El Mundial de Maradona (y III)

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Viene de la segunda parte.

Domingo, 22 de junio de 1986, Estadio Azteca. Es la una de la tarde en la capital mexicana, las ocho de la tarde en la Península Ibérica; medio mundo está sentado ante un televisor. Todo por un partido de fútbol, sí, pero no es necesario ser aficionado a al balompié para sentir una enorme expectación, porque está a punto de disputarse una eliminatoria cuya significación ha sobrepasado a la propia competición deportiva; los jugadores van a saltar al césped en medio de un ambiente de tensión previa que pocas veces, si acaso alguna, se había visto en un Mundial. Los medios de casi todo el planeta llevan varios días hablando de ello: Argentina e Inglaterra, que apenas cuatro años antes habían mantenido un breve pero intenso conflicto bélico que sorprendió al mundo, que arruinó las relaciones entre ambos países y que dejó profundas heridas sobre todo en una humillada Argentina, enfrentan ahora a sus dos selecciones de fútbol en los cuartos de final del Campeonato del Mundo. La prensa, tanto la deportiva como la generalista, ha estado haciendo uno de sus característicos ejercicios de innecesaria obviedad y no ha dejado de recordar constantemente que este partido será la “revancha” de la Guerra de las Malvinas. Las islas por las que dos ejércitos pelearon constituyen para casi todos los periódicos y emisoras el trasunto principal del partido; apenas se habla de estrellas, de sistemas, de goleadores. Parece que a mucha gente le excita la idea de que se vaya a jugar en semejantes circunstancias, de que el velo de aquella sangre derramada por los infortunados soldados, un velo de misiles y de banderas, esté tiñendo las inquietantes jornadas previas al partido. Los organizadores mexicanos, como casi todos los miembros de ambas selecciones, no están nada felices con el tono en que los medios presentan el encuentro. Incluso los futbolistas argentinos —entre quienes el ánimo de revancha nacional no deja de estar presente, aunque casi todos ellos se esfuerzan por disimularlo— desean un partido, no una guerra.

«No saldremos al campo con armas, hemos venido aquí a jugar al fútbol»

Todos los involucrados en la eliminatoria se sentían seriamente preocupados por la posibilidad de incidentes violentos entre los sectores más extremistas de ambas aficiones. Los “hooligans” ingleses y los “barras bravas” argentinos eran bien conocidos por su actitud agresiva y la tendencia a organizar considerables trifulcas bajo la menor excusa. La posibilidad de que terminase habiendo incidentes graves durante el partido no resultaba nada remota, así que —amén de llenar el estadio de policías— los organizadores poco más podían hacer que apelar a la sensatez de todos y rezar por que no se desencadenase una tragedia.

Desde los dos equipos se hicieron considerables esfuerzos por enfriar el ambiente y hay que decir que esos esfuerzos tuvieron bastante efecto. Los jugadores de ambas escuadras se habían pasado la semana desmintiendo que el partido fuese a convertirse en una revancha de ningún tipo. Hubo alguna excepción, como la del guardameta argentino Nery Pumpido, quien no pudo evitar declarar que “si derrotamos a los ingleses, estaré satisfecho por doble partida, ya que será una venganza por lo de las Falkland”. Una declaración más bien irresponsable pero que apenas fue secundada por casi ningún otro de sus compañeros, por más que en su fuero interno pudieran pensar lo mismo. Gary Lineker, la estrella de la selección inglesa en el Mundial —llevaba anotados nada menos que cinco goles antes de haberse disputado los cuartos de final— afirmó rotundamente que él era “un futbolista, no un político”. Jorge Valdano, con su elocuencia habitual, dijo que “entre los integrantes del equipo se ha hablado muy poco de las Malvinas (…) Llegados a estas alturas del Mundial, hay muchos elementos de tensión y no se trata de añadirles más. Personalmente, cuando estoy fuera del terreno, no me importa dar mi versión del tema de las Malvinas, pero sobre el césped defiendo unos intereses totalmente distintos”. Más rotundo aún se mostró el jugador que ya andaba centrando todas las miradas, Diego Armando Maradona: “No saldremos al campo con armas, vinimos aquí a jugar al fútbol. Y eso es lo que haremos. Esto es un Mundial deportivo y no una batalla”.

En la misma línea se manifestaron los entrenadores de ambas selecciones. Carlos Bilardo dijo que “aquí no se trata de resolver cuestiones de orden político, sino de sudar la camiseta”. Bobby Robson se despachó en términos similares y pidió a los periodistas que se olvidaran de las Malvinas y empezaran a informar únicamente sobre los aspectos deportivos del choque. Lamentablemente, la prensa hizo poco caso a las bienintencionadas peticiones de Robson. En casi todo el mundo se identificaba el partido con una revancha bélica y sólo en las horas inmediatamente previas al choque, la actitud conciliadora de los dos equipos terminó contagiando algo de sensatez a los periodistas. Eso sí, donde la actitud de la prensa podía alcanzar cotas especialmente tétricas era precisamente en Argentina y en el Reino Unido: no pocos medios y periodistas de ambos países dieron una lección de amarillismo con titulares sensacionalistas —y algunos incluso ofensivos— destinados a calentar el partido, que contribuyeron a extender la incertidumbre sobre lo que podría terminar ocurriendo durante la eliminatoria. Incluso los políticos empezaron a meter baza, preocupados por una nueva escalada de tensión que se sabía cómo empezaba pero no cómo iba a terminar. Hubo reaccones políticas de lo más variopinto, unas conciliadoras, otras no tanto. En Argentina, por ejemplo, un grupo de senadores del Partido Peronista pidió que la selección albiceleste se retirase del Mundial, dado que “no podemos mantener relaciones ni deportivas ni comerciales con Gran Bretaña, país que ha mostrado una actitud beligerante hacia nosotros”. La petición no ayudaba a calmar los espíritus precisamente, y como no podía ser menos el presidente Raúl Alfonsín se negó a considerarla, aduciendo que “estoy seguro de que no habrá connotaciones políticas en el partido”. En el Reino Unido, el Parlamento hizo una declaración conjunta exhortando al contingente de seguidores ingleses a que mantuviesen la cordura, además de pedir a los jugadores que respetasen los valores deportivos sobre el campo. En definitiva, el partido se iba a celebrar bajo una atmósfera muy enrarecida.

La Mano de Dios, la zurda del hombre

Maradona es un jugador de talento excepcional. Pero el partido no es entre Inglaterra y Maradona, sino entre Inglaterra y Argentina. Y sería un terrible error obsesionarnos con un único jugador, no importa cuán peligroso pueda ser. (Bobby Robson)

Fue estando en Italia cuando aprendí el arte del “Gran Gol”, del gol de la victoria, el que te da tres puntos, el que te da el alivio de saber que estás a salvo. (Maradona)

Los dos capitanes se saludan al comienzo del Argentina-Inglaterra.

Bajo una seguridad redoblada en el estadio, los jugadores de ambos equipos salieron al campo y se saludaron de manera visiblemente respetuosa, intentando dar ejemplo a sus respectivos grupos de aficionados. Mantuvieron un comportamiento muy deportivo y evitaron cualquier gesto que pudiera calentar el partido ya antes del inicio. Eso sí, la preocupación y la concentración en ambas escuadras eran máximas y en la expresión de sus rostros resultaba muy patente la tensión reinante. Con ambas selecciones formando en pie durante la ceremonia de los himnos, Maradona, que estaba justo al lado de a los ingleses, no pudo evitar mirar al adversario de reojo, disimuladamente, con expresión ceñuda y apretando la mandíbula; un gesto indescifrable que recogerían las cámaras de televisión en una secuencia clásica de aquel campeonato. También el guardameta Nery Pumpido observaba atentamente a los británicos, como queriendo analizar el estado anímico en que se presentaban sus contrincantes, o quizá sencillamente hipnotizado por la cercana presencia del rival. El ambiente era el de una final, o incluso más intenso que el de una final. Por fortuna, cuando el árbitro dio el pitido inicial no se habían registrado incidentes de consideración en el público y el fútbol pasó a centrar toda la atención. Los británicos llevaban la zamarra blanca; los argentinos vestían su segunda equipación de color azul marino. Aunque supongo que cualquier aficionado al fútbol tiene aquellos colores grabados en la retina.

El encuentro comenzó cauto y titubeante: ambos equipos se mostraban un más que evidente respeto mutuo, por no decir miedo, y tenían buenos motivos para ello. Inglaterra había goleado a Paraguay en octavos sin mayores problemas (3-0) y en Lineker tenían al artillero más en forma del campeonato. Lo cual era un peligro añadido porque, cuando un jugador tiene una racha goleadora en un Mundial, esta racha suele extenderse durante toda su permanencia en el torneo. Por su parte, Argentina había sudado para vencer a un rival algo más duro, Uruguay, por 1-0. Pese a lo ajustado del resultado, en ese partido se había visto al mejor Maradona de toda su trayectoria con la selección, lo cual había levantado muchas preguntas en Inglaterra sobre qué tipo de marcaje o seguimiento especial había que hacerle al número diez de la albiceleste. Bobby Robson declaró, no sin cierta razón, que no había que obsesionarse con Maradona; se había notado un progreso en el juego de equipo de los argentinos, el cual había aburrido y decepcionado durante la primera fase pero había empezado a desperezarse contra Uruguay.

El primer tiempo transcurrió sin mayores novedades, con un juego de centrocampismo timorato que, pese a lo previsto por muchos, fue inclinándose poco a poco a favor de los argentinos. El juego de toque impuesto por Bilardo fue echando hacia atrás a los ingleses, quienes no pudieron evitar replegarse hacia el área, dejando a Lineker casi completamente solo en ataque. Durante aquellos primeros 45 minutos, Argentina dominó y dio la sensación de poder tener el partido bajo control, pero no creó muchas ocasiones de peligro. Maradona entró menos en juego que contra Uruguay, aunque eso no le impidió poner una vez más las pocas perlas de verdadero espectáculo: carreras en las que regateaba a varios defensas, controles de balón inverosímiles, algún pase de tacón, y un dificilísimo —incluso para él— lanzamiento de falta con un efecto endiablado que, con el portero Peter Shilton ya batido, se terminó marchando a un par de palmos del poste. Nada que no se hubiese visto ya durante aquel Mundial, por otra parte: Maradona era notablemente superior al resto de los jugadores desplegados sobre el terreno y eso se traslucía casi en cada acción. Él era el principal foco de atención en los partidos, porque cada vez que intervenía podían producirse momentos memorables dignos de guardar la videoteca. Incluso se produjo algún suceso cómico: como cuando el “Pelusa” se disponía a sacar un corner y el banderín insistía en caerse. El juez de línea obligaba a Maradona a devolver el banderín a su sitio ante el desespero del centrocampista, que parecía más bien un niño travieso protestando ante su profesor. Así, con empate a cero y pocas ocasiones, terminó la primera mitad. El segundo tiempo lo cambiaría todo gracias a, literalmente, lo peor y lo mejor del Maradona futbolista.

Durante el descanso hubo en las gradas algunos incidentes entre aficionados que hicieron temer por el buen desarrollo del encuentro, pero afortunadamente fueron controlados y las cosas no llegaron a mayores. Los dos equipos contrincantes volvieron a salir del vestuario. Tras la reanudación, la albiceleste parecía muy convencida de que podía seguir dominando el juego, daban la impresión de confiar seriamente en sus propias posibilidades. Los ingleses seguían pareciendo inefectivos, lentos, faltos de mordiente. A los pocos minutos, al parecer harto de ver de tanta inmovilidad en el marcador, Maradona decidió desestabilizar el partido por sí solo. Quebró la defensa inglesa con una de sus cabalgadas inesperadas entre varios jugadores, aquellas que solían pillar tan desprevenidos a los rivales. Tras recibir el balón cerca del círculo central, se metió entre tres defensas que no supieron cómo pararlo y le hizo un pase relámpago a Valdano, quien estaba en la parte derecha del área. Valdano controló defectuosamente el balón y un defensa inglés se interpuso, pero al intentar despejar, también lo golpeó mal. La pelota salió bombeada, dirigiéndose justo al interior del área, como si fuese un centro por alto. Maradona, que siguiendo su intuición ya había corrido hacia el punto de penalty, sorteó la salida del portero Shilton con un salto: Gol.

