Llegamos a Viveiro el jueves por la mañana temprano, a eso de las once menos cinco. La taquilla habilitada para acreditar a la prensa acababa de abrir, así que me tomé el paseo desde el coche mal aparcado, por cierto, hasta la pequeña ventanilla con mucha calma, recreándome en mi nueva condición de redactor y enviado especial mientras notaba como, a cada paso que daba, casi flotando, mi sonrisa y mi nariz se escoraban hacia la izquierda con una deriva excesiva, como casi siempre que estoy muy contento y no quiero que se me note. De vez en cuando me giraba hacia el coche, a ver si mis amigos miraban con cierta envidia, al menos, pero la verdad es que no veo demasiado bien a más de seis pasos de distancia, así que solo podía intuirla.
Red Fang
El concierto del cuarteto de Portland se esperaba entre el público con expectación, no en vano fue una de las bandas contratadas casi por aclamación popular y la respuesta de los de Oregón no pudo estar más a la altura. En la previa, haciendo uso de los privilegios de la pulsera mágica, me acerqué al palco de prensa y allí me puse a husmear, como el joven William Miller en Casi famosos, sin llamar demasiado la atención. Había un corrillo que supuse era de críticos musicales, pues en medio minuto despedazaron a Aaron Bean de tal forma que yo estuve a punto de intervenir y preguntar si debía dinero, además. «Veréis como en directo son basura», sentenció otro, poniendo cara de haberlas visto de todos los colores.
La guitarra de David Sullivan nos anunciaba que el concierto comenzaría con «Doen», uno de los temas capitales de su último disco, Wheels and leeches. Sherman aparece también en escena y la batería suena maravillosamente bien, uno de mis miedos habituales con los sets a esta hora de la tarde. Corte. Explosión. La voz de Bean sale con fuerza y el conjunto truena con una limpieza de sonido que se agradece como pocas cosas en la vida, quizá el helado de después de follar, poco más. Previamente destajado como un cerdo por unos señores que, me fijo y beben agua, Bean sigue a lo suyo y Brian Giles mete los coros con furia y mimo a la vez, algo que solo se encuentra en el buen metal o en las mejores camas. El stoner de los Red Fang suena apoteósico y al final de «Doen» las vertebras se cuentan a millares desparramadas a lo largo y ancho del campo de conciertos. No hay tiempo para el aplauso; ya suena «Malverde».
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No comprendo que manía tan atroz se le tiene a Five Finger Death Punch. Vale que no sea un metal tan extremo como otras bandas pero melódicamente me parecen cojonudos. Ese «bonjovismo» del que habla el autor queda realmente bien dentro de sus temas, y no creo que sea la primera banda que hace estrofas potentes con estribillos tranquilos y melódicos.
Acepto que a lo largo de la historia se están ablandando un poco demasiado (del The Bleeding a lo de su último disco va muchísimo), acepto que sean comerciales y que tengan una puesta en escena muy de flipados, incluso acepto ese símil con las canciones de la WWE.
Pero no creo que podamos negar que es una muy buena banda y que tiene unos temazos del copón, que casi todos son pegadizos y que suenan de la ostia bendita.
El problema de Five Finger Death Punch es que el tipo de música que hace se queda a medio camino para mi gusto, son como unos Pantera dóciles y domesticados. Es un grupo que tiene detrás a la misma agencia que mueve a bandas como Korn, por lo que a la hora de difundir su obra no han tenido problemas. A mí no me gustan nada, pero respeto los gustos de sus fans, que los disfruten.
Para bandas americanas de metal moderno prefiero mil veces a Lamb of God, por ejemplo.
Respecto a lo de la WWE, creo que la película a la que el redactor se refiere no es «The Fighter», si no «The Wrestler» (la de Mickey Rourke). La primera va de boxeo.
Después de leer este artículo me he dado cuenta de que no sé nada de metal después de 25 años escuchándolo. Y ni una mención al pedazo de concierto que se marcaron Obituary.
A ver si vas a saber del tema más que el redactor…esa que suelta de Gojira es de órdago.
Sí, se ha debido de quedar bien a gusto, vituperando a dos de los grupos que mejor sabor de boca dejaron entre el grueso del público (Amon Amarth y Gojira).
Entre tanto se deja dos tercios del festival en el tintero.
De eso no quise escribir nada. Gojira es una de mis debilidades y Oroborous sonó espectacular.
Esto…
¿Y el Mustaine qué tal?
Pues avejentado, cristianizado y pagando los excesos tóxicos de antaño.
Gojira es un pedazo grupo que en directo deja en bragas a muchos «intocables». «Son de esos grupos que lo fían todo al peso de los graves; eso lleva siglos inventado». Pues precisamente, el grupo de Bayona ha conseguido un sonido propio, algo de lo que pocos grupos pueden presumir.
En la crónica de un festival en el que tocan 80 bandas se reseñan 4. Genial. Creo que si hubiera sido más extensa hubiera sido mucho mejor, porque el estilo es bueno, pero sabe a muy poco.
Decir eso de Gojira es una sobrada, es el comentario tipo «en el black metal todo es ruido y gritos» aplicado a su estilo. Ya les gustaría a muchos grupos tener el sonido, tanto en estudio con en directo, de los franceses.
Añadiría potencia en directo, Paco. Gojira transmiten actitud y potencia avasalladora, la sensación de estar en su mejor momento. Llevaba muchos años aburrido de los clásicos de la escena, ya acomodadísimos y sacando unos discos del montón, con directos a años luz de lo que fueron en sus viejos tiempos. Con la irrupción de Gojira, que no sé si llamarla así, porque ya llevan más de una década al pie del cañón, recuperé un poco la fe en el heavy metal.
Para mí, los vencedores fueron: Turbonegro, SOIA y Kreator.
Y sí, los Cobra son un pepino de banda.
Cuando sea grande quiero ser Phil Anselmo…