¿Somos más torpes?

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Les escribo desde el Instituto de Tecnología de California (CalTech) en Pasadena, a unos pocos kilómetros de Los Ángeles. Por diversas razones, vengo varias veces al año y suelo alojarme en el «Club académico» de CalTech, que se llama, un poco pomposamente, The Athenaeum. Es una residencia para profesores visitantes con un cierto parecido con la Residencia de Estudiantes del CSIC en Madrid. CalTech es una universidad pequeña en el número de alumnos. Poco más de dos mil, pero tiene tres mil ochocientos empleados, incluyendo académicos y personal de apoyo. Una relación de casi dos personas trabajando por cada estudiante. En una universidad española media la relación personal/estudiante es unas veinte veces más baja. Esto quizás tendrá algo que ver con el asunto de la tan cacareada «excelencia» de las universidades. En el famoso ranking anual de las universidades del mundo que preparan los «avispados» colegas de la Universidad de Shanghai en China, Caltech aparece en la sexta posición mundial, solo por detrás de instituciones bastante más grandes como Harvard, Stanford, MIT, Berkeley y Cambridge (en Inglaterra). Diez universidades españolas aparecen entre las quinientas listadas, ninguna en los doscientos primeros lugares. Así que las universidades españolas están bastante lejos de la excelencia tan pregonada. En términos de fútbol, sería como si nuestros mejores equipos estuvieran peleándose por mantenerse en la segunda B, y la mayoría, dándose con un canto en los dientes para escapar de la tercera.

Durante años he reflexionado sobre las razones por las que nuestras universidades están en esta situación tan penosa. Mi experiencia me dice que el problema no radica en las infraestructuras disponibles, que son en general bastante correctas. Tampoco en los estudiantes graduados, que al menos en las disciplinas científicas, son muy similares a los de las mejores universidades, con las lógicas diferencias debidas más a la individualidad que a la propia influencia del alma mater. De hecho, nuestros buenos estudiantes suelen ser mejores que en otros sitios. Les suele faltar un poco de la «picardía» que les enseñan en otras latitudes. Aprender a saber «dárselas de» y a desenvolverse en medios muy competitivos.

¿Dónde radica entonces la enorme diferencia con otras universidades? La razón es la baja productividad científica, quizá junto a una baja eficiencia general del sistema. Un sistema suele ser ineficiente si sus mecanismos de «recompensa» fallan y en el sistema universitario español casi no existen. Todo está basado en estructuras horizontales donde todo es para todos, y a ser posible, lo mismo. Tampoco conozco a casi nadie con responsabilidad de decisión que haya promovido de manera seria, aparte de los sexenios de investigación, una clara fragmentación de los sueldos ligados al trabajo realizado.

He dedicado estos días algunos ratos, paseos y cafés por el campus de CalTech para ver si era capaz de encontrar lo que nos falta, las diferencias que nos hacen ser menos eficientes. Porque sigo sin querer pensar que simplemente seamos más torpes.

No es solo que aquí siempre haya sensación de actividad en los laboratorios. Que dé casi lo mismo que sea marzo o agosto. En los campus españoles nos imponen un toque de queda estival (también en otras fechas señaladas) y quedan literalmente vacíos durante al menos un mes. ¿Qué negocio que tenga cierta competencia puede aguantar su cierre continuado un mes? Esto ya es una indicación. Es también difícil que el personal no haga lo que vea, es decir poco, en el resto del tiempo hábil. Así que algo de la menor productividad, simplemente por un menor nivel de trabajo podría ser una explicación. Pero seguía dando vueltas a mi cabeza en mis paseos al caer la tarde por el campus sobre qué más detalles se me estaban escapando. Una parada en el bar del Athenaeum, clásico, de corte inglés, pequeño, y sus paredes repletas con las fotografías de los treinta y dos premios nobel de CalTech quizá ayude a mi inspiración.

