
Había leído y escuchado tantos comentarios elogiosos sobre Life (“Vida”), la autobiografía de Keith Richards, que realmente esperaba encontrarme con algo de primera magnitud. Al final no ha sido para tanto, francamente, pero no deja de ser una buena lectura. Buena, no genial.
Por empezar siendo puñeteros —más o menos al estilo de cómo ha empezado el nuevo gobierno, sólo que yo no pretendo penalizar el aborto— me pregunto si los comentarios más exageradamente entusiastas provienen de fans casuales de los Rolling Stones, de esos que los hay a millones, pero que no suelen leer autobiografías de rockeros muy a menudo. Porque Vida está bien, pero no es ni la más apasionante, ni la más redonda, ni la más informativa, ni la más divertida. O quizá es que yo esperaba más. Comparando este libro no ya con clásicos establecidos, sino simplemente con algunos similares que leí o releí el año pasado, podría decir que Vida es un buen libro, pero se han soltado cohetes demasiado alegremente. Está bien, no “tan” bien. El libro del viejo Keef no tiene el sentido del humor del White line fever de Lemmy Kilmister, ni el olfato para el ritmo del It’s so easy (and other lies) de Duff McKagan, ni la inteligencia y capacidad de introspección del Cosas que los nietos deberían saber de Mark Oliver Everett, ni desde luego el descacharrante sentido del espectáculo de Los trapos sucios, el ya legendario Big Bang de sordidez de los Mötley Crüe. Eso por citar algunos que leí en los pasados meses. El libro de Richards es sencillamente una buena autobiografía, pero no es LA autobiografía que podría haber escrito. Bien, ya he sido puñetero un rato —espero que los lectores lo perdonen; estoy entrenando para cuando escriba sobre Tarantino—, así que ahora vamos con los elogios.
En la parte positiva puedo decir que Vida es un libro muy entretenido. Quizá no es el libro que yo esperaba, pero no es aburrido ni mucho menos. Cuenta cosas, que es lo que queremos que haga, aunque sean cosas que ya se han contado antes en otros lugares. Nunca pasa demasiado tiempo divagando o filosofando sobre la existencia. Lo de divagar y filosofar es algo que —no nos engañemos— pocos músicos están capacitados para hacer, al menos de forma interesante. Pese a lo que las fans calenturientas quieren creer cuando escuchan una letra repleta de enternecedora sensibilidad, de la cual deducen que sus ídolos son Príncipes Azules Que Flotan En Poesía y Necesitan Abrazos y Cariño, la verdad es que la mayor parte de las estrellas de la música no tienen demasiado cerebro. Y, cuando milagrosamente lo tienen, no son personas especialmente ejemplares, porque están precisamente acostumbrados a un tipo vida que no premia la madurez. Así que cuando hablamos de autobiografías, el fuerte de los iconos rockeros no suele ser el filosofar ni ponerse en plan Confucio, sino más bien el contar viejas historias de escenarios y camerinos, que es lo que reclamamos los lectores. Historias con muchas anécdotas extrañas, groupies, jeringuillas, peleas y gente corriendo en pelotas por los pasillos de los hoteles y prendiendo fuego a pianos. Eso es lo que queremos que nos cuenten, no que se pongan a «reflexionar» (aún no sé si reír o llorar con los intentos de Tommy Lee de ponerse en plan Jane Austen). En Life, por fortuna, la narración vence sobre el palique filosófico. Richards ha sido listo y no ha pretendido darnos grandes lecciones sobre la vida. Supongo que parte del mérito es también de James Fox, quien ayudó a Richards con la redacción del libro. Algo que se nota en pasajes como el de la descripción de la infancia de Richards, en los que se percibe claramente la mano experta de un escritor. Algo habitual en este tipo de libros, por otra parte. Pero antes de entrar de lleno en la carnaza (que es lo que estáis esperando, ¡pillines!) hablemos sobre la estructura de la narración en sí.
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Te pasa con el libro, como a Richards con Jagger. Dices que mola, pero no mola.
