Derecho al crédito: ¿bienestar o riesgo?

Publicado por
Foto: Daniel Villafruela (CC)
Foto: Daniel Villafruela (CC)

Una imagen desgarradora corrió como la pólvora por las redes sociales. Se trataba de una foto realizada por Andrés Kudacki durante el desahucio de una anciana de ochenta y cinco años en Vallecas, doña Carmen Martínez. Más que indignación, en las líneas que acompañaban a su infinita difusión se leía una idea muy clara: «esto no puede pasar, hay que hacer algo». El Rayo Vallecano lanzó una campaña de apoyo. La alcaldesa de Madrid ha prometió una «vivienda tutelada». E incluso aquellos que hacían notar que el desahucio se producía por culpa del hijo, quien al parecer había acudido a un prestamista fuera de los canales bancarios habituales, se aprestaban a aclarar que esto no era óbice para que se hiciese «algo».

Más allá de las particularidades del caso, puede servir como punto de partida para un debate que, me da la impresión, nunca hemos llegado a afrontar durante la crisis de una manera abstracta: quién y por qué debe tener acceso al endeudamiento. Tal falta es sorprendente teniendo en cuenta que el principal factor económico que nos llevó a la crisis fue ni más ni menos que una burbuja de crédito fácil. No es que yo vaya a dar una respuesta absoluta en menos de dos mil palabras garabateadas en los márgenes de una revista llena de hermosas fotografías en blanco y negro a una pregunta que es tan antigua y compleja como la economía misma. Tampoco me voy a meter en las entretelas del mundo financiero global ni en los complejos mecanismos que definen los modelos teóricos de la macroeconomía financiera. Más bien creo que se pueden establecer algunas líneas generales sobre las que, quizás, edificar un debate. Para ello me voy a permitir el lujo de abstraer y hablar en términos genéricos, esperando que el lector ducho sea comprensivo con la falta de matices al referirme a casos específicos.

Los dos aspectos que definen una política de créditos (sea de una entidad privada o de un organismo público) son más o menos sencillos: qué criterios se siguen para decidir a quién se le otorga el acceso y a quién no, y a qué precio se pone el dinero a cada categoría de deudor, esto es, el tipo de interés. En el caso que nos ocupa, se intuye que el objetivo podía ser justo el contrario del que debería ser para un acreedor potencial. En una frase: «voy a darle el dinero a quien no lo pueda devolver de manera cómoda y a poner un tipo de interés lo suficientemente alto como para asegurarme de que así sea», de manera que el deudor se ve atrapado en un círculo vicioso de deudas e intereses que crecen. En el peor (o el mejor, según como se mire) de los casos, el acreedor se quedará con la garantía de pago. En este caso, una vivienda que además costaba cuatro veces más del préstamo obtenido (si bien esto no es posible desde 2013, cuando la ley se modificó para que el ratio no pasase del 75%). La PAH de Vallecas lo expresaba así: «Hace días hemos vivido un caso similar en Tetuán. Este tipo de gente se parapeta en que su función es sacar dinero y muchos son conscientes cuando te dan el préstamo de que no vas a poder devolverlo».

Parece evidente que es necesario prohibir que exista acceso al crédito cuya devolución no está asegurada. Este caso puede estar muy claro (y para mí, al menos desde la distancia, lo está) pero habitualmente la frontera es mucho más difusa que lo que se observa aquí. Dejando posibles timos de lado, hemos de ser conscientes de que si limitamos la capacidad de los acreedores de ofrecer préstamos a ciertos niveles de interés, también estamos por lógica cerrando el acceso a crédito para muchas personas, tanto físicas como jurídicas. El asunto es que quien más difícil lo tiene para devolver un préstamo, y por tanto intereses más altos soporta, suele ser también quien más lo necesita. He aquí la paradoja más dura de la regulación sobre el crédito a ciudadanos y pequeñas empresas: facilitar el acceso suele conllevar soportar más riesgos. Porque además se añade el problema de que quienes piden más préstamos son muchas veces quienes más dificultades tienen para después devolverlos (los economistas lo llaman «selección adversa»). Por eso mismo, confiar en el crédito en exceso para financiar las mejoras esperadas de una parte de la población parece un tanto iluso, si no directamente peligroso.

