Superman tiene supervelocidad. Eso explica que siempre llegue a tiempo a salvarnos el culo. Al menos en los comics. Porque, desde la primera de la saga, las películas han tratado no de sus superpoderes, sino de sus debilidades, desafiando esa presunta superioridad, como si llevarla en el nombre no fuera suficiente. Así, Richard Donner lo puso en un brete ya en 1978 cuando hizo morir a su amada Lois Lane mientras el alter ego con calzones de Clark Kent salvaba el planeta de diversas calamidades. Coño, al tío más puntual del universo se le muere la novia por no llegar a tiempo.
Phileas Fogg es un caballero inglés, miembro de una sociedad, el Reform Club. Disciplinado, metódico, raruno. Encorbatado y señorial en la la élite más admirada de Occidente, la casta privilegiada del victoriano imperio inglés. Quizá sea su soledad, su apego a las tradiciones y a las costumbres, o tal vez su falta de obligaciones, lo que lo haga tan previsible. Tan parsimonioso, ni una sola premura, ni un solo gesto de contrariedad. No hay por qué. Si dice a las ocho cuarenta y cinco, a las ocho cuarenta y cinco será. En tiempo y forma.
Desde antes de la conquista del espacio, Superman y demás tipos con capa voladora viajaron de viñeta en viñeta alrededor del tiempo. Contrariamente a lo que los guionistas de cine han explorado siempre, el futuro, los de los tebeos preferían el pasado. Será que es más fácil dibujar lo que otros pintaron en cuadros que diseñar lo aún no imaginado.. O tal vez sea que el ser humano, ése que tropieza dos veces, siempre ha fantaseado con retirar del camino, si no la primera, al menos la segunda piedra. Así, además del traspié, uno se evita el escarnio público.
Para eso viajaría uno en el tiempo, para remendar estropicios. Como Superman.
Y luego está la experiencia. Muchas veces nos arrepentimos de la verdad revelada con retraso. Si yo hubiera sabido lo que hoy sé, iba a hacer las cosas del mismo modo, venga ya. Tanto en los negocios como en el amor, revertir el tiempo, darse una nueva oportunidad, supondría una ventaja fuera de lo común.
Pero, ¿ventaja para quién?
Fogg y Kal-El, hijo de Jor-El, cada uno a su manera, llegan tarde a sus citas, pero, queriendo o sin quererlo, rectifican a tiempo —o el tiempo— para recuperar la pasta y el amor. El personaje de Verne surca mares, traga humo de tren, monta elefantes y navega nieve en trineo de oeste a este, a favor de la rotación terrestre, y le gana un día al océano Pacífico. El tío de la capa y los calzones rojos logra darle la vuelta al reloj surcando la troposfera a la velocidad del rayo desde oriente hacia occidente. Y ambos logran plantarse en sus mismas coordenadas de partida cuando éstas aún no han cruzado la posición relativa respecto al sol que les haría fracasar.
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Bravo!, el articulo en si, viaja por el tiempo.
Recomiendo si gustan los viajes en el tiempo “El fin de la eternidad” de Asimov
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Lo de la victoria de Kerry y su inexistencia en la hemeroteca virtual ha tenido otro precedente, el capítulo de CQC en el que la inefable Esperanza Aguirre (a la sazón Ministra de Cultura o Presidenta del Senado, no recuerdo el cargo que ocupaba en ese momento exacto) confundió al escritor Saramago con la inexistente autora Sara Mago.
Búsquenlo en la web, no está, es más, hay montón de información indicando que es un bulo (y de hecho si se convirtió en bulo cuando empezaron a decir que si Aguirre había dicho que era una pintora y que le gustaban sus cuadros, etcétera, pero yo lo vi y de hecho nos reímos un montón esa tarde de domingo los amigos con ese despiste inocente (que es lo que fue y no toda las patrañas que se han contado después)