Soy leyenda: cómo maltratar una novela en el cine

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Escena de I Am Legend. Imagen: Warner Bros. Pictures Village Roadshow.
Escena de I Am Legend. Imagen: Warner Bros. / Pictures Village Roadshow.

No sé por qué Hollywood adapta una y otra vez ese libro solamente para no reflejar lo que escribí. Debió ser llevado al cine tal y como era en el mismo momento en que salió publicado. Ahora ya es demasiado tarde. (Richard Matheson)

Con semejante tono de claudicación se expresaba en el año 2001 un escritor resignado ante la noticia de que se preparaba la tercera gran adaptación cinematográfica —sin contar adaptaciones extraoficiales— de I Am Legend, la más célebre de sus novelas. El estadounidense Richard Matheson, además de reputado autor de ciencia ficción, era un gran guionista con una amplia experiencia en cine y televisión. Cuando tras algunos años se estrenó la nueva película, un crítico estadounidense comentaba el film con una frase un tanto agorera pero desgraciadamente atinada: «A este paso, Richard Matheson morirá sin haber visto una adaptación acertada de su más famosa novela». El presagio se cumplió: Matheson falleció el 23 de junio del 2013, solamente año y medio antes de que se publiquen estas líneas. Mientras tanto, su libro I am legend continúa aguardando una adaptación que podamos considerar, si no ya definitiva, por lo menos canónica. Veamos cómo el cine le ha fallado una y otra vez al libro. Ah, contiene spoilers sobre las películas The Last Man on Earth, The Omega Man y I Am Legend… pero usted ya debería haberlas visto. Especialmente las primeras, que contienen ya décadas de antigüedad.

Un libro nacido para ser cine

La novela I am Legend parecía destinada a las pantallas desde el mismo momento en que se publicó, en 1954. De hecho otras historias de Matheson habían sido adaptadas con éxito y de manera brillante, en particular la sensacional película El increíble hombre menguante, todo un clásico del cine de ciencia ficción. Por no hablar del fantástico legado de Matheson como guionista en la extraordinaria serie televisiva The Twilight Zone. También escribió guiones para el cine. Y sirva también como muestra el que un guion suyo llamado Duel sirviese para que el joven Steven Spielberg rodara su descomunal primer largometraje. Richard Matheson era un escritor que captaba las formas de hacer de las artes audiovisuales. Había nacido para entenderse con el cine. Sin embargo, el cine no quiso entenderse con I am Legend.

El protagonista del libro es Robert Neville, un obrero que resulta ser el último superviviente de una plaga que ha convertido a todos los demás seres humanos en vampiros. Condenado a pasar las noches encerrado en su casa, sale durante las horas diurnas para rastrear los escondites de dichos vampiros, matándolos con estacas mientras duermen. Vive torturado por los sentimientos de soledad y alienación, o por el hecho de que algunas importantes personas de su pasado retornen convertidas en amenazantes vampiros que tratan de convencerlo para que se deje contagiar. Todo ello conduce a Neville hacia una espiral de paranoia y alcoholismo. Al final de la novela (si no quiere usted que le destripemos cómo termina el libro, vaya directamente al siguiente párrafo… tres, dos, uno, ¡ya!), Robert Neville entiende que es el último individuo de una raza extinta, la humana, y que el mundo pertenece ahora a una nueva raza. Creyendo combatir una plaga ha estado exterminando sin piedad a decenas de miembros de esa nueva raza. Capturado por los vampiros y acusado de genocidio, es condenado a ser ejecutado públicamente. Antes de que lo lleven al cadalso, Neville toma pastillas para suicidarse y empiezan a hacer efecto, comprende que la posteridad lo recordará como un asesino sanguinario que cada día mataba a muchos vampiros inocentes, que su nombre será asociado a un monstruo que protagonice las futuras historias de terror del nuevo mundo que acaba de nacer. Así, antes de morir, se dice a sí mismo: «soy leyenda».

Son pues los temas psicológicos y filosóficos los que constituyen el núcleo de Soy Leyenda y particularmente la noción de que la raza humana no tendría por qué considerarse la dueña intrínseca del planeta Tierra. Robert Neville es el último ser humano y su dificultad para entender esa terrorífica situación es el meollo de la novela. Tal vez no sea una obra maestra desde el punto de vista literario, pero presenta tesis que son muy inteligentes y desde luego no parecía difícil de llevar al cine.

