Para quienes no recuerden su nombre o su rostro, no hay mejor manera de hacer memoria que recurrir a una de las más grandes películas musicales de todos los tiempos. Cada cual tendrá su momento favorito de The last waltz, el documental que Martin Scorsese filmó para dejar testimonio de la impresionante despedida de The Band, en 1976. Aunque no resulta fácil elegir una secuencia. El nivel musical de las actuaciones incluidas en la película es tan absurdamente alto que cualquiera tendría verdaderos problemas para decidirse: ¿Muddy Waters? ¿Neil Young? ¿Bob Dylan? ¿Eric Clapton…? Y la lista sigue.
En mi caso, los dos fragmentos del film que más me han estremecido siempre, son dos fragmentos protagonizados por él. Uno es esa bellísima Ophelia, uno de esos momentos en que se conjuntan los astros y la música fluye tan mágicamente que la canción parecía surgida de otro mundo. La primera vez que vi la película, más que sorprenderme el contemplar a un batería cantando —era un chiquillo y aún no estaba muy puesto en estos temas, pero ya había visto a Don Henley haciendo las voces del Hotel California, por ejemplo—, me llamó la atención la manera en que podía leerse la canción en cada pequeño gesto de su rostro. Es la clase de intensidad que uno capta en la voz, pero cuyo valor documental se hubiese perdido de no haber sido filmado en un primer plano mientras cantaba. El otro fragmento, cómo no, es la escalofriante The weight, en la que su garganta no desentonaba en absoluto junto a las de (¡ni más ni menos!) los grandiosos Staple Singers. Era, además, toda una lección de eclecticismo: su voz con tintes country y las voces gospel de la familia Staples unidas en un bellísimo lienzo sonoro, demostrando que los estilos dejan de existir cuando los músicos son lo suficientemente buenos como para saber cómo fundirse en uno.
Estoy hablando, cómo no, Levon Helm. La voz y batería de The Band, el grupo que fue mucho más que la banda de acompañamiento ocasional en el patriarcado de Bob Dylan, aunque probablemente hoy se la recuerde así en muchos medios. Ya en los sesenta grabaron dos discos, Music from big pink y The Band, cuya grandeza bastaba para hacer olvidar que habían estado ligados al del poeta cuyo nombre lo devora todo.
Hoy más que nunca resulta difícil olvidar el trasfondo dramático que siempre rodeó a la historia de The Band, especialmente tras aquella The last waltz que hoy vemos como un bellísimo homenaje a la magnificencia del grupo, pero que en su momento los miembros de The Band vivieron como una puñalada por la espalda de su guitarrista Robbie Robertson, aliado con Scorsese para inmortalizar una despedida a traición, en la que dejaba en la estacada a sus hasta entonces colegas, empeñándose —encima— en que no siguieran por su cuenta. Después hubo peleas, idas y venidas de Robertson al grupo, e incluso contenciosos entre el guitarrista y Helm por la autoría de la música: según el batería, Robbie firmó muchos temas que no había compuesto realmente. Algo que no es difícil de creer, especialmente escuchando lo que cada uno de los miembros de la banda ha hecho en solitario. Por si las disputas internas no fueron suficiente, cayó como una bomba el suicidio de Richard Manuel en plena gira, al terminar un concierto. El músico se ahorcó en su habitación de hotel tras conversar —aparentemente de buen humor— con el propio Levon Helm en la habitación de éste. Manuel dejó además una escalofriante escena de despedida, acercándose a otro de sus compañeros de grupo, Garth Hudson, para decirle “gracias por veinticinco años de buena música”… frase a la que Hudson, ocupado como estaba con cosas del equipo técnico, apenas prestó atención, pensando que se trataba de un mero comentario amistoso y no de un adiós definitivo.
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Joder, qué emoción. Me he enterado por el artículo.
Grande Levon, muy grandes The band!!!
Espero con ansia ese artículo sobre The Band.
Lástima grande!
Obviamente para gustos colores, pero en «The night they drove old dixie down» me encuentro con una de las canciones más auténticas sobre el hombre común ante el absurdo de la guerra y las luchas por el poder, sin mayor sesgo que el que aportan las propias circunstancias, que en este caso son las de un derrotado confederado. Pero el trabajo de Levon es tan grande que la cancion trasciende a un plano que universaliza la historia particular de Virgil Caine.
(la podéis escuchar en youtube)
Es increíble la canción con la que se cierra The Last Waltz, The Band y (qué) amigos:
Paul Butterfield: armónica y voz
Bobby Charles: voz
Eric Clapton: guitarra y voz
Neil Diamond: guitarra y voz
Dr. John: piano, guitarra, congas y voz
Bob Dylan: guitarra y voz
Emmylou Harris: guitarra y voz
Ronnie Hawkins: voz
Alison Hormel: coros
Bob Margolin: guitarra
Joni Mitchell: guitarra y voz
Van Morrison: voz
Pinetop Perkins: piano
Dennis St. John: batería
John Simon: piano
Cleotha Staples: coros
Mavis Staples: coros
Roebuck «Pops» Staples: guitarra y coros
Yvonne Staples: coros
Ringo Starr: batería
Muddy Waters: voz
Ron Wood: guitarra
Neil Young: guitarra, armónica y voz
http://youtu.be/cqJJdiG61jo
grandisimos the band, grandisimo Levon Helm¡¡¡