Javier Gómez: Birobidjan, el trastero judío de Stalin

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Suenan tambores de guerra entre Irán e Israel. Irán, aquella utopía de República Islámica, hoy una jaula chií dirigida por un villano de James Bond con los bolsillos goteando uranio. Israel, esa utopía del judaísmo que hoy ha perdido el libro de instrucciones. Pero dos décadas antes de ese 14 de mayo de 1948 en que Ben Gurion, con su ensortijada calva cana, ante una cortina plisada y bajo un retrato de Theodor Herzl, anunció el nacimiento del Estado judío, la ruta del sionismo pudo haber acabado muy lejos de Oriente Medio. Concretamente, en una de las últimas estaciones del transberiano. En una estepa olvidada de la extrema Siberia, de un sorprendente verde, con China a dos palmos. En un rincón del olvido llamado Birobidjan.

El bigote que derrocó a los nazis por el Este, el Stalin que decapitó Berlín, fue también un antisemita avant-la-lettre. Que quería deshacerse de todos los intelectuales judíos que asomaban por el alféizar del poder en la Moscú comunista. No sólo en el partido: Eisenstein, Chagall, Pasternak… para muchos camaradas, esos apellidos eran judíos antes que bolcheviques.

Antes de perfeccionar el Gulaj y los asesinatos, Stalin ideó a finales de los 20 una purga con folletos de Eurodisney. Un Marina d’Or para los judíos. Para quitárselos de en medio, pensó en Birobidjan. Los judíos eran una nacionalidad soviética reconocida desde 1924. La Constitución reconocía, sobre el papel, un territorio para cada una de esas nacionalidades. En 1928, Stalin, decidido a quitarse enemigos de en medio, se lo concedió. Sí. En el culo de Siberia.

Miles de judíos recibieron desplegables con fotos de un vergel destinado al pueblo de Abraham. Un lugar al que emigrarían todos los judíos del mundo. La Unión Soviética prohibía la práctica religiosa, pero les dejaría espacio para su cultura y sus costumbres. Una alternativa al sionismo. El idioma nacional sería el yiddish, pues el hebreo se consideraba un idioma religioso. La primera entidad política judía de la historia. En aquellos folletos aparecían casas de madera blanca, escuelas, una bonita estación…

En 1928, los primeros hebreos convencidos vieron cómo el transiberiano frenaba en Birobidjan. Les avisó el revisor de que habían llegado a destino. Por las ventanas del ferrocarril no se veía una estación. Ni siquiera un apeadero. Sólo unos tablones y algunas vigas. Habían llegado al ‘Edén’. Stalin habría triunfado en la España del ladrillo.

Miles de judíos siguieron llegando con cuentagotas a Birobidjan. Fueron pioneros que levantaron una tierra de la nada, como cuenta el escritor francés Marek Halter en el documental Birobidjan, Birobidjan!. En los 30, el koljós era uno de los más productivos de la URSS. Agricultura, judaísmo y socialismo, un ensayo para los kibbutz de la utopía israelí.

En 1934 quedó instituida como República autónoma judía dentro de la URSS. El ruso y el yiddish eran lenguas oficiales. En el periodo de la Segunda Guerra Mundial, miles de judíos del Este de Europa, polacos, ucranianos, encontraron en esta tierra un trascacho para refugiarse del Holocausto, pero nunca se convirtió en el imán para el judaísmo que pensó Stalin. En 1939, apenas eran 18.000 judíos en una región de 109.000 habitantes. Muchos, una década después, emigraron a Israel.

Hoy quedan un puñado de miles de judíos, varios monumentos, algún periódico en yiddish y una historia apenas contada de lo que pudo ser el nuevo Israel. Un lugar que pudo cambiar la historia. Un trastero llamado Birobidjan.

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15 Comentarios

  1. Ya era hora de que en esta revista alguien hablase de los crímenes horribles Stalin. ¿Y para cuando un monográfico sobre Paracuellos? ¿Pero es que nadie va a pensar en los niños?

    • Por supuesto. Todo el mundo sabe que cualquier «revista» que se precie debe hablar exclusivamente de los crímenes horribles de Stalin y de Paracuellos. ¿Acaso puede existir alguna persona de bien que tenga otros intereses?

      • ¡¡Eso, eso!! No hay compatibilidad posible entre el bien y los masones, judíos y marxistas. ¡¡Es España, coño!! ¡¡Viva España!! ¡¡Viva!!*

        *Breve resumen de un discurso heroico pronunciado al teléfono por un gran patriota.

  2. Muy interesante. Aunque no sé qué pinta el comentario sobre el libro de instrucciones. Aparte de una frase ingeniosa, ¿se hace Ud. perdonar la crítica justificadas a los mullahs?. ¿Se ve en la obligación de dar la de arena?. ¿Le preocupa que le confundan con un simpatizante de la democracia israelí?. En fin, aun así, una historia que desconocía y que me recuerda a la estupenda fábula de Michael Chabon en The Yiddish policeman’s union

  3. Hombre, si quieres información sobre paracuellos leete el MONDO BRUTTO que a lo mejor aprendes algo. Respecto al autor del artículo, empeorar lo del madrid de basket ya era imposible, pero amigo, llevas una ratxa buena eh????? has pensado en cambiar de hobbie?????

  4. El camarada Koba no miraba filias, tan sólo fobias. De hecho, yo era su mano izquierda, que no derecha, de nombre Lazar Moiseyevich, ahí es nada.

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