The Last Ship, o Michael Bay ataca de nuevo

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Foto: Turner Network Television
Foto: TNT, Turner Network Television

Si es blanco, está en botella y en la etiqueta podemos leer «Leche»… efectivamente, se trata de Michael Bay. Admito que llegué a albergar vanas esperanzas de que saliese algo notable de esta nueva serie, que acaba de estrenarse en los Estados Unidos; mientras escribo estas líneas se han emitido ya tres episodios (quizá un cuarto en el momento en que ustedes las lean). The Last Ship ha sido la serie de ciencia ficción más anticipada del verano, así que es buen momento para advertirles de lo que se van a encontrar si deciden darle una oportunidad, como se la he dado yo; cosa de la que no sé si arrepentirme todavía. Por cierto, este artículo contiene minispoilers de los tres primeros episodios… pero vamos, no es como para arruinarle el visionado a nadie.

En principio la idea sonaba interesante; el argumento gira en torno a un barco de la marina estadounidense que realiza maniobras en el Ártico adoptando el estado «silencio de radio», esto es, aislado de toda comunicación radiofónica o cibernética. Debido a ese aislamiento, su tripulación desconoce que una súbita pandemia ha arrasado con el 80% de la población mundial en tan solo unos meses. Al saber la noticia, los marineros han de afrontar el hecho de que probablemente hayan muerto la mayor parte de las personas que conocían. También descubren que a bordo llevan una posible curación —en forma de científica— para la terrible plaga que amenaza con extinguir a toda la humanidad, por lo que habrán de sobrevivir mientras intentan desarrollar una vacuna. Esta trama me recordó ligeramente a la del largometraje On the beach («La hora final»), donde Gregory Peck interpretaba al capitán del último submarino estadounidense encargado de comprobar si quedaba alguien vivo en su país después de haberse producido una guerra atómica global. Ingenuamente, creí que podríamos hallarnos ante un ejercicio de género medianamente elaborado. Sí, incluso sabiendo que lo producía Michael Bay y sabiendo que en los EE. UU., al contrario que en temporada alta, el verano sirve para estrenar series de escaso empaque intelectual, dirigidas a un público menos exigente que viene con la cabeza recalentada de la playa. Aun así, esperaba como poco un flick eficiente y por momentos, por qué no, con sus momentos sorprendentes u oscuros a lo Walking Dead.

Pues bien: de momento tenemos un flick eficiente, a su manera, pero difícilmente sorprendente. El que Michael Bay figure como productor no es en vano; salvo que la cosa cambie mucho, nos hallamos ante uno de sus típicos blockbusters pero dividido en episodios. Por lo demás, la aureola de Bay lo domina todo: personajes planos, diálogos de cortometraje de bachillerato, nula capacidad para desarrollar la trama principal de manera adulta y, eso sí, mucha acción genérica y mucho entretenimiento palomitero del más básico. Es más, incluso despierta la nostalgia de los más veteranos porque en bastantes momentos parece una película bélica de los años ochenta, con varios de los tics propios de la era Reagan: patrioterismo emocional, retórica militarista, rezos terminados en «amén»… solamente falta Sylvester Stallone emitiendo sonidos guturales mientras derriba helicópteros a machetazos. Es lo que hay y es lo que van ustedes a encontrar. Eso sí, todo mal camuflado bajo una pátina pseudocientífica escasamente convincente.

No, esto no es Walking Dead ni vemos un mundo postapocalíptico donde unos ciudadanos atacan a otros y donde, sin hallarnos ante una obra maestra, podamos reflexionar sobre las acciones del ser humano en circunstancias extremas o sobre la pérdida de valores. En este barco no se pierde ningún americanísimo valor y los soldados constituyen, al menos de momento, una saludable, abnegada y patriótica piña de obediencia debida al capitán de mandíbula cuadrada. Baste decir que durante los tres primeros episodios la tripulación se enfrentará —atención— a los rusos primero, a los miembros de Al Qaeda después y por último nuevamente a los rusos, quienes por descontado beben todo el tiempo y quieren dominar el mundo sin motivo aparente, además del hecho mismo de ser rusos, lo cual parece conducirlos inevitablemente a la perfidia (y eso que se supone que el gobierno de Moscú ha desaparecido por causa de la epidemia, así que no, no está la mano de Putin detrás). Incluso se llega a pronunciar una célebre frase: «No negociamos con terroristas».