No se trata de un dilema abstracto, ni mucho menos. Durante todo el siglo XX uno de los problemas que más ha preocupado a muchos miembros del Partido Demócrata, así como a sus votantes y a activistas de la órbita de la formación, ha sido la falta de acceso a la vivienda por parte de las capas más empobrecidas de la sociedad. De esta preocupación surgieron agencias patrocinadas por el Gobierno como Fannie Mae (fundada por Roosevelt durante los años del New Deal) o Freddie Mac, destinadas a ampliar el mercado de hipotecas. Las sucesivas ampliaciones de capacidad de maniobra a estas agencias unidas a la desregulación llevaron a Estados Unidos a la crisis financiera más profunda desde 1929. En España, desde la Transición las cajas de ahorros dejaron de ser solo de, bueno, de ahorros para pasar a ofrecer servicios bancarios, entre ellos créditos con una facilidad que bien conocemos hoy. Como también conocemos cómo ha acabado todo. En países pobres o con niveles de renta media, como India, la experiencia de los microcréditos ha estado muy de moda para Gobiernos, ONG y organismos internacionales… hasta que se ha comprobado últimamente que la tasa de devolución está bastante por debajo de lo que cabía esperar, o incluso de lo que puede ser sostenible. De nuevo insisto en que el lector me perdone las enormes diferencias entre los ejemplos, porque todos estos casos y muchos otros tienen en común una sola cosa, pero es la más importante: la imposibilidad de escapar al tira y afloja entre conceder crédito y asumir riesgo.

En la reciente propuesta para debatir el programa económico de Podemos hecha por los profesores Vicenç Navarro y Juan Torres se incluye el «derecho al crédito», haciendo hincapié en lo que es un lugar común en la mayoría de comentarios en prensa sobre la (no) salida de la crisis española: el dinero no está llegando a las empresas ni a las familias. Partamos de que resulta ingenuo esperar que de la mera enunciación de un derecho surja su cumplimiento. Ni Navarro ni Torres ignoran este extremo y es por ello que proponen crear instrumentos para que este acceso se haga efectivo, principalmente algún sistema de banca pública (o, como se dice ahora, «ciudadana»). Puesto que el riesgo es como la energía, y no desaparece sino que cambia de manos, asumir de manera colectiva estos créditos implica necesariamente cargar con los riesgos asociados. Y financiarlos en caso de que decidamos poner tasas de interés que no resulten astronómicas, así como cuando los impagos sucedan. Es esta una curiosa forma de redistribución, de acreedores a deudores, preñada de incentivos perversos.

Por otro lado, llama la atención el hecho de que ambos economistas consideren que en el origen de la crisis que vivimos (sí, el origen, aunque es una tesis cuestionada) está el hecho de que la creciente desigualdad hizo a las familias sobreendeudarse para poder mantener un ritmo de consumo aceptable, y al mismo tiempo recomienden facilitar el acceso al crédito para resolver el problema. De hecho, más que «llamar la atención» es directamente un sinsentido, porque de ser acertado el diagnóstico lo único que estaríamos consiguiendo con este nuevo derecho es ahondar en la brecha de quienes dependen del dinero ajeno y quienes no lo necesitan para alcanzar una existencia acomodada.