La verdad es que cualquiera que haya leído el libro podrá coincidir en que no se necesitaría ser absolutamente fiel al argumento original para realizar una adaptación digna. Por ejemplo: si el protagonista estuviese rodeado no de vampiros sino de zombis al estilo moderno, de mutantes verdes o de clones de Mariano Rajoy, podría haber pocas diferencias. Matheson hablaba de vampiros, pero leída hoy podemos ver que I Am Legend fue la novela que sentó las bases para el moderno género zombi, que no existiría sin ella. Esto no es una ocurrencia mía: el cineasta George A. Romero dirigió Night of the Living Dead, el primer largometraje de zombis moderno y está reconocido como el padre de la versión moderna del género. Pues bien, Romero ha admitido sin problemas que concibió aquel film como una «precuela» de I Am Legend, pero cambiando los vampiros por muertos vivientes para que la inspiración no resultara demasiado obvia. En realidad Romero dijo que la había «plagiado», aunque yo creo que resulta exagerado decirlo así. Probablemente quería darle su cuota de mérito a Matheson: Romero y Matheson se encontraron en un acto durante los setenta, el cineasta bromeó adoptando la postura de protegerse y diciendo: «¡Te juro que no gané ni un dólar!».

Tras la publicación de la novela en 1954, esta se convirtió en un clásico inmediato. Matheson, que empezó a trabajar en cine y televisión con frecuencia, estaba seguro de que el libro podía llevarse a la pantalla con éxito. Se implicó personalmente en el proyecto para una primera adaptación. Sin embargo, las circunstancias pondrían a prueba su paciencia y no resulta extraño que con los años Matheson terminase sonando escéptico e incluso terminante cada vez que le preguntaban sobre la relación entre I Am Legend y el cine.

The last man on Earth (1964)

Escena de The Last Man on Earth. Imagen: American International Pictures.
Escena de The Last Man on Earth. Imagen: American International Pictures.

El escritor pensó inicialmente en vender los derechos de su novela a la productora inglesa Hammer, porque sabía que podían ofrecer un producto digno, porque tenían experiencia tratando con el horror psicológico y el crudo existencialismo que impregnaban su libro. Cedió los derechos con la condición de que él mismo se encargase del guion para asegurarse de que nadie destrozaba. El proyecto empezó a perfilarse. La Hammer propuso como director a Val Guest, que había rodado películas como The Quatermass Xperiment, When dinousaurs ruled the Earth y The day the Earth caught fire. Matheson lo aprobó, considerándolo adecuado para el trabajo. Todo parecía ir bien e iban a empezar a rodar cuando la censura británica, que debía revisar antes el guion, consideró que era demasiado oscuro y no otorgaron permiso si no se suavizaba el argumento. El escritor estadounidense se negó y la Hammer terminó echándose atrás. Se abandonó el proyecto. Matheson, decepcionado, regresó a los Estados Unidos.

No confiaba en la posibilidad o la conveniencia de revender los derechos a un estudio de su país, porque las injerencias de los ejecutivos en la parte creativa de las películas eran la norma. Sin embargo encontró un productor que le pareció adecuado: el californiano Robert Lipper, que había ejercido como distribuidor asociado a la Hammer, lo cual era un aliciente para el escritor. Además Lipper empezó a prometer grandes cosas. Aseguró que si Matheson le vendía los derechos, la adaptación sería dirigida nada menos que por Fritz Lang, autor de clásicos inmortales como Metrópolis o M, el vampiro de Düsseldorf. Matheson estaba exultante: el viejo Fritz Lang no solamente era un maestro reconocido en su arte, sino que además tenía un estilo perfecto para reflejar la atmósfera tenebrosa de I am legend.

Pero el escritor tendría tiempo de sentirse decepcionado una y otra vez. Fritz Lang no apareció. El septuagenario cineasta austriaco, que por entonces rodaba cine negro en Hollywood, quizá ya no estaba en primera línea de la industria pero al parecer no tenía ganas de inmiscuirse en lo que a todas luces iba a ser una producción de serie B. Lipper contrató en su lugar al prolífico pero más bien poco brillante director Sidney Salkow, con lo que Matheson empezó a ver cómo se desmontaban sus esperanzas. Para colmo, el productor quiso abaratar costes rodando en Roma con un equipo formado mayoritariamente por italianos, que estaban escasamente preparados para la ciencia ficción. Otro problema fue la elección del protagonista. Matheson había confiado que el papel de Robert Neville, un hombre duro y dinámico, fuese interpretado por alguien como Jack Palance. Sin embargo se contrató a Vincent Price, un actor a quien Matheson conocía y admiraba de sus trabajos con la Hammer, pero que no le parecía el hombre adecuado. Price era un gran actor, nadie lo pone en duda, pero también era demasiado refinado y aristocrático para encarnar al Neville que Matheson tenía en mente. Los hechos le darían la razón al escritor.

