Grupo salvaje

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Grupo salvaje
Manuel Jabois
Libros del K.O. 2012

La dedicatoria de la aportación de Manuel Jabois a la serie Hooligans Ilustrados que está publicando Libros del K.O. va dirigida a la “puta banda”. La “puta banda”, una denominación algo simplona bajo la que se resguarda un grupo de mauriñistas irredentos, un nombre que intenta reflejar mediante su brusquedad y casticismo bastante forzado todos los valores (se podría escribir con mayúscula) del Madridismo Verdadero (este sí que indudablemente va con mayúsculas) despierta chanzas entre los defensores de la Buena Nueva futbolera que, a poco que se tenga un poco de intuición psicológica, uno descubre que no hacen sino reflejar envidias. Pues el madridismo representa el Mal en el fútbol y por tanto, por mucho que se esfuercen los medios en declarar lo contrario, representa lo contracultural, ese palabro que para la intelectualidad siempre mola más y que sin embargo fuerza a cualquier madridista que lo escuche a mirar torvamente y con sospecha a quien lo emplee con alegría. Todos sabemos que el mal es atractivo, y los madridistas más jóvenes, desviada en su día la atención a causa de la gloria, la finura y la elegancia que supuso la Quinta del Buitre – esa suerte de languidez de la Quinta del Buitre – no digamos ya por la catetada aquella de los Galácticos, por fin empiezan a sentirse más a gusto contemplando victorias arrancadas a mordiscos que admirando ronditos y paredes. El Madrid siempre ha sido odiado, y este nuevo afán de buscar el amor de los niños y la munificencia hacia las masas oprimidas es cosa nueva, chabacana y verdulera que nos ha llegado de Barcelona y que ofende a las sombras de Stielike, Juanito y Benito, que aún deambulan por lo que queda del antiguo Bernabéu intentando apuñalar ejecutivos en los palcos VIP. Cualquier día el Madrid declarará que aspira a ser más que un club de fútbol, y entonces ya sabremos a qué atenernos. Todas las monturas de las gafas que se puedan comprar o incluso robar en Madrid serán rectangulares y de colorines, veremos bufandas rodear cuellos masculinos en verano, cualquier madrileño parado al azar en la Ribera de Curtidores sabrá citar al menos siete marcas de zapatos italianos y un bando municipal declarará delito de primer grado tirar una cabeza de gamba al suelo de cualquier bar. Si es que para entonces nos quedan bares.

Es difícil escribir sobre fútbol sin echar mano de los recuerdos. Durante unas pocas decenas de páginas, Jabois nos cuenta los suyos; cómo forjó su madridismo en bares y retablos caseros presididos por imágenes de José María García y Gaspar Rosety y en alineaciones plagadas de Spasics y Villarroyas. Si cambiamos las décadas y los nombres de los protagonistas, todos los madridistas nos podemos sentir reflejados en ellos. Si para él es un dolor indeleble el 5-0 de San Siro, a otros, por muchas séptimas, octavas y novenas que vinieran después, un zapatazo de un vulgar lateral izquierdo llamado Alan Kennedy nos dejó sin infancia. Todos reconocemos la sensación de culpa que más de una vez nos ha ocasionado confesarnos madridistas; todos crecimos disfrutando más con una victoria arrancada a base de escupir sangre y los tacos de acero de las botas del rival que con una goleada basada en toques de alcance epsiloniano y goles que ya no son tales, sino pases a la red.

Este es un libro para madridistas. Además es un perfecto sustitutivo de los cuentos infantiles; se debe leer noche tras noche a cualquier niño que se encuentre en esa peligrosa edad entre los cuatro y seis años, cuando se define su futuro para siempre. Porque hoy en día ya no sólo acecha el peligro de que te salga un hijo del Barcelona, sino que es mucho más acuciante y devastadora la amenaza de que se torne tiquitaquero. Es un libro, en fin, para evitar que salgan de la jungla y entren en la senda. Que evitará que jamás se levante del asiento para aplaudir al equipo contrario cuando te está burreando, y que le haga comprender que ése es uno de los gestos más feos que se puede cometer en las gradas de un estadio de fútbol, una traición con pocos ejemplos equiparables en la Historia de la Humanidad. Este libro, manejado con habilidad y dosificado con sabiduría, logrará que jamás veas a tu hijo discutiendo durante un partido la posición adelantada de un mediocentro. Le alejará del fútbol gafapasta y le permitirá gozar de la bendita locura de un partido de fútbol. Y además cuando acaben la lectura, llegarán por sí mismos a la conclusión de que, a falta de otros medios, a mí me hizo ver mi madre hace ya más de treinta y cinco años.

Hijo mío, ser del Barça es una horterada”

 

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11 Comentarios

  1. Es curioso lo de «El Madrid siempre ha sido odiado». salvo por sus millones de seguidores, ¿no? que pesaos os poneis la mayoria de los del Madrid (y de los del Barça). Por el artículo no e queda claro si te gusta el fútbol o las historias de los futbolistas, que son dos cosas muy diferentes.

  2. Suscribo el comentario que me precede: Roncerada a modo de personaje sacado de una peli de Bigas Lunas: «Tus tetas me saben a jamón y tortilla de patatas».

  3. Estos comentaristas de Jot Down son un poco lentos. Yo leo la reseña y lo último que veo aquí es a Roncero dándole la razón al periodista.

    Como mucho, a los comentaristas.

  4. Gran artículo sobre el libro más genial que he leído en mucho tiempo.

    Se lee en una tarde (no llega a las 50 páginas),¡pero qué tarde!
    Ahora mismo lo tiene un amigo al que le toca estar una temporada en el hospital. No solo se lo ha zampado él, sino también su padre, un atlético confeso. Y los dos se lo han pasado pipa con él.

    El autor es el maestro Jabois. Se le puede leer en El Mundo…y en JD, claro.

  5. La verdad, es el primer artículo que leo en esta revista (no será el último, seguro) y no me ha convencido nada. Creo que, en parte, es por el extraño uso de la ironía que hace, basada en una utilización un tanto fútil y predecible del tópico. Aunque no soy madridista, he mamado ese ambiente e incluso he disfrutado con muchos éxitos merengues. También yo vi jugar a los Camacho, Juanito, Santillana, Stielike, etc. (incluso les vi in situ ganar al Barça en el Camp Nou -1-2, 1983-), como había antes había hecho con los Pirri, Amancio, etc. y luego haría con la Quinta del Buitre y cía. Y aunque es evidente que lo suyo no era el tiqui-taca, no eran sólo gente de raza (las famosas remontadas), sino jugadores excepcionales que muchas veces practicaban un fútbol de altísima calidad, sin nada que envidiar al Madrid o al Barça de hoy en día. En cuanto a Mourinho, no sólo no tiene ni idea de lo que es el madridismo, sino que, incluso, en mi opinión, le resbala ampliamente. Lo que no quita que pueda contribuir a dar muchos triunfos al equipo. Es lo que tienen los buenos profesionales.

  6. Mi no entender semejante párrafo, además de quedarme sin aire si lo intento leer en voz alta. A partir de ahí he dejado de leer. Pena de periodismo: ‘La “puta banda”, una denominación algo simplona bajo la que se resguarda un grupo de mauriñistas irredentos, un nombre que intenta reflejar mediante su brusquedad y casticismo bastante forzado todos los valores (se podría escribir con mayúscula) del Madridismo Verdadero (este sí que indudablemente va con mayúsculas) despierta chanzas entre los defensores de la Buena Nueva futbolera que, a poco que se tenga un poco de intuición psicológica, uno descubre que no hacen sino reflejar envidias’.

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