En el nivel empresarial el problema tiene una forma similar, al fin y al cabo en un mundo ideal las pequeñas empresas con potencial deberían tener acceso al crédito para poder financiar su crecimiento y con ello crear empleo. Sin embargo, en realidad resulta imposible distinguir de manera totalmente certera qué proyectos son viables ex ante. Es necesario asumir un cierto nivel de incertidumbre que el acreedor tenderá siempre a minimizar o a cobrar en forma de intereses. La intervención pública no garantiza la resolución del problema tampoco en este caso: un político o un funcionario no tiene por qué disponer de mejor información que un banco privado sobre qué va a demandar la gente en el futuro. Y la tentación de asumir grandes riesgos a cambio de la creación aparente de empleo y riqueza a corto plazo que puede no ser sostenible a largo es grande en alguien cuyo futuro depende de los votos. De esto también deberíamos haber aprendido algo tras incontables promociones urbanísticas prometiendo riqueza a raudales en los pueblos de la costa y del interior, financiadas con la ayudita de la caja de ahorros de turno, y con el apoyo incondicional del alcalde. En definitiva, cualquier iniciativa pública destinada a facilitar el acceso al endeudamiento para las personas jurídicas debe tener a los mandos a un grupo de personas ajenas al ciclo electoral. Y jamás podrán saltarse la imposibilidad de estar informado de todo, en todo momento, para poder minimizar el riesgo. Su existencia y sus decisiones solo se justifican, a mi entender, de manera puntual, si los mecanismos existentes en el mercado privado están sesgados hacia el corto plazo y la rentabilidad inmediata. Aquí tienen un buen ejemplo. Cómo no, es danés.

El dilema entre crédito y riesgo es insalvable, sí, pero por eso mismo hemos de escoger algún punto en el continuo que supone y regular en consecuencia. Si consideramos que es una buena idea restringir la cantidad de riesgo a la que se enfrenta una sociedad, sobre todo aquellos miembros de la misma que tienen más probabilidades de elegir o verse forzados a endeudarse por encima de su capacidad, no estaremos dispuestos a permitir una liberalización total del mercado de crédito. Por otro lado, debemos reconocer que la situación actual es extrema en tanto que no hay apenas acceso a la financiación. Pero los mecanismos para abrir el grifo de crédito no deben significar un aumento exponencial del riesgo para el conjunto de la sociedad. Más aún, el «derecho al crédito» no puede sustituir a otras políticas destinadas a luchar contra la pobreza, facilitando el acceso universal a recursos, bienes y servicios básicos. Dicho de otra manera: al menos en mi Estado ideal el derecho al crédito no haría falta, simplemente. El endeudamiento como vía para cubrir necesidades es un camino lleno de trampas cuyo final puede acabar por parecerse a lo que estamos viendo en los medios demasiado a menudo en los últimos años. O a lo que no vemos aquí, pero sí en Estados Unidos, de familias teniendo que tirar de tarjeta de crédito para poder comprar comida a fin de mes.

Un país donde una persona con pocos recursos no necesite endeudarse (ni siquiera con el Estado) por encima de lo que puede llegar a cubrir para tener acceso a recursos básicos. Ni una persona irresponsable pueda hacerlo con otros aprovechándose de su irresponsabilidad. Y donde la proporción pública de crédito a empresas esté acotada a proyectos con características muy específicas y manejada lo más lejos posible de quienes están sujetos al vaivén de las citas electorales. Todo esto no estaría mal, creo, para empezar. Pero es necesario que seamos conscientes de la complejidad del dilema al que nos enfrentamos, entendiendo que ni todos los casos van a ser tan claros como el desahucio de Carmen Martínez, ni el acceso al crédito puede considerarse un sustituto sin riesgos de otras fuentes de bienestar.

MENSUAL

3mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

ANUAL

30año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

ANUAL + FILMIN

85año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

44 Comentarios

  1. Dices queEn la reciente propuesta para debatir el programa económico de Podemos hecha por los profesores Vicenç Navarro y Juan Torres se incluye el «derecho al crédito»¿en qué parte de la propuesta se defiende ese derecho?
    Gracias y un saludo.

    • En la página 11 dice «Reconocimiento en nuestra Constitución de un principio que consagre el crédito y la
      financiación a la economía como un servicio público esencial.» y en la 19 «Reforma financiera que parta del reconocimiento del crédito como un bien público esencial
      para la economía.» Creo que esto más o menos responde a tu pregunta. Por cierto, he tardado dos minutos en encontrarlo.

      De nada y un saludo para ti también.