Todavía quedaba espacio para una última afrenta: el argumento fue modificado sin el consenso de Matheson. El protagonista ya no sería un obrero, lo que había constituido un punto importante para el novelista porque mostraba el sufrimiento del ciudadano común ante la catástrofe, sino un científico. Pero eso no era nada en comparación con otro cambio más fatídico: se modificó el desenlace para que el protagonista no tuviese un final tan existencialista y repleto de connotaciones filosóficas como en la novela. Seguía siendo un final oscuro, pero que básicamente desvirtuaba el mensaje del libro. En el nuevo guion retocado, Robert Neville era asesinado por los vampiros, que tras unas escenas de acción le clavan una lanza ante el altar de una iglesia. Aquello era una indisimulada alusión al sacrificio cristiano, algo que ni de lejos existía en el final del libro. Esto disgustó mucho a Matheson, porque el final de la novela era precisamente su punto fuerte, lo que más había impactado a los lectores y además lo que le daba sentido a las palabras «Soy leyenda» del título.

Molesto por tanto cambio, Matheson decidió retirar su nombre y firmar con seudónimo un guion con el que ya no se identificaba. Terminada la película, el resultado confirmó sus temores: The last man on Earth era un ejercicio de serie B pero sin el encanto de los productos de la Hammer y donde pocas cosas funcionaban como debían. El significado profundo de la historia había sido arruinado, el nivel de producción en Italia era pobre y efectivamente Vincent Price no encajaba en el papel de Robert Neville ni aun cuando en el nuevo guion lo hubiesen transformado en científico. The last man on Earth no era una buena película ni la potente adaptación que debió haber sido. Es respetable, pero fallida. No obstante sus defectos y la sensación de cutrerío generalizado, es la adaptación cinematográfica más fiel —o, para ser más exactos, menos infiel— a la novela original. Desde luego puede decirse que si las libertades que se tomaron en este film contrariaron a Matheson, se iban a quedar pequeñas comparadas con las de la siguiente gran adaptación.

The Omega Man (1971)

Escena de The Omega Man. Imagen: Warner Bros. Pictures.
Escena de The Omega Man. Imagen: Warner Bros. Pictures.

En realidad, Charlton Heston hubiera sido muy bueno en una adaptación fiel de mi novela.

En 1958, mientras rodaban juntos el largometraje Touch of Evil, Orson Welles le habló al actor Charlton Heston de una novela que acababa de leer y que hablaba de un hombre que se queda solo en el mundo haciendo frente a una plaga de vampiros. Heston leyó el libro y se convenció de que resultaba muy digno de una adaptación cinematográfica; recordemos que todavía no se había rodado The last man on Earth. En aquellos años, sin embargo, Heston era famoso por haber interpretado a Moisés en Los diez mandamientos y lo tenía difícil para convencer a un gran estudio de que le permitiesen protagonizar una historia de ciencia ficción tan tétrica. Una historia que para los ejecutivos no era más que una extraña historia de vampiros, algo que en los cincuenta era visto como cine para adolescentes. El actor tuvo que desechar temporalmente el proyecto.

A finales de los sesenta, sin embargo, las cosas habían cambiado mucho. Charlton Heston no solamente seguía siendo un actor taquillero, sino que el inmenso éxito de El planeta de los simios había demostrado que una gran estrella de Hollywood podía protagonizar ciencia ficción de alto presupuesto y salir airosa del envite. Aunque antes nadie le hubiese relacionado con el género, Heston protagonizó tres adaptaciones de novelas de ciencia ficción en un periodo de pocos años: El planeta de los simios, I Am Legend y Make Room! Make Room! (en el cine se titularía Soylent Green, de la que ya hablamos por aquí). Además, la película independiente The Night of the Living Dead se había convertido en un gran éxito y esta se podría considerar casi una adaptación libre, o más bien una derivación a modo de spin off, de I Am Legend. Por iniciativa de Charlton Heston, que tenía bastante influencia a esas alturas, los estudios Warner se hicieron con los derechos de adaptación, aunque esta vez Richard Matheson ya no tuvo nada que ver con el proyecto. Ni los ejecutivos de Warner ni el propio Heston se molestaron en contar con el escritor para escribir el guion o ejercer siquiera de asesor; ahora sabemos que Heston ya tenía claro que quería cambiar la historia. Con todo, a Matheson le pareció que Charlton Heston era un actor muy adecuado para interpretar a Robert Neville (¡y ciertamente lo era!). Pero ese iba a constituir prácticamente el único detalle que le iba a gustar de la película.

Esta vez, las cosas tampoco salieron como estaban previstas. Para empezar, Charlton Heston quería que la adaptación la dirigiese Sam Peckinpah, cineasta que había conmocionado Hollywood con Grupo Salvaje y con quien ya había trabajado en la irregular pero por momentos brillante Major Dundee (un film que se resintió de severos recortes hechos por el estudio… pero esa es otra historia). Sin embargo, Peckinpah no estaba disponible y terminó poniéndose ante las cámaras el director Boris Sagal, un cineasta muy irregular con un estilo bastante más impersonal. Sagal era capaz de filmar una buena secuencia pero también de finalizar otras de manera bastante más chapucera. Desde luego era un nombre de segunda fila sin comparación con el explosivo Peckinpah (Boris Sagal, por cierto, era el padre de la brillante Katey Sagal, a quien algunos conocerán por Sons of Anarchy pero a la que muchos recordamos mejor como la inolvidable Peggy Bundy de Married with Children).

