Resurrection Fest 2014: Apocalipse Dudes

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Down.
Down.
Acreditaciones I

Llegamos a Viveiro el jueves por la mañana temprano, a eso de las once menos cinco. La taquilla habilitada para acreditar a la prensa acababa de abrir, así que me tomé el paseo desde el coche mal aparcado, por cierto, hasta la pequeña ventanilla con mucha calma, recreándome en mi nueva condición de redactor y enviado especial mientras notaba como, a cada paso que daba, casi flotando, mi sonrisa y mi nariz se escoraban hacia la izquierda con una deriva excesiva, como casi siempre que estoy muy contento y no quiero que se me note. De vez en cuando me giraba hacia el coche, a ver si mis amigos miraban con cierta envidia, al menos, pero la verdad es que no veo demasiado bien a más de seis pasos de distancia, así que solo podía intuirla.

Red Fang

El concierto del cuarteto de Portland se esperaba entre el público con expectación, no en vano fue una de las bandas contratadas casi por aclamación popular y la respuesta de los de Oregón no pudo estar más a la altura. En la previa, haciendo uso de los privilegios de la pulsera mágica, me acerqué al palco de prensa y allí me puse a husmear, como el joven William Miller en Casi famosos, sin llamar demasiado la atención. Había un corrillo que supuse era de críticos musicales, pues en medio minuto despedazaron a Aaron Bean de tal forma que yo estuve a punto de intervenir y preguntar si debía dinero, además. «Veréis como en directo son basura», sentenció otro, poniendo cara de haberlas visto de todos los colores.

La guitarra de David Sullivan nos anunciaba que el concierto comenzaría con «Doen», uno de los temas capitales de su último disco, Wheels and leeches. Sherman aparece también en escena y la batería suena maravillosamente bien, uno de mis miedos habituales con los sets a esta hora de la tarde. Corte. Explosión. La voz de Bean sale con fuerza y el conjunto truena con una limpieza de sonido que se agradece como pocas cosas en la vida, quizá el helado de después de follar, poco más. Previamente destajado como un cerdo por unos señores que, me fijo y beben agua, Bean sigue a lo suyo y Brian Giles mete los coros con furia y mimo a la vez, algo que solo se encuentra en el buen metal o en las mejores camas. El stoner de los Red Fang suena apoteósico y al final de «Doen» las vertebras se cuentan a millares desparramadas a lo largo y ancho del campo de conciertos. No hay tiempo para el aplauso; ya suena «Malverde».

Cuando llega el turno de «Blood Like Cream» intento una imitación bastante buena de un gag de Fred Armisen en Portlandia pero la camarera no parece muy interesada en semejante tontería; prefiere contar los tatuajes de uno de los More Than a Thousand, que se han pasado por allí, a echar un vistazo. El concierto se hace corto y cuando quiero darme cuenta ya han soltado al perro. «Prehistoric Dog» se lleva las últimas vértebras que faltaban por saltar y nos deja en el paladar lo mejor de esta banda de stoner metal llamada a grandes cosas, si la crítica no lo impide, claro. Antes de que terminen, por desgracia inevitable, me fijo en un último detalle: la gente sigue con los vasos en alto, en señal de respeto, y me estremezco al comprobar que la propuesta de los Red Fang está pensada para destrozarnos el cuerpo sin que derramemos una sola gota de cerveza, benditas criaturas. Definitivamente había que gritar aquello de ¡Red Fang y diez más!

Acreditaciones II

Phil Anselmo y Pat Bruders, de Down.
Phil Anselmo y Pat Bruders, de Down.

No quieran saber cómo es que logré que mi nombre apareciese en esa lista mágica de los pases de prensa, son explicaciones que implicarían reconocer mentiras y algún que otro sórdido comercio, pero el caso es que allí rezaban mis datos y en mayúsculas, para más señas: «RAFA CABELEIRA. REDACTOR» ¡Redactor! ¿No es este un mundo maravilloso? A mi me lo pareció, sin duda, así que de vuelta al coche, con aquella pulsera naranja que por un lado me acreditaba y por otro me cortaba la normal circulación del riego sanguíneo, excesivamente ajustada, me dejé caer en el asiento trasero e hice volar la muñeca de la discordia por delante de los ojos de mis amigos de cuna, sin maldad, solo con la dosis justa de retranca que se nos presupone a cada gallego.