  2. «la creciente desigualdad hizo a las familias sobreendeudarse para poder mantener un ritmo de consumo aceptable»

    ¿qué es un ritmo de consumo aceptable? Oiga, yo no me he hipotecado, ni he puesto el piso de mi madre como aval de una hipoteca (tampoco mi madre tiene un piso en propiedad) ¿eso significa que mi ritmo de consumo no es aceptable? ¿es imprescindible hipotecarse para vivir? ¿los bancos obligaban a hipotecarse a punta de pistola? yo siempre he vivido y no me pasa nada (bueno, antes se reían de mí porque era un tonto que no pedía una hipoteca, ¡los pisos nunca bajan!).

    «El «derecho al crédito» no puede sustituir a otras políticas destinadas a luchar contra la pobreza, facilitando el acceso universal a recursos, bienes y servicios básicos. Dicho de otra manera: al menos en mi Estado ideal el derecho al crédito no haría falta, simplemente»

    ¿y quien paga eso? luchar contra la pobreza no significa que el Estado nos fría a impuestos para que algunos tengan un derecho universal a unos bienes «básicos» ¿y quíen decide lo que son bienes básicos?¿lo es también un piso en propiedad, un coche, la tele, el pisito en la playa?, la riqueza se crea, no hay que repartir una tarta con impuestos, la tarta crece siempre que se de libertad a los ciudadanos. Mire, el Estado es la forma que tienen unos para vivir de otros.

    Al menos reconoce que la banca pública (Fannie Mae en Estados Unidos y las Cajas de Ahorro) dirigidas por políticos, llevan a una espiral de burbuja porque, total, el dinero público no es de nadie (Magdalena Álvarez dixit).

    • La banca pública ha funcionado durante muchísimo tiempo bien tanto en España como en otros países. Y no sólo Cajas de ahorro, que han perdurado durante más de un siglo sino también http://es.wikipedia.org/wiki/Argentaria
      Respecto al ¿cómo se paga?
      -Haga un esquema del aumento de la productividad y la riqueza del país digamos de los 80 a esta parte.
      -Haga un esquema del aumento de la brecha salarial entre las rentas altas, medias y bajas durante ese periodo.
      -Haga un esquema sobre el aumento de la desigualdad en España, que ha pasado de tener uno de los índices más bajos de los países desarrollados en los ochenta y primeros noventa a uno de los más altos –y sigue creciendo-.
      Junte todos esos datos y saque conclusiones.

    • Action creo que no has leído bien el artículo, parece que critiques al autor por cosas que… el propio autor critica… Criticas cosas que el autor dice que afirma Vicenç Navarro, como si las dijera el autor…

  3. Acertado y necesario análisis para contrarrestar los «¡Pero hay que hacer algo!» de las PAH y las soluciones literalmente fantásticas de Podemos.

    Demasiado moderado en tono diría, ya que teniendo en cuenta lo que se juega en el partido los mandobles que reparte con la brocha gorda que usa en el artículo son implícitos. Pero evidentemente sigue siendo preferible a los gritos que pretenden ahogar cualquier análisis sosegado y tienden a resumir EL TODO en una consigna resultona.

    «No es que yo vaya a dar una respuesta absoluta…»

    Ni yo tampoco. Pero sí se debe alertar del riesgo de caer en errores que empeoren la situación. No comparto la conclusión final en cuanto a ficticia, pero aplaudo igualmente.

      • Nadie propone NO HACER NADA, pero entre NO HACER NADA y EMPEORARLO…, mejor no hacer nada, no?

        Si el problema ha sido que nos hemos sobreendeudado, y la solución que proponen algunos es… endeudarnos más, mejor que esos algunos no tomen las decisiones, y haya otros con ideas más.. «lógicas» que las tomen.

  4. «Por otro lado, llama la atención el hecho de que ambos economistas consideren que en el origen de la crisis que vivimos (sí, el origen, aunque es una tesis cuestionada) está el hecho de que la creciente desigualdad hizo a las familias sobreendeudarse para poder mantener un ritmo de consumo aceptable, y al mismo tiempo recomienden facilitar el acceso al crédito para resolver el problema. De hecho, más que «llamar la atención» es directamente un sinsentido, porque de ser acertado el diagnóstico lo único que estaríamos consiguiendo con este nuevo derecho es ahondar en la brecha de quienes dependen del dinero ajeno y quienes no lo necesitan para alcanzar una existencia acomodada.»