The Omega Man nació lastrada por el empeño en hacer constantes referencias a asuntos que entonces eran de actualidad e interés social. El resultado inevitable es que el film tenía una innecesaria carga política muy anclada en su momento que ha quedado irremisiblemente anticuada. Un ejemplo: por entonces se estaba juzgando a Charles Manson por el asesinato de siete personas —entre ellas la actriz Sharon Tate—, así que en el guion cambiaron a los vampiros por una raza de mutantes nocturnos con mentalidad fanática que formaban una secta opuesta a la tecnología, quemando libros y aparatos en el mejor estilo medieval. La secta se hacía llamar «la Familia», exactamente igual que el grupo liderado por Manson. La idea tiene su gracia, pero ciertamente se aleja de la novela original. Otro asunto introducido con calzador fue el de la cuestión racial: Heston y el estudio querían epatar mostrando al público el primer beso entre un famoso actor blanco y una actriz negra, lo cual afectó a uno de los personajes más importantes de la novela, la vampiresa que es capaz de hacerse pasar por humana. Pero entre estos y otros cambios, lo peor fue que se mantuvo un desenlace similar al de The last Man on Earth. Aquí, el personaje de Charlton Heston también era asesinado por los vampiros de un lanzazo (es más, le mataba personalmente el jefe de la secta vampírica, que al parecer era lanzador olímpico de jabalina). Esta vez el suceso no ocurría en una iglesia, pero poco importaba: Heston quedaba en una posición que recordaba vagamente a la crucifixión de Cristo… y su sangre con anticuerpos era después utilizada para curar la plaga, lo cual, aparte de las connotaciones cristianas todavía más exageradas, lo convertía en un héroe del futuro y de nuevo le daba un significado completamente distinto a las palabras «soy leyenda». Como se ve, otra patada al espíritu de la novela. Aunque también esta vez tuvieron el mínimo tacto de no titular la película como el libro.

Aparte de estos cambios innecesarios, The Omega Man tiene otros problemas. No solamente ha quedado obsoleta en cuanto a sus referencias políticas y sociales, sino también en cuanto a un estilo repleto de tics que entonces eran considerados modernos pero que hoy la han convertido en un artefacto kitsch para nostálgicos. No me entiendan mal, no es una mala película. Es más: recuerdo que la vi de niño en televisión y me impactó muchísimo. Me parecía maravillosa hasta el punto de ser por entonces una de mis películas favoritas. Evidentemente, vista de adulto es irregular. Incluso por momentos algo floja. No obstante, es endiabladamente entretenida, tiene un fantástico ritmo y también unos cuantos momentos brillantes que todavía hoy funcionan, por más que otros hayan quedado desfasados. Aún me divierte su iconografía. Pero desde luego no es una obra maestra, de hecho es con mucho la peor de las tres películas de ciencia ficción que Heston rodó en aquellos años. Y como adaptación de la novela, ni que decir tiene, es un disparo completamente azaroso al aire y Matheson tuvo motivos más que suficientes para odiar a Hollywood un poco más.

Escena de The Omega Man. Imagen: Warner Bros. Pictures.
Escena de The Omega Man. Imagen: Warner Bros. Pictures.

La abortada adaptación de Ridley Scott (1997)

A mediados de los noventa, un guionista desconocido llamado Mark Protosevich impresionó a la industria enviando por cuenta propia, y sin que se lo hubiesen encargado, un guion llamado The Cell, que terminaría convertido en película. Una película mediocre, ciertamente, pero que sirvió para que Protosevich se hiciese un nombre porque no es común que alguien consiga abrirse las puertas de los grandes estudios así, desde la nada. A raíz de su triunfo, Protosevich elaboró otro guion, que era una nueva adaptación de la novela I Am Legend y que estaba bastante fundamentado en la acción. Ese guion anduvo circulando por Hollywood hasta que Ridley Scott, tentado por la idea de retornar a la ciencia ficción, empezó a mover hilos para hacerse cargo de la adaptación. Sin embargo, en realidad no le gustaba el guion de Protosevich, por lo que encargó otro al entonces poco conocido John Logan. Este nuevo guion recuperaba algunas cosas de la novela original y presentaba algún aspecto interesante como la ausencia de diálogos en toda la primera mitad del film o el mayor énfasis en aspectos psicológicos. De todos modos, el guion de Logan igualmente se tomaba algunas libertades críticas, particularmente (¡una vez más!) un final que como de costumbre difería del escrito por Matheson.