Aun con todo, gracias por el resumen. Se echa en falta más inquina con Bumbury, te has quedado corto en este aspecto.
Siempre me ha hecho gracia la anecdota del cambio de sangre en Suiza. Lemmy en la suya tambien comenta algo bastante comico al respecto. ¿No habla de Rory Gallagher ni de como le robo el riff de Brown Sugar?
Tambien pienso que te has quedado corto con Bumbury.
No, no nombra a Rory Gallagher, ni a muchos otros músicos. Excepto a los que influyeron sobre él en su infancia y adolescencia, nombra a muy pocas figuras de la industria musical.
Muy bueno,pero creo que eres injusto cuando tratas la relacion Keith-Mick.Yo creo que es posible tener una relacion casi de hermandad con alguien y a la vez tener tus tiranteces,sobre todo si pasan años.Como dice el gran filosofo Paulie Gualtieri «toda amistad tiene sus picos y valles».
Lo demas OK,yo he leido el libro dos veces.
Y si,los Stones de Taylor son mejor que los de Jones!
Sr. Vince Neil de Burjassot:
Espere, espere ¿es usted quien creo que es?? Es decir, ¿el tipo que se tomó unos zarajos con Keith Richards y a quien le he gorroneado más Marlboros a lo largo de los años? ¡Me siento verdaderamente honrado! Los lectores deberían saber que usted, directa o indirectamente, me ha dado alguna idea para artículos de Jot Down y seguramente me dará alguna más en el futuro.
Eso sí, lo último que esperaba es que firmase como «Vince Neil». De ahí a verlo a usted con un chubasquero amarillo van dos pasos.
Es que el que opine que los Stones de Brian Jones son mejores que con Mick Taylor, probablemente opine que en Benicassim reside el futuro del Rn´R
Sí, de hecho ambas opiniones suelen coincidir. Como diría Iker Jiménez: «¿Serendipia?»
hola 1ª vez aquí. No soy fan de Stones, he leido el libro en español y tanto me ha gustado que lo he leido en ingés. Me ha gustado MUCHO MUCHO. No conozco ninguna de esas biografías que nombras . Enhorabuena por la revista
el de la foto es Brian Jones
que machista el comentario sobre el manual de circulacion no? jeje habra que pasar un rato leyendolo entonces. gracias.
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Coincido en:
– las tres partes del libro y su valoración. La última parte es bastante aburrida.
– cuando habla de la música: lo mejor del libro. Cambié la afinación de mi guitarra y puedo decir que es cierto todo lo que dice aunque no le lleve a la suela de los zapatos, sniff
– Lo que más me chocó del libro son las omisiones. Si estás con dos tipos en una banda durante más de 20 años, algo deberías decir sobre ellos.
En conjunto un libro interesante y una crítica muy buena.
Ah, por cierto otra autobiografía que podrías haber citado: la de Ozzy Osbourne…
Eso del riff de Rory puede ser,pero creo que Brown Sugar la compuso Jagger en Australia durante un parón del rodaje de «Ned Kelly»a causa de una lesión en la mano.Lo mismo fue por eso.Por cierto,por aquí se echa en falta una reivindicación en toda regla del ilustre irlandés.
Lo mejor del libro es el primer capítulo,hombre,cuando cuenta el episodio en que les trinca a Bobby Keys,Ronnie Wood otro que no recuerdo y a el un sheriff garrulo enTejas con el coche lleno de jamaro y armas.sube tanto el nivel que inevitablemente lo siguiente deja más frío….
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Me ha gustado la crítica y es aceptable que sea un «SÍ, PERO NO».
Yo incidiria en el humor. Richard tiene mucha gracia (a ratos).
No ha podido evitar que leamos entre línea sus complejos y la necesidad de reivindicarse frente a Jagger (quien no me cae especialmente bien).
Como ya se ha comentado por aquí, me resulta extraño que apenas mencione a Bill Wyman.
No soy fan de la banda, pero me he divertido leyendo el libro y esta reseña.
Gracias.