    Mira que he leído declaraciones de los dos economistas de Podemos y no he leído nada semejante. Porque el derecho a la sanidad universal no establece que todo el mundo deba estar enfermo y acudiendo a la consulta todos los días; sólo aquellos que lo necesitan justificadamente: aplíquese lo mismo al crédito y la interpretación es muy distinta.
    Mientras que sí que he leído quejas unánimes de las pequeñas y medianas empresas españolas, quejándose de que el crédito no fluye. También habría que recordar que en España había una banca pública, no me refiero a las cajas, sino al banco industrial, al banco para el comercio exterior, etc, que se dedicaba precisamente a eso, y que –regalada- privatizada bajo el nombre de Argentaria al BBV en tiempos del Aznarato.

    • «Porque el derecho a la sanidad universal no establece que todo el mundo deba estar enfermo y acudiendo a la consulta todos los días; sólo aquellos que lo necesitan justificadamente: aplíquese lo mismo al crédito y la interpretación es muy distinta.»

      No, la comparación es incorrecta. El derecho a la sanidad establece que cualquiera que necesite atención médica la recibirá. No se le niega a nadie, independientemente de su situación económica.

      Un derecho al crédito por tanto establecería que cualquiera que necesite crédito se le proporcionará. Si se niega a algunos entonces ya no sería un derecho. Pero claro, hablar de «derecho a» vende más.

      • Llámelo «derecho» o llámelo reforma bancaria. Para recibir atención sanitaria, tienes que estar enfermo; para recibir un crédito tienes que comprometerte a devolverlo y tener posibilidades objetivas de devolverlo. Pero si quiere enredarse en cuestiones semánticas.

        • Supongamos que es así. Pero ¿qué pasa si una persona necesita un crédito, pero no está en condiciones objetivas de devolverlo? ¿Se le niega ese derecho o no?

          Y vamos más allá: y si la persona que necesite ese crédito incumple el compromiso de devolverlo, ¿qué hacemos con él?

          Porque si la respuesta a ambas preguntas es «negarle el crédito» y «embargarle»… pues no veo la diferencia con la malvada banca privada que tenemos ahora.

          • La diferencia es que la «malvada» banca privada está saneando sus balances con gigantescas cantidades de dinero público, con garantías de dinero público y con el traslado de dinero público del banco central europeo a deuda pública de los estados en un fraude masivo que necesitan para sobrevivir.

            Y mientras tanto no proporcionan crédito.

            La «malvada» banca privada sobrevive por que así lo ha querido el estado, la racionalidad de esa medida queda en evidencia si el papel de dicha banca ya no es proporcionar crédito a la economía productiva.

      • la enfermedad es un estado accidental de la naturaleza. pedir un prestamo es una decision voluntaria. si necesitas un credito porque por ejemplo se quemo tu casa entonces mejor un seguro contra incendio. la diferencia es que el seguro y la sanidad publica la pagas antes de que ocurra el accidente. mientras que el credito lo pides despues. el problema no es si el acceso es universal o no, si no el precio que hay que pagar (interes) por ello.

        • Entonces compáralo con el transporte público. Elige si compras el billete del metro o no y vas andando, pero el hecho de que exista permite resolver el problema de algunos para bien de todos. Ok?

  5. Totalmente de acuerdo con el articulo,

    «Un país donde una persona con pocos recursos no necesite endeudarse (ni siquiera con el Estado) por encima de lo que puede llegar a cubrir para tener acceso a recursos básicos. Ni una persona irresponsable pueda hacerlo con otros aprovechándose de su irresponsabilidad.»

    El credito deberia estar limitado a que sea factible el devorverlo. Otra cosa el el credito de las AA publicas que va enteramente destinado a pagar deuda por lo que es complicado limitar / meter en vereda a los funcionarios (hasta que no dejen de producir semejante nivel de gastos es imposible que el pais funcione.