Se barajaron diversos nombres para el papel protagonista: Kurt Russell, Nicolas Cage, Tom Cruise, Mel Gibson… todos ellos actores en boga por entonces. Cuando tiempo más tarde a Matheson le preguntaron sobre algunos de estos actores que hubieran podido encarnar a Robert Neville, daba el visto bueno a Kurt Russell y Nicolas Cage, se abstenía de comentar nada sobre Tom Cruise y expresaba su idea de que Harrison Ford hubiese sido un buen Neville moderno. Sin embargo, al final ninguno de ellos se hizo con el papel. El estudio eligió nada menos que a Arnold Schwarzenegger, quien a priori parecía una elección un tanto dudosa, por lo menos a nivel artístico (otra cosa era a nivel comercial). El binomio Scott-Schwarzenegger sonaba de por sí extraño, pero si el proyecto no terminó cuajando se debió a cuestiones más bien presupuestarias.

El guión de John Logan hacía prever una película muy, muy costosa. La Warner vacilaba a la hora de poner tanto dinero en las manos de Ridley Scott, que tenía un currículum muy irregular de cara a la taquilla. En los años recientes había experimentado el fracaso comercial de Tormenta blanca, por no hablar del bochornoso batacazo de 1492: La conquista del paraíso. Su film más reciente, G. I. Jane (en España La teniente O’Neill) sí había funcionado bien comercialmente gracias sobre todo a la presencia de una entonces taquillera Demi Moore, pero esto no había ayudado a mejorar la reputación de Scott, porque muchos lo habían considerado un trabajo indigno de un cineasta de su talento, una película palomitera calculada para recaudar y poco más. La carrera de Scott como director prestigioso, pues, estaba en entredicho: Alien y Blade Runner parecían ya cosa de otro tiempo e incluso Thelma & Louise, de 1991, empezaba a antojarse lejana. Scott no había recaudado tanto con ninguna película como lo que se estimaba iba a costar I Am Legend desde 1979. La Warner se echó atrás y Scott se quedó sin el proyecto. Tuvo que buscarse otra cosa: esta cosa sería Gladiator, que lo devolvería a la cumbre de la industria… aunque para entonces otros se habían apropiado ya del proyecto de I Am Legend.

El planeado actor protagonista, Arnold Schwarzenegger, se quedó plantado y sin película, pero no renunció a que se rodase. Descartó interpretar él mismo a Robert Neville, pero intentó seguir moviendo el proyecto ejerciendo ahora como productor. Hizo reescribir el guion para eliminar secuencias potencialmente costosas y así reducir el presupuesto estimado. Quería hacerla más atractiva para Warner. Descartó el guion de John Logan que le gustaba a Ridley Scott y recuperó el de Mark Protosevich. En el año 2002 ofreció el film al cineasta Michael Bay, que ya por entonces se había establecido como un director de películas de acción con encefalograma plano pero infalibles en taquilla. Ambos eligieron como actor protagonista a Will Smith, y aunque en la novela se especificaba que Robert Neville era blanco, este detalle no tenía ninguna importancia argumental. Will Smith había desarrollado un tremendo gancho de cara al público y ya era un actor muy taquillero, aunque su reputación como actor todavía estaba en pañales (excepto para la comedia, porque evidentemente era mundialmente famoso por haber protagonizado la serie The Fresh Prince).

La idea del tándem Bay-Smith no sonaba demasiado bien, pero tampoco hubo ocasión de comprobarlo: la Warner por segunda vez desestimó el proyecto por considerar que el guion resultaba inadecuado (en realidad, fue tan fácil como que el jefazo de Warner lo leyó, no le gustó, y decidió archivarlo en un cajón). Ni el respaldo de Schwarzenegger ni la presencia de los taquilleros Bay y Smith bastaron para convencerlo. Arnold Schwarzenegger, que empezaba a estar entretenido con sus ambiciones políticas, olvidó completamente la idea de producir I Am Legend.

I Am Omega (2007)

Creo que este bodrio no debería siquiera figurar aquí. Primero porque a duras penas lo podemos considerar una «adaptación», y segundo porque es una tomadura de pelo. Pero hablaré de él para que ningún incauto pierda un rato de su vida viéndolo. Cuando se supo que se iba a estrenar una superproducción basada en I Am Legend, un puñado de listos decidieron rodar un subproducto de título engañoso, destinado directamente al mercado del DVD y con una portada-trampa destinada a captar a unos cuantos inocentes. Protagonizada por el inefable Mark Dacascos, el parecido con la novela de Matheson es casi completamente nulo y hay secuencias tan lamentables como la de Dacascos usando nunchakus para pelear contra los zombis de rigor. Un desastre que no sirve ni para echar unas risas y que básicamente fue rodado como un intento de estafar al público. Como decía mi abuela, corramos un estúpido velo.