Pero en realidad el tufillo a homenaje para George W. Bush es lo de menos. Es como si hablamos de Ted Nugent: ¿es Ted Nugent un fascista? Sí. Pero, ¿nos impide eso disfrutar de sus primeros discos? ¡No! Aquí podría ocurrir algo parecido; lo de menos es que todo parezca una invitación para alistarse en la marina y lo cierto es que el componente ideológico podría resultar llevadero si la narración resultase más sólida. El problema es que casi todo el guión está compuesto bien de escenas de acción, bien de diálogos risibles destinados a demostrar que el capitán del barco —como líder estadounidense in situ— tiene más pelotas y más nobleza baturra que ningún extranjero o terrorista de la contornada. Mucho ha de cambiar esta serie para que llegue el día en que podamos decir que el escenario de ciencia ficción apocalíptica es desplegado con inteligencia. Mucho ha de cambiar para que algún día veamos aquí algo tan poderoso, tétrico y retorcido como ese episodio de The Walking Dead llamado «The Grove», que helaría la sangre del más endurecido telespectador y sobre el que probablemente escriba en breve. Pero bueno, llevamos solamente tres episodios de The Last Ship y todavía es pronto para afirmar todas estas cosas con un 100% de seguridad. Dejémoslo en un 99%.

Además del flojísimo guión, el reparto no está al nivel de otras series del momento, aunque hay algunos intérpretes que merecen un comentario positivo. Personalmente me ha sorprendido el protagonista, Eric Dane, en su día un guaperas de Anatomía de Grey (nunca vi la serie, excepto alguna escena de Katherine Heigl, claro, así que no sé qué tal lo hacía Eric Dane allí). Ahora, reconvertido en «tengo tal cara de militar que cuando sufro alergia me salen medallas en vez de sarpullidos», Dane se las arregla para hacer un trabajo convincente incluso con un papel tan acartonado como el suyo. Lo mismo puede decirse del actor ruso Ravil Isyanov, que de momento es lo mejor de la serie y que encarna a un villano tan estereotipado en el guión como interesante gracias a su interpretación. Por ahora no hay muchos más nombres que destacar.

En definitiva, esto es como una vieja cinta de videoclub por episodios que, aun con todos sus defectos, quizá sea indicada para ver durante las calurosas sobremesas de julio, mientras nos dejamos seducir por la modorra cervecita en mano. Sí, The Last Ship tiene pinta de terminar siendo una interminable colección de clichés ridículos y de patriotismo apolillado, pero si no le pedimos demasiado no nos sentiremos decepcionados. Una vez asumido que estamos ante un producto de segunda categoría, un entretenimiento fácil de nula complejidad conceptual para que nuestra siesta no se vea perturbada por el tintinear de las neuronas, podemos tranquilamente dejar que transcurra ante nuestros ojos. De todos modos no creo que esto vaya a terminar siendo peor que Under the dome, porque con poco que mejore la superará fácilmente. De hecho, en los EE. UU. el estreno de The Last Ship ha sido muy exitoso e incluso ha gozado de críticas iniciales bastante positivas si tenemos en cuenta su discutible calidad (aunque también he leído algunas no pocas críticas estadounidenses que la despellejan sin piedad, a veces de manera hilarante, y no es menos cierto que después del primer episodio ya se observa una creciente tendencia al escepticismo). En resumen; no es una buena serie, pero sí es una serie entretenida ya sea como minutaje de acción vacua o como comedia involuntaria. Ustedes mismos.

