Cine y TV

Limusinas en viaje a la nada: Cosmópolis y Holy Motors

Fue Kiarostami el primero en cuadrar conscientemente el espejo de una ventanilla como claro marco cinematográfico. La idea, que articula tanto Cosmópolis como Holy Motors, establece el tránsito en cuatro ruedas, primero, como vehículo narrativo y, segundo, los marcos de las ventanillas como cerco de una imagen sensible; cuadros del espacio fílmico de desatan pequeñas ficciones con distintas motivaciones.

Ahora bien, si la matriz comparte nexo narrativo, las motivaciones difieren de manera absoluta. Cósmopolis, así, sigue un férreo trayecto, una línea recta, al patíbulo anclado por completo en la novela de DeLillo. En cambio, Holy Motors utiliza el vehículo como carrusel duchampiano, línea curva, para la celebración del momento, del éxtasis artístico sin lógica.

«Me podías haber salvado, me podías haber salvado…»: Cosmópolis o la autodestrucción reglada

cosmopolisFue el New Yorker, John Updike, el que juzgó la novela de DeLillo como fallida, falta de acción, estática en sus conversaciones elípticas. La película, de mejor y más fluida construcción narrativa, deja ver lo que en pequeñas descripciones no quedaba claro en la novela: el carácter líquido, siguiendo el concepto de Zygmunt Bauman, del capitalismo moderno. La novela presentaba unas fuerzas poco explicitadas, el cambio monetario y sus divisas (Yen en la novela, Yuan en el film…), que en la película se engarzan mejor en el tiempo. Esta especulación fallida tanto en la novela como en la película lleva a Eric Packer a aceptar su condena, y establecer un doble juego con Levin. Porque, estrictamente, la caza de Levin es sobre todo la muerte de un apóstol religioso por uno de los creyentes del sistema que representa: «Me podías haber salvado, me podías haber salvado…»

El capitalismo financiero, sistema de creencias etéreo, deviene como limitado por su racionalización a la hora de planificar un comportamiento de las divisas, y acaba en la quiebra de Eric. Esto sería la estructura macro cósmica del film, el gran sistema extra mundano cuyo drama solo se representa por pequeñas pantallas y datos de una gran rapidez, mientras los siguientes niveles se centran en el propio Packer. Así, la imposibilidad de entender la lógica del comportamiento económico, explicitada en el diálogo póstumo con Levin, se enlaza con la incapacidad de racionalizar, de ordenar, una vida social distinta y de amor evasivo.

La presencia distante, fría, de su prometida y su imposibilidad sexual son un remake hitchcockiano con todos los referentes posibles. Entonces, su planificación obsesiva, sus citas, se enfrentan a una progresiva duda derivada tanto de sus emociones como de sus conversaciones con los distintos colaboradores de su macroempresa de finanzas. Los asesores jóvenes, falibles, le aseguran la especulación financiera del Yen-Yuán, la brillante analista de mercados Kinski le confirma la imposibilidad del cambio de sistema y las amantes, que actúan como piezas de ingeniería de un eros mecánico, le enfrentan a un sexo deshumanizado.

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9 comentarios

  1. Si dos películas asocian un elemento como el carruaje, ora limusina, y la convierten en elemento referencia de la película, parece que ese es un símbolo de esta época, y queda ligado a este tiempo de forma indeleble. Como Leos Carax, que como en «Los amantes de Pont neuf», recoge conceptos de una época para hacerlos intemporales. Carax está haciendo camino, y su huella permanece, su rastro perdurará cuando las limosinas sean…

  2. Ahora, en cristiano: ¿de qué puñetas van estos «flimes»?

    • Pos mira, cosmópolis va de un pijo frustrado al que le ha pasado factura «creer» en el sistema capitalista hasta el punto de ver su humanidad «disuelta» en la pura alienación. Holy motors va de escenas bonitas o eso creo. No he visto ninguna de las dos. Viva España. Óle óle óle óle.

  3. Holy Motors es un vacile. Yo me dejé tomar el pelo por el tal Carax y acabé (casi) entusiasmado.

  4. Borges nos pintaba cuadros explicativos con la pristina sencillez de un filosofo de campanario, aun asi la elegancia y la inteligencia se le notaban a leguas. La intelectualidad no se para que sirve, creo para hacer mas gordos libros que deberian olvidarse… pero ya! que la pelicula ya hasta me cayo pesada. Demasiada palabreria jactanciosa, lo siento pero ese es mi pensamiento.

  5. Holy motors no la entiende ni Perry. Me tuve que poner el radioestadio tras verla para volver a sentirme en esta dimensión.

  6. Holy Motors va de ser actor, del cine, de la historia del cine (francés claro) y del futuro del mismo. Va de la acción, el motor y del espectador.

  7. Muy interesante el análisis de ambas películas – aunque con la ya manida referencia a Bauman, que parece que ahora está de moda.
    La película de Cronenberg, independientemente del libro – que no he leído, ni tengo intención de leer – me ha parecido bastante…convencional. Me explico: es la típica historia del niñato rico, pero con otros envoltorios. Es una película bastante plana, digna de un vendedor de humo capaz de firmar un bodrio como Videodrome. Los actores planos. Amalric y Binoche desaprovechados absolutamente. Pattinson con cara de cagar durante todo el metraje, y cuando llega el Giamatti, el típico diálogo de película made in Usa entre susurritos. Como en todas las series esas que andan de moda.
    Holy Motors, sin emocionarme demasiado, me parece mejor, salvando las prescidibles apariciones de Eva Mendes y Kylie Minogue. Es una película más rupturista, más vanguardista, más autoconsciente. Yo antes creo que es un «paseo» por los géneros cinematográficos, espoleando las ganas de fantasear del espectador, que una «reflexión» sesusa sobre la disolución del hombre moderno.

  8. ¿Soy el único que piensa que Denis Lavant es el hermano saltimbanqui de José María Aznar?

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