En un primer momento, la mayor parte de los comentaristas se quedaron algo atónitos, ya que por televisión la jugada había resultado confusa: ¿había sido mano? Desde luego, a través de la cámara, lo había parecido. Y ya no les quedó duda con la repetición: poca gente dudaba ya de que el diez argentino había anotado el tanto con la mano. El gol era ilegal. Los jugadores ingleses protestaban inútilmente ante el árbitro tunecino Ali Ben Naceur, quien no había visto la infracción. Mientras, con malévola picaresca, Maradona lo festejaba corriendo por una banda y llamando a sus compañeros junto a él, porque en un primer momento incluso los demás argentinos se habían abstenido de celebrar el gol, inmóviles, sin duda esperando la inmediata anulación por parte del colegiado. El tanto, pues, subió al marcador para la indignación de los ingleses, para la cínica alegría de los argentinos, y para el asombro de prácticamente todos los demás. 1-0.

No era la primera vez que Maradona hacía trampas y metía hábilmente un gol con la mano mientras simulaba cabecear. Dada su baja estatura, él mismo admitió mucho más tarde que “donde no llego con la cabeza, intento llegar con la mano” y que lo de engañar al árbitro era algo que se podía practicar y perfeccionar. Durante sus dos primeras temporadas en Nápoles ya había perpetrado la misma travesura un par de veces. En una ocasión consiguió una controvertida victoria frente al Udinese gracias a otro cabeceo fantasma en donde realmente también había impulsado el balón con la mano. Contra la Sampdoria se había lanzado en plancha para “cabecear” un balón bajo y había usado la mano para marcar con tal habilidad que ni sus rivales se dieron cuenta en el momento, por lo que no protestaron el gol. Sea como fuere, el gesto antideportivo de Maradona ante Inglaterra bien pudo haber enturbiado por completo el recuerdo histórico de la eliminatoria. Con los años, el diez bonaerense reconoció que se había sentido satisfecho con el gol ilegal porque había sido “como robarle la cartera a los ingleses”, aunque también admitió que “si pudiera viajar atrás y cambiar la Historia, lo haría. Pero el gol sigue siendo un gol y no puedo cambiar la Historia”.

Y era precisamente la Historia del fútbol con la que Diego Armando Maradona estaba citado, así que no iba a permitir que un gol ilegal quedase como único recuerdo de aquel importante partido. Cuando solamente habían transcurrido cuatro minutos desde su trampa y mientras todo el mundo estaba todavía discutiendo sobre la escandalosa mano, se produjo la jugada más famosa de su carrera y uno de los instantes más memorables de la historia del fútbol, si no el que más. Sucedió más o menos así:

Después de regatear a medio equipo inglés, Maradona decidió sortear también al portero, corrigiendo una jugada parecida que había fallado por poco unos años atrás.

Tras un infructuoso ataque inglés, Maradona recibe un balón cerca del círculo central. Lo están marcando dos contrarios, Peter Reid y el mediapunta Peter Beardsley, pero el “Pelusa” pisa el balón, hace un “uno-dos” a la media vuelta y los despista. Ha descosido el centro del campo inglés y está ya corriendo por la banda derecha. Reid lo persigue, tratando de cubrir su flanco por si al argentino le da por detenerse para cambiar de trayectoria o por si intenta hacer un pase hacia el interior. El lateral izquierdo Terry Butcher sale al paso para impedir que Diego siga avanzando, pero el diez argentino lo engaña con un sutil amago, descolocándolo por completo y dejándolo atrás. También Butcher intenta salir en su persecución y durante todo el resto de la jugada correrá tras Maradona, aunque no lo alcanzará a tiempo. Tras ese amago que engaña al lateral, al argentino le queda libre el flanco derecho y empieza a correr hacia la esquina del área. Terry Fenwick, que estaba vigilando a Jorge Valdano, se ve obligado a abandonar el marcaje del delantero para intentar interponerse entre Maradona y el área. Pero Fenwick, como todos en ese momento, espera que Maradona haga lo que era habitual en aquellas cabalgadas imposibles suyas: piensa que Maradona pasará el balón a un compañero desmarcado, así que supone que tratará de centrar el balón a Valdano, que ahora está completamente solo en la frontal. Fenwick se sitúa a la izquierda del diez argentino para intentar cortar ese centro. Será un error. Maradona, efectivamente, hace el gesto de querer encararse hacia Valdano, pero se trata de otro engaño. En una décima de segundo utiliza su portentoso centro de gravedad para cambiar de dirección: no va a pasar el balón, sino que ha decidido continuar atacando en solitario y se adentra en el área. Proyecta el balón en vertical con un veloz autopase para quebrar a otro defensa y continúa corriendo. Fenwick, al ver que Maradona lo ha burlado, lanza una pierna a la desesperada para derribar al “Pelusa”, pero éste, con su instinto natural para el regate, ya está saltando para evitar la falta. Continúa galopando hacia la meta. Gary Stevens, que había relevado a Fenwick en la marca de Valdano, se ve también obligado a olvidarse del delantero centro y corre para cubrir el pasillo que hay entre Maradona y el poste derecho de la portería inglesa, por si el “Pelusa” decide golpear en largo con el exterior de su prodigiosa zurda. Pero la carrera de Stevens será una carrera inútil. Maradona no opta por la opción más natural —la de chutar al segundo palo— sino que decide regatear también al portero, Peter Shilton, que ya le está saliendo al encuentro. Con un toque maestro de su pierna zurda, pisando y desplazando el balón, deja a Shilton sentado en el suelo. Justo en ese momento el lateral Terry Butcher, que viene persiguiendo a Maradona desde casi el inicio de la jugada, aparece desde detrás y lo zancadillea por la espalda. Derriba al argentino, pero ya es tarde. Para cuando es cazado, Maradona ya ha impulsado el balón hacia la red: gol. Ha marcado después de quebrarle la cintura a medio equipo inglés. Se levanta casi instantáneamente y corre para celebrar el tanto. El estadio azteca estalla en un clamor unánime. Diego Armando Maradona acaba de protagonizar la jugada más legendaria en la larga y nutrida historia del balompié.

Incluso el narrador de la BBC pareció súbitamente eufórico: “¡Ohh! Tengo que decir que esto es magnífico. No hay debate posible sobre esta jugada, esto ha sido puro genio futbolístico”.Curiosamente, la jugada quizá despertaba recuerdos en algunos ingleses: era similar a una protagonizada por el propio “Barrilete Cósmico” en 1980, a los diecinueve años, durante un amistoso que enfrentaba precisamente a Argentina con Inglaterra. En aquella ocasión y en circunstancias casi idénticas, tras haber regateado a varios defensas y haberse internado hacia la derecha del área, Maradona había optado por golpear al segundo palo para no tener que regatear al portero… y el balón se había ido fuera, rozando el poste. Muchos años después, el argentino explicaría a la RAI lo que le había pasado por la cabeza durante el famoso gol de México (también lo explicaría, más brevemente y con lenguaje más socarrón —dado que esto es una traducción del italiano— en sus memorias):

Vi a Valdano correr por la izquierda. Y junto a él pude ver al último hombre de la defensa. Pero seguí con el balón. Valdano era lo único que me distraía, porque no podía pensar en el jugador inglés. Así que decidí pasar entre otros dos defensas: mi único objetivo era el arquero. Un gol como ése era lo que había soñado durante toda mi vida. Y por casualidad se produjo durante el Mundial. Antes había jugado tantos partidos en Italia, en Argentina y por todo el mundo… nunca había sido capaz de marcar un gol semejante. En 1979 habíamos jugado contra Inglaterra en Wembley, el estadio más importante del mundo. Estuve a punto de marcar un gol muy parecido, no desde tan lejos, sino desde tres cuartos del campo. El arquero inglés, que por entonces era Clemence y no Shilton, salió exactamente de la misma manera que Shilton en el Mundial, y yo golpeé la pelota con el exterior de mi pie izquierdo hacia el segundo palo. Cuando volví a casa, mi hermano pequeño me preguntó: “Pero, boludo, ¿por qué no regateaste al portero?”. Y yo le dije, “Mirá, ¡lo hice lo mejor que pude!”. “¡Noo!”, me dijo, “¡tenías tiempo y espacio para rodear también al arquero!”. Aquel consejo de mi hermano se quedó en mi mente. De todos modos, durante el Mundial, sólo lo recordé después de haber marcado, cuando estaba celebrando el gol, pero supongo que eso debió de estar dentro de mi cabeza todo el tiempo.

Con él llegó el escándalo

Por lo que llevamos visto, indiscutiblemente, es el número uno. Éste es el Mundial de Maradona. (Mark Hughes, tras el Argentina-Inglaterra)

El gobierno de mi país hizo mal, se había equivocado. Pero la manera en que los británicos masacraron a los nuestros en las Malvinas… teníamos una motivación especial dentro de nosotros. Yo fui quien los derrotó y me sentí muy feliz por ello. Muy feliz. (Maradona)

La prensa argentina celebró el triunfo sobre Inglaterra con previsible exuberancia.

Los ingleses, con un 0-2 en contra, intentaron forzar la máquina recurriendo a sus característicos pases largos y algunas jugadas de conducción que no pocas veces resultaban bastante imprecisas. Además, el defensa Óscar Ruggeri tenía bien controlado a Gary Lineker. Sólo los esfuerzos del mediapunta Peter Beardsley parecían medianamente efectivos, eran sus remates y centros los únicos que creaban cierta sensación de peligro ante una Argentina satisfecha con dejar pasar el tiempo. La presión inglesa continuaba sin grandes resultados ni sensación de poder darle la vuelta al partido. Lineker, el goleador del torneo, no daba señales de vida y el propio narrador de la BBC lo resumía así: “es extraordinario pensar que Gary Lineker apenas ha tocado balón; está siendo marcado tan de cerca que no ha sido capaz de dejar ninguna impresión en este partido. Cuando escuchas mencionar los millones de libras por su posible traspaso a Italia y cosas así, te preguntas cómo un hombre con semejante talento para anotar goles puede no tener ningún efecto en ningún otro aspecto del juego. Eso, ciertamente, no podría suceder con Maradona”.

Los hechos le estaban dando la razón al locutor británico hasta que faltaban sólo diez minutos para el final. El recién incorporado Barnes —cuya entrada al terreno de juego cambió la faz del ataque inglés— hizo una magnífica jugada personal para centrar desde la línea de fondo: el hasta entonces ausente Lineker reapareció y cabeceó el balón al fondo de la red: 1-2. Era su sexto y último gol en el Mundial donde sería proclamado máximo anotador (seguido por Butragueño, Careca y el propio Maradona, todos ellos con cinco goles). Una racha es una racha. A partir de ahí el partido entró en los típicos minutos finales de locura que se producen cuando una eliminatoria está ajustada: idas y venidas con alguna oportunidad clara para ambos bandos. Justo tras el gol inglés, Maradona montó uno de sus ataques de caballería regateando a tres defensores en el centro del campo y haciéndole un pase a Carlos Tapia, que había sustituido a Burruchaga. Tapia lanzó un magnífico tiro a puerta al que Shilton no podía llegar, pero el balón se estrelló en el palo. Por parte inglesa, otro fantástico centro del recién incorporado Barnes dejó a Lineker dispuesto a cabecear ante la misma boca de la portería, pero un defensa argentino llegó a arrebatarle la pelota in extremis en lo que ya parecía un gol cantado. Tras los instantes de aparente caos y con un minuto de añadidura, el árbitro dio el pitido final. Inglaterra estaba fuera del Mundial. Argentina, y sobre todo Maradona, los habían dejado fuera.

El asunto de las Malvinas pasó por fin a un segundo plano. Excepto en Argentina, donde, por descontado, la prensa elevó a Maradona a los altares. Los mismos periodistas que habían cuestionado su posible desempeño antes del torneo, lo trataban ahora como un héroe nacional porque había conducido a una selección aparentemente abocada al fracaso hasta las semifinales y de paso eliminando al enemigo. En Inglaterra, por el contrario, Maradona era retratado como un villano que había robado la clasificación de su país con una mano antirreglamentaria. En el resto del mundo la visión era equidistante: el público estaba totalmente maravillado con lo que más tarde sería conocido como “Gol del Siglo”, pero la prensa no sabía bien si elogiar al “Pelusa” por su genialidad, o si condenarlo por el gol que había marcado con el puño, además de por el cinismo con que respondió cuando le preguntaron sobre la jugada, (como es sabido, afirmó que había marcado el primer gol “un poco con la cabeza, un poco con la mano de Dios”). Durante los días posteriores, la “Mano de Dios” fue el asunto más discutido del Mundial en la prensa, por encima incluso de aquel segundo y extraordinario gol.