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13 comentarios

  1. Anna Levaura

    Pues chico, si tan de chichinabo es la seriucha esta, haber escrito sobre otra mejor. Sobre Weeds por ejemplo, que me parece increíble que en un sitio como Jot Down -Web- no haya merecido un monográfico. O sobre A dos metros bajo tierra, más de lo mismo. Claro que, si lo que hay que hacer es largar sobre lo actual aunque sea una M… Luego, igual os descolgáis con un reportaje sobre Twin Peaks (lo que estaría muy bien, por cierto) así que no veo la coherencia. Ah, que vosotros haceis lo que os da la gana… Vale, me parece bien en la medida en que [email protected] también podemos dejar de leeros y participar por aquí.

    • «me parece bien en la medida en que [email protected] también podemos dejar de leeros y participar por aquí.»

      Señores de JD, dejen de apuntar con una pistola a este pobre lector.

  2. Isismoking

    Exijo, por causas evidentes en si mismas, que Jot Down realice un sesudo análisis de Ataque a los Titanes. A ser posible por Cristian Campos. De 4.000 palabras mínimo.

  3. JuanCreed

    Aguanté veinte minutos de episodio. Veinte minutos de mi vida tirados por ésta serie además de los que he tardado en leer éste artículo y escribir éste comentario. Maldito seas, Michael Bay.

  4. La serie es una castaña, efectivamente.

  5. Roberto

    ¿Y de algo parecido no trata una serie española que se llama «El barco»? Vi unos 3 minutos hace un tiempo y parecía que un barco con científicos españoles más guapos que el promedio había perdido contacto con el mundo luego de una gran tormenta y creían ser los únicos supervivientes a una catástrofe.

    • La serie «El Barco», cuya única similitud con «The Last Ship» es que hay un barco y que en cierto modo el mundo ha desaparecido, le da mil vueltas a esta americanada barata. Y mira que «El Barco» no es buena, pero hay que concederle que al menos sí es ciencia ficción (una novedad en la TV española) no un engaño como «The Last Ship», y que tiene bastantes puntos de interés genuinos a lo largo de la serie. Por ello recomiendo verla, pero sólo avanzando cada episodio a 16x o a base de Previouslies. «The Last Ship» ni eso.

  6. touquer bols

    <>

    Una similitud ciertamente superficial. En el último año he visto cuatro series con ese argumento de fondo.

  7. Espartaco

    Es una buena serie para alabar la puntería de los tiradores de la Marina. Y dedicar tiempo a escribir de series mediocres hace que la vida merezca la pena ser vivida.

    No solo de The Wire vive el hombre.

  8. IceBeerc

    Tres palabras: Serie. De. Verano. En USA significa un poco eso, salvo alguna honrosa excepción (Breaking Bad, por ejemplo, empezaba a emitirse en el mes de agosto) todo lo que se produce para esas fechas son productos sencillos, de fácil consumo y poco calado. Y si ya pedís que tengan el mínimo trasfondo intelectual, no sé sencillamente qué hacéis viendo series de verano, porque no vais a encontrar nada para vosotros.

    • Anna Levaura

      Es que servidora ni la ha visto ni la ve.
      «todo lo que se produce para esas fechas son productos sencillos, de fácil consumo y POCO CALADO.»
      Mmmmm… ¡Qué [email protected]! ¡Claro, al tratarse de un barco…!

  9. Áuryn

    Estoy con Isismoking. No me hace falta que sean 4.00, aunque si lo son, mejor. Y escrito por Emilio de Gorgot también me vale. Pero reclamo el análisis de Shingeki no Kyojin cuanto antes. Por motivos evidentes.

  10. Totalmente de acuerdo con la crítica, estuve a punto de dejarla en el 2º o 3º episodio pero al final me vi la primer temporada completa, aunque es risible, previsible, patriotera y tontuna, se deja ver si uno no tiene ganas de pensar.

    Pero no la voy recomendando por ahi :D

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