Arte y Letras Historia

El judío usurero que bebía la sangre de los niños

Prestamistas judíos en la Francia medieval. (DP)
Prestamistas judíos en la Francia medieval. (DP)

Han llevado putas a Eleusis
Los cadáveres banquetean
A la señal de usura
(…)
La usura es el mal, neschek
He ahí el corazón del mal
El fuego sin tregua del infierno
El cáncer que todo lo corrompe,
Fafnir el gusano
Sífilis del Estado, de todos los reinos
Verruga del bien público
Hacedor de quistes
Corruptor de toda cosa.
Oscuridad contaminadora
Pérfida gemela de la envidia,
Serpiente de siete cabezas,
Hidra que penetra toda cosa
Que viola las puertas del templo
Que contamina el bosquecillo de Pafos
Neschek el mal rastrero
Baba, corruptora de toda cosa
Envenenadora del manantial
De todos los manantiales, neschek
La serpiente, mal que se opone al
crecimiento de la naturaleza
A la belleza
(…)

Y así continúa Ezra Pound en Los cantos durante varios versos más. En conclusión, que no era partidario. Ahora bien, ¿por qué esa animadversión tan desatada? ¿Qué podía ser tan horrible en una práctica como el préstamo con interés, que beneficia a ambas partes y que es el fundamento mismo del capitalismo? Remontarse al origen de ese rechazo supone también acudir a los comienzos de la larga y desdichada historia del antisemitismo. Durante la Edad Media esta actividad económica llegó a vincularse estrechamente con la diáspora judía, lo que dio lugar a una curiosa contaminación mutua: la usura era despreciable por ser propia de judíos y los judíos eran despreciables por dedicarse a la usura.

Desde la legendaria destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70 por el ejército romano, los descendientes de las doce tribus de Israel se desperdigaron por Oriente Medio, Europa y el norte de África dispuestos a preservar su religión una generación tras otra. El problema es que en mucho lugares —especialmente en nuestro continente, donde nos centraremos— no se les permitió ser propietarios de tierras ni ingresar en gremios de artesanos, no podían ejercer ningún cargo que les dotase de autoridad sobre ningún cristiano, debían vivir en zonas específicas dentro de las ciudades (las juderías), tenían absolutamente prohibido convertir a nadie a su religión e incluso, según las Partidas de Alfonso X «atrevencia et osadía muy grande facen los judíos que yacen con cristianas, et por ende mandamos que todos los judíos contra quien fuere probado daqui adelante tal cosa hayan fecho, que mueran por ello». Hasta la propia condena a muerte por este u otros delitos podía ser aún más calamitosa, pues se establecía que fueran colgados no del cuello sino de los pies, para que la agonía fuese más duradera. Es decir, su presencia era tolerada pues a diferencia de los musulmanes eran considerados una especie de precristianos, el testimonio viviente del Antiguo Testamento y por tanto los orígenes de la verdadera fe. Pero al mismo tiempo eran vistos con suspicacia dado que si conocían la doctrina de Cristo pero no la acataban, entonces no se les podía achacar ignorancia sino mala fe. Los judíos eran así debido a su perfidia, eso es, no cabía otra explicación.

Dicen los primatólogos que la tribu de chimpancés que más intensamente odia otra es aquella de la que más recientemente se ha escindido. Naturalmente entre los humanos también ocurre y podríamos poner infinidad de ejemplos al respecto, pero, ateniéndonos al tema que nos ocupa, esta peculiar relación de tolerancia y hostilidad, de admisión y rechazo ante quienes eran parecidos pero no iguales, dejó a los judíos en una situación muy complicada: podían vivir en el continente europeo pero sin encontrar apenas formas de ganarse la vida. ¿Qué opción les quedaba entonces?

Aunque Cristo predicaba siempre la paz, el perdón y el amor incluso a los enemigos hubo una ocasión en la que perdió los papeles y se lio a hostias. Fue, como sabemos, cuando expulsó a los mercaderes que habían invadido con sus negocios el anteriormente mencionado Templo de Jerusalén. Este episodio sería muy comentado por el paso de los siglos y de él se extraerían muchas enseñanzas, como la que establecía el Decreto de Graciano: «quien prepara algo que ello mismo entero y sin cambio le proporcione lucro, he ahí al mercader expulsado por Dios del templo». El ánimo de lucro, el mercado, el comercio… todo ello pasaba entonces a ser sospechoso.