La coronación

No tenemos un Maradona en nuestro equipo, ésa ha sido la diferencia. Si Maradona hubiese jugado para Bélgica, hubiésemos ganado nosotros. (Eric Gerets, defensa belga, al finalizar la semifinal contra Argentina)

No hay nada que oponer al triunfo de Argentina. Tiene al mejor jugador del mundo, capaz por sí solo de inclinar la balanza de cualquier encuentro. Veo favorito a Argentina para la final por el simple hecho de que tiene a Maradona y Alemania no. Si yo lo hubiera tenido en mi equipo, ahora seríamos finalistas. A cualquiera de los cuatro equipos de las semifinales, él lo hubiera conducido al triunfo. (Guy This, seleccionador belga, al finalizar la semifinal contra Argentina)

El rival de Argentina en semifinales era el equipo revelación del torneo, Bélgica. Tras una fase de grupos muy discreta en la que se clasificaron casi de milagro con una ajustada victoria frente a Irak, y con pocas estrellas en el equipo (entre los nombres más conocidos, Enzo Scifo y el portero Jean Marie Pfaff), los “diablos rojos” belgas habían sorprendido durante las eliminatorias deshaciéndose de dos selecciones muy competitivas. Primero, en octavos de final, se habían enfrentado a la URSS, equipo que había metido nueve goles sólo en la primera fase y que amenazaba con hacer mucho ruido en el torneo gracias a su tremebunda potencia ofensiva. Sobre el papel, los belgas iban a ser una víctima fácil para el rodillo soviético, pero en un partido verdaderamente dramático que tuvo que decidirse en la prórroga terminaron imponiéndose por un alucinante 4-3 (con alguna ayuda arbitral, hay que decir). La eliminación de la maquinaria ofensiva de la URSS a manos de Bélgica fue un shock, pero nada comparado con lo que sucedería en cuartos de final.

La selección española se había enfrentado en octavos a la selección predilecta de buena parte de la prensa, la exquisita Dinamarca de Laudrup, Olsen, etc. Los daneses habían maravillado a propios y extraños durante una primera fase en la que despedazaron todo lo que se les puso por delante… incluyendo a Uruguay y a la mismísima Alemania, futura finalista. Dinamarca estaba completamente lanzada, parecía una escuadra destinada a grandes cosas y excepto en España casi nadie daba un duro por aquella exquisita versión de la “Furia”, frecuente e injustamente infravalorada por la prensa internacional. Pero un 5-1 de los españoles aniquiló a la mejor selección danesa de la historia. Así, el partido de cuartos previsto por muchos, URSS-Dinamarca, se transformó en un España-Bélgica donde, con todo, la superioridad técnica de los futbolistas españoles los convertía en favoritos. Además, ambos equipos se habían enfrentado en febrero de aquel mismo año y España había ganado fácilmente con un rotundo 3-0. Pero ni por ésas. Los belgas volvieron a demostrar que no se arrugaban ante nada. Jan Ceulemans marcó a la media hora de juego: a partir de ahí, los españoles se desgañitaron por intentar empatar con una Bélgica defensivamente impecable, cosa que sólo consiguieron por medio de Juan Señor a falta de cinco minutos para el final. En la prórroga, los españoles estaban decididos a imponer su superioridad y ganar a toda costa, pero se estrellaron una y otra vez ante la sólida defensa belga y ante un inspiradísimo Jean Marie Pfaff que demostró ser el guardameta más en forma del torneo. No lograron marcar y finalmente los lanzamientos de penalty clasificaron a los belgas.

Así pues, Bélgica se presentaba en semifinales con un convincente currículum en las eliminatorias, habiendo resistido dos partidos muy, muy duros y dando la impresión de ser capaces de hacerle frente a cualquier cosa. Pero Maradona no era “cualquier cosa”.

Seis defensas belgas al acecho: una fotografía clásica ilustra la obsesión de los rivales por tener bajo control a Maradona.

Los argentinos empezaron el partido con decisión. Como recordaría después Bilardo, la victoria sobre Inglaterra les hizo creer finalmente que podrían aspirar al título y salieron con actitud ganadora desde le minuto uno. Contagiados por el espíritu combativo de su capitán, los argentinos desplegaron un juego de toque con más velocidad y atrevimiento. Maradona, como de costumbre, aportó las perlas de calidad: algún regate entre varios jugadores en el centro del campo (lo cual se había convertido ya en una especie de tradición cuando pisaba el campo) o un durísimo lanzamiento lejano que Pfaff detuvo a duras penas. Las gradas rugían cada vez que Maradona tocaba el balón: el recuerdo del segundo gol a Inglaterra estaba plenamente presente y los espectadores aguardaban ansiosamente la ocasión de comprobar si aquel prodigio de 1’66 de estatura podría obrar nuevas maravillas ante sus ojos. Con todo, los ocasionales destellos de Maradona en el primer tiempo y el claro dominio inicial de su equipo no fueron suficientes. Argentina estaba empezando a aprender a jugar “sin” Maradona pero apenas creaban peligro cuando él no estaba directamente involucrado en la jugada. El equipo fue yendo de más a menos. La primera parte terminó con empate a cero y los sudamericanos daban algunas muestras de desinflarse. Durante el descanso, el propio Maradona debió de darse cuenta de ello: al igual que había sucedido ante Inglaterra, salió del vestuario dispuesto a revolucionar el partido en los primeros minutos de la segunda parte. Lo hizo, claro, y de qué manera. A los cinco minutos de pisar el terreno recibió un pase vertical que remató en carrera con un sutil toque, ante la oposición de Pfaff y el intento de bloqueo de dos defensores. Marcó un gol exquisito en una situación complicada haciendo parecer fácil lo difícil. 1-0.

Argentina siguió atacando brillantemente conducida por su capitán, que repentinamente parecía estar en todas partes y ser capaz de cualquier cosa. Empezó a repartir juego y a distribuir milimétricos pases al primer toque, visiblemente decidido a finiquitar el partido. El estadio seguía sumiéndose en un clamor de expectación cada vez que un balón llegaba a las inmediaciones del capitán argentino, porque su pierna izquierda estaba empezando a producir verdadera magia. Estuvo a punto de marcar con un tiro a puerta que Pfaff —también en estado de gracia— despejó en una magnífica estirada. Pero toda resistencia era inútil: poco después, con esa aparente sencillez de los genios, el “Pibe de Oro” se hacía con un balón en los tres cuartos de cancha, empezaba a correr metiéndose directamente entre tres rivales, los dejaba atrás, superaba a un cuarto defensa y finalmente engañaba al portero con una leve vaselina a la media vuelta. Después, manteniendo el equilibrio a duras penas en lo que ya es una imagen clásica —la de Maradona corriendo a punto de caerse, algo que solía verse en todos los partidos— se iba hacia el córner para celebrarlo. El Estadio Azteca se venía abajo. Lo había vuelto a hacer; como contra Inglaterra, sólo habían pasado unos escasos minutos desde su primer tanto y afianzaba la ventaja argentina con una extraordinaria jugada personal. Aquel gol era una nueva demostración de su talento y de cómo utilizaba su inaudita rapidez mental para, mediante la más pura geometría, destruir una defensa por el sencillo procedimiento de correr en una trayectoria que inhabilitaba a los defensores.

Aún determinado a pulverizar la eliminatoria, Maradona no cejaba en su empeño de triturar a los belgas. Poco después controlaba otro balón en posición similar a la del segundo gol, volvía a correr hacia el área y era agarrado por un defensor, pero aun así se las arreglaba para regatear a otro que le salía al paso y chutar: su tiro final, con un Pfaff completamente batido, se marchaba fuera por centímetros. Más tarde recibía un pase larguísimo por la banda derecha, reponiéndose de la zancadilla por detrás de un defensa belga que lo perseguía, controlando la pelota justo antes de que ésta rebasara la línea de fondo y sorteando la salida de Pfaff con un elegantísimo pase atrás que dejaba a Valdano con toda la portería vacía, a excepción de un único defensa. Aquello era un gol cantado, o por lo menos un penalty y expulsión fáciles de provocar, pero Valdano lanzó el balón por alto.

En resumen; en aquel partido y muy especialmente durante el segundo tiempo, Maradona se convirtió en una auténtica pesadilla para la escuadra belga. Lo hacía todo, y por momentos casi cada balón que tocaba resultaba en un “highlight” para coleccionistas. Estaba en estado de gracia, y si se hubiesen materializado todas las ocasiones claras de las que gozó personalmente, o aquellas que fabricó para sus compañeros, el partido hubiese podido terminar con un resultado de escándalo. Durante los segundos 45 minutos se había visto al mejor Maradona de su trayectoria con la selección, y además eran unos de los mejores 45 minutos que cualquier futbolista hubiese jugado jamás en un Mundial.

El partido terminó con 2-0 y Argentina estaba en la final. La prensa internacional se rindió finalmente, ya sin condiciones, a los pies del fenómeno. La portentosa demostración del diez argentino ante Bélgica hizo que las hasta entonces tímidas comparaciones con grandes del fútbol como Pelé, empezaran a formularse sin ningún complejo. Maradona era abrumadoramente superior al resto de jugadores del momento. Ni siquiera quedaba ya la posibilidad de decir —como se había estado diciendo hasta después del partido de Inglaterra— que pudiese no ser tan buen jugador de equipo como Platini o Zico. Era algo que en Nápoles ya sabían bien, pero que ahora podía entender el mundo entero: Maradona no sólo era un gran jugador de equipo, es que además era un jugador-franquicia. Los periodistas se preguntaban atónitos si realmente era posible que un solo futbolista hubiese llevado a una selección hasta la final casi, casi por su propia mano. Cierto, el fútbol es un deporte de equipo y nadie, ni siquiera él, podía vencer por sí solo. Pero tampoco nadie imaginaba a aquella Argentina jugando una final si Maradona no hubiese estado en el torneo. A aquellas alturas, Argentina había marcado un total de once goles: Maradona llevaba cinco goles y cuatro asistencias… es decir, únicamente dos de los goles no habían sido fruto de su responsabilidad directa. Nunca se había visto un jugador tan determinante en toda la historia de los campeonatos del mundo. Tras el partido de Bélgica eran ya muchos quienes decían que si Argentina ganaba, el trofeo pertenecería más a Maradona que a ningún otro futbolista. Dicho de otra manera: aquella semifinal fue lo que elevó definitivamente a Diego Armando Maradona al Olimpo del fútbol.

La final

La táctica de Beckenbauer amainó el temporal Maradona, pero dejó espacio y libertad al resto de argentinos.

Cualquier aficionado al fútbol tiene clara una ley fundamental: Alemania es siempre Alemania. Siempre es un equipo temible al que nunca se puede descartar de ningún título ni de ninguna competición. Tendrán generaciones más o menos brillantes, pero nunca dejan de ser una potencia. La final de 1986 era su segunda final consecutiva; en 1982 habían perdido contra Italia y ahora querían desquitarse. Sin embargo, llegaban a esta final bajo la impresión general de que ni siquiera ellos podrían detener a un Maradona que parecía decidido a realizar cualquier truco de magia, por inverosímil que resultara, con tal de obtener el preciado título. Lothar Matthaus, el centrocampista defensivo, maestro de la contención, líder en el campo y en ciertos aspectos heredero de su entonces seleccionador, el “Kaiser” Franz Beckenbauer, sería el encargado de tener bajo control a la superestrella argentina. Y en general, la defensa alemana iba a despacharse con cierta dureza con Maradona, porque todo el mundo esperaba que desequilibrase el partido una vez más. Pero la obsesión de los alemanes por parar a Maradona fue un error de planteamiento. Los argentinos sabrían sacarle por fin rentabilidad al hecho de que su jugador-franquicia fuese la obsesión de los rivales. Sacando la mejor versión de su juego de conjunto, como decididos de antemano a que Maradona tuviese un papel más discreto esta vez, le ganaron la batalla estratégica a sus rivales.