Y veo ambiente, gente trabajadora, competición y colaboración, inversión y dirección. Una mezcla de todo y en especial el caldo de cultivo inicial de tener los mejores estudiantes, los más listos. Esa es otra diferencia en nuestras universidades. No sabemos reconocer a los más listos y sobre todo no sabemos hacer que destaquen de los demás. Nuestro sistema los impulsa normalmente hacia abajo de manera sistemática. Los hunde en la mediocridad, donde en general parece que al país le gusta permanecer razonablemente confortable.

Yo reconozco que no tengo la solución al problema. Hace algunos años propuse en una tribuna en el diario El País la opción de segregar las partes más productivas de las universidades. O, puesto al revés, desgajar las más improductivas en una especie de «banco malo» universitario. Pero tendríamos que ir más allá. ¿Cómo podríamos atraer a los mejores, y sobre todo, que los mejores nuestros no se nos vayan (al menos de forma definitiva)? Debo decir que es también dramático pensar si realmente tenemos nosotros (los ya mayores y establecidos) algún derecho para querer mantener a los más listos en nuestros laboratorios. ¿Por qué no dejarles escapar a dónde puedan crecer? De hecho, solo tendrá sentido su permanencia si les podemos ofrecer un terreno razonablemente abonado. Y lo que a menudo encuentran es mediocridad, pequeñeces, provincialismo, rencillas y la búsqueda de la antiexcelencia, que suele consistir en llenar tristes «alforjas-currículo» con ciencia de poca calidad para asegurar futuras plazas.

¿Alguien sabe qué hacer? Me temo que no. Yo, sinceramente, tampoco tengo un cuadro completo de qué sería lo mejor.  Mis paseos por Pasadena no me han ayudado a ver una solución del problema. Es cierto que muchos de nosotros aterrizamos en sitios como CalTech y damos «el pego» («somos como ellos»), pero lo importante es cómo podríamos hacer aquí algo parecido, más allá de nuestros pequeños grupos.

Si algún lector no entiende la razón por la que nosotros deberíamos tener este tipo de universidades, la respuesta es que básicamente las probabilidades de que sea en ellas donde se invente el futuro son enormes. Y el futuro solo suelen asegurarlo, y nunca del todo, los que lo van inventando. Además, no me resigno a ser un segundón, y no me refiero a mí en particular, me refiero a España. Por cierto, no creo que seamos más torpes.

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18 comentarios

  1. Yo también le he dado vueltas al asunto, pensando en qué reforma podría dar una vuelta a la situación.

    Hemos pasado por dos reformas universitarias, sin contar con las revisiones en los planes de estudio, y todo sigue básicamente igual. Últimamente peor, por los recortes y por los criterios con que éstos se han llevado a cabo.

    España viene de una universidad africana. En realidad, de unos servicios públicos africanos. Hasta finales de los 70 no empezamos a disponer de un sistema tributario «moderno», progresivo y capaz de proveer al Estado de recursos suficientes. Fue en los 80 cuando en España empezaron a desarrollarse servicios públicos en cantidad y calidad equiparables a los de nuestros pares europeos (sanidad, educación). La LRU de 1983 acabó con una universidad en la que el profesorado era amateur. Los funcionarios estaban mal pagados y pluriempleados, y se ayudaban de profesores peor pagados y más pluriempleados aún, «sin plaza». La nueva Ley normalizó la situación, aunque sin criterios de selección sensatos y con una mal concebida organización interna (horizontal, autogestionaria, democrática en el peor sentido).

    La universidad actual viene directamente de ahí, porque ninguna de las dos leyes orgánicas posteriores (2001 y 2007) han cambiado nada sustancial. No puede uno esperar el cambio, o la simple petición de un cambio, de las actuales universidades, hundidas en la mediocridad cuando no en la corrupción y el nepotismo.

    Todo ello dirige nuestra mirada a las elites de este país, y a su voluntad de introducir cambios profundos. Dejando a un lado que los políticos evitan el conflicto, las elites en España son opositores de los niveles A de los cuerpos de funcionarios (Abogados del Estado, Jueces, Fiscales, Técnicos de Administración Civil, Inspectores e Interventores, Economistas del Estado y Técnicos Comerciales), dispuestos a protegerse y reproducirse. Y lo digo con mala idea: muchos de ellos opositan a cuerpos en los que ya tienen familiares (FEDEA publicó un estudio sobre los cruces de apellidos en la alta administración española). Si no es el familiar, es la secta religiosa. O ambas cosas.

    En todo caso, incluso si consideramos al outsider que consigue entrar, hablamos de memorizar un temario, «cantarlo» y «ganar una plaza», clavar el bolígrafo en la puerta y pasar al sector privado, a la política o quedarse en la propia administración con mando en plaza (nunca mejor dicho). Ahí está el verdadero poder de este país. En parte, muchos políticos que ocupan cargos de alto nivel tienen esa extracción, pero incluso los que no vienen de ahí no pueden hacer nada para doblegar esas elites, aunque quisieran.

    Esas elites vienen de esta universidad española. Pero da igual haber estudiado Derecho en León o en Madrid. Lo decisivo es la oposición, y el familiar. Mientras que en USA tienes que haber pasado por Harvard, Berkeley, Yale, etc.,, en el Reino Unido por la London School, Oxford o Cambridge y en Francia por la École Nationale, aquí da exactamente igual. No hay centros de selección y formación de las elites con algún componente meritocrático. Las elites -políticas, económicas- norteamericanas, inglesas o francesas también se protegen y se reproducen, y tienden a fortalecer y replicar los moldes que los han formado, que son otros.

    En suma, y por no enrollarme más: olvídalo, desiste, no te atormentes. Nada cambiará aquí. Nada sustancial. Ni en la universidad ni en parte alguna. Recuerda además que la excelencia es cara. Y mucho. El rendimiento es grande pero tienes que adelantar el dinero, invertir, asumiendo el riesgo y esperando el fruto.

  2. Daniel

    Hombre, pues un presupuesto como el de Caltech, para ir empezando, podría ser una buena ayuda.

    • maría

      Y casi dos personas trabajando por estudiante -como en Caltech- para disfrutar de una charla de trabajo en el Athenaeum

  3. Joe Scratch

    Se equivoca vd., a un estudiante español (o a un español, mejor dicho), nunca le falta picardía. De eso, le sobra. Lo que le falta es seguridad en sí mismo y lo que le sobra es complejo de inferioridad y sentido del ridículo.

  4. PETERMAN

    El primer cometario suelta un rollo enorme solo para acabar pidiendo mas gasto publico en universidades, investigacion, etc., etc.

    Mas sencillo seria que entendiera que todas esas universidades son privadas, P-R-I-V-A-D-A-S; y que es precisamente ahi donde esta la clave del asunto

    • Si además de privadas (o no), a la chusma que no la dobla se la manda a casa y se invierten los recursos en los que si estudian y trabajan otra cosa sería.

      Hoy leía que había becados que no se habían presentado (que no aprobado) ni a 1/3 de los créditos!!! ¿Cómo vamos a estar entre los mejores si no eliminamos a los vagos?

      Si además ponemos gente competente a dirigir las Universidades ya ni te cuento que bien iría el asunto…

      • Donde leiste tal cosa?

        Para obtener beca, cuando yo estudiaba hace unos pocos años, necesitabas aprobar 4/5 de los creditos. Si alguien, despues de eso, al año siguiente no se presenta ni a 1/3 de los creditos, puede ser por muchos motivos, pero que sea un vago no parece el mas probable.

    • Si piensas que en este caso privado es mejor que público te recomiendo que te des un paseo por la universidad de Viena y luego por cualquiera privada española y te eches unas risas.

  5. Pingback: ¿Somos más torpes?

  6. anti estado

    Alumnos mediocres que llegan a profesores. Alumnos creativos que no están en las universidades. Universidades que sólo piden alumnos de su propia universidad y becas inexistentes salvo para dos alumnos por curso, y que luego sólo la mitad de ellos logra hacer algo decente…
    Si no lo ves, siendo tu parte de la universidad y yendo a Caltech poco hay que hablar.

    Larga vida al café para todos, menos para los alumnos que quieran investigar! Para los profesores todo! Y si no logran descubrir nada no importa! Con el tiempo tendrán sexenios y cursos en congresos…

  7. Tristán

    Yo creo que, especialmente en lo que a ciencias puras se refiere, es una cuestión principalmente económica la que hace que las mejores universidades del mundo sean las que son. Ahora bien, con ello no me refiero a que se invierta más dinero en ellas o que sean privadas, sino que generalmente las mejores universidades del mundo se encuentran en los países que tienen las economías más competitivas del mundo.

    ¿Es casualidad que los tres países que antes y mejor se industrializaron sean los tres países que más premios Nobel tienen? Algunos podrían aducir que no, pero desde una postura diferente a la mía. Podrían señalar que si se industrializaron fue porque había personas más inteligentes en esos sitios. Yo no lo creo. Lo que sí creo es que determinadas circunstancias históricas facilitaron ese clima favorable a la ciencia en determinados países, pues tampoco es casualidad que los tres sean protestantes. Una vez has roto unas viejas cadenas, no es tan difícil volver a romper las nuevas. O, al menos, saber que esas cadenas, al igual que las anteriores, pueden romperse. Por el contario, cuando las cadenas no se han roto nunca, es difícil siquiera pensar que puedan romperse algún día.

    A pesar de que la Ciencia sea un lenguaje universal, está claro que no es lo mismo demostrar lo gran científico que eres cerca de tu casa que en el culo del mundo. Y ahí las consideraciones al respecto son antes personales que intelectuales.

    Y, por cierto, para conseguir la excelencia no es necesaria la privatización. Es mucho más fácil, por el contrario, aumentar considerablemente las pruebas de acceso. Así, mucho menos profesorado y alumnado, el cual además tendría unas capacidades más altas. Pero, ¿qué ocurre? Entre otras cosas, que de hacer eso aquellos que viven de su dinero no podrían reproducirse socio-profesionalmente.

    • Álvarez

      De cajón. El problema es que reconocer este punto y poner solución o quizás pasar a otra cuestión directamente vaciaría a los opinadores de su principal actividad: hablar por hablar.

  8. Pablo Artal

    Gracias a todos por su amables comentarios a mi articulo.
    Mi sensacion es que no es tanto un problema de si financiacion publica o privada, como de mentalidad. CalTech es una institucion privada, pero una gran parte de la financiacion de su investigacion es publica. Y UC-Berkeley es publica.
    Y no es solo un asunto de dinero, sino de formas de actuar.
    Y estoy de acuerdo que la palabra «picardia» para caracterizar a nuestros estudiantes no era la mas adecuada, y a muchos les «sobra». Me referia a aquellos (que tambien los hay…), que les falta y se achantan cuando no deberian.
    Y por supuesto, quiero ser positivo. A pesar de todo, yo hago ciencia en la universidad española con estudiantes de todo el mundo. Lo importante es no parar de remar.

  9. Guanteblanco

    Está claro que el problema está en los mismos que dirigen las instituciones universitarias españolas, incluyendo a todos: rectores, vicerrectores, catedráticos, profesores titulares, sindicalistas, funcionarios, etc. Todos mediocres, y sin querer mover nada para salir de la mediocridad. Teniendo un presidente de gobierno muy muy mediocre, ¿qué podemos esperar del resto del país? Por mí que les den por el c— a las universidades españolas, lo siento por los alumnos, pero cada vez que me preguntan por el futuro, les intento convencer de que huyan al extranjero cuanto antes, para estudiar, para másteres, para trabajar, para investigar. Este país está podrido hasta la médula.

  10. Vaya tela

    Empezar ejemplarizando la falta de eso que llaman «Excelencia» con el ranking de Shanghái, ya hace que la opinión del columnista quede bastante desacreditada. Nada nuevo bajo el sol para los integristas del «yankismo», un país que mete menos % de su sistema en el famoso ranking de Shanghái que España. Ya saben, si habla mal de España…

  11. Mucho me temo que yo tengo que dar un mensaje más pesimista aún. El autor considera que nuestras universidades pinchan en investigación, pero que aprueban en docencia científica.

    Yo hace ya casi 4 años que salí de mi universidad natal para ir a Austria y ahora a Estados Unidos. Siento decir que la preparación con la que sale la gente de las tres universidades extranjeras que conozco (Viena, Innsbruck y MIT) es mucho mejor que la que tenía yo. Y no es sólo que la gente salga más preparada, es que además el índice de aprobados es mucho mejor que en España.

    Excesiva memorización, temarios desfasados, asignaturas absurdas para contentar al departamento de turno, profesores que no tienen ni idea. Ese es el día a día del estudiante de ciencias en la universidad española. Es además algo universalmente aceptado, si una universidad no hace buena investigación no puede dar una buena educación. Si los profesores no saben hacer ciencia, ¿Cómo pretenden enseñarla?

  12. Akronix

    Discrepo en casi todo de los análisis y conclusiones del texto.

    Describo mi punto de vista como estudiante de universidad española (informática UCM)

    Empiezo diciendo que, en mi caso, creo que mis profesores, en general, poseen un nivel alto de conocimiento de las asignaturas que enseñan. Más bien, creo que dónde con frecuencia les falta conocimiento es en la pedagogía, en el planteamiento y en la actitud con los que imparten las clases.

    Nuestro sistema educativo es muy dirigido y a veces demasiado teórico.
    Deja muy poco espacio a la participación del alumno (con lo que se va la creatividad y el interés).
    Los contenidos excesivamente teóricos y de memorizar se olvidan con facilidad y no sirven para analizar casos análogos. El sistema tradicional de: pocos grandes exámenes, en los que se redacta un gran contenido teórico, que definen la nota final en mi opinión es equívoco.
    Pero bueno, parece que como es lo que se ha hecho siempre no hay otra forma de hacerlo.

    No me parece cierto eso de que no se recompense en los alumnos que obtengan mayores calificaciones (algo, por cierto, no equivalente a más aptos ni a más inteligentes ni con mayor futuro…) ni tampoco es cierto que deje de haberlos. Lo que si noto es una gran falta de interés por parte de mis compañeros en las asignaturas y en la carrera en general. Gran cantidad de ocasiones he oido decir que están ahí para sacarse el titulo e irse lo antes posible. Prueba de ello es que cuando acaba la clase o cuando se tiene tiempo libre, no muchos se interesan en seguir aprendiendo.
    Bajo mi punto de vista, esto es otra vez debido al sistema en general. Que nos dice que para no estar en la clase baja socialeconómica, tenemos que tener un titulo superior. La gente quiere un titulo no porque le guste o interese, si no porque cree que es lo que necesita para ser alguien en la vida. Creo que este razonamiento es muy erróneo desde muchos puntos de vista: filosófico, lógico, pero también laboral, económico y social.

    Si los profesores no hacen suficientes investigaciones y los estudiantes interesados se van a otros países, es más bien por falta de dinero. Cada año se suspenden más y más proyectos por recortes de presupuesto; y es muy difícil investigar aquí si no tienes una beca. Seguro que la universidad de la que hablas tiene más presupuesto para investigación por investigador.

    Por último, hablando del sistema horizontal que criticas. Creo que en realidad hay demasiado verticalidad en las universidades (bueno, y en general).

  13. Pingback: Inventemos el futuro - ¡Cuánta Ciencia!

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