Megadeth

¿Recuerdan aquel famoso cuento de Augusto Monterroso?  «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí».

Sueños I

A Melchor Roel Rivas lo fueron a detener una mañana temprano, a su casa. Tenía dieciocho años. Se lo llevaron junto a otros sindicalistas y afiliados del PCU a la cárcel de Punta Carreta, en Montevideo y allí lo encerraron tres años, sin más derechos que los innatos de intentar sobrevivir y soñar, aunque siempre pendiente de que ninguno de los carceleros pudiese notarlo, por si acaso. A los veintiuno lo deportaron definitivamente del país. «Me metieron en un barco y me enviaron a España. Antes paramos en Buenos Aires pero como era un expulsado no me dejaron bajar»Este año, Resurrection Fest estuvo dedicado a su memoria y cada día sonó su canción preferida, la misma que el mismo seleccionó para su funeral, el «Born to be wild» de Steppenwolf.

Down

En realidad, a Phil Anselmo no se le exige nada en Viveiro; es de casa y lo sabe. Su relación con Resurrection va más allá de lo puramente económico y toca fibras sin necesidad de la música. Para este reencuentro sobre las tablas, el tío Phil preparó su habitual escena de cortina negra y amplificadores Orange por doquier. Nunca creí que diría esto, pero me alegro de la traición al típico y clásico Marshall, adoro esas cajas naranjas. Antes de que suenen los primeros acordes de «Eyes of the south», el público ya aclama al ídolo local que aparece por un lateral y saluda agradecido, dejando entrever algunas consecuencias de una magnífica comida regada con un buen albariño, algo de mencía y quizá unos chupitos de licor café.

Los críticos apuntan que su voz ya no es lo que era y se pasan caramelos Halls, los unos a los otros, como si fuesen pollos de cocaína o algo peor, con un extremo disimulo. La gravedad de los acordes sigue dejando polvo de estrella en el ambiente y yo pienso que me da pena no ver a Rex Rocker sobre el escenario; es mi bajista preferido, sin mayor motivo que lo es y punto. A Phil lo acompañan Pepper Keenan, Jim Bower, Pat Bruders y Bobby Landgraf y el inicio de «We knew him well» anuncia la tormenta que el cielo no se acaba de atrever a descargar. Los de los caramelos Halls siguen chupando mientras Anselmo pone los pelos de punta al más apocado, con unos registros vocales al alcance de unos pocos privilegiados y de algún semidios, quizá.

Por supuesto, hay tiempo para acordarse de Dimebag, de Melchor y de los amigos que no están. Yo me acuerdo de los míos y brindo por ellos, que es todo cuanto uno puede hacer y resulta mucho menos triste que las flores. De su nuevo álbum presentan varios temas. «Witchripper», «Conjure» o «Lysergik Funeral Procession», —este de su segundo álbum—, suenan a lo que debe sonar un banda con sonido propio mientras navega entre el stoner y el sludge y el southern metal: a ellos mismos. Como nos conocen bien, Down deja para el final nuestras favoritas y el set termina con «Stone the crow» y «Bury me in smoke»con la gente volviéndose loca entre el humo y la banda volviéndose loca con la gente. Para resultar más familiar, a Phil solo le faltó parafrasear al tío de Juan Tallón: «¿Es que en esta puta casa no hay whisky o qué?». Quizás sí lo hizo, ahora que lo pienso, pero en inglés no sé decir mucho más que lovely eyes y en ayunas, como mejor interpretaba los sueños Plácida Linero.