    A por cierto soy prestamista privado.

  6. A mi me corregirán: pero después de leer el artículo, creo que la situación de las Cajas Españolas no se debe, como se trata de inferir, a los créditos concedidos a la gente de a pié, precisamente.

    Si la concesión de créditos de decenas de miles de millones fue de barra libre a las inmobiliarias y constructoras, aunque tuvieran pérdidas millonraias, y en condiciones escandalosas, lógico que luego no hubiera ni un sólo céntimo para conceder a las familias que solicitaban de 5 cifras o menos.

    Pero tampoco dejemos que la realidad nos destroce las teorías.

  7. En mi opinión: debe existir derecho al crédito y una vez concedido, total obligación de pagarlo en condiciones que no rebasen límites humanitarios. Ya sabemos como funciona en España el tema de la declaración de insolvencia.

    • Vd ha dado la respuesta en la que yo estaba pensando. El crédito principalmente, se lo comieron los promotores y constructores inmobiliarios, qué en lugar de recurrir a la auto financiación optaban por distribuir dividendos y financiar las nuevas empresas con crédito bancario. Que vayan a ver la cartera del Sareb, y verán el «crédito público» donde está.
      En otro orden: Sé que es semántico, pero hay una gran diferencia entre crédito y préstamo.

  8. «En el peor (o el mejor, según como se mire) de los casos, el acreedor se quedará con la garantía de pago. En este caso, una vivienda que además costaba cuatro veces más del préstamo obtenido (si bien esto no es posible desde 2013, cuando la ley se modificó para que el ratio no pasase del 75%)»

    No soy experto en la Ley Hipotecaria pero, según he entendido esta frase, creo que es errónea o me lleva a un malentendido por lo menos.

    Tenía entendido que la relación del 75% se refiere a la subasta posterior de la vivienda, una vez ejecutada la garantía, y que debe tomar como precio de partida el 75% del valor de tasación.

    Con respecto a la relación préstamo-valor, que es lo que creo que se refiere con lo que el préstamo es 4 veces inferior al valor de la casa, entendía que no está limitado. Se puede pedir una hipoteca por el 100% del valor de compra de la vivienda, como por un porcentaje mucho menor. Lo habitual es que te den hasta el 80%.

    • En subasta podía darse hasta un valor 0 de la vivienda embargada, y en ejecución extrajudicial no era ni siquiera extraño que ocurriera.
      En decretos posteriores (ya son tantos intentando parchear) se vino a prohibir la ejecución extrajudial y a poner límites inferiores al valor de ejecución (creo qué el 60 % primero y el 75 % posteriormente)
      La sentencia de la AP de Navarra que inicio el lío judicial, versaba en realidad sobre ese valor de ejecución, no sobre dación en pago.

  9. En el documento de Podemos NO se menciona el «derecho al crédito» ni se dice que todo el mundo ha de tener crédito. No tengo ni idea de quién ha sacado esa expresión, pero ahí no está.

    http://s01.s3c.es/imag/doc/2014-11-28/DocumentoEconomicoPodemos.pdf

    Puestos a imaginar interpretaciones alocadas, podríamos pensar que la idea de que el crédito sea un «servicio público esencial» consiste solamente en corregir los defectos de un mercado de crédito que NO es capaz de evaluar correctamente los riesgos, y que en su búsqueda de beneficio a corto plazo es exageradamente procíclico, lo que genera y acentúa las crisis.

    • Ojalá fuese así, pero eso no va en el ADN de Pdms.

      Lo que si falló en la crisis (entre otras cosas), es la regulación macroprudencial, y eso, más o menos, se ha puesto en marcha. Y está bien que el Estado apriete ahí, las entidades financieras tienen un riesgo estructural de caer en la falacia de composición.
      O sea, que la interpretación alocada del programa de Pdms ya está implementada (hace 1-2 años), por lo que no es correcta esa interpretación ;) – ojalá fuese eso lo que quisiesen-

  10. Pues sí que son liberales lis lectores de Jotdown…

    De acuerdo en que no debe verse el crédito como solución a la pobreza. El crédito perpetúa y acrecienta la pobreza si no se invierte en algo productivo. Aquí se dio crédito alegremente a promotores y constructores para hacer vivienda sin control. La solución no es volver a eso. Tampoco lo es la situación actual: usar la liquidez del BCE para comprar deuda pública y poco más.

