Submarine

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La modernidad del silencio

El club teatral Footlights, en la Universidad de Cambridge, ha educado y lanzado decenas de cómicos británicos, desde John Cleese a Stephen Fry pasando por Emma Thompson. En activo desde 1883, será en el siglo XX cuando empiece a ser el epicentro cómico del país debido especialmente al boom de la sátira de Peter Cook y Jonathan Miller y su revista teatral Beyond the Fringe.

Pasada la gran generación de Hugh Laurie, a la cual debemos clásicos olvidados como Los amigos de Peter, no se ha producido un relevo claro de este humor malévolo pergeñado en Cambridge. Más aún, la sátira británica en los últimos años ha visto el dominio casi perfecto de un advenedizo a este humor de clase: Ricky Gervais. Ahora bien, la respuesta tardía, en este siglo XXI, de Footlights no ha sido tanto una copia del formato de tele realidad, sino la subversión a través del espejo paródico de unos arquetipos sociales determinados.

La figura clave en este retorno del humor satírico de Footlights es Richard Ayoade, londinense mestizo de rostro reconocible como el ingeniero retraído Moss en It Crowd. Su aparición en televisión, siempre en Channel 4, vino de la mano de la divertida parodia de Stephen King Darkplace, donde se emulaba con fervor los cromas casposos y efectos de baratillo que formaron a una generación de niños en pleno thatcherismo. La citada, It Crowd, su siguiente trabajo televisivo, a primera vista puede parecer un pariente menor en popularidad a Big Bang Theory, pero su humor más maléfico e ingenioso esconde la eterna huella satírica de Cambridge. Las dos series, de las que es tanto pergeñador como actor, contenían además un humor referencial, lejano del insulto directo de Gervais y que no está lejos de ese mundo de eterno juego en la buhardilla de Wes Anderson.

Luego de dirigir vídeos lustrosos para la eterna camarilla de “nuevos Beatles” de NME (Artic Monkeys, Vampire Weekend…), Ayoade debutó en el cine para 2010 con esta notable Submarine, la cual acaba de estrenarse en España dos años tarde. Lejana a la verborrea habitual de la sitcom, la película complementa el viejo estilo de referencias entre cultas e idiotas de Ayoade con una sorprendente sentimentalidad, a veces forzada, pero que supone una novedad poco habitual en los directores más jóvenes. El film se construye, de este modo, también con los silencios y percepciones, reforzados con la constante voz en off del protagonista.

La historia avanza, así, con una obsesiva narración interna que acompaña el primer amor de Oliver Tate (Craig Roberts) con la joven Jordana (Yasmin Paige), en cierto estilo narrativo deudor de la Nouvelle… Esta referencia, diluida en muchas críticas, es fundamental tanto en los créditos tomados de La Chinoise de Godard como por todo el eterno monólogo interno y rasgos visuales —entre ellos las cartas narradas como un plano con zoom a los ojos de quién la pergeña— de Les deux Anglaises et le continent de François Truffaut. La pequeña poética de lo cotidiano, el rasgo que fundamenta esta escuela, emparenta Submarine con el último Anderson, del que difiere en conjunto por la aplicación de una sátira devastadora en muchas tramas del film.

La narración presenta la ondulante historia de amor de Oliver y Jordana que se contrapone a la crisis matrimonial de los padres del primero en reflejo propiamente esperpéntico. Esta última trama, la más lúcida del film, muestra la desidia de la mediana edad, con todos los rituales aprendidos, y encuentra un personaje fascinante, el mago kármico de mullet épico Graham Purvis (Paddy Considine), como inevitable y hortera tercero en discordia. El plano-contraplano entre el emotivo primer beso, las primeras escapadas y la desidia de la incomunicación, las reglas del juego del matrimonio, complementan entre sí estas dos historias amor resueltas de manera positiva, quizá con poco hilado, pero dentro del estilo de Ayoade.

Ahora bien, lo excepcional del film, lo que apabulla al espectador, es una puesta en escena de un cuidado y estilo fastuoso. La pantalla nos lleva, entonces, a evocar un Gales somnoliento gracias a la fotografía de Erik Wilson y que resulta siempre frío en los exteriores que centran las escenas de ruptura; mientras es cálido y se embute en jerséis en los interiores de las pequeñas escenas de amor cotidiano. Todo ello acompañado con la competente banda sonora de Alex Turner; tahúr de modernos que aporta varias canciones bastante desnudas, casi todas ellas acústicas. En definitiva, un producto lujoso propio de la modernidad destinado a servir de reclamo a cientos de hipster de las capitales de toda Europa.

La diferencia, la notable diferencia, es que detrás de todas las referencias, detrás de la reivindicación del mundo vintage del VHS y los viejos casetes, Submarine esconde bajo los taciturnos paseos del protagonista en una playa fría de Gales su verdadera faz de romanticismo doliente.

Estreno el 31 de octubre
T.O.: Submarine
Nacionalidad: Reino Unido, EEUU
Duración: 97 min
Director: Richard Ayoade
Intérpretes: Noah Taylor, Paddy Considine, Craig Roberts

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4 Comentarios

  1. Richard Ayoade, el director de la película, dirigió en 2007 el DVD «At The Apollo», concierto que los Arctic Monkeys dieron en el teatro Apollo de Manchester. Película que, por cierto, fue estrenada en cines por todo Reino Unido y ganando el premio al mejor DVD en los premios NME. Siguió trabajando con ellos en vídeos musicales como ‘Fluorescent Adolescen’, ‘Crying Lightning’ o ‘Cornerstone’, canciones que dieron la fama a ‘los monos’. Además, dirigió dos vídeos musicales del grupo The Last Shadow Puppets -‘Standing Next To Me’ y ‘My Mistakes Were Made For You’-.

    El cantante y líder de ambos grupos es, casualmente, Alex Turner, persona que se encarga de la banda sonora de esta película: cinco canciones que el padre del protagonista le regala en un cassette tras su primer desencanto amoroso. Personalmente no me siento ni hipster ni moderna, creo que simplemente estamos ante dos obras de arte: por un lado la película, por otro, la banda sonora; unidas sin duda bajo el capricho de un director que se dio cuenta del talento de Turner antes que muchos gurús musicales y le cedió la oportunidad de crear cinco pequeñas joyas para una película sin grandes pretensiones. Una pena que en los medios no se le dé todavía la importancia que tiene esta película y su banda sonora en igualdad de condiciones.

  2. No sé, aunque fuera un par de líneas se podrían haber dedicado a la novela… a cambio del desprecio a los hipsters, modernos o como quieras llamarlos, por ejemplo. Todavía no la he visto, pero la BSO de Alex Turner y la novela de Joe Dunthorne son muy disfrutables. Y no tengo tumblr ni leo la nme…

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