I Am Legend (2007)

Escena de I Am Legend. Imagen: Warner Bros. / Pictures Village Roadshow.
Escena de I Am Legend. Imagen: Warner Bros. / Pictures Village Roadshow.

Decíamos que el proyecto de adaptación con guion de Protosevich estaba de nuevo acumulando polvo en un cajón. Solamente volvió a ver la luz gracias a la iniciativa personal de otro productor, Akiva Goldsman, empeñado en que la historia tenía que ser llevada a la pantalla una vez más con el equipo que había reunido Schwarzenegger. Goldsman retocó el guion a su gusto y empezó a buscar gente con la que filmar la película. Para entonces Michael Bay estaba ocupado sembrando la semilla de futuras peleas con Megan Fox en el set de Transformers (aunque por entonces la actriz aún no lo comparaba con Hitler), así que Goldsman acudió a Guillermo del Toro. Este, sin embargo, hizo lo que es habitual en él y prefirió optar por dólar en mano antes que ciento volando, declinando la oferta para hacerse cargo de la segunda parte de Hellboy. Ante esto, y por motivos difíciles de entender salvo que probablemente le saliera más barato, Goldsman contrató como director a Francis Lawrence, que venía de dirigir la estomagante Constantine. Después intentó hacerse con Will Smith para interpretar a Robert Neville.

Por su parte, Will Smith no solamente seguía acumulando taquillazos sino que su prestigio y poder en la industria habían crecido considerablemente. Si Smith aceptaba de nuevo interpretar a Neville, la Warner ya no pondría tantos problemas con el presupuesto. Para alegría de Goldsman, Smith aceptó, lo que prácticamente bastaba para garantizar que el proyecto saliera adelante.

Pese a todas las prevenciones que se pudiesen tener hacia esta conjunción de nombres —y les aseguro que yo las tenía— esta nueva película demostró dos cosas. Una, que contaba con los mejores mimbres posibles para haber realizado una adaptación digna de la novela de Matheson. Y dos, que esos mimbres no fueron todo lo bien utilizados que podrían haber sido. En el film hubo cosas que funcionaron y cosas que no. A rasgos generales, la primera parte era bastante buena, pero la película se iba desinflando conforme avanzaba el metraje. La dirección de Lawrence, pese a sus tics, tenía muy buenos momentos. Tomó prestado de aquí y de allá, eso está claro, pero eso es también lo que, siempre que sea con habilidad, debe hacer un buen profesional. Por su parte, Will Smith demostró que tenía más madera de la prevista y que era capaz de sacar adelante un papel bastante difícil, porque tenía que cargarse casi media película a sus espaldas él solito. Algo sobre lo que algunos teníamos dudas hasta que lo vimos en acción y comprobamos que sí, que Will Smith era un muy buen Robert Neville.

¿Qué fue lo que no funcionó? Empecemos por lo accesorio: en la versión del 2007, los vampiros-zombi de 1964 y los mutantes fanáticos de 1971 fueron cambiados por infectados violentos que evidentemente se habían inspirado en la exitosa 24 Days Later, estrenada algunos años antes y que, nunca mejor dicho, había resucitado el género zombi (no refunfuñen distinguiendo entre zombis e infectados: a nivel cinematográfico y a partir de los años setenta, la diferencia es prácticamente nula). Pero esos infectados nunca llegaron a funcionar a causa de la errónea decisión de no usar actores reales sino personajes creados mediante computadora, con técnicas CGI. Por desgracia esto arruinó muchas secuencias, que tenían el aspecto de un videojuego y echaban a perder el efecto conseguido en otras como las iniciales de una Nueva York postapocalíptica. Porque sí había otras secuencias donde, si bien el uso de computadoras también resultaba muy evidente, al menos cumplía su función de proporcionarle un entorno adecuado a la historia. No es lo mismo notar la artificialidad en la secuencia de un león cazando gacelas, que no deja de ser una escena para ambientar, que notarla en unos personajes que son claves en la historia y que, no lo olvidemos, debían tener alguna faceta humana.

Dicho todo esto, el problema principal era no obstante el de siempre: el argumento. Aunque el tema de la soledad estaba mejor tratado que en las anteriores adaptaciones (para lo cual, todo sea dicho, también se tomaban prestadas cosas de diversos filmes anteriores, desde The World, The Flesh & The Devil hasta Silent Earth), la introducción de otros personajes divergía mucho del libro y además provocaba que toda la atmósfera conseguida con las escenas en solitario de Smith se viniese abajo. Algo similar ocurría con los innecesariamente largos y repetitivos flashbacks; aunque no afectaban tanto el resultado final, evidentemente estaban ahí porque no se confiaba en la paciencia o entendimiento del espectador.

