París, cara B

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Barbès

Cegados por la cúpula de colores de las Galerías Lafayette, muy pocos de los que vienen a París conocen Barbès. Y sin embargo, el barrio de Barbès está a medio camino entre las Galerías Lafayette y Montmartre, a dos paradas del Moulin Rouge y a tiro de piedra de la plaza de la République. Vale la pena caminar los dos kilómetros del boulevard Magenta que separan République y Barbès para ver cómo la París de postal se transforma en una cosa totalmente diferente. Hasta hace poco a mí también se me había escapado ese rincón de la capital francesa, influido por las advertencias del resto de parisinos que pintan un escenario de pesadilla sin probablemente haber puesto jamás el pie allí.

El mes pasado pasé finalmente unos días en Barbès rodando un spot para la recién acabada Copa de África y lo que vi me sorprendió: una cara B de París tan inesperada como interesante, tan genuinamente parisina como la cara A que venden las guías de viaje. Barbès es la misma mujer, vestida diferente: en lugar del clásico bar con estanco francés uno encuentra una cantina senegalesa. Donde habría un supermercado Monoprix aquí hay un colmado con productos alienígenas en Europa, en el que las únicas marcas que acerté a identificar fueron unas sopas de Maggi y cerveza Guinness. Donde los bares no hierven con la Champions, sino con un Cabo Verde – Costa de Marfil. Donde en cualquier rincón de París hay una tienda de souvenirs, aquí hay talleres que desbloquean tu iPhone o te venden un Samsung de estraperlo con llamadas gratis al país africano que tú elijas. Aunque el negocio más fascinante es el del pelo. Por un lado están las peluquerías, con enormes pósters que proponen mil cortes, formas y mensajes posibles sobre el cráneo del cliente. Por el otro, las pelucas, un negocio que debe mover millones a juzgar por la cantidad de tiendas disponibles. Desde piezas como la que llevaba Uma Thurman en Pulp Fiction hasta una réplica del peinado de Maria Antonieta, el surtido es infinito. Cuando me decidí a entrar en una de esas tiendas, pregunté a una mujer joven de Benin el porqué de esa obsesión por la peluquería. Monsieur —me dijo, con una sonrisa de grandes dientes blancos— el pelo de una mujer negra es y seguirá siendo un secreto.

El otro día volví a Barbès. Andaba con dolor de garganta y me dijeron que debía ir al hospital Lariboisière, en el boulevard de la Chapelle, la frontera sur del barrio. El escenario era, como me esperaba, apocalíptico. En la entrada, las sillas estaban ocupadas por cuatro indigentes sin ninguna ambición de ser atendidos, sencillamente disfrutando de un techo y un radiador. Al ser admitido, pasé a una segunda sala en la que había algunas parejas esperando su turno y, en una esquina, otros tres vagabundos durmiendo sobre camillas. Uno de ellos roncaba. Otro se tapaba ruidosamente con una manta de esas plateadas por un lado y doradas por el otro que se ponen sobre los cadáveres. Al final de la manta, en lugar de un pie asomaba una prótesis de madera.

Los SDF (sin domicilio fijo), son también parte de París. Se calcula que entre 10.000 y 30.000 personas viven en las calles de la capital francesa. Un pequeño ejército en la sombra. Sarkozy, en una medida a lo Jesús Gil, los sacó de los Campos Elíseos. Pero siguen ahí donde puedan conseguir una moneda o algo de calor. Solo hay un rincón en toda la ciudad donde las calles no tienen vagabundos. Es la cara oscura de París. La cara B. B de Barbès.

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4 comentarios

  1. Juan Antonio

    Hace un par de años, durante unos días, me hospedé en un hostal del boulervad Magenta. No se me olvidará jamás aquel entorno fascinante -para bien y para mal-, tal como lo ha pintado.

    Saludos.

  2. Y si desde Barbès rodeas Montmartre por la cara Este por la Goutte D’Or, ibas a flipar todavía más…

  3. elisenda

    Hombre!y qué decir de Tati?? el enorme todo a cien? me imagino que seguirá allí. Qué recuerdos, imágenes, olores que vienen a la memoria. Mon Paris à moi

  4. Pingback: París, cara B

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