Cine y TV

El cuarto oscuro de Hollywood

Scotty Bowers. Foto: Wikicommons.
Scotty Bowers. Foto: Wikicommons.

Entre las mejores historias que ha parido la que fue en su día la Dream Factory mundial se encuentran muchas que no nacieron en los delirantes departamentos de guionistas ni en ocurrencias beodas de escritores o cineastas, sino que fueron el producto de sombrías estratagemas de los agentes de la publicidad y las relaciones públicas. Pese a la mala fama (innumerables veces merecida) de estos abogados del marketing, hay que reconocer dándole al César lo que le pertenece que su labor de acicalar, normalizar y familiarizar biografías nada tiene que envidiar en inventiva a las grandes epopeyas cinematográficas. En ocasiones resultó mucho más difícil montar una vida de heterosexualidad, monogamia y sobriedad ejemplares que rodar cualquier colosal superproducción en Tecnicolor. En Hollywood Babilona, ensayo canónico de la trastienda turbia y patética del fulgor falaz del star-system, escribe Kenneth Anger: «Howard Strickling, jefe de publicidad de la MGM, se aseguró de que los informes periodísticos sobre las actividades de las estrellas del estudio se adecuaran a una imagen estricta: una imagen tan pulida y controlada como la que pudiera salir del Ministerio de Información del Tercer Reich. Se concentraban o destruían romances, se provocaban fugas y se inducían abortos en Tijuana, todo de acuerdo con lo que Mayer y Strickling considerasen más apto para llenar las voraces taquillas de los cines de la cadena Loew a lo largo y ancho del país».

Así pues, la mitología fantástica de aquella meca perdida fue construyéndose a partir de un guión apto para todos los públicos, previsible y vulgar. Detrás de aquellas biografías impostadas y controladas por los gerifaltes de los estudios, había tragedia, pasiones suicidas, sexo duro como las cadenas o adicciones naufragadas. Toda la verdad vital era censurada —al igual que en pantalla el Código Hays dificultaba hasta la sugerencia la cópula y/o la violencia mortal explícitas— en aras de una pacata moral colectiva.

A la historia de esta faraónica ficción se ha unido recientemente un dinamitero llamado Scotty Bowers, que con la ayuda del documentalista Lionel Friedberg, ha decidido a la vejez viruelas contar su biografía de «celestino» en el Hollywood más esplendente en Servicio completo (Ed. Anagrama). Tal y como apunta Román Gubern en el prólogo, el compendio chismoso de la intimidad sexual del famoseo que estaba de paso o residía en Los Ángeles bien pudiera haberse titulado Memorias de un libertino en la capital del cine, pues todo el libro gira alrededor del sexo menos convencional. Sin embargo, Bowers transpira candidez (es difícil saber hasta qué punto sincera o fingida) en todo lo que concierne a sus actividades de bajo vientre. No es tanto su desinhibición bisexual (aunque dice preferir a las mujeres, la balanza se decanta del lado de la homosexualidad en el grosor narrativo) como el hecho de contar los casos de prostitución ajena con una alegría cristalina. Para él son puro intercambio de favores rematados por el placer. El narrador reconoce que disfruta complaciendo a los demás, tanto es así que en su recuerdo las primeras experiencias sexuales con curas pederastas respondieron a esa necesidad de hacer feliz al prójimo mediante el placer sensual. En ese momento, el lector queda paralizado por una conmiseración que consigue evitar la arcada.

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10 comentarios

  1. Bueno, este artículo y el libro sobre el que trata, encantarán a gays y bisexuales pero el resto, a vomitar…

  2. ¿Mi opinión en dos palabras? Fan fiction. Cuando la inmensa mayoría de las personas que podrían contestar a tales aseveraciones resulta que están muertas, yo digo Miau, miau, marramiau.

    (Por cierto, en el extranjero no hay historiador cinematográfico que se tome mínimamente en serio «Hollywood Babylon» y productos similares).

  3. Pingback: El cuarto oscuro de Hollywood

  4. Perdonen el autobombo, pero si alguien está interesado en leer la mayor parte de las perlitas del amigo de Scotty, aquí tienen esta entrada de mi blog:

    http://labobinadepandora.blogspot.com.es/2014/09/servicio-completo-de-scotty-bowers.html

    En mi opinión este tío es una loca rastrera y tan mentirosa que hasta se miente sobre su propia sexualidad. Ojo, que creo que parte de las historias que cuenta tienen una base más o menos real. Pero en cuanto se mete a él mismo en medio todo chirría. Basta ver la desfachatez con la que oculta y manipula el hecho de que lo que él llevaba en aquella gasolinera en realidad era, si es que existió, una red de prostitución.

    Y pobrecilla su mujer…

  5. ¡Me ha hecho mucha gracia ver la foto de Randolph Scott y Cary Grant en la piscina porque yo soy como un híbrido de ambos solo que en guapo.

  6. Federico Martínez

    «cualquier enfermo de mitología cinematográfica disfrutará con las tribulaciones orgiásticas del simpático Scotty Bowers…». Creo que sobra «de mitología cinematográfica». Y lo de «simpático» también sobra.

  7. Lo cierto es que era un secreto a veces la doble vida de Cary Grant. Sus ex-mujeres, según se sabe, lo sospechaban. Parece que hay muchas personas que no se conocían entre ellas que tenían indicios, y quien siempre lo ha negado ha sido su hija, pero bien podría ser por razones obvias.

    Podrían ser un conjunto de bulos, pero es extraño porque en realidad nadie gana nada mintiendo sobre Grant; alguien miente sobre otra persona cuando saca tajada, y nunca se conoció el beneficio de los rumores, de los cuales Grant no se conoce que fuera afectado de manera negativa.

    Por otro lado, es histórico el problema que tiene Hollywood con la homosexualidad, e incluso con la sexualidad en general. Son muy liberales con la violencia, pero la sexualidad es un tema tabú, que incluso les lleva a «suavizar» y heterosexualizar historias de homosexuales reales.

    No resulta nada extraño, por tanto, que de aquella construyeran montajes integrales para proteger una imagen pública de la cual, esto sí, dependía su carrera artística, y con ello riqueza y fama.

  8. Me hace gracia la duda del autor de «si era necesario imprimir unos hechos que pertenecen a la privacidad de unas personas que ya no pueden desmentir los pormenores de la narración».

  9. Pingback: Katharine y Spencer, a la misma altura – ZONA LIBRE RADIO 1

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