Conocido en internet como «Te meto un meco que te reviento, payaso», este cuadro es un Fresco de Giotto en la Capilla de los Scrovegni, siglo XIV. (DP)
Conocido en internet como «Te meto un meco que te reviento, payaso», este cuadro es un fresco de Giotto en la Capilla de los Scrovegni, siglo XIV. (DP)

Lejos de haber sido un hecho aislado, respondía a una íntima convicción que Jesús predicó repetidamente. La riqueza era intrínsecamente mala y la pobreza buena por sí misma. No solo no había que dar esperando recibir con intereses, incluso ni siquiera había que dar esperando de vuelta algo equivalente. No, nada de eso, lo ideal era dar sin posibilidad de recuperar lo otorgado. En Lucas 6, 34-35 dice claramente: «Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? (…) prestad, no esperando nada a cambio». E insiste en Lucas 14, 12-15:

Cuando des una comida no invites a amigos, hermanos o parientes, ni a ricos vecinos, para que no te inviten a su vez y te sea devuelta la atención. Al contrario, invita a los pobres, a los tullidos, a los cojos y a los ciegos. Serás afortunado porque no pueden pagártelo, y tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos.

Continuando con esa doctrina pobrista, en la parábola sobre los jornaleros y el viñedo que se narra en Mateo 20, 1-16 ni siquiera se consideraba que el que trabajase más horas mereciera un mejor salario. Una idea que según se mire puede fomentar la vagancia o la esclavitud, pero desde luego no la meritocracia. Bajo tales directrices no había manera de organizar una sociedad capitalista y sus seguidores más ortodoxos en los siglos posteriores así lo entendieron, renunciando al dinero, a toda forma de propiedad y organizando sus vidas en comunidades monásticas. Pues bien, aquí es donde los judíos encontraron —usando la terminología actual— su nicho de mercado, su ventana de oportunidad. Su gran aliado fue el Deuteronomio 23, 20:

Podrás cobrar interés a un extranjero, pero a tu hermano no le cobrarás interés, para que te bendiga Jehová tu Dios en toda obra de tus manos sobre la tierra a la cual entras para poseerla.

Dado que no dejaban de ser residentes en tierra extranjera, su religión les autorizaba por tanto a dar préstamos con intereses a los cristianos. Una práctica que no estaba incluida en la larga lista de prohibiciones que las sociedades de acogida les imponían y que además podían ejercer en monopolio, ante la imposibilidad de cualquier cristiano de hacer lo propio tal como estamos viendo. Curiosamente Mahoma por su parte prohibía igualmente la ribah, el interés del dinero, así que en tierras musulmanas también pudieron dedicarse al préstamo y a las actividades comerciales asociadas, haciendo así de intermediarios entre la cristiandad y el mundo islámico.

Y es que el hecho de estar dispersos en tantos lugares pero unidos por una fe común les permitía formar una red cosmopolita que resultaba extraordinariamente eficiente para los negocios. No solo les permitía protegerse del saqueo de sus riquezas por los gobernantes locales, sino que gracias a la revolucionaria creación de las letras de cambio hacían posibles las operaciones económicas que requerían las cada vez más complejas redes comerciales que comenzaban a recorrer Europa desde el siglo XII, como la Liga Hanseática en el norte y la de la costa mediterránea controlada por las ciudades-estado italianas. Estaban dando lugar nada menos que al nacimiento del capitalismo moderno. Así lo describía Montesquieu en su célebre El espíritu de las leyes:

Los judíos, proscritos sucesivamente de unos y otros países, lograron salvar casi siempre sus caudales; así encontraron donde establecerse y al fin tuvieron residencia fija: príncipes que de buena gana los hubieran expulsado, no querían privarse de su dinero. Inventaron la letra de cambio, y gracias a ella pudo el comercio eludir la violencia y mantenerse en todas partes. El más rico de los negociantes pudo tener sus bienes invisibles y enviarlos de una parte a otra sin dejar rastro en ninguna. 

Como señalaba en esa misma línea el antropólogo Julio Caro Baroja «la cuestión era hacer las operaciones conservando la propia identidad y obteniendo el beneficio previsto y no dejarse arrastrar por los acontecimientos que envuelven a otros grupos con los que convive, más comprometidos siempre». Así que esa desafección hacia la comunidad en que vivían era buena para su prosperidad en los negocios… pero no les ayudaba precisamente a ganarse el afecto de sus vecinos. No solo eran herejes y herederos de los asesinos de Cristo, ahora esto, ya no tenían salvación posible. Los concilios celebrados en Letrán en los años 1179 y 1215 incluyeron medidas dirigidas contra ellos como limitar el interés máximo anual que podían exigir por un préstamo a un tercio de la cantidad, así como portar una señal amarilla distintiva en sus ropas. Una medida esta última que varios siglos después sería retomada por el nazismo.

Caricatura medieval que muestra a judíos alimentándose de una cerda. (DP)
Caricatura medieval que muestra a judíos alimentándose de una cerda. (DP)

La literatura medieval fue en este aspecto un fiel reflejo de su tiempo. Dante no se olvidó de mencionarlos en su infierno y Chaucer en Los cuentos de Canterbury pone en boca de la Priora diversas frases antisemitas sobre el pueblo judío que «practica el sucio negocio de la usura, vicio aborrecido por Cristo y por los que practican su fe», gentes «en cuyo corazón habita un nido de avispas» que en su narración terminarán asesinando a un niño muy devoto. Mientras en uno de los cuentos de el Decamerón el comerciante Abraham renuncia a su idolatría y termina abrazando la fe verdadera. Es también digno de mención el Cantar de mio Cid, cuando el protagonista llega ya sin fondos a Burgos junto a su séquito y no encuentran mejor artimaña que llenar dos arcas de arena y, una vez cerradas, llevarlas a los judíos prestamistas Rachel y Vidas. Entonces les hacen creer que están llenas de tesoros, de forma que a cambio de tenerlas en prenda durante un año les concedan un dinero que luego, naturalmente, ya no les será devuelto. No deja de ser significativo que todo un héroe como el Cid Campeador sea presentado como un tramposo que incumple su palabra y que eso no supusiera desdoro ni a los ojos del autor ni a los del público de la época. Al fin y al cabo las víctimas del ardid eran judíos, así que bien merecido se lo tenían.

No obstante todos estos ejemplos literarios más que contribuir a fijar el espíritu de la época se limitaban a reflejarlo, dado que no existía la imprenta y la gran mayoría de la sociedad medieval era analfabeta. En un tiempo en el que no existían televisión, radio ni redes sociales en las que expresar lo mucho que nos indigna cualquier cosa, el gran medio de comunicación, el sistema de adoctrinamiento y transmisor de valores por excelencia, resultaba ser el sermón. Tendían a ser más animados de lo que hoy en día podamos imaginar, pues en ellos estaban tolerados con finalidad aleccionadora tanto los chistes como las alusiones sexuales (incluso en algunas ocasiones acompañándolas de gestos obscenos y exhibición de genitales) y tenían como núcleo los llamados exemplum, que eran relatos breves dotados de alguna moraleja. Pues bien, una parte considerable de ellos pasaron a ser protagonizados por judíos y su finalidad era mostrar lo horrible que resultaba la usura. El historiador Jacques Le Goff recogió un buen número de ellos en su libro La bolsa y la vida: economía y religión en la Edad Media. Muchos giraban en torno a judíos en el lecho de muerte, que con toda clase de argucias inútilmente intentaban preservar sus riquezas, sobornar al diablo o salvar su alma, pero acababan ardiendo sin remedio en el fuego del infierno. La usura además permitía comprar y poner precio al tiempo (que solo pertenece al Señor) y hacía posible producir dinero constantemente, día y noche, también los domingos y días de festividad… ¡el colmo! Así que «a pecado sin tregua y sin fin, castigo sin tregua y sin fin». Los más impacientes no estaban dispuestos a esperar que fuera Dios quien lo hiciera y se adelantaron ellos con gusto.

Las Cruzadas trajeron consigo una mayor hostilidad hacia ese «enemigo interior» y se aprovechaba cualquier ocasión para su hostigamiento. En los carnavales de Roma por ejemplo desde el siglo XIV se celebraban los Juegos del Testaccio, que incluían carreras de asnos, búfalos, prostitutas y judíos. Estos últimos debían correr cubiertos únicamente con un taparrabos. En Turín existía la costumbre de que en la primera nevada del año se pudiera lanzar bolas de nieve contra los judíos mientras que en Aragón, algo más brutos, lo que les tiraban era piedras en Semana Santa. En Pisa durante las fiestas de Santa Catalina los estudiantes tenían la misión de encontrar al judío más gordo y ponerlo en una balanza, siendo su peso la cantidad en dulces que la comunidad hebrea debía pagarles. Es significativo que a veces los conversos eran quienes con más ahínco participaban en estos ataques contra sus antiguos correligionarios.

Había otro factor a tener en cuenta y es que la canonización aún no estaba centralizada en Roma, y dado que tener un santo traía consigo donaciones y peregrinos para la iglesia que lo proclamase todas quisieron tener su mártir… y qué mejor candidato que un inocente niño que fuera asesinado en un demente rito judío. Nacieron así los «Libelos de sangre». Uno de ellos fue descrito por la Priora en el anteriormente mencionado cuento de Chaucer, pero abundaron las acusaciones y las condenas a lo largo de todo el continente por estos supuestos crímenes. Muchos de ellos eran confesados por los acusados bajo tormento, e incluso uno llegó a admitir que pese a ser hombre menstruaba y por eso debía beber sangre de niño cristiano para restablecer sus fluidos. También se les acusó con frecuencia de ser profanadores de la hostia consagrada, aunque en el momento de robarla para sus diabólicos rituales esta acostumbraba a provocar algún milagro como volar, chillar como un niño e incluso provocar terremotos.

La atroz mortandad que provocaban las plagas de peste negra encontraba en los ataques a los barrios judíos una manera de conjurarlas de alguna forma, pues se creía que envenenaban los depósitos de agua para propagar la enfermedad. En el siglo XIV surgieron en Alemania bandas dedicadas a matar judíos, una especie de proto-Einsatzgruppen que eran conocidos como Judenschläger, y a lo largo de Europa se sucedieron con implacable periodicidad los pogromos. En Barcelona, por ejemplo, hubo uno en 1391 con varios cientos de muertos. Fueron, en conclusión, el chivo expiatorio por excelencia, alguien fácilmente identificable a quien poder acusar de todos los males de la sociedad dada su doble condición de herejes y usureros. Nada de lo que se dijera en su contra podía sonar despiadado para la gente de bien, y así continuó siendo durante los siglos venideros.

Caricatura medieval en la que los judíos son quemados en un caldero llamado Judea. (DP)
Caricatura medieval en la que los judíos son quemados en un caldero llamado Judea. (DP)

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32 Comentarios

  1. Pingback: El judío usurero que bebía la sangre de los niños

  2. Me ha encantado el artículo, y es cierto que el antisemitismo resurge con fuerza:
    Cada vez que el gobierno israelí masacra a la población palestina no tarda mucho en aparecer por la red multitud de comentarios que engloban a «los judíos» o al sionismo como sinónimo de maldad. Cuesta encontrar comentarios que centren su crítica en el gobierno de Netanyahu o la política de expansion territorial, no digamos ya de matizar la diferencia entre hebreo, judío, sionista e israelí.
    Yo cuando me encuentro alguien así, le hablo de la comunidad judía de etíope y lo dejo a cuadros.

    • Yo me quedo a cuadros cuando alguien trata de justificar el sionismo, una de las ideologías más criminales que la humanidad ha parido.

      • «tiene cojones» que el querer un Estado judío, éso es sionismo, sea algo insultado por ignorantes racistas como usted.

        • El Estado Judío, según se está desarrollando ahora, significa que, o es usted judío, o no hay sitio para usted en ese Estado, es decir, es un Estado basado en la raza. Si tu raza es OK, bien y si no lo es, lo lleva usted claro. Al Estadode Israel no se le compara con el Apartheid Surafricano por nada, sino porque se parece, por desgracia, demasiado.

          • nos sea usted ignorante, en Israel viven palestinos y tienen un partido que obtiene escaños en el parlamento. Israel es un estado democrático y laico que se tiene que defender de la guerra santa.

            • Cierto, los palestinos israelíes tienen derechos democráticos, pero Israel no es un estado laico, sino un estado judío.

              • si es que no hay que aprender las cosas de memoria, MIRAS EN WIKWPEDIA sobre el asunto y ves que ISRAEL ES UN ESTADO LAICO PORQUE TIENE UNA CONSTITUCION LAICA.

            • Deje de llamar ignorante a la gente cuando usted es el primero que demuestra que no sabe de la misa la mitad. Los no-judíos (fundamentalmente palestinos), pueden votar con muchas limitaciones, pero aún tienen más limitaciones para comprar inmuebles, por ejemplo entre otras cosas y son, de facto, cuidadanos de segunda porque no tienen, ni de lejos, los mismos derechos que los judíos, aunque estos judíos sean ateos, que los hay, los judíos negros (etíopes, que tambien los hay) se sienten, y son, bastante maltradados por el resto de correligionarios blancos. Resumiendo, el cacao que tiene Israel montado en base a raza y religión solo tiene parangón con la Sudáfrica de De Klerk.

      • No seas exagerao, por desgracia hay ideologías mucho más criminales. El sionismo no es más que una forma del colonialismo occidental de toda la vida, que ha hecho cosas mucho peores que lo que hace ahora Israel.

  3. Los gitanos o que no lo veis. Los judios llaman a los no judios goy goyin ….payyos. Os enterais ya?

  4. Oh, la usura, base del capitalismo, qué gran hazaña. A la ususra se le podría dedicar otro artículo para explicar por qué estaba prohibida y por qué era considerada como explotación a los más desfavorecidos. El autor de este artículo no lleva a la conclusión tramposa de que en la Edad Media eran tontos, supersticiosos, subdesarrollados y malintencionados y se centra únicamente en los préstamos a los reyes y las clases dominantes cuando la prohibición de la usura era el perjucio que ocasionaba a los desfaforecidos y a aquellos en situación de debilidad y explotación. El autor podría haber mencionado, aunque fuera de pasada para dar mayor contexto a este tema, que la usura estaba prohibida por las tres religiones llamadas «del libro» (Judaísmo, Cristianismo e Islam) más el Budismo. La diferencia era que para el judío era lícito practicarla siempre que el prestatario no fuese igualmente judío, sino goyim, al goyim sí se le podía aplicar la usura. Es una situación muy parecida a la actual, los banqueros entre sí no se «usuran» unos a otros, nos «usuran» a los demás.

  5. Otra cosa, el préstamo con interés del capitalismo actual se justifica por la inflación, es decir, la pérdida de valor del dinero por el incremento «natural» de los precios (los entrecomillo por que, bueno, no tengo muy claro que sea natural del todo). El préstamo con usura es algo distinto y aunque ahora se considere «normal» y se considere una de las bases del capitalismo, el autor los equipara, insisto, de forma tramposa.

  6. El problema de aquellos judío es que no existía el concepto de Estado Democrático y Laico.
    Judíos en Toledo y Segovia se dedicaron a la traducción científica, Aristóteles, Euclides en Toledo , el álgebra de Al-Kowarizmi en Segovia pero como los demás judíos pagaron básicamente por ser los asesinos de Jesucristo .
    El problema de los judíos hoy es parecido porque aunque tenemos el concepto de Estado Democrático y Laico éste concepto sólo se aplica en occidente, en oriente aplican la Guerra Santa, por eso los Ayatolahs derrocaron al Sha.

    • Estoy en parte de acuerdo, menos con el último párrafo donde dices que en Oriente se aplica la guerra santa y en Occidente el estado laico, lo cual es una simplificación bastante grosera y luego rematas «por eso los Ayatolahs derrocaron al Sha» lo que ya no es simplificación sino directamente una mentira.

      No entiendo por qué le gusta tanto a la gente simplificar de esta manera las cosas cuando justamente en este tipo de medios uno se puede explayar y explorar los temas a fondo, nos acabamos quedando en los 4 tópicos bajo el disfraz de periodismo «culto». Un poco de rigor, por favor.

      • Pepe. ciertamente el Sha se cayó sólo, los Ayatolahs no asesinaron a miles de opositores y no instauraron una dictadura islámica.
        Las grúas con ahorcados son montajes fotográficos y en Irán no hay homsexuales.
        Clotilde Reiis fue una francesa chula que puso en peligro el estado en ejercicio de unos derechos producto de la depravación mental de los occidentales que se vuelven locos al hablar de derechos civiles y ya se vuelven de está manicomio hablando de rarezas como los derechos humanos. Para los islámicos los derechos son divinos no son humanos-

  7. Yo revisaría el mito de la diáspora judía en el año 70 d.c.

    • “POR ESO los Ayatolahs derrocaron al Sha”. Esta es la conclusión de su silogismo a la que me refiero y es totalmente falsa. Si se piensa que no sé o que pongo en duda que el régimen Ayatolah fue el que efectivamente sacó al Sha del poder pues qué le puedo a decir, que tiene usted dotes para el sarcasmo que no van a la par con su comprensión lectora.

  8. Exelente articulo rico en información e imagenes; mil gracias por el mismo saludos sinceros.

  9. Tristemente vigente y polémico para muchos – aunque no debiera–

    A mