
O quizá deberíamos decir de Black Sails a La isla del tesoro, pues aunque esta serie esté inspirada en el clásico de Stevenson se presenta como una precuela suya, con el feroz capitán Flint a bordo del Walrus, un tesoro aún por enterrar y un joven y simpático Long John Silver antes de perder la pierna y pasarse al Lado Oscuro. Se trata de una de las novelas más leídas del mundo, tal vez el último libro en dejar un recuerdo positivo en las mentes juveniles antes de que otros les lleven a coger aversión por la lectura, así que partiendo de semejante material habría sido muy difícil echarlo a perder. Aunque esté por medio el productor Michael Bay, cuyo sello artístico consiste en aderezar con napalm cualquier historia que quiera contar. En cuanto le hablaron de rodar una serie de piratas sospechamos que se puso a fantasear con la mirada perdida sobre cañonazos entre barcos, fuertes en islas disparando cañonazos a barcos, barcos con barriles de pólvora en sus bodegas que al detonar generan un hongo nuclear… aquí iban a reventar en llamas hasta los cocos. Y efectivamente algo hay de todo ello, pero quizá por contar también con otros productores está más contenido de lo habitual.
Una vez establecido lo fundamental ya solo faltaba ultimar los detalles. Como por ejemplo añadir sexo, mucho sexo, si es alguna escena lésbica entre dos hermosas zagalas pues mejor aún, que por algo es una serie contemporánea. ¿Y qué mejor excusa para incluirlo que poner como uno de los escenarios principales de la serie un prostíbulo? La idea es eficaz aunque no muy novedosa: Los Soprano ya tenían el club de striptease Bada-Bing y en Deadwood estaba el Gem Saloon. Dado que la historia se desarrolla a comienzos del siglo XVIII en la isla de Nueva Providencia —que fue realmente un refugio de piratas— la pequeña ciudad ahí formada por bucaneros, antiguos esclavos, comerciantes y oportunistas de toda condición no podía estar completa sin su local de esparcimiento. Al igual que en Deadwood, es una de las primeras instituciones en formarse cuando un grupo de pioneros se asienta y comienza a ser algo más que un caótico cúmulo de individuos, es el punto de inflexión. Si hay puticlub hay civilización. El problema es que aquí no vemos a ningún Al Swearengen al frente soltando inspirados monólogos shakesperianos; han dejado sin copiar lo que era precisamente la mejor parte.
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Yo venía a hablar de la serie, pero me quedo con la introducción referente a Michel Bay…, brutal, jaajajaaaja.
En serio, va. La serie no desagrada. Los personajes no desentonan salvo alguno (y por alguno me refiero al cocinero no cocinero), y las escenas de sexo sin sentido…bueno, no seré yo quién se queje al respecto.
Pingback: De La Isla del Tesoro a Black Sails
La serie es entretenida, sin pretensiones, no te venden que vaya a ser una serie de piratas fidedigna o espectacular. En el mundo de las series de TV funciona mucho el «Dime de donde vienes y te diré quién eres», lo que significa que en CBS vamos a ver procedimentales conservadores, en HBO encontraremos series poderosas en el apartado visual, tramas elaboradas y personajes profundos, en CW hay cosas raras y en Starz (La cadena que emite Black Sails) series más frívolas, con alto contenido sexual y en el caso de ser de época, no necesariamente tendrán una fidelidad total al periodo histórico al que refieren. Esto es lo que encontramos en Black Sails y en Da Vinci’s Demons, el otro buque insignia de la cadena. Lo dicho, una serie para pasar un buen rato y nada más. Y nada menos, ojo.
buen aporte, gracias!!
La serie cojea como muchas por el mal de Homeland, dar saltos argumentales, aunque no sea en la vía principal, para manipular el desarrollo de la historia el cual me parece que los guionistas no tienen demasiado claro como continuar.