    No de acuerdo en que la banca pública o ciudadana no pueda jugar un papel determinante en corregir las disfunciones del mercado del crédito. Ésta es una de sus funciones: corregir, balancear, compensar los desequilibrios del sector privado. No competir con él como pretendieron las cajas.

    De acuerdo en todo caso que la ppbreza mo se resuelve con crédito barato a los pobres para que consuman sino con políticas públicas refistributivas, inversión en sanidad, educación, dependencia y una biena regulación de las relaciones laborales e inver

    • En efecto, ni el autor ni muchos lectores parecen comprender que el crédito se requiere para las pymes y autónomos, y para inducir industrias interesantes que supongan cambios del modelo productivo, y en ese sentido y si se puede devolver es un derecho, no para que un insolvente se vaya de vacaciones.

      Y sí, son muy liberales, ¿no ves que es rollito hipster? ;p

  11. Dan igual todos los analisis que podais llegar a hacer. El origen de todas las dificultades esta en la base del sistema financiero, y ojo, es un problema para el 99,9% de los seres humanos:
    Siempre hay mas deuda que dinero disponible, y tal y como esta concebido el sistema financiero mundial, para que un grupo de personas llegue a ser capaz de saldar sus deudas (creditos) mas los intereses, significa que siempre va a haber alguien que no va a ser capaz de hacerlo.

    • no es correcto. la cantidad de dinero es una variable nominal al igual que la tasa de interes que dices. lo que importa es el valor real de las cosas. si faltase dinero entonces cada billete que poseas tendria mas valor.

      • Si claro, eso que indicas es la inflacion, y el valor de las cosas es relativo respecto a que lo midas, lo compares o a quien se lo quieras vender. Eso no es el quid de la cuestion, sino que la el dinero que un banco te presta a credito no incluye los intereses, eso viene luego.
        Por poner un ejemplo, a ti no te dicen: le damos 100€ al 3% de interes a 1 año, asi que aqui tiene sus 100€ mas los intereses y tiene un año para devolverlos. No, te dan los 100€ que tu necesitas y establecen un interes que vas a tener que añadir a la cantidad endeudada, con lo que devolveras mas dinero de lo que te han prestado. Y eso sucede siempre, a todas las personas, empresas y gobiernos que se endeudan, porque el dinero se crea a prestamo con intereses. Si se han creado en total 1000€ a credito, pero en total hay que devolver, por ejemplo 1500€. De donde sacamos esos 500€?, muy facil, con mas creditos! ampliando la oferta monetaria, pero en cuando se corta el grifo… problemas. Es como el juego de las sillas, que siempre hay uno que no podra sentarse. La diferencia es que no se reducen las sillas a medida que se va elimindando participantes, sino que en cada ronda, pese a que alguien ha sido eliminado, se añaden mas sillas porque tambien hay mas gente que quiere jugar, y asi todos contentos. Pero si el equilibro sillas/personas se rompe… problemas: si hay demasiadas sillas, no es tan interesante y emocionante jugar por lo que se pierde el interes en el juego, pero si en cambio hay muy pocas sillas, la gente va a morderse para poder conseguir una.