Y eso no era todo: nuevamente se ablandaba el oscuro argumento del libro para complacer a las audiencias más amplias, y nuevamente se hacía cambiando el final de la novela. Curiosamente, la primera versión del guion, aunque de manera muy sui generis, sí respetaba el sentido global de la novela de Matheson. De hecho llegó a filmarse e iba a ser incluido en la película, pero la preocupación por las repercusiones comerciales de ese desenlace hizo que se decidiese cambiarlo a última hora, rodando otro más parecido al de las películas de Vincent Price y sobre todo a la de Charlton Heston. Esto es, cepillándose nuevamente el oscuro mensaje de la novela original. Esta vez ni siquiera tuvieron el detalle de cambiar el título, así que millones de espectadores siguieron sin saber qué significaban exactamente las palabras «soy leyenda» y se creyeron la versión del film protagonizado por Will Smith. Sin embargo, la retirada de lo que hoy es el final «alternativo», que puede encontrarse fácilmente en YouTube, hizo que ciertos momentos de la película, tal y como fue estrenada, quedasen a medio explicar (por ejemplo el hecho de que un infectado se aventure a exponerse al sol, por ejemplo, algo que con el final estrenado queda sin explicación). De todos modos esto era un defecto menor al lado de otros que hemos mencionado.

Con todo, I Am Legend fue un enorme éxito. Casi toda la crítica coincidía en los mismos apectos: Will Smith estaba brillante, la primera mitad del film era muy buena, después decaía y los zombis computerizados terminaban de estropear lo que podía haber sido una gran adaptación que se quedó a medias.

Richard Matheson despotricaba con razón de Hollywood y efectivamente murió sin que Hollywood le diese motivos para abandonar su postura cínica respecto a aquella misma industria en la que había trabajado y que además le debía mucho. Pero con suerte, quizá nosotros sí lleguemos a ver algún día una adaptación como Dios manda de Soy Leyenda. La película protagonizada por Will Smith es un buen punto de partida, y en la de Heston hay aspectos todavía aprovechables. Si llegase a suceder que la adaptación se ciñese al mensaje final de la novela, creo que esa hipotética película podría convertirse en un clásico inmediato de la ciencia ficción. El propio Matheson insistía en que su novela estaba «obsoleta» y que por eso ya no podría llevarse al cine de manera convincente, pero algunos no estamos de acuerdo con él y mantenemos la esperanza. Pocas cosas habrían tan satisfactorias para un fan de la ciencia ficción como el ver a Robert Neville diciendo las palabras «soy una leyenda» en una pantalla, y que por una vez esas palabras signifiquen lo que se suponen que tienen que significar.

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20 Comentarios

  1. Algo parecido, aunque creo que peor, porque la de Will Smith al menos era un producto entretenido, me sucedió al ir a ver “Guerra Mundial Z” de la que aparentemente compraron los derechos de la película únicamente para usar el título y olvidar el argumento, no ya el final, sino su totalidad.

    En cualquier caso, estas cosas suceden cuando se venden los derechos al mejor postor y sin preocuparse por tener control creativo en la manera en que se lleve la historia al cine, así que desconfío de las críticas amargas que algunos autores vierten luego, con más o menos razón.

    • Por lo poco que tengo entendido, el rodaje de “Guerra Mundial Z” fue todo un LOL, con un resultado (como mínimo en taquilla) altamente “PERO QUÉ COJONES!”. De pasar del terror de la peor recaptación posible a petarlo mucho y pensar en una segunda parte para “ya mismo”.

  2. Dudo muchísimo que nunca veamos una adaptación fiel al espíritu del final de la novela. Ni en estos tiempos en que las tramas de absoluta desesperación parecen tener algo de calado, en la tele eso si. No creo que haya estudio en el mundo que se gaste la pasta en adaptar la película sin que le entre el canguelo ante un final exquisitamente deprimente pero que no encaja con su visión de lo que el ganado, digo, el público, quiere ver…

  3. Para mí la de Will Smith es la mayor decepción de todas. Tenían los medios adecuados y fallaron en lo más fácil. Los vampiros son una especie de simios rabiosos sin interés alguno, podrían haber tenido 4 patas y ladrar. Eliminaron precisamente lo más fascinante de la novela y convirtieron la película en una especie de exploitation zombi.

    La de Charlton Heston, con sus defectos setenteros, al menos presenta a los vampiros como una sociedad ordenada totalmente inquietante…

  4. Recuerdo haber leido sobre el desarrollo de la película del inefable Goldsman. Recuerdo cómo al principio se barajaban nombres de actores importantes para interpretar al vecino de Smith. Creo que se llegó a hablar de Gary Oldman. Recuerdo también como luego ya empezó a aparecer el sonsonete de que se iba a cambiar a los vampiros y a hacerlos mas animalescos.
    Recuerdo una entrevista con el propio Goldsman comentando que “amaba” el material de partida.