Durante el primer tiempo, Maradona brilló menos de lo habitual, pero el equipo de Bilardo parecía contar con ello y sentirse cómodo, como si la repentina e inesperada discreción de su capitán formase parte de su planteamiento previo, de un plan preconcebido. Los argentinos construyeron mucho de su juego sin pasar por el hasta entonces omnipresente nº10. Envalentonados por la mejora en su estilo de toque, se atrevieron a elaborar su fútbol de formas alternativas sin la necesidad imperiosa de crear peligro recurriendo siempre a Maradona. Porque Maradona, objeto de varias faltas y muy vigilado por la defensa alemana, aparecía sólo ocasionalmente. En el minuto 21 fue derribado, lo cual le valió una tarjeta amarilla a su marcador, Matthaus; de la subsiguiente falta nacería el primer gol argentino, cuando José Brown cabeceó un balón al fondo de la red. Poco después, Maradona persiguió un brillante pase de tacón de Burruchaga aunque no fue lo suficientemente veloz como para sortear la salida del portero alemán, el famoso Harald Shumascher. Aquellas fueron algunas de sus escasas intervenciones significativas. De hecho, el partido no fue especialmente dinámico durante los primeros 45 minutos: había más tensión que buen juego. Los argentinos buscaban rentabilizar su temprana ventaja con disciplina defensiva, apostando hábilmente por el fuera de juego y ralentizando el partido con sus sempiternos toques. Mientras, los alemanes se veían obligados a llevar la iniciativa para intentar empatar: lo de la iniciativa y la construcción de fútbol, por aquellos tiempos, no se les daba especialmente bien. Los argentinos ya se conformaban: la imagen de Valdano y un desapercibido Maradona haciendo labores defensivas lo decía todo.

Tras el descanso, el título pareció estar definitivamente en el bolsillo argentino cuando a los diez minutos de la segunda parte, Valdano remataba un contragolpe con un preciso y elegante toque. 2-0. La final parecía casi resuelta, visto el poco acierto de los germanos en ataque. Maradona seguía discreto y apareciendo poco, aunque cuando aparecía aún era capaz de sembrar el pánico, como una ocasión en que lanzó un pase vertical que dejaba a Burruchaga y Héctor Enrique solos ante un único defensa y el portero. Sus compañeros no supieron aprovechar la ocasión.

La táctica de los argentinos estaba clara: dejar avanzar a los alemanes y esperar el contragolpe. Maradona estaría anclado en el círculo central, ejerciendo más de mediocentro que de mediapunta. Aunque esa posición de mediocentro era una función que ya desempeñaba en Nápoles, en el Mundial estaba sin duda destinada a despistar a los alemanes, quienes esperaban ver a Maradona en vanguardia, formando parte de todos aquellos contraataques… pero no. Los alemanes se encontraban con que, sorprendentemente, Maradona casi no irrumpía en súbitas carreras hacia la portería rival como había hecho durante todo el torneo. Las pocas veces que Maradona corría hacia el área rival, los defensas no se cortaban a la hora de derribarlo en falta, así que el “Pelusa” se quedaba atrás y aquello desbarataba el esquema defensivo rival: Maradona retenía a sus marcadores lejos de la portería, lo cual dejaba más espacio y libertad a veloces compañeros como Valdano o Burruchaga. La estrategia de Bilardo para aquel partido estaba funcionando de maravilla. Tanta preocupación alemana por el Diego le estaba dando alas al resto del equipo. La final empezaba a perecer un trámite ya resuelto.

Pero los alemanes no se caracterizaban por rendirse fácilmente. Presionaban, o lo intentaban. Sin mucho acierto, pero también sin desánimo. Con el partido aparentemente perdido, encontraron las fuerzas para devolver los golpes y gracias a ello la final se iba a transformar en un acontecimiento de suspense prácticamente insoportable. A falta de tan sólo un cuarto de hora para el pitido final, el famoso pero entonces discutido ariete alemán Karl Rummenigge aprovechaba un rebote dentro del área argentina para batir a Nery Pumpido. El partido sufrió una metamorfosis a partir de ese instante, y los alemanes parecieron resurgir de sus cenizas con un fogoso espíritu combativo. Muy poco después, el delantero suplente Rudy Vöeller efectuaba un remate de cabeza que el arquero argentino se “comía con patatas”, al pasarle la pelota entre las manos. Empate. La aparentemente sólida ventaja argentina, que ya se había visto campeona, se había esfumado en apenas cinco minutos. Un súbito acelerón de la orgullosa maquinaria alemana había neutralizado el marcador cuando la final parecía prácticamente acabada. El Estadio Azteca se convirtió en una olla a presión. Los alemanes habían empezado a galopar con el mismo ímpetu de aquel caballo que llega desde atrás, el “caballo ganador”. Sólo quedaban diez minutos de partido y el equipo sudamericano se veía prácticamente abocado a la prórroga tras haber rozado la gloria con la punta de los dedos. Los argentinos siguieron atacando, como para despertar de aquella pesadilla que se había desencadenado en cuestión de minutos.

Y era entonces cuando muchos, sin duda, empezaban a preguntarse: después de haber llevado a su equipo a la final, y ahora que los Alemanes se habían lanzado al cuello del equipo argentino, ¿no es ahora cuando Maradona debería aparecer una vez más?

“Mi primer sueño es jugar en el Mundial. El segundo, salir campeón”

Pero volvamos atrás en el tiempo, y recordemos algunas escenas por las que ya hemos transitado. Servirán para intentar ponernos en situación, cuando a falta de siete minutos de partido los alemanes han agarrado a los argentinos del pescuezo.

La primera vez que Diego Armando Maradona apareció en un periódico fue durante el año 1971. Tenía sólo diez años, pero había llamado lo suficiente la atención de un periodista del diario Clarín, uno de los más importantes medios de Argentina, quien habló maravillas de aquel mocoso que mostraba maneras de futura estrella. Irónicamente, el redactor escribió mal su apellido, pero aquel fue el primer registro periodístico, el primer artículo en que se nombraba a quien terminaría convirtiéndose en una de las mayores estrellas deportivas del siglo XX. Poco después, con doce años, aquel niño sería entrevistado por primera vez ante las cámaras de televisión, porque durante los partidos de su equipo, el Cebollitas, se estaban empezando a aglomerar espectadores con la única intención de ver en acción al pequeño fenómeno zurdo. A los catorce años —no mucho antes de debutar en primera división— lo volvieron a entrevistar y el imberbe Dieguito Maradona expresó su mayor deseo: ser campeón del mundo con Argentina.

¿Qué clase de determinación lo impulsaba? Eso es algo que probablemente sólo sepa él, y otros individuos de similares características competitivas. Porque no mucho antes de hacer aquellas ingenuas declaraciones a la televisión, el pequeño Maradona había estado jugando en los polvorientos solares de la mísera Villa Fiorito, usando casi siempre balones fabricados por los propios niños con trapos, plásticos o papeles (“la estrella del partido era quien tuviera una pelota de verdad”) y zapatillas desgastadas de ínfima calidad. Algo muy alejado de cualquier horizonte donde se pudiera vislumbrar una copa del mundo, pero ya por entonces el golpear una pelota (o un sucedáneo de pelota) era la máxima obsesión de Dieguito; los demás niños de la zona estaban asombrados por lo que era capaz de hacer con cualquier objeto susceptible de ser golpeado con el pie. Como decía su hermano: “es un marciano”. Uno de sus amigos, que había logrado ingresar en las divisiones inferiores del club Argentinos Juniors, estuvo insistiendo a su entrenador para que le diese una oportunidad a Maradona. El susodicho entrenador, ya lo comentamos en la primera parte, describió más tarde el momento en que vio jugar por primera vez a aquel niño de las chabolas como “un milagro”.

Pero para el pequeño Maradona, el ingreso en un auténtico club de fútbol también fue como un milagro, un momento mágico. A su llegada a las instalaciones sintió que aquello era mejor que Disneylandia: “nunca había visto tantas pelotas de fútbol juntas, ¡y todas eran de verdad!”. Le pusieron un uniforme y unas botas reglamentarias, algo que nunca antes había tenido ocasión de vestir. Cuando probó su nuevo calzado y se puso a jugar con un verdadero balón de fútbol, se sorprendió de lo fácil que le resultaba todo de repente. Daba toques y toques sin perder la pelota: “descubrí que podía seguir dándole toques para siempre”. Sobre el césped, y con auténtico equipamiento deportivo, sintió que ya no había límites para él. Y no los había. A los quince años debutó en primera división. A los dieciséis debutó con la selección absoluta. A los diecisiete se disgustó, y mucho, cuando no lo llevaron al Mundial. A los dieciocho ganó el Mundial juvenil, nombrado mejor jugador del torneo y además fue máximo goleador de la liga profesional argentina. A los veintiuno, jugó su primer Mundial, aunque fracasó.

El diez argentino se apropió del Mundial con 5 goles, 5 asistencias y una pléyade de jugadas brillantes.

Y el 29 de junio de 1986, Maradona tenía veinticinco años. Hacía tres minutos que Alemania le había empatado la final a Argentina y el tiempo reglamentario estaba acabándose. Parecía avecinarse una durísima prórroga, si es que nadie conseguía evitarlo. Pero es el momento que Maradona ha estado esperando durante toda su vida. Para él, esta competición es lo más importante. De hecho en toda su ya larga carrera profesional apenas ha pasado tres temporadas en clubes grandes;  un año en Boca Juniors, dos accidentados años en Barcelona. Durante los otros siete años ha militado en escuadras modestas. Sólo ha ganado una liga, con Boca, su equipo del alma, donde sólo pudo jugar brevemente porque la economía del club no daba para sostenerlo más tiempo. Lo vendieron y consiguió algún otro trofeo, como la Copa del Rey con el Barcelona. Pero poco más. Era el mejor jugador del mundo pero no parecía obsesionado por militar en los grandes acorazados del fútbol planetario. Lo que él realmente quiere y siempre ha querido, desde que chapoteaba en los charcos de Villa Fiorito, es un Mundial. Ahora está en una final, con un agrio empate en el marcador. No ha tenido apenas nada que ver con los dos primeros tantos de su equipo. Pero si ha de hacerlo, si ha de cumplir su sueño, ha de hacerlo ahora. Ha de volver a ser el Maradona que dirige a su equipo con la varita mágica. Todo lo que necesita es recibir un balón. No va a ser fácil. Como veremos, los alemanes ya lo están marcando de cuatro en cuatro.

Un balón alto en un círculo central abarrotado de jugadores. Maradona, que aún sigue anclado en el medio campo, lo cabecea hacia la izquierda, donde ve a un compañero libre. Pero el compañero se ve asediado por un defensor germano y le devuelve, también de cabeza, la pelota a Maradona. El balón cae al césped. Da un pequeño bote. Maradona tiene dos alemanes justo ante sí. Hay otros dos cubriendo la trayectoria un posible pase vertical. O sea: tiene delante a cuatro alemanes dispuestos a impedirle hacer un pase definitivo. Pero el diez lleva toda la vida pensando más rápido, viendo más rápido y reaccionando más rápido sobre el campo que sus rivales. Así era en Villa Fiorito. Así era en Cebollitas. Así era cuando debutó con quince años en Primera. Y ahora está que en el centro de un enorme estadio, disputando la final de un campeonato del mundo, sigue siendo así también: pocas cosas han cambiado cuando se trata de la relación entre él y su querida pelota. Argentina necesita que el milagroso niño emergido de una chabola reaparezca, que haga su último milagro para alcanzar aquel lejano sueño cuyo cumplimiento se juró a sí mismo.

El balón bota ante él, como decíamos. Maradona sólo lo golpea una vez, al primer toque. Y el balón sale disparado; pasa entre los dos alemanes que están marcando al número diez; pasa también entre aquellos otros dos que supuestamente debían interceptar el centro. Maradona desempolva la varita mágica y se saca de la manga un pase vertical perfecto, no raso sino ligeramente bombeado —lo cual despista a los alemanes—, que viaja con tremenda exactitud por el único y estrecho pasillo posible, que de tan estrecho parece más bien un tubo. El balón, con asombrosa precisión, cae a los pies de un Jorge Burruchaga que ya ha empezado a correr. El inesperado pase de Maradona lo ha dejado solo junto a Valdano, ante un único defensa y el portero. Burruchaga decide seguir corriendo: lo ha visualizado, va a anotar. Galopa dispuesto a encarar a Schumacher y marca un gol de sangre fría desde la derecha del área. 3-2. Argentina, parece, va a ser campeona del mundo.