        • entiendo tu punto pero piensalo asi: el banco te presta un horno para hacer pan y pide que devuelvas su valor en panes. tu fabricas panes, vendes una parte y otra la usas para pagar los intereses. esos panes no existian antes. podrias decir que tu panaderia le saca trabajo a otra (el juego de suma cero que propones) pero eso es equivalente a decir que cada vez que david gilmour toca la guitarra esta sacandole trabajo a otro guitarrista.
          disculpa los signos de puntacion escribo desde el movil

  12. Vaya, acabo de aprender que el crack del 29 lo causó Fannie Mae. Nada de especulaciones inmobiliarias en Florida unos años antes en las que esta agencia no estuvo involucrada, nada de especulación en bolsa ni posibles relaciones entre distribución de riqueza y oleadas de inversión.
    Si Galbraith levantara la cabeza…

  13. Buenísimo el artículo y, sobre todo, su tono. Los politikones sois un oásis maravilloso en el que pararse a reflexionar sin ruido.

    Pega peniguera: hay muchísima gente en España (y Europa) tirando de visa crédito para pagar en el súper a fin de mes, y desde hace mucho antes de la crisis. Lo que pasa es que tienen sueldos estables, y aunque no altísimos, si pasan de mileuristas. Pásate por la central de Zara o cualquier empresa potente con jóvenes (y no tanto), y pregunta.

  14. El artículo es interesante porque, efectivamente, plantea un dilema que nos ha impuesto la sociedad. Pero (como ya se atisba, aunque no se explicita lo suficiente, en los últimos párrafos) el mayor problema es precisamente que necesitemos endeudarnos. Tengamos en cuenta que, hace treinta años, la gente se compraba una casa en 10 años, no en 50, y eso que los intereses eran más altos. Sin burbujas y (sobre todo) con unos salarios con mayor capacidad adquisitiva, no tendríamos que enfrentarnos a este tipo de problemas. Y, efectivamente, como se dice en el artículo, si la población sin recursos tuviera otros medios de acceso a determinados bienes necesarios, tampoco. El cambio más determinante en nuestra sociedad vendrá determinado porque aumente el nivel adquisitivo de los ciudadanos, bien vía salarios o por un sistema de mayores prestaciones sociales. En definitiva, menor desigualdad. Y para eso no tendríamos que crear nada muy nuevo: funcionábamos mejor antes de Reagan, Thatcher y el neoliberalismo.

    • El cacao es fantástico. Vale cualquier idiotez para acabar echando la culpa al neoliberalismo xD Si los ciudadanos tuvieran «unos salarios con mayor capacidad adquisitiva» (sic) los precios de la vivienda subirían de inmediato y viviríamos seguramente otra burbuja. La situación de hace treinta años no volverá, por suerte. Si volviera solamente podría ser por un empobrecimiento brutal de la población.

      Si creamos un sistema de concesión de préstamos a cualquiera (público o no), los precios de la vivienda volverán a subir sin control. Culpa del liberalismo dirán al segundo posterior. Y no, el dilema que plantea el artículo no lo ha impuesto la sociedad, sino la realidad del hombre desde que es hombre. Yo te presto algo a cambio de una contraprestación. Y esto no es imposición de la sociedad ni creación del neoliberalismo ni característico de los últimos trescientos años.

      La mitad de los comentarios de este buen artículo demuestran una (atrevida) ignorancia en economía que hasta yo, que no soy experto en el tema, percibo con asombro. Alguno hasta se atreve a negar la contradicción brutal en la que cae el programa económico de Podemos. Cualquier cosa con tal de defender la secta.

  15. Y si en lugar al «derecho al crédito», hablamos del «derecho al ahorro»? Que cómo se consigue eso? Bajando impuestos. Y para eso hace falta que el Estado deje de tirar nuestro dinero.

  16. Me ha gustado el artículo, pero el último párrafo define prácticamente lo que es el ICO, organismo que pretende modificar Podemos.

  17. El problema viene de un país donde la especulación con un bien de primera necesidad como la vivienda fue objeto principal de todos, entrar al trapo.
    Cajas, bancos, promotores, constructores, administraciones públicas y compradores con tasaciones al límite de engaño o fraude. Y el crédito se desvaneció por el maltrato y la desidia de una sociedad que no deseaba ver lo evidente, la muerte del crédito.
    Y que el rumbo para volver a presenciar el acceso al crédito se tendrá que ir por una senda de educación financiera, y un gran esfuerzo entre todos de convertir este país en realidades tangibles. Buen día.

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.