Sueños II

Aquel muchacho recién salido del instituto tenía un sueño: quería ver a sus idolatrados Sick Of it All en las fiestas del patrón de su pueblo, San Roque, a ser posible aquel mismo verano de 2006, así que se fue a ver al alcalde. Este le recibió y durante los primeros instantes le observó entre interesado y divertido, pues no es algo menor que en la tierra donde la gente recita orquestas como alineaciones, también los más jóvenes, de repente aparezca un muchacho hablando de punk, y de hardcore, y de traer a Viveiro bandas de primer nivel mundial. «Cuéntame más», le dijo Melchor Roel Rivas a Iván Méndez, el muchacho que tuvo un sueño incapaz de asustar a un alcalde. Él todavía no lo sabía, pero su alcalde era un hombre que se había alimentado de sueños desde muy joven y que incluso sobrevivió un tiempo en la cárcel, a base de ellos, cuando los militares de su país trataron de arrebatárselos todos.

Five Finger Death Punch

Fat Mike, de NOFX.
Fat Mike, de NOFX.

Antes de ver la actuación del quinteto californiano, me informé entre mis nuevos amigos los críticos sobre el supuesto estilo que practican este tipo de bandas, y me dijeron que se trata de «heavy metal moderno, colega». La explicación que acompañó la definición me convenció entre poco y nada, así que se la ahorraré a ustedes. Personalmente, este tipo de propuestas capaces de pasar del metal más extremo al bonjovismo atroz en cada estribillo me ponen muy nervioso. Yo las llamo bandas de metal indefinido, como Bender en aquel capítulo de Futurama.

El show cojea por los cuatro costados, comenzando por un vestuario plagado de chándales y otras prendas deportivas. Los trucos de subir macizas al escenario ya estaban pasados de moda cuándo comenzó a utilizarlos Fred Durst, y sus canciones parecen pensadas, de la primera a la última, para presentar luchadores en la WWF, cuando no en alguna liga menor, como aquellas que salían en The Fighter. «Si esto es el metal moderno», pienso, «ojalá dure Mustaine muchos años. Aunque sea mudo».

Los otros

En un festival con más de setenta bandas concentradas en tres días de actuaciones resulta imposible atender a todo, al menos con estas edades y con estos sueldos, que no le dan a uno ni para ir a Andorra a por EPO. Por Viveiro pasaron grupos camino de la leyenda como los NOFX, Kreator, Testament o GBH, y otros que de tanta leyenda comienzan a ofrecer serias dudas de si llegarán a alguna parte, como los suecos Amon Amarth, que a mí me recuerdan mucho al Real Madrid en su grandilocuencia, o los propios Gojira, que son de esos grupos que lo fían todo al peso de los graves; eso lleva siglos inventado. Por lo demás siempre se agradece conocer nuevas bandas que uno no tiene demasiado a mano, como el nuevo proyecto paralelo de David González, actual bajista de Berri Txarrak, que me sorprendió gratamente con el stoner metal de su banda Cobra. Gallows, Ignite, Lagwagon, Carcass, High on Fire… La lista de los grandes shows que dio de sí Resurrection Fest 2014 es interminable, así que lo mejor será ponerle el punto final, sin más.

Turbonegro

Que Tony Sylvester no es Hank von Helvete no es algo que debiese alarmar en exceso: nadie es Hank von Helvete, ni siquiera él mismo lo es, actualmente entregado a Dios y a la familia. Por lo demás, y apenas con Euroby y Happy Tom como únicos representantes de la formación original, lo que dejó muy claro la actuación de los noruegos es que el éxito de su propuesta está por encima de personalismos y sus canciones suenan igual de vibrantes y sexys que en 2005, en Festimad. Turbonegro volvió a superar expectativas y capearon con maestría la agonía de un público oscurecido por la lluvia y con el barro a la altura de los tobillos. En cuanto comenzó a sonar «Back to Dungaree High», los refugiados y temerosos comenzaron a correr hacia donde los más atrevidos ya saltaban y movían las caderas descarados. ¿A qué, si no, habíamos venido?

Pocas bandas más divertidas he visto nunca, en directo, que Turbonegro. En Viveiro repasaron casi todos sus grandes éxitos, también mi totémica «All my friends are dead»y los presentes pudimos disfrutar de las distorsiones más clásicas, los riffs más elegantes y el rock en su estado más puro, sin más aditivos que una correcta actitud. «The Age of Pamparius», una versión acelerada y divertida de «Money for nothing», el clásico de Dire Straits, y para cerrar su visita todavía reservaban «I got erection», que se convirtió en sensación generalizada, además de una gran canción. Los Lagwagon esperaban a en el otro escenario, así que Duke se despidió y servidor echó de menos un poco de helado.

