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Annapurna 1950: la conquista del primer ochomil (y III)

el lago tilicho
El lago Tilicho, flanqueado a la derecha por la Gran Barrera. Fotografía de Steynard.

“Es un viaje de ida y vuelta. Llegar a la cima es opcional; descender es obligatorio”. Ed Viesturs (1959), montañista e himalayista

“En esta orgullosa y preciosa montaña hemos vivido horas de fraternal, cálida y exaltada nobleza. Durante unos días, aquí hemos dejado de ser esclavos y hemos sido realmente hombres. Es duro volver a la servidumbre”. Lionel Terray

“Como no sabían que era imposible, lo hicieron”. Anónimo

Herzog quiso disfrutar de su momento en la cumbre y saborear el éxito, mientras que Lachenal, más profesional y pragmático, quiso iniciar el descenso de inmediato. El frío era intensísimo y estaba empezando a nevar. No obstante, Herzog echó unas cuantas fotografías, y posó con la bandera francesa para que fuera Louis el que se las hiciera, además de posar con la insignia de su empresa. De Lachenal solo hay una fotografía, sentado en el suelo, impaciente, que además quedó borrosa. Herzog se puso entonces a cambiar el carrete de blanco y negro por uno de color. Lachenal estalló: “¿Estás loco? No tenemos tiempo que perder; debemos descender enseguida”. Estaba muy preocupado por las congelaciones en sus pies. Era un guía de Chamonix: no podía permitirse una amputación. Eso acabaría con su carrera, y solo tenía 28 años. Herzog también notaba sus pies helándose, pero en ese momento de euforia ni siquiera le importaba. Estaba completamente ido.

El horizonte, además, traía malas noticias. Unas nubes grises, mucho más amenazadoras que las que ahora los cubrían, se acercaban. Quizá se tratara del monzón, la implacable fuerza de la naturaleza que engulliría la montaña entre sus nubes, inundándola con nieve y fuertes vientos. El peor enemigo que uno puede tener en el Himalaya.

Aunque para Herzog, en ese momento, el enemigo era él mismo. Presa fácil de la exultación, su cabeza daba vueltas a lo que habían conseguido, sin terminar de creérselo. Recordó los nombres de los alpinistas ilustres que no lograron poner un pie en la cima, su infancia en los Alpes, saboreó la gloria futura, el gran recibimiento que les esperaría en Francia…

Los gritos de Lachenal lo sacaron de su ensimismamiento y finalmente accedió a descender. Una última mirada a la cima, el fin de todos sus sacrificios. Se quitó los guantes para abrir la mochila, aunque luego no recordaría porqué lo hizo. Fundido y drogado, con los dedos rígidos por el frío, un movimiento torpe hizo que sus guantes cayeran a la nieve, se deslizaran ladera abajo y su dueño nada pudo hacer más que mirarlos desaparecer. Un mundo los separaba del campamento base y, sin guantes, era solo cuestión de tiempo que sus manos se congelaran. Estaba tan aturdido que ni siquiera se le ocurrió usar como guantes el juego de calcetines de recambio que llevaba en la mochila, así que inició el descenso sin guantes, condenando sus manos al gélido clima del Annapurna.

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26 comentarios

  1. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Annapurna 1950: la conquista del primer ochomil (II)

  2. Pingback: Annapurna 1950: la conquista del primer ochomil (y III)

  3. Impresionante.

  4. Mi padre, alpinista, guardaba como oro en paño uno de los libros de Rebuffat, Entre la tierra y el cielo, en su edición francesa. Fue él el primero en hablarme de la hazaña de estos franceses y quien me hizo leer la historia de aquel ascenso mítico y el posterior descenso infernal. Es una de las lecturas que marcaron mi infancia. Muchos años después tuve la suerte de coincidir con Maurice Herzog y me emocioné al estrechar aquella mano amputada. Gracias por esta crónica.

  5. Michael Dudikoff

    Bravo! bravo! y bravo!

  6. Angustiosamente emocionante, así de simple.

  7. Precioso relato, felicidades, David.

  8. Tomás Luís de Victoria

    Fantástico. Impresionantemente narrado, lo he vivido.

  9. Felicidades

  10. ¡¡¡ENORME!!!
    Os recomiendo el documental PURA VIDA

    Eso es la montaña

  11. Espectacular. Esta gente tenía unos huevos tan grandes que no les cabían en los calzoncillos. Terriblemente emocionante.

  12. Aquellos locos gabachos… Magnifica historia, David

  13. Inspirador hasta la medula…
    Cautivador sin limites…

  14. Fantástico!

  15. excelso, gracias

  16. Sencillamente espectacular!

    Lástima que haya terminado el relato!

    Espero leerte mas David.

    Un saludo!

  17. Menuda historia! Gracias Jot Down y gracias al autor!

    PD: Falta enlazar la parte 3 en la parte 2.

  18. Enorme historia y magnifica narración. ¡Gracias!

  19. Notable acercamiento del mundo del montañismo a los profanos en la materia.

    Felicidades.

  20. En mi opinión, el autor de esta serie de artículos incurre en una falta de ética enorme. En vez de anunciar en la primera parte del artículo que iba a fusilar el libro de Herzog, «Annapurna», escribe el relato como si fuera suyo. Resulta una desfachatez cuando cualquiera que se haya leído el libro sabe que el 100% de estos artículos está extraído de él, y ni siquiera se diga en admitirlo y en anunciarlo lo que le hubiera salvado al menos éticamente. Me parece genial hacer un buen resumen del libro, pero al menos ten la decencia de anunciarlo, si no se hace así es una falta de ética enorme en un periodista o escritor, y para el medio que lo permite.

    • ¿Te has leído la parte de la bibliografía? Es más: ¿has leido el Annapurna de Herzog y no ves las discrepancias con el artículo? ¿No ves como se ponen en entrejuicio las teorías de Herzog?

      • Gracias, Ana Purna. Como dices, cualquiera que haya leído el libro de Herzog habrá visto discrepancias, y es evidente que rhalva no lo ha hecho, ni siquiera se ha tomado la molestia de leer la bibliografía antes de soltar su exabrupto.

        Este artículo se construyó a partir de docenas de fuentes y el Annapurna de Herzog fue una de las menos creíbles.

        Un saludo y, de nuevo, gracias por tu comentario.

  21. Pingback: South face Annapurna | La Nube de Oort

  22. Pingback: El mortal desafío del Ogro – El Sol Revista de Prensa

  23. Un muy buen resumen de todo lo que aconteció en la conquista del Annapurna para todo aquel que no haya leido el libro de Herzog aunque si lees el libro libro tanto de Lachenal ( Cuadernos de Vertigo) como el de David Roberts ( Annapurna la otra verdad) se tiene una idea más real de los hechos Era una expedición que tenía que volver con el éxito de una cumbre de 8000 metros En mi opinión era una expedición que no podía fracasar pués en ella estaba puesta todo el orgullo y el prestigio de Francia

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