Pero aún queda drama. Es la final y Maradona quiere marcar también.

Recibe un pase de Valdano. Hace una pared con Burruchaga ante la media luna del área. Comienza a correr hacia arriba. Dos defensores alemanes le entran por bajo… a la vez. Maradona recibe no una, sino dos faltas simultáneas, pero salta y aunque le tocan claramente consigue mantener el equilibrio. Sigue corriendo casi a trompicones. El balón se escora hacia la izquierda del área: Maradona, el portero y un defensa van a llegar al mismo tiempo, ¿quién se hará con él? Maradona se las arregla para tocar el balón, pero entre ambos alemanes lo derriban y cae en el área. En tan sólo unos metros, han sido necesarios cuatro jugadores alemanes para pararlo… cuatro. ¡Ha recibido cuatro entradas de cuatro defensas distintos en apenas tres segundos de juego! Ése es el Maradona de 1986. Pero el árbitro no concede penalty, porque ya había pitado la falta previa, ocurrida fuera del área. Maradona se lamenta pero empieza a pensar en lanzar la falta. Sigue queriendo marcar, no por nada los tiros a balón parado son una de sus más letales especialidades. El diez toma carrerilla y chuta. No lanza hacia la escuadra como quizá era de esperar —el arquero alemán es alto, ágil y va bien por arriba— sino que tira con un efecto exterior hacia la parte baja de la portería alemana, buscando sorprender. El tiro es peligrosísimo, pero no por nada Schumacher está considerado uno de los mejores porteros del mundo: muy atento, desvía el balón en una estirada felina. El tiempo está prácticamente consumido y será su última ocasión.

El árbitro da el pitido final. El partido ha concluido. El estadio estalla, los argentinos corren enloquecidos. Son los campeones.

Maradona no ha marcado en la final, tampoco lo ha necesitado. Todos saben que la copa le pertenece a él más que ningún otro. Nadie lo va a discutir, ni en la prensa, ni en la afición, ni en su propio equipo, porque todos han visto lo que ha hecho durante el torneo. Hizo los tres pases de gol en la victoria contra Corea; marcó el tanto del empate con Italia; asistió otro gol frente a Bulgaria; no marcó ni asistió ante Uruguay pero comandó brillantemente a su equipo, creando ocasiones y siendo reconocido como el mejor del encuentro; luego marcó los dos tantos a Inglaterra; también marcó los dos tantos a Bélgica y deslumbró en una segunda parte de ensueño. Sólo en la final Argentina ha podido marcar dos goles sin que Maradona fuese directamente responsable; es más, ha sido su partido más “discreto” en todo el torneo. Pero incluso de esa manera ha ayudado a su equipo: los alemanes han perdido muchas energías y han dejado muchos espacios abiertos tratando de neutralizar a Maradona; el efecto de todo un apoteósico torneo donde había marcado la diferencia prácticamente en cada encuentro jugado, causando una honda preocupación en la escuadra de Beckenbauer. Eso sí, a la hora de desequilibrar, de romper el empate, una vez más ha sido él quien ha creado la jugada desde la nada. Su toque mágico tenía que estar ahí, en ese último pase. No le han concedido el último penalty que podría haber supuesto su sexto gol y la posterior falta no la anotado por poco. Pero qué más da a esas alturas. El Mundial de 1986 es el Mundial de Maradona.

Epílogo

Quiero hacer un párrafo aparte y destacar a Maradona, a pesar de que [en la final] no fue lo que en otros partidos en que se le dieron oportunidades. Pero quiero marcar su gran evolución. En dos aspectos: primero, por haber aprendido y entendido que hay que jugar distintamente en los diferentes sectores del campo. Tocó pelotas de primera, es decir, no pudo individualmente porque tenía una marca difícil o varias, pero mostró una tranquilidad, una madurez, que seguramente se la han dado los años y las grandes ganas que tenía Diego de ser la figura máxima del Mundial. Pero, realmente, me sorprendió porque lo vi generoso, lo vi pensante, no jugó buscando las jugadas personales contra el marcador, sino que intentó siempre devolver de primera en el medio, metió pelotas importantes de gol, trabajó con la humildad de un grande, que es lo que, a veces, uno le reclamaba El no hacer partidos personales, sino integrarse al equipo. (César Luis Menotti, en el artículo “El síndrome Maradona afectó a Alemania”, publicado unos días después de la final)

Pocos elogios más significativos que los de Menotti, el mismo que unos meses antes había proclamado que “Maradona ya no es el mismo”. Tras diez temporadas como profesional, el centrocampista argentino había necesitado aquella tremenda actuación durante la Copa del Mundo para ser unánimemente reconocido como uno de los más serios candidatos a mejor futbolista de todos los tiempos. Por entonces la prensa deportiva —menos de club, más de editorial— era reacia a subir a jóvenes jugadores a los altares demasiado pronto. Sin embargo, tras el Mundial ya nadie tenía dudas sobre ello. Eso sí, muchos se preguntaban si sería capaz de mantener el nivel mostrado en el Mundial durante mucho más tiempo.

El Nápoles vendió 40.000 abonos en los días posteriores al triunfo argentino en el Mundial. Los napolitanos acudían en masa a comprarlos hasta el punto de que se organizaron grandes aglomeraciones en las oficinas del club, obligando a la policía a intervenir para disolver trifulcas y normalizar la situación. Maradona era el ídolo local desde hacía dos años y había llevado al equipo a la tercera plaza durante la temporada anterior, pero ahora los napolitanos tenían la constancia de poder contemplar cada domingo a un futbolista al que ya se comparaba —a menudo favorablemente— con el legendario Pelé. Y claro, nadie quería perdérselo. Aún no se había fichado al brasileño Careca, pero se reforzó el equipo con jugadores como Carnevale, procedente del Udinese, o De Napoli, llegado del Avellino. Quizá el Nápoles no era la escuadra más impresionante de Italia, pero un Maradona recién llegado de su victorioso Mundial y coronado como mejor jugador del mundo, y tal vez de la historia, no iba a defraudar. Ya en la primera jornada de Liga marcó un gol similar al que le había hecho a Bélgica en México, un gol que valió la victoria del Nápoles sobre el Brescia. Era su manera de dejar claro que estaba dispuesto a seguir marcando la diferencia. Después ejerció fundamentalmente como centrocampista, más centrado en hacer sumar puntos a su equipo que en anotar tantos en ataques personales. Pero hacia la parte final de la temporada no dejó de golpear en los momentos importantes: el 27 de abril de 1987 marcaba un gol antológico frente al poderoso Milan, lo que ponía al Nápoles a las puertas de lograr su primer título mientras dejaba atrás en la tabla a los milanistas, quitándose de encima a uno de los principales rivales. Era la antesala del primer título en la biografía del humilde club napolitano. Dos semanas después y tras una dura pugna con la Juventus —los turineses habían amenazado con monopolizar el Calcio, pero Maradona y los suyos se habían obstinado en impedirlo— el Nápoles se proclamaría matemáticamente campeón del Scudetto. Fue el 10 de mayo de 1987, gracias a un empate con la Fiorentina; una fecha grabada a fuego en la memoria colectiva de la ciudad, entonces sumida en una apoteósica locura. Ganarían el título con 3 puntos de ventaja sobre la Juventus, 4 sobre el Inter y 7 sobre el Milan. En mitad de una Liga italiana supercompetitiva cuyos equipos hacían estragos en Europa, el hasta entonces modesto Nápoles —que antes de la llegada de su nuevo capitán peleaba por evitar el descenso— obtendría dos títulos de Liga, dos segundos puestos y una Copa de la UEFA. Ello, frente al Milán de las superestrellas, frente a la Juventus de las rachas victoriosas, frente a la Roma, el Inter…. el Mundial 86 había sido sólo el comienzo de lo mejor de una carrera que, sólo unos meses antes, algunos se habían atrevido a considerar en declive. Definitivamente, la Era Maradona había llegado al fútbol. La huella, claro, iba a ser eterna.

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44 comentarios

  1. Alberto

    ¿El lateral izquierdo Terry Butcher? Butcher era un central, bastante bueno por cierto. El lateral izquierdo de aquella selección inglesa era Kenny Sansom.

    • E.J. Rodríguez

      Hola Alberto,

      Lateral izquierdo en la jugada, ¡no se soliviante usted!

      Un cordial saludo.

      • Alberto

        No, hombre, si yo no me solivianto; sólo pretendía hacer una aportación constructiva. Pero decir que Butcher era lateral izquierdo por el hecho de que en una jugada concreta ocupara la zona izquierda de la defensa es como decir que Ruggeri y José Luis Brown eran delanteros centro por sus remates que supusieron respectivamente el segundo gol de Argentina ante Corea del Sur y el primero de la final de aquel mundial. Reciba un cordial saludo.

  2. Mookie

    Buen artículo. Si bien la actuación de Maradona en este mundial no tiene discusión, la del siguiente, en Italia, para mi la supura, aunque el resultado no fuera el mismo. En Italia, Maradona si que tuvo que luchar contra todo y contra todos, con un equipo que dejaba mucho que desear, con toda Italia en su contra por la eliminación de los anfitriones, con la FIFA en su contra, etc Y prácticamente él solito, porque no podemos olvidar a Caniggia y Goycochea, metió a Argentina en una final que acabaron perdiendo por un penalti más que discutible.
    Grande Diego en las canchas. Para mi también ha sido el más grande, quizá esto va con la época que le toca vivir a cada uno.

    • E.J. Rodríguez

      Hola Mookie,

      …y contra un tobillo hinchado.

      Yo creo que lo de Maradona en México es la más grande actuación individual de un jugador en toda la historia del fútbol. Así, tal cual. Prácticamente todos los historiadores deportivos coinciden en que es el único título mundial que, además de ser ganado por una selección como de costumbre, tiene un apellido individual.

      Pero es cierto que repetir final en 1990, tocado del tobillo, con otro equipo competitivo pero no superior, insuflando aquel espíritu en la selección… bien, uno no puede contabilizar algo así en estadísticas. Son lo que en baloncesto llaman «intangibles», y Maradona era el rey de los intangibles. Su presencia transformaba un equipo; ni lo remataba, no lo redondeaba, ni lo mejoraba. Es que cambiaba su esencia químicamente. Cualquiera que lo haya visto jugar en su día lo sabe.

      Un cordial saludo.

      • JULIO CÉSAR

        Si hermano torrentes razón el mismo Maradona dijo una vez en una entrevista con Quique Wolf dijo que parecía una pelota si tobillo que el doctor le dijo que no tiene que jugar y Maradona dijo como????? Doctor tengo Que jugar si o si infiltreme o no se que me dará pero voy a jugar este mundial yo hubiera dado mi lo que sea por ver jugar a Diego en vivo en la cancha pero nací después lo único que puedo decir que fue el mejor de todos los tiempos lo lleva por años luz a messip

  3. Escuchar la narración del gol sigue poniéndome los pelos de punta…

    Genio, genio!!

    Magia y talento a raudales sobre el campo como pocos otros, si acaso alguno.

    Enhorabuena y gracias por los recuerdos.

    http://saliendodesdeelbanquillo.blogspot.com.es

  4. carlito

    Los tres partidos que metieron a Maradona entre los más grandes, inolvidables, como inolvidable fue aquel mundial, el último (hasta el de Sudáfrica) en el que el talento de los futbolistas fue más importante que la preparación física. La prueba es que los bajitos talentosos dejaron de tener hueco en los equipos, que preferían a atletas que pudieran estar corriendo los noventa minutos (ejemplo sangrante, Brasil en USA 94, aunque tuvieran a Romario)

  5. Una puntualización tonta: creo que la foto que encabeza el artículo de los belgas ante Maradona se produjo en el partido inaugural del Mundial de España y no en la semifinal del 86. Excelente artículo.

    • E.J. Rodríguez

      Hola Decin,

      Tienes toda la razón pero es una foto fantástica, realmente resume lo que llegó a ser Maradona en el periodo 1984-1990.

      Un cordial saludo.

