Ricardo Cantalapiedra: Esa pasión esférica

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Etimológica y empíricamente, toda pasión implica padecimiento, pero también satisfacciones de diverso calibre. Tienes que atarte los machos antes de lanzarte a cualquier tipo de pasión porque su precio es inexcusable, sufrimiento. No es oro todo lo que reluce. De la misma familia grecolatina provienen dos palabras inquietantes que acompañan siempre a la pasión como invitadas de piedra: patíbulo e impaciencia. Por otra parte, pasión es lo contrario de acción. De lo cual se colige que todos los apasionados son pasivos, aunque no lo sospechen ni ellos mismos. Son prácticamente esclavos de algo o de alguien, pero lo disimulan con arranques virulentos de vehemencia y desatinos.

Una de las pasiones más ecuménicas en el último siglo y medio es esa pasión esférica que lleva muchos años proporcionándonos placeres intensos y sustos cardiacos, pero principalmente placeres. El Fútbol es la Cuarta Persona de la Santísima Trinidad. La esfera terrestre es un balón para gran parte de la humanidad. Para España, mucho más, sobretodo en los últimos años. Ya no solo es Brasil la patria del frenesí balompédico. Ya hay también otra madre patria: España. Colón y los Pinzones lo llevaron allí junto con la Cruz y el idioma. El pasodoble y la samba se complementan ejemplarmente. España, con permiso de Inglaterra, es la reina del fútbol.

Jamás otras realidades físicas o espirituales ocasionaron en nuestra historia una explosión global de júbilo de tales dimensiones. Contemplar a innumerables multitudes felices, sin límite de edad ni condición, es un espectáculo que ronda los límites del milagro. Es como si la Virgen se apareciera a unos cuantos millones de personas a la vez y todos ellos se pusieran a delirar como posesos, a abrazarse, a beber, a saltar, a beber, a gritar que somos los mejores, a beber, a adorar a los jugadores y al mundo en general, a beber, a ponerse pelucas de colores, a apurar. El alcohol da más penas a los apenados y pone en éxtasis a los gozosos, pero el cubata embotellado se ha infiltrado en los valores nacionales. Si es cierto lo de que el fútbol es el opio del pueblo, no habrá más remedio que cantar aleluya y proclamar: “¡Viva el opio!” Porque, la verdad, nos lo merecemos de vez en cuando para paliar los efectos corrosivos de la tempestad económica y social que padecemos, recortes, ajustes, tijeras y demás parentela onerosa.

El fútbol es ahora mismo uno de los pocos valores externos de España. Ni los Reyes Católicos, ni Agustina de Aragón, ni siquiera Santa Teresa de Jesús, Don Pelayo o el toro de Osborne lograron entusiasmo tan enfebrecido como un gol de Torres o un pase de Iniesta o una parada de Íker o un cabezazo de Fábregas. La marca España ha dado un avance sustancial. Es cierto, ¿o no? Lo hemos palpado con nuestros propios ojos. Nunca un número 11 había llegado tan alto, con permiso de la ONCE. Esa pasión esférica mueve muchísimo dinero en tiempos de vacas flacas y de las otras. Da empleo a más de 85.000 personas. Ya supone el uno por ciento del Producto Interior Bruto (10.000 millones de euros). ¿Qué empresas españolas pueden decir lo mismo? Gerard Costa le cuenta a Miguel Ángel Noceda en El País: “Quizá la mayor confianza para los mercados financieros sería poner a Del Bosque en La Moncloa”. Pues, mire usted, a lo mejor no es mala idea. Del Bosque aportaría a la política algo así como un entusiasmo y una gobernanza global, redonda, victoriosa, tranquila y provocadora de trances místicos, con Piqué como ministro de Economía, Marcajes y Alejamiento de Incómodos; Íker Casillas dando manotazos ejemplares a las tormentas que vienen de fuera; Iniesta sería un magnífico ministro de Educación y Cultura Popular. En fin, nos sobran figuras en el banquillo para ocupar los puestos que la patria reclame en momentos inciertos. España es ahora La Roja (si Franco levantara la cabeza…). Y La Roja siempre está que arde, como La Pasionaria.

Pero, claro, esa pasión esférica es una pasión con todas sus connotaciones. En cualquier momento puede surgir el desencuentro, el sufrimiento y la derrota. Pero España hará lo que siempre hizo, tropezar tres o cuatro veces en la misma piedra; y volver a tropezar alegremente con el balompié, el único balón eterno que de vez en cuando nos acaricia y nos pone. Pero no nos gustaría a muchos que se convirtiera en otro dios. Ya tenemos bastantes. A pesar de todo, dicen que hay algunos forofos a los que les gusta es sufrir, como sucede, según cuentan y yo pongo en duda, con los seguidores del Atlético de Madrid.

Esa pasión esférica es tan irracional como muchas pasiones importantes. Pero es que lo racional y la lógica nos llevan a crear monstruos. El fútbol nos pone al tanto de que los animales racionales no son perfectos sin dosis suficientes de irracionalidad. A Goya pongo por testigo. Además es muy gratificante poder decir con fundamento: “Somos los mejores”. Esto no tiene precio, dicho sea sin ofender a las Artes y la Letras.

 

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3 comentarios

  1. Iceman

    Como dijo alguien en su dia (creo que fue Valdano) «el futbol es una excusa para ser feliz»

  2. Ricardo buenas tardes, como dice mi nombre, ese soy yo y estoy en Mexico, te comento que estoy realizando una investigacion de mi iglesia, a la que asisto desde los años 70´s y me hace falta localizar una cancion de esos años que escuchábamos y no he podido adquirirla.
    Te agradeceré me puedas ayudar e indicarme donde puedo adquirirla, esta en el disco «el profeta» y me parece que se llama Maranatha, Maranatha, Maranatha.
    Tal vez te parezca extraña esta solicitud pero he de comentarte que seguimos parte de tu trayectoria, en fin que hemos sido amigos desde ese tiempo y solamente nos ha hecho falta conocernos. Aprovecho para enviar una Felicitacion, aunque tardia, por el premio que recibiste por tu trabajo. SALUDOS

  3. yovanna torres luna

    Ricardo, interesante artículo, tengo interés de contactarle, le escribo desde la República Dominicana, agradeceré me deje saber como lo encuentro. Bendiciones.

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