñan por qué las cosas pasan, o no. Y este es un heroe de guerra, el único tipo de héroe de guerra que debería existir. ¿Qué fue de Belikov?
Esta historia y la del marino Arkhipov le reconcilian a uno con sus semejantes, y con la vida.
Excelente. Gracias :)
Impresionante. Al que le haya gustado le recomiendo encarecidamente este otro artículo. http://lapizarradeyuri.blogspot.com.es/2010/04/los-tres-superheroes-de-chernobyl.html
Estos hombres jamás tendrían que ser olvidados.
Hay una errata en el nombre: no es «Anatolyiech» sino «Anatolievich», o al menos eso dice la Wikipedia.
«podria haver otra estatua en washinton por lo menos», completamente de acuerdo, salvo la vida de millones de personas, y al mundo de una catastrofe ecologica terrible, aunque no hubiera explotado el submarino, los reactores no explotan como una bomba, pero contaminan muchisimo
Este tipo de historias nos hacen ver que el mundo, la civilización tal como la conocemos, sigue en pie de milagro…
Gran articulo.
Je vi la peli hace como 15 años y aun recuerdo su nombre, por eso encontre esta publi, un «heroe» en todo el sentido que tiene esa palabra.