  6. Larry Bird

    Eterno Maradona. Grandes artículos los tres. Me voy a dormir.

  7. La mayoría de los nombres están mal escritos. Negro Henrique, pj, y muchos más, casi todos.

  8. No dedicar ni un comentario a la gran narración de Víctor Hugo Morales en el 2-0 contra Inglaterra me ha decepcionado… al menos el enlace del youtube es el acertado.

  9. Oxímoron

    Una ligera puntualización, en el último párrafo pones 27 de abril de 1978 cuando es 1987. Una minucia dentro de un sensacional texto.

    Por lo demás decir que Valdano, al que siempre le gustó agradar a su patria de acogida, solía decir que después de la derrota de España contra Bélgica Maradona se levantó y dijo que Argentina era campeona. Puede ser una bravuconada de Maradona, bravucón por naturaleza, o un guiño poético de Valdano, poeta por naturaleza también.

    • Oxímoron, eso también lo dijo Bilardo cuando vino al Sevilla en 1992, que le tenían mucho respeto a España por los partidos contra Brasil y Dinamarca, creían que podía ser un rival muy difícil y cuando vieron que pasaba Bélgica se consideraron finalistas. Pero me pasa como a ti, no sé si será cierto o complacencia.

    • E.J. Rodríguez

      Hola Oxímoron,

      Gracias, por mucho que uno se fije siempre se cuelan errores de tecleo o similares, y más en textos tan largos.

      La anécdota de Valdano podrá ser cierta o no, pero al menos resulta verosímil. Bilardo dijo no mucho después del Mundial que tras derrotar a Inglaterra fue cuando empezaron a pensar que realmente podían ser campeones. Vamos, no tengo ninguna duda de que tras los cuartos de final Maradona sí pensó que iba a obtener el título. Contra Bélgica jugó como contra Inglaterra, pero mejor: dispuesto a resolver la eliminatoria por su cuenta ya sin las presiones del «partido de las Malvinas». No parecía alguien que no creyese en ser campeón. He vuelto a ver todos los partidos, y durante todo el Mundial, pero muy especialmente tras los octavos, Maradona jugaba como alguien que verdaderamente está en modo «voy a ganar ésto».

      Un cordial saludo.

  10. celcfc

    muy bueno el articulo! sin dudas fue el mundial de maradona!.

  11. Gracias por hacerme revivir esos momentos. Gran articulo!

  12. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | El Mundial de Maradona (II)

  13. Ignasi

    Soy del 82 y no pude ver jugar a Maradona en su esplendor. Se ha hablado mucho que si Messi es mejor igual o peor, despues de leer el articulo creo q Maradona incidia mas en el rendimiento general del equipo q no Messi,siendo este mucho mas individualista. Es solo mi opinion, los que han visto a los dos,que opinan de la comparativa??

    • E.J. Rodríguez

      Hola Ignasi:

      Mi opinión puede deducirse de los comentarios a algunos lectores y en otros artículos ya la he expresado (para mí, Maradona era más completo y mejor en casi todos los aspectos). Pero lo ideal es que no me hagas caso a mí y te formes tu propia opinión, que podría ser distinta a la mía. Te diré sólo un par de cosas que pienso:

      -En primer lugar, ten en cuenta que Messi y Maradona son constantemente comparados por ser ambos de una increíble calidad, ambos argentinos, parecida estatura, etc. Y a todos nos gusta discutir quién es mejor o no. Pero en realidad son jugadores muy, muy diferentes. Mucha gente cree erróneamente que son el mismo tipo de jugador, sobre todo si no han visto a Maradona en sus buenos años y se ciñen, por ejemplo, a resúmenes documentales o a recopilaciones de jugadas en Youtube que muestran facetas similares de ambos (los regates, filigranas, etc). Pero en la práctica, Messi está mucho más orientado a portería y el mejor Maradona era un centrocampista clásico que basculaba entre la mediapunta y el mediocentro, aunque solía tener libertad para subir o ir por las bandas.

      -Pero como te digo, lo mejor es que veas por ti mismo de qué jugaba Maradona y qué función tenía en sus equipos. Porque además hay varias versiones de Maradona. Te recomiendo que veas algún partido completo del Mundial 86 (Uruguay, Bélgica; en Youtube puedes verlos enteros) donde actúa más como mediapunta. Y algunos partidos importante del Nápoles, donde solía ejercer a menudo como mediocentro.
      Ahí te darás cuenta de que los parecidos con Messi son bastante superficiales y que básicamente hablamos de dos clases distintas de futbolista. Mucha gente no entiende cuando digo que Messi no tiene la capacidad para construir juego que tenía Maradona y citan cosas como su estadística de asistencias en el Barça. Pero hay que comprobar que el Maradona de los mejores años jugaba más atrás y no se esperaba de él que anotase constantemente, sino que armara todo el juego del equipo.

      Pero lo dicho, mira algunos partidos completos de Maradona y formarás tu propia opinión. Y si quieres, puedes venir aquí a expresarla y lo debatimos.

      Un cordial saludo.

    • Stalyn Saá

      Me atrevería a decir que cuando Messi gané un mundial con su selección, haciendo él la mayoría de los goles para conseguir tal gesta, será considerado mejor que Maradona, por lo menos para los amantes de las estadísticas.

  14. Brancaleone

    Sr Rodríguez, ante todo gracias por este fenomenal trío de artículos con el que nos has obsequiado a todos los amantes del fútbol y de su mitomanía.

    Debo reconocer que has cambiado mi percepción sobre el Diego. Los enlaces que has puesto me han llevado a su vez a otros enlaces y he «perdido» unas buenas horas padaleando regates, lanzamientos de falta, pases al hueco, controles y goles del 10. Un festín que el pobre Cortázar, a quien tengo sobre la mesa, seguro sabrá perdonarme.

    Hay algo que quiero consultarte. Hace meses vi en la televisión pública argentina un documental francés titulado «Le gamin en or» (El pibe de oro), lo emitieron subtitulado. No logro encontrar en la red la versión completa y subtitulada al castellano así que recurro a ti por si puedes darme alguna pista. Si no lo has visto (cosa que dudo) te lo recomiendo. Recuerdo que lo disfruté enormemente por la cantidad de material inédito que mostraba. Y no sale Kusturica por ningún lado :-)

    Nada más, repito el agradecimiento a la espera de próximos artículos.

    Un saludo cordial.

    • E.J. Rodríguez

      Hola, Brancaleone:

      Gracias a ti por leerlo. Si has cambiado tu percepción de Maradona y has disfrutado viendo sus jugadas, ¡misión cumplida! No te culpes por tener a Cortázar abandonado sobre la mesa. Aunque suelo ser crítico con la preponderancia absurda que nuestra sociedad da a la competición futbolística (como si quién gana la Liga o la Champions fuese a resolver nuestros problemas), sí creo que el fútbol puede ser considerado, en ocasiones, un verdadero arte. Para mí, la sensación al ver jugar a Maradona no difiere en absoluto de la que produce leer un buen libro, escuchar buena música, ver buen cine o contemplar un buen cuadro. Para mí, la experiencia estética es absolutamente idéntica. A veces me siento a conteplar vídeos de Maradona y otros jugadores por la misma sencilla razón por la que me pondría a ver un clásico del cine: me enriquece, quizá de un modo abstracto, pero me hace sentir partícipe de algo artísticamente grande y además hace que me lo pase bomba. Ya te digo, me molesta que en España se le dé tanto bombo a la competición (y más en estos tiempos) pero a la vez compadezco a quien no sepa o no quiera disfrutar del legado de un artista del balón.

      No sé si he visto el documental que citas, he visto unos cuantos sobre Maradona pero ahora mismo no recuerdo si ése está entre ellos, así que voy a comprobarlo y ¡gracias por la recomendación!

      Un cordial saludo.

      • Brancaleone

        Hola Sr Rodríguez:

        Como esta «conversación» que mantenemos desde el capítulo I de tu serie me parece apasionante hoy le he pasado la pelota a Santiago Segurola en su chat de Marca. Releyendo mi pregunta aclaro que yo no tenía ningún afán de generar polémica ni crear controversia entre dos periodistas que respeto y admiro, y si es así me disculpo. Admito que quizá pude haber contextualizado un poco mejor mi pregunta. En cualquier caso, este es el resultado (copio y pego):

        «Hola Santiago: en Jot Down hay un artículo muy interesante sobre Maradona y el Mundial 86. Su autor, E.J. Rodríguez, sostiene que Diego fue infinitamente mejor que Messi pero que la prensa actual prefiere decir que Lio es mejor por una cuestión de negocio: vende más decir que una estrella del presente es mejor que una pasada. En concreto, y refiriéndose a una frase tuya, dice que «Messi no es Maradona ningún día». ¿Qué opinas al respecto? Un saludo cordial.

        No pienso nada. El fútbol es cuestión de gustos. Sólo digo que Maradona superó la barrera de los 20 goles en las Ligas española e italiana en una ocasión. Hablo de memoria, así que pido perdón por anticipado si me equivoco.Ya sé que ese dato es insuficiente para medir a los jugadores, pero sí relevante, sobre todo cuando Messi y Maradona juegan en posiciones bastante parecidas. Por lo demás, aclaro que Maradona ha sido el mejor futbolista que he visto en mi vida…hasta que llegó Messi.»

        Sr Rodríguez, ¿qué opinas de la respuesta de Segurola? ;-)

        Un saludo cordial.

        • E.J. Rodríguez

          Hola de nuevo,

          Tranquilo, nada de controversia, ¡el fútbol está para discutirlo! Si no, ¡perdería mucha gracia! Además es uno de mis temas favoritos (como puede deducirse fácilmente).

          Discrepo un poco, en el sentido de que creo que Maradona y Messi ocupan posiciones distintas, y sobre todo, realizan funciones distintas. Por ello, lo del nº de goles me parece relativo. Primero, porque Maradona pululaba bastante menos por el área y estaba más preocupado en crear juego que en anotar personalmente. Segundo, porque en aquel Calcio resultaba muy difícil meter muchos goles y de hecho no sólo Maradona, sino todos los cracks de la época marcaban poco. Tercero, porque Messi está en el Barcelona en una liga española con un juego más alegre y ofensivo, sin catenaccio y con muchas menos faltas y marcajes menos duros (además, en el Barça hay mas gente peligrosa a la que marcar de la que había en el Nápoles), y con una enorme superioridad del Barça sobre todos los demás clubes exceptuando al Madrid. Lo cual incluye mayor posesión del balón y más oportunidades en casi cualquier partido. Maradona tenía que vérselas con varios de los equipos más duros y potentes de Europa… y el suyo no era uno de ellos.

          De hecho, el índice goleador de Messi con la selección es mayor que el de Maradona, pero no con tanta diferencia como con sus clubes, lo cual dice bastante.

          Un cordial saludo.

    • Ignasi

      Muchas gracias y felicidades por los articulos. He disfrutado con ellos.

  15. Dionís

    Muy interesante esta trilogía a propósito del mundial de Maradona. Me ha faltado que comentaras las retransmisiones de la tele argentina y la de la BBC. La sensacional narración de Víctor Hugo Morales es de sobras conocida, pero la no menos genial narración de Bryon Butler (que fue votada como la segunda mejor narración deportiva de la historia de la BBC) es menos conocida y muy interesante de comparar. Ahí va un extracto: Maradona, turns like a little eel, he comes away from trouble, little squat man… comes inside Butcher and leaves him for dead, outside Fenwick and leaves him for dead, and puts the ball away… and that is why Maradona is the greatest player in the world.

    Como curiosidad comentar que donde Víctor Hugo dice «barrilete cósmico» Butler dice «little squad man», haciendo los dos hincapié en la morfología rechoncha del jugador; morfología que no hace sino aumentar su leyendo por cuento no es el cuerpo que se espera de un súperatleta (como si lo sería el de michael Jordan, por ejemplo)

    Respecto a la supuesta superioridad de Maradona respecto a Messi siento discrepar. Creo que hay que esperar a que Messi termine su carrera para pronunciarse. Voy a exponer mis razones:

    Es cierto que Maradona tiene más clase que messi y que es más centrocampista, pero Messi tiene muchísimo más gol y, eso, en el fútbol también cuenta. Lo de que Maradona ganaba sólo con el Nápoles y argentina es sencillamente falso, porque el fútbol es un deporte demasiado colectivo para que eso sea así. Ni argentina era una banda (Valdano, Burruchaga etc.) ni, contrariamente a lo que piensa la gente, lo era el Nápoles (Careca, almao, ferrara, de napoli, carnevale entre otros eran jugadores internacionales internacionales y contrastados) que como equipo me parece incluso superior a aquella Argentina.