Despedida

Resurrection Fest  cerró las puertas de su novena edición con un nuevo récord de asistencia al festival y la sensación generalizada entre los asistentes de haber invertido con inmejorable fortuna hasta el último céntimo del precio de cada entrada y abono. Más de cuarenta mil se vendieron desde las taquillas físicas y virtuales dispuestas por la organización y los primeros datos hablan de visitantes llegados de más de treinta países diferentes y un retorno económico para la pequeña villa de Viveiro y sus alrededores de más de tres millones de euros, sin duda números suficientemente contundentes para poder cuantificar de manera más exacta el verdadero valor de un sueño y el beneficio de pelear por su conquista.

Había una vez un joven que deseaba conquistar el Deseo de su Corazón. (Stardust, Neil Gaiman)

NOFX.
NOFX.

Fotografía: Cortesía de Resurrection Fest

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14 Comentarios

  1. No comprendo que manía tan atroz se le tiene a Five Finger Death Punch. Vale que no sea un metal tan extremo como otras bandas pero melódicamente me parecen cojonudos. Ese «bonjovismo» del que habla el autor queda realmente bien dentro de sus temas, y no creo que sea la primera banda que hace estrofas potentes con estribillos tranquilos y melódicos.

    Acepto que a lo largo de la historia se están ablandando un poco demasiado (del The Bleeding a lo de su último disco va muchísimo), acepto que sean comerciales y que tengan una puesta en escena muy de flipados, incluso acepto ese símil con las canciones de la WWE.

    Pero no creo que podamos negar que es una muy buena banda y que tiene unos temazos del copón, que casi todos son pegadizos y que suenan de la ostia bendita.

    • El problema de Five Finger Death Punch es que el tipo de música que hace se queda a medio camino para mi gusto, son como unos Pantera dóciles y domesticados. Es un grupo que tiene detrás a la misma agencia que mueve a bandas como Korn, por lo que a la hora de difundir su obra no han tenido problemas. A mí no me gustan nada, pero respeto los gustos de sus fans, que los disfruten.

      Para bandas americanas de metal moderno prefiero mil veces a Lamb of God, por ejemplo.

  2. Respecto a lo de la WWE, creo que la película a la que el redactor se refiere no es «The Fighter», si no «The Wrestler» (la de Mickey Rourke). La primera va de boxeo.

  3. Después de leer este artículo me he dado cuenta de que no sé nada de metal después de 25 años escuchándolo. Y ni una mención al pedazo de concierto que se marcaron Obituary.

      • Sí, se ha debido de quedar bien a gusto, vituperando a dos de los grupos que mejor sabor de boca dejaron entre el grueso del público (Amon Amarth y Gojira).

        Entre tanto se deja dos tercios del festival en el tintero.

  4. Gojira es un pedazo grupo que en directo deja en bragas a muchos «intocables». «Son de esos grupos que lo fían todo al peso de los graves; eso lleva siglos inventado». Pues precisamente, el grupo de Bayona ha conseguido un sonido propio, algo de lo que pocos grupos pueden presumir.

  5. En la crónica de un festival en el que tocan 80 bandas se reseñan 4. Genial. Creo que si hubiera sido más extensa hubiera sido mucho mejor, porque el estilo es bueno, pero sabe a muy poco.

    Decir eso de Gojira es una sobrada, es el comentario tipo «en el black metal todo es ruido y gritos» aplicado a su estilo. Ya les gustaría a muchos grupos tener el sonido, tanto en estudio con en directo, de los franceses.

    • Añadiría potencia en directo, Paco. Gojira transmiten actitud y potencia avasalladora, la sensación de estar en su mejor momento. Llevaba muchos años aburrido de los clásicos de la escena, ya acomodadísimos y sacando unos discos del montón, con directos a años luz de lo que fueron en sus viejos tiempos. Con la irrupción de Gojira, que no sé si llamarla así, porque ya llevan más de una década al pie del cañón, recuperé un poco la fe en el heavy metal.

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