    En fin, cualquier proyecto adaptación de algo en el que esté ese señor involucrado es garantía de que se va a mutilar. Eso si, no os preocupéis que tendréis la garantía de que ama el material de partida.

  5. Leí la novela unos meses antes de ver la película de Will Smith y sin conocimiento de las anteriores. Díos ese final es como una puñalada, un happy end sin sentido.
    Pienso que la mejor idea que aportó la película fué que en el Fallout 3 pudieras llevar un pastor alemán de acompañante.

    • Hola Jramon, el pastor alemán del Fallout, Albóndiga (“Meatball” en el original) es una referencia que viene de Mad Max.

      Aunque hay varias películas postapocalípticas en las que el prota va por ahí con un perro, como la de Un muchacho y su perro, por ejemplo. Es un recurso usado, pero bonito, que después de que el mundo se vaya a la mierda, aun te quede tu perro.

      Un saludo

  6. La respuesta al titulo es obvia, will smith es leyenda porque consigue curar la plaga de los zombies.

    Que es diferente al original? bueno pero creo que al titulo si se ajusta.

    • Carl, el final es diferente al original. En la novela, Neville no cura la plaga… y no diré más por no hacer spoilers. Su último pensamiento es “Soy Leyenda”, cierto, pero no en el sentido de ser el salvador si no por otra razón. Su respuesta está en el maravilloso libro homónimo.

  7. Lo mismo le pasó repetidas veces al Solaris de Lem. También hay películas de ciencia ficción que salieron mejor que la novela, como Blade Runner. A mí, las tres películas me gustaron, luego leí la novela y coincido en todo lo que cuentas, que además lo has hecho muy bien.

  8. La del 64 no la he visto.

    La de Chartlon me pareció entretenida, pero alejada de la novela y en ciertos momentos ridícula. Supongo que los años no pasan en balde.

    La de Will Smith pues una primera mitad yo diría que más que notable, sobresaliente. Escenas como la de ver las noticias grabadas a la misma hora para no sentir la soledad o el escenario montado en el videoclub al que va a “alquilar” películas son geniales. Sin embargo una segunda parte acelerada y tirando a estúpida. Desde la muerte del perro es un despropósito tras otro.

    Una pena lo del CGI porque falla mucho. A mí ni los animales me parecen aceptables aunque sean accesorios. Rompen la inmersión. No sé a quien contrataron para esto ni quiero saberlo. Pero la misma Transformers que es una orgía de CGI no canta nada. Y simplemente por la buena animación.

    Y el final pues bueno, con el final alternativo no se pierde tanto el sentido de la novela, pero desde luego ese “Soy Leyenda” del comienzo de una nueva era y el fin de la humanidad ni con esas.

  9. me van a tener que perdonar, pero como fan adolescente que fui de los maravillosamente inquietantes relatos cortos de Richard matheson, la lectura de la novela (justo antes del estreno de la peli de will Smith, me dije: “de hoy no pasa) me dejó un poco decepcionado. el personaje es magnífico, la ambientación es cojonuda, pero, me pasó un poco como en esos thrillers malos en los que piensas “¿por qué coño no llaman a la policía?” (o como en paranormal activity: “¿por qué no se largan de la casa por la puta puerta principal?”).

    que (ojo: spoilers) resulte que hay unos vampiros nozombis que toman un sucedáneo de sangre y que se quieran cagar en sus muelas porque él no lo sabe y no hace distingos . . . , pues, ¿qué quieren? la pregunta fue surgiendo en mi mente como gusano de la carcoma: “¿por qué coño no le ponen un puto post it que diga “no nos mates” no somos vampiros zombi, somos vampiros nozombi”: tráete unas papas esta noche que dan el vampiros guay c.f, contra athlético licántropos?”

    pues eso. si quieren un buen matheson, busquen el relato “desaparición” por internet y déjense de filosofías de supermercado.

    j

  10. me quito el sombrero ante tu análisis, me he vuelto un lector muy activo de libros, novelas etc, etc y llegue con la obra de matherson, yo no he visto las anteriores versiones a la película de Will Smith, la consideraba buena, dentro de un mercado saturado de zombies y diferente en cierto punto, la considere muy, muy lejos de lo habitual y como tal por eso me gusto.

    Ahora habiendo terminado la obra original de Richard Matherson mi sentir a cambiado y si lo acepto, ya no me gusta, es mas la odio… que lastima darse cuenta que una obra tan bien hecha la hayan desperdiciado, un gran final, una gran muestra y pone en tela de juicio en unas simples lineas, lo que es normal y lo que no, y quien y que dictan lo que es normal..

    gracias por tu articulo y en definitiva estoy con sentimientos encontrados ya que una buena pelicula hoy ha dejado de serlo para mi…

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