    Respecto a lo de que hay que consagrarse en un mundial es cierto sólo a medias. Antes si que era así, porque la única manera que todo el mundo te viese jugar era en un mundial. Ahora se televisan todos los partidos y con un clic de youtube puedes ver todos los partidos que quieras, incluido algunos de maradona en el nápoles. Por tanto, poco a poco, el mundial ha ido perdiendo importancia en cuanto a lo de consagrarse. Es cierto que la tradición obliga y que aún cuenta mucho más un Mundial que una champions, pero mucho menos que antes.

    Por todo eso habrá que esperar a que Messi termine su carrera para valorarlo en su justa medida. Al contrario que tu, yo creo que se tiende a valorar más el pasado, envolviéndolo en el halo mítico y nostálgico que tan bien degfinió Jorge de Manrique en sus «coplas a la muerte de mi padre»: Siempre tiempos pasados fueron mejores.

    Por mi parte a mi no me cabe la menor duda que si Messi consigue ganar el mundial en…¡Brasil! (y eso solo sucederá si se sale) será considerado mejor jugador que Maradona. Es cierto quizás, que nunca tendrá la misma clase, ni tampoco su carisma, pero tampoco tiene messi la clase de zidane y ronaldinho y a nadie se le ocurre que Zidane y ronaldinho sean mejores

    • E.J. Rodríguez

      Hola Dionis,

      Gracias a ti por leerlo (y por la interesante transcripción que adjuntas más tarde).

      Como ya imaginarás, discrepo bastante en varias cosas. En primer lugar, creo que respondes a supuestos mitos con otros mitos. Por ejemplo: déjame decirte que cuando Maradona hizo campeón al Nápoles por primera vez (1986/87, doblete liga-copa) no estaban Careca ni Alemao. Los grandes fichajes del año fueron Carnevale (que si no me equivoco, no fue internacional hasta 1989 y quede todos modos jugó muy pocos partidos con la azzurra) y Fernando De Napoli (este sí, internacional italiano consagrado). Otra de las estrellas era Bruno Giordano, otro con pocas apariciones internaciones y que además estaba ya afrontando cierto declive. Estaba Bagni, defensa internacional. Pero piensa que algunos de ellos se ganaron la internacionalidad después de haber jugado en el Nápoles ascendente de Maradona. La única estrella de auténtico renombre mundial en aquel equipo en 1986/87 era el propio Maradona; cuando en Nápoles afirman que él hizo campeón al equipo, no lo afirman en vano. Piensa que incluso antes de fichar a Carnevale y De Napoli, Maradona llevó al equipo a la tercera plaza… contra los equipos punteros de la Italia de entonces (Milan, Juve, Inter, etc).

      En cuanto al equipo argentino de 1986, no era un mal equipo, como demostraron ante Alemania y en algunos tramos del partido contra Inglaterra. Pero tampoco era un equipo superclase, ¿en serio crees que aquel equipo podría haber sido campeón sin Maradona? Él creó el 90% del peligro y parece mentira la cantidad de ocasiones claras que sus compañeros desaprovecharon. Incluso en la final, donde él participó poco, sus compañeros reconocieron que tener a los alemanes preocupados de su marca supuso una considerable ventaja. Pero contra Uruguay, por ejemplo, los argentinos sufrieron porque no supieron aprovechar un par o tres de ocasiones francas de gol creadas por Maradona dejando a sus compañeros prácticamente a puerta vacía. Con los delanteros de la actual selección argentina acompañando a Maradona, aquella Uruguay hubiera salido probablemente goleada.

      En cuanto a si Messi necesita un Mundial para consagrarse, de momento sí. Pero eso es desde una perspectiva histórica. De hecho, necesita un título Mundial y una final más, desde mi punto de vista.

      Ahora bien ¿mi opinión personal se centra en los títulos? No. Verás: he visto a Maradona y he visto a Messi. Aunque Messi gane cinco mundiales, Maradona me seguirá pareciendo bastante mejor jugador. De hecho me parece único. Como decía alguna vez Maldonado: Messi no puede ser Messi+Xavi, eso “sólo se lo había visto hacer a Maradona”. Yo añadiría a Iniesta a la ecuación, y ahí tienes lo que era el Diego sobre el campo. Dirigía al equipo, todo el juego pasaba por él… y aún tenía tiempo de subir a marcar goles con frecuencia —menos goles que Messi, pero es que ¡Maradona hacía todo lo demás!— y también de crear jugadas de ruptura a lo Iniesta. Si te parece exagerado, no me creas a mí: ahí están sus partidos completos para comprobarlo. Durante sus buenos años, hacía todo eso constantemente con una total naturalidad y suficiencia. Cuando vea a Messi haciendo eso partido tras partido, entonces los equipararé.

      Un cordial saludo.

      • No creo que Messi necesite el Mundial para consagrarse, como no lo necesitaron Cruyff y Di Stéfano. De hecho, la «maldición de los grandes» es esa: o ganaron Copas de Europa o Mundiales pero no hay ninguno de los cinco grandes (Di Stéfano, Pelé, Cruyff, Maradona, Ronaldo) que haya ganado los dos títulos. Messi es el sexto grande de la historia independientemente de lo que pase en 2014 o 2018. Por cierto, un tal Karembeu ganó el mismo año Copa de Europa, Mundial e Intercontinental. Se consagró?

    • Inacio

      Creo q cuando os referis al Napoles que no era tan mal equipo,deberiais pensar sobretodo una cosa,CONTRA QUIEN COMPETIA ESE NAPOLES Y MARADONA!!!!!cuando diego llega la Roma x ejemplo era subcampeona de europa,la juve de platini campeona de europa al año creo recordar,despues el mejor Milan de todos los tiempos,inter,fiore y alguno mas q me parece olvidar…..contra quien compite messi?¿¿e una liga mala y adulterada x los 2 grandes

      • E.J. Rodríguez

        Hola Inacio:

        Das completamente en el clavo. La gente ve que por el Nápoles de los 80 pasaron algunos internacionales y enseguida presuponen que era un equipo que sin Maradona hubiese podido competir igualmente por el título en el Calcio de entonces. Eso es absurdo para mí. Porque creo que no se paran a mirar cómo era la competencia. También suelen nombrar a Careca o Alemao, pero Maradona ganó los primeros títulos sin ellos.

        Lo que creo que sucede es que lo conseguido por Maradona fue tan anómalo que no existe un equivalente actual con el que comparar y ahí es donde muchos se pierden. Por eso creo que le buscan las vueltas a esas comparaciones, pensando que ciertas afirmaciones sobre Maradona han de ser exageradas por fuerza, producto de la nostalgia. Pero no son exageradas: en su día, todo el mundo reconocía como un hecho futbolistico incontestable que Nápoles y Argentina eran campeones por la mera presencia de Maradona, que sin él serían equipos no malos, pero sí medianos. Era básicamente un hecho asumido por afición, prensa, por el mundo del fútbol en general. Esto es algo que no puede decirse del Barcelona de Messi, ni siquiera de la Holanda de Cruyff (que no fue campeona mundial, pero vamos, jugó dos finales seguidas), y desde luego tampoco de los distintos Brasiles de Pelé.

        Aunque entiendo que el hecho es efectivamente tan anómalo que quien no lo haya visto con sus propios ojos tendrá problemas para asimilarlo.

        Un cordial saludo.

        • Inacio

          Maradona nunca o casi nunca ha estado reodeado de jugadores TOP,en cambio tanto Messi,Cruyff,Di Stefano o Pele tenian a su lado a algunhos de los mejores del mundo,Maradona nunca tuvo compañeros de ese nivel,grandes jugadores si,pero ningunho TOP,pero coincido en eso que dices de que sino lo has visto o has vivido esa epoca e complicadisimo entenderlo

          • Stalyn Saá

            Tal vez en el 94, ya con muchos problemas, en claro declive, jugó junto a uno de los grandes, Gabriel Batistuta…..humilde opinión.

  16. Dionís

    Encontré la transcripción completa de la narración de la BBC

    Maradona, turns like a little eel, he comes away from trouble, little
    squab man, comes inside Butcher and leaves him for dead, outside Fenwick
    and leaves him for dead, and puts the ball away…
    and that is why Maradona is the greatest player in the world…
    he buried the English defence, he picked up that ball 40 yards out,
    first he left one man for dead, then we went past Sansom, it’s a goal of great
    quality by a player of the greatest quality.
    It’s England 0, Argentina 2:
    the first goal should never have been allowed, but Maradona has put a seal on his
    greatness. He’s left his footprint on this world cup. He scored
    a goal that England just couldn’t cope with, they couldn’t face up
    to, it was beyond their ability…
    it’s England 0, Diego Maradona 2.

  17. Inacio

    Gracias x estes 3 articulos sobre alguien unico fuera y dentro del campo,no ai nadie que represente mejor este deporte q Diego,y x extension al ser humano,Maradona tenia unha aura especial fuera y dentro del campo para lo bueno y lo malo y eso lo hace tan especial,creo q la gente siempre se a identificado tanto con el,xk siendo el mejor hizo tantas cosas mal q uno se ve reflejado,y futbolisticamente pienso q solo hace verlo 20 min para darte cuenta q nunca a habido nadie como el,y que messi desde luego non se le acerca,el futbol engloba muchisimas cosas y eso es algo q la gente no valora,repito gracias!!!

    • Dionís

      El año que Maradona llegó al calció la liga la ganó el Hellas Verona y el napoles le fichó al portero y a un central

  18. Fenomenales artículos. Extraordinarios en estos tiempos de mediocridad absoluta en la prensa deportiva. Sólo una acotación, en relación a la eterna comparación Maradona-Messi. Diego era un media punta clásico, el diez de toda la vida, como Cruyff o Zidane. Messi es un segunda punta, como lo fueron Pelé, Platini o Ronaldinho (Raúl o Rivaldo, a un nivel inferior a estos monstruos), es decir, un delantero acompañando desde atrás al nueve con gran producción goleadora (enorme en el caso del argentino) pero que sabe tocar y echarse hacia el medio campo cuando la construcción de la jugada lo demanda. Creo que es metafísicamente imposible decir quién ha sido el mejor. Cada uno en su época: Di Stéfano en los 50, Pelé en los 60, Cruyff en los 70, Maradona en los 80, Ronaldo (sí, Ronaldo, aunque poquito tiempo) en los 90 y principios de siglo XXI, y Messi desde 2006 hasta ahora. En mi opinión, Diego era más brillante pero Leo tiene una cualidad diamantina: la regularidad aplastante. Gran artículo. Saludos

  19. Tengo 35 años y vi a Maradona, aunque no tanto como me hubiera gustado porque en esa época era mucho más difícil que ahora acceder a los partidos. Me agota la manía que tiene la gente de comparar, que si Messi es el nuevo Maradona, que si tal es el nuevo Messi, que si tal actor es el nuevo Brando.
    Siempre se tiende a mitificar el pasado y ahí Maradona, Pelé, cruyff, etc tienen ventaja. Creo que cada uno es único. En mi opinión, no he visto a nadie hacer lo que hacia Maradona, a lo que añade su rebeldía, carisma y un poco malditismo, lo que hace que su mito sea casi insuperable y que yo por lo menos lo vea como un puto genio al estilo de Miles Davis, Picasso o Brando, y mola mucho.
    Geniales los artículos, felicidades!

  20. hugo ramos guerola

    es un gran artículo, una gran página quisiera saber en donde aprendiste a escribir así de bien ya que yo soy un amante del fútbol pero aun me falta mucho para poder escribir así de bien, saludos y mucho éxito.

  21. Claudio

    Siempre es agradable recordar viejos tiempos a través de artículos tan interesantes. Las imágenes de video, la masiva youtube, no tienen alma ni contexto. Y sin fijar ésto último se pierde mucho significado. Sólo un proceso así, unido a un bombardeo diario y publirreportajes varios, puede explicar que cada vez sean más los que afirmen que Messi es mejor que Maradona.

