Félix de Azúa: Primera alabanza del año

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Johann Sebastian Bach

Abrumado, como todo quisque, por la miseria de la vida oficial, procuro escapar de la oscuridad como puedo. Que el Dos Mil Trece nos permita recobrar una luminosidad que a pesar del empeño de las fuerzas oscuras sigue iluminando más allá del velo de tinieblas, ese fue mi deseo de fin de año.

Hoy la miseria era un nuevo latrocinio de nuestros representantes, tan gigantesco como los anteriores e igualmente cínico. Oponiéndole resistencia he recordado una cantata de Bach, la BWV 39, que comienza diciendo: “Comparte tu pan con aquellos que tienen hambre”. Una buena ocasión para oírla de nuevo.

En tiempos de Bach no podían darse latrocinios como los nuestros simplemente porque la posesión era cosa de unos pocos. Muy pocos. Y en general de uno, del señor que a veces era un guerrero y otras un obispo, o ambas cosas a la vez. Sin embargo, en aquellos tiempos la podredumbre moral estaba mejor construida, tenía otra calidad. Al malvado se le despreciaba y temía, pero nadie lo ponía como modelo. Y, sobre todo, el malvado era una rareza, un condenado en vida. Los nuestros son gente de primera portada de revista, gente estupenda.

La coral de Bach continúa diciendo “Lleva a los pobres a tu casa, viste a quienes vayan desnudos y no te escondas de tu propia carne”. Este final es inquietante: und entzeuch dich nicht von deinem Fleisch. ¿Qué nos dice el poeta? ¿Que aceptemos nuestro cuerpo como constatación de que somos mortales? ¿Que ese cuerpo nuestro es igual al de quienes van desnudos temblando en el invierno? ¿Nos está diciendo que la riqueza no ha de servir para esconder nuestra debilidad, nuestra fragilidad? “Una hoja somos, en otoño, colgada de la rama”, decía Ungaretti, y por mucho que nos escondamos un poco de viento nos derribará.

Pero si tratamos a nuestro prójimo con generosidad, si lo consideramos nuestro igual, entonces, dice la coral: “Tu luz brillará como la aurora, la curación no tardará en llegar, la justicia te precederá y la Gloria del Señor será tu recompensa”. La luminosidad de los justos que hoy nos parece una leyenda es, sin embargo, indudable y muchos la hemos visto en momentos decisivos cuando la bondad de un acto ajeno nos ha deslumbrado.

No es preciso ser creyente, no es necesario atarse a ninguna promesa para oír estas palabras de Bach con perfecta seriedad. Es cierto que todo conspira en contra, pero si nos esforzamos por considerar a los demás como simples mortales, tan frágiles como nosotros, es posible que divisemos cierta luminosidad en alguno de ellos.

Se trata de cambiar el primer pensamiento que nos asalta frente al malvado (“¡Querría verte muerto!”), por el segundo (“¡Pero si sólo va a durar un puñado de inviernos…!”). Y desviar la mirada del siniestro para dirigirla hacia el justo. ¿Que no se le ve? Alguno ha de haber.

Y si no, siempre nos quedarán los niños.

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11 Comentarios

  1. «und entzeuch dich nicht von deinem Fleisch» es de Isaías 58:7 y significa que no te escondas de tus familiares que necesitan tu ayuda. (Lo he averiguado mediante Google, claro.)

  2. También se puede ser bueno y ser idiota. O tener oficio y ser un rijoso. Äunque siempre nos quedarán los niños -o la niña de Rajoy.

  3. Bonito artículo. Y bonita pieza. Sólo una pequeña consideración. Referirse a «La Coral de Bach», salvo que sea relativo al coro que canta llamándolo «Coral», no es correcta.

    1º La denominación correcta de ciertas partes de cantatas y oratorios destinadas a que un coro cante un texto que suele ser una expresión de sentir de pueblo se denominan Coral, pero masculino, «Un Coral» o «El Coral».

    2º El texto pertenece a una parte denominada «Coro» no es un coral.

    Solo es una pequeña puntualización que no quita ni un gramo de calidad al texto. Pero que por culturilla merece la pena exponer.

  4. Aristóteles decía que no existía la Virtud, sino hombres virtuosos y por tanto para saber en qué consistía debiéramos tomarlos como ejemplo. ¿Alguien me puede indicar alguno?
    Montaigne, sin embargo, decía que los hombres eran inconstantes por naturaleza, que para unas cosas éramos valientes y para otras cobardes, para unas generosos y para otras miserables y que el mismo hombre rara vez a lo largo de su vida mantenía los mismos comportamientos ante las mismas situaciones. Veletas que apuntan al viento que más fuerte sopla en ese momento. Algunas había, no obstante, cuyas acciones apuntaban siempre al mismo fin, que antes de coger el arco y apuntar con la flecha sabían en qué dirección y a qué objetivo iban a apuntar. En definitiva, que guiaban su vida no al albur de los acontecimientos sino en función de una moral. ¿Alguien sabe de alguno?

  5. Cher Félix, je voudrais vous informer que le serveur «el pais.es» me renvoie tous les mails que je vous envoie.

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