Tatuajes de rock, tacones de la noche

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la roquera de pigalle

Acodada tras la barra del Hotel Amour sus brazos de tinta y camiseta de los Lakers tararean Lady Madonna. Vaqueros desgastados y mirada felina, enciende velas de jazz subida a sus tacones de noche. Opera con agitación frenética. Desnuda del uniforme de minifalda y media negra, es distinta a todas las demás camareras del hotel. Su bandeja de melena salvaje va por libre, la que no necesita ni tolera atuendos de rigidez.

Es mirar a Maylis y empezar a sonar acordes de guitarra. Por sus venas circulan las notas de Lady Madona. La, La, Do, Re, La, La. Lady Madona, children at yout feet… La, La, Do, Re, Re, Mi, Fa. Es beateliana la que se acunó con Steve Wonder o Sinatra y se dormía con nanas de rap. Dice que cuando era pequeña su padre la llevó de viaje a Estados Unidos en coche. Solo tenían dos casetes: el de los Beach Boys y el de Salt-n-Pepa, así que acabó por aprenderse de memoria los discos.

En su periplo de asfalto, Maylis viste aún vinilos en lugar de muñecas. Su batuta dirige los banquetes del Hotel Amour. Afina la orquesta diaria de guiones que recitan sus papeles frente a un té, de plumas que teclean artículos o de cantantes que utilizan sus baños como telón inquietante para sus videoclips. Su mirada achinada afina, coordina y toca sin cesar. Lady Madona, children at yout feet… En el Amour nunca para la melodía y en esto este pulso indómito tiene mucha culpa.

Su padre le inculcó la sintonía a Maylis Bengoechea (porque su sangre musical tiene algunas estrofas vascas) y ahora sus aleteos de ave salvaje suenan a Bowie, a soul, a jazz y sobre todo a hip hop. Pero no el de auriculares sino el ronco del vinilo, el mal envejecido de los 90. Melodía rayada con sabor a tarde de deberes, a carretera y manta.

La melómana tardó cuatro años en decidir qué y cómo se tatuaba. Quería que fuera algo que la representara. A su sangre genuina no le valía un ancla ni un anónimo trazo de caligrafía japonesa. Esquiva del mensaje universal. No quería notas la que nunca estudió solfeo, ni vinilos la niña que creció rebobinando las cintas de casete. Así que esa fue su elección. Su cadencia es auténtica y los cascos que la conectan a la cinta (pongamos que suena el sobado Surfin USA de su infancia) nacen de sus venas, trazando un melódico itinerario. Su poética es la del pentagrama. Lo que en realidad suena en los brazos de Maylis es una canción de amor.

En el corazón del Pigalle parisino, las notas de la camarera sin uniforme mecen el silencio nocturno de los que se rinden a la armonía roquera de sus pasos. Los lunes por la mañana tararea Strawberry fields forever de los Beatles. Mientras unta tarros de mantequilla y dobla servilletas afina la guitarra de Sex Pistols. El jazz de Reinhardt anima las veladas cuando las velas rojas le dan el relevo al sol que quizá no llegó a salir. Los domingos, día de brunch, toca Sinatra mientras sirve hamburguesas.

Su varilla no desafina y por eso Maylis ha hecho suyo este rincón de París, lo ha convertido en un lugar donde siempre suena buena música. Su último cumpleaños lo celebró en su habitación favorita, en la que posa para la foto mientras juguetea con sus dos tatuajes. El segundo grabado llegó de oriente, dos años después del primero. Habla de otra de sus pasiones: Japón. Porque cuando no escuchaba a Brassens la niña veía películas de samuráis, siempre, eso sí, siempre con permiso de la música, con los acordes de la nana Lady Madonna aún corriendo por sus venas.

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7 comentarios

  1. Cristina Hernández

    Quiero ser como Mailys. Me encanta el texto. Enhorabuena

  2. Jo Tía

    Perdón, venía buscando JotDown y no sé cómo he acabado en el foro de la Telva.

    Si el texto tuviera medio cliché de diecisieteañera flipada más por renglón cuadrado, el universo se contraería hasta la autofelación.

    • peckinpah

      «Si el texto tuviera medio cliché de diecisieteañera flipada más por renglón cuadrado, el universo se contraería hasta la autofelación.»

      Jo Tía, ahí te has consagrado. Lo del universo lo pienso usar hasta en clase de catequesis.

  3. Geri Town

    Conozco este hotel y me encanta. Está en el barrio de París donde viví durante la universidad e iba a tomar café por allí cuando podía. No recuerdo a esta chica pero si a las chicas en minifalda y a la clientela de artistas y bohemios que lo frecuentan. Qué recuerdos

  4. damupi

    Jo Tía, soy fan tuyo. quiero un twitter tuyo con la frase de la semana.

    Lo digo en serio, me ha encantado la frase.

  5. Jose_Granizo

    Ma´Donna (o Ma´Dame)!

    ¡Qué nombres ahí metidos y con cuánto cariño enlazados en unas pocas -preciosas- frases!

    Lisérgica Raquel ;)

    *

  6. Robert Capa

    Mientras leo este artículo, suenan los Rolling Stones. No sé por qué pero ha venido al pelo la música para comprender todo.

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