    En fin, para mí, con lo visto hasta hoy en Leo, Maradona está muy por encima de la pulga. Las cifras goleadoras, sin el debido contexto de posición, equipo en el que militaba, idiosincrasia de las competiciones que jugaron (dominadas por Barcelona desde hace más de un lustro), a mí no me dicen gran cosa. Messi no me parece un jugador tan esencial como quieren hacernos ver. Contando desde la llegada de Guardiola hasta el 7 de diciembre de 2012, en los partidos en los que el Barça no contó o no pudo contar con su máxima estrella mediática (y deportiva también, pero con menos diferencia en este aspecto) los resultados nos hablan de un equipo campeón: 20 victorias, 4 empates y 3 derrotas. Las tres derrotas, además, se produjeron en partidos totalmente intrascendentes con la liga ya decidida y la fase de grupos de Champions ya tramitada.
    Básicamente el Barcelona ha ganado títulos cuando todos sus jugadores, el equipo, ha estado bien. Cuando no estuvieron bien perdieron, a pesar de Messi. Si Leo quiería hacer de Maradona perdió unas buenas oportunidades en partidos cruciales de la liga de campeones del pasado año, de la liga del año pasado, de la copa de este año… Meterle 5 al Leverkusen está muy bien, pero muchos de esos goles son intrascendentes. Messi no me parece tan decisivo. Maradona era fundamental. Te cambiaba el equipo y lo convertía en otra cosa. Por muchos goles que lleven marcando Messi y su competidor (por llamarle de algún modo, ya que no está al nivel) CR7 desde hace años están lejos, muy lejos, de Maradona. El resto es hype y marketing.

    De hecho, el mejor que vi después de Maradona (no vi a los antiguos, a los anteriores) me sigue pareciendo Zidane, cuyo único borrón puede ser su escasa aportación a lo largo del mundial 98 (estuvo varios partidos sancionado); pero por lo demás, un futbolista elegante, de máxima incidencia en el juego del equipo gracias a una excelente lectura de las necesidades del conjunto y, cuando tocaba, decisivo. Demostró su categoría en distintos equipos en los que tuvo que desempeñar distintos roles. Creo que su paso por el Real Madrid perjudicó su valoración en nuestro país. A mi no me gusta nada el Madrid, pero Zidane estaba por encima de eso.

    Primero Maradona, luego Zidane, luego… el resto.
    Saludos.

  22. David

    Gracias por tus tres artículos. Yo no voy a entrar en la discusión Messi o Maradona porque tampoco estamos eligiendo entre Romerito y Maradona. Pero si voy a decir que yo entre todos los futbolistas del planeta que he tenido la oportunidad de ver me quedo con Diego por una simple razón: es con el único con el que da igual las veces que vea sus videos que siempre me quedo embobado viendole manejar el balón. Así de simple, así de sencillo, me hipnotiza su manejo de la pelota, y nada más. Y luego simplemente tiene la historia detrás, es decir, la historia de su vida es cinematográfica. Es a la par, el ascenso desde las cloacas de la sociedad a las alturas, a la gloria, a la fama y al reconocimiento mundial, y a la par es el descenso desde unos férreos valores familiares caracterizados por la humildad imperante a la autodestrucción absoluta drogas mediante. Es un camino inverso, de abajo arriba y de arriba a bajo, que tiene su punto medio en aquellos días del verano de 1986, aquellos días donde un sólo futbolista habría podido hacer campeón a cualquiera de los equipos que llegaron a octavos de final. Y luego además, encima, cae en Nápoles, Nápoles, Nápoles años 80. Una locura aquello, un lugar donde el fútbol es religión, una ciudad peculiar, que no funciona como el resto, que los códigos son otros. Una ciudad donde los hinchas acuden a los partidos más que a ver fútbol a disfrutar del sentimiento de pertenencia que les une a su Napoli. Y allí, entre 80.000 locos, aterriza Diego, y a un equipo que no había ganado nada, que pelea por no descender, lo hace campeón. Y es que en la temporada 86-87 gente como Alemao y Careca aún no habían llegado, y Ferrara no había disputado más que unos pocos partidos en la Serie A. Esa Serie A de los años 80, donde hacer un gol es algo dificilísimo, donde el catenaccio triunfa más que nunca, y donde se concentran los mejores futbolistas del mundo: Platini, Baresi, Van Basten, Zico, Socrates, Cerezo, Laudrup, Polster, Gullit, Ryjkaard, Roberto Baggio, Voller, Rummenigge, Mathaüs, Klinsmann, Pasarella, Ruben Sosa, Boniek, Scirea, Rossi, Cabrini, Donadoni, Caniggia, Serena, Bergomi, Maldini… En un fútbol donde entrar por detrás no es que no sea expulsión es que no es ni amarilla en la mayoría de las ocasiones, y muchas veces ni falta, las patadas están permitidas, el juego duro y brusco también, los marcajes son férreos. Y ahí, en ese fútbol, Diego sale máximo goleador de aquellas 7 temporadas con 81 goles, que pueden parecer pocos pero que son muchos, muchísimos para aquel fútbol inconcedible para un joven aficionado de hoy, aquello era otra cosa, y además Diego jugaba más bien de centrocampista que de delantero. Bueno, Diego en Nápoles jugaba de todo, «balones a Will» que se decía en un famoso episodio del El Principe de Bel-Air. Ahí sale campeón de liga y copa en la temporada 86-87, algo que casi nadie había hecho en la historia de Italia, y lo hace cuando al Napoli no han llegado nombres como los que he dicho antes que todos recuerdad, Alemao y Careca. Y luego es capaz de repetir título de liga, dos subcameponatos, y una Copa de la Uefa, cuando esta es como la Champions League de hoy, y donde Diego no destaca como goleador, pero que de los 9 goles que el Napoli hace entre las semifinales y la final el anota uno, y da 7 asistencias de gol, 7 asistencias en cuatro partidos. Maradona en el Calcio, los golazos, los regates, los taconazos, los pases… . Aquel día ante el Milan en 1987, cuando el Napoli gana de verdad su primer Scudetto, cuando recoje el balón con la zurda, regatea al portero y deposita suavemente el balón en la portería ante la impotencia de los dos últimos defensores. Aquel segundo Scudetto, donde Diego vuelve a Nápoles con la liga comenzada, y en su primer partido, gordo y con barbas, salta al campo con el 16 para fallar un penalty, y poco después resarcirse dando el gol de la victoria, el día en que Baggio quiso imitarle. Esos 28 partidos, con 16 goles y 15 asistencias, con su doblete a la Juventus, su golazo de rigor al Milan, su golazo al Bologna… En fin, es imposible parar, pero es eso, es el futbolista que a equipos medianos los saca campeones, les da ese plus. Y lo hizo con su selección, una selección que valía poco, y sale campeona porque el hace 5 goles y da otros 5, además de intervenir en otros 3. Y una historia en Nápoles donde a unos hinchas enfervorizados por su club pero que no han visto ganar nada, ven como llega este hombre y ganan los únicos títulos que conoce. Porque no hay club en el mundo tan marcado por un sólo futbolista como el Napoli, que fue uno aquellos siete años y otro el resto de su historia.

    En fin, me alargué más de lo que pensaba, cuando tan sólo quería transmitir lo primero que dije, que me sigo quedando embobado con su manera de tocar el balón, con su manejo de la pelota, ahí es donde es diferente, ahí es donde marcó las diferencias, en su forma de tocar el balón para lo que fuera que se le ocurriera. Es el futbolista que con sin duda más éxito traslado al césped el fútbol espéctaculo, de tacón, regate inverosímil, control imposible, pisada, rabona, exterior, patadita, caño… , y lo hizo sin que le acusaran de jugar de cara a la galería, porque lo hizo con sentido, con tanto o más sentido que cualquier otro futbolista lo pudo hacer sin adornos. Y además luego está el personaje, al que odias o amas, no hay medias tintas, el personaje que por encima de todo es rebelde, porque es la palabra que mejor lo define, el futbolista que opina de todo, dice barbaridades, se mete en todos los charcos, va de frente, dice lo que piensa a casa instante y por ende resulta contradictorio, mete la pata, hace declaraciones explosivas, se equivoca mil veces, dice tonterías, dice verdades, dice mentiras, lleva razón, no tuvo razón en la vida… El personaje, ese personaje rebelde fuera de la cancha tanto como cuando agarraba la pelota y avanzaba, él contra todos, él, su fuerza, la que contagiaba a los que le seguían en sus equipos y contra el resto. Y no hay más, que eso.

    Messi es muy bueno, buenísimo, y benditos los que lo consideran el mejor. Pero a mi pedmitirmelo por favor, a mi permitidme quedarme con Diego. Dejadme atribuirme ese placer, porque simplemente es el único futbolista del que no me canso, una y otra vez, y hasta el fin de mis días.

    Y además, para mi dejó para la posteridad una de las frases más certeras de la historia de este deporte: «la pelota no se mancha». Pues eso, habrá corrupción, futbolistas que van con mala idea, engaños, errores, cagadas, futbolistas que deshacen su vida personal, que no son ejemplo de nada, habrá de todo, fútbol negocio, televisiones, amaños… pero lo más elemental de este deporte, lo más sano, lo que de verdad nos gusta, siempre será igual, siempre será bueno. Esa pelota, esa plazuela, y ese niño tras ella. Eso no se mancha, y eso lo amaremos siempre.

    GRANDE DIEGO

  23. HECTOR

    Por el año 76 aproximadamente, llegaron a mis oídos por comentarios de un amigo que había visto a través de la televisión todavía en blanco y negro en el Perú, sobre un jugador argentino llamado Maradona, que era muy hábil, con una técnica increíble y que lo comparaban con Pele, que era el nuevo mesías del futbol, posteriormente llegué a leer comentarios en diferentes diarios sobre noticias de su portentosa habilidad, luego en la televisión por el antiguo canal 7, tuve la oportunidad de verlo jugar ya en Boca, nunca había visto un jugador con la habilidad de Maradona, con esa técnica y esa personalidad, ni esa aúrea de crack, jugaba como todo ser humano hubiera querido jugar al futbol, hacía jugadas soñadas, con técnica exquisita, habilidad incomparable; yo había visto jugar a Pele en sus últimos años, exactamente en el mundial del 70, había sido un jugador muy habil, técnico, un atleta, hizo jugadas que me sorprendieron, pero ver jugar a Maradona fue superlativo para mi imaginación de lo era el futbol, él hacía jugadas casi imposibles, me quedaba maravillado; quizás habrán habido jugadores muy buenos como Pele, Garrincha hoy en día como Messi, los dos Ronaldos, ronaldinho etc. pero ninguno acarició el balón como Maradona, nadie la llevó pegada al pie en dribling corto y largo, con férreas defensas como Maradona, con esa magia , sin firuletes innecesarios ni adornos, porque su sóla habilidad y técnica ya eran arte y regalo para los ojos porque él se diferenciaba en la estética, calidad y porte, diferenciándose en la forma sublime como trataba al balón, allí radica la diferencia con el resto de los mortales futbolistas; a Maradona nunca lo querra reconocer la Fifa, porque siempre le dijo sus verdades mafiosas y le dolieron, podrán a Pele por encima a pesar de saber que Pele a lado del arte en el futbol de Maradona , lo hacen ver como un artesano. Si Maradona hubiera sido brasilero nadie discutiría su supremacía pero es argentino y eso lo perjudica porque el antiargentinismo en el mundo es muy conocido y además por su personalidad muy polémica e irreverente. Su drogadicción a la cocaína lo perjudico, el jugó en desventaja, ojalá nunca se hubiera drogado, creo como el mismo lo dijo, qué jugador hubiéramos tenido. El día que un jugador acaricie el balón como el Diego, habrá nacido el nuevo mesías, Pele la golpeó, Messi la toca, Ronaldo la dispara, Ronaldinho se entretuvo, Garrincha la emborrachó………

  24. pablo

    un dia lo vi jugar, en la 1er jugada dije : a no paraaa este es el mejor del mundo

    en cambio, ves a messi y tenes q ir a las estadisticas para saber que es el mejor del mundo

    maradona=magia+lider+caracter+picardia

    es facil, tuvo un don y lo aprovecho, listo

    las pelotas que tiene no le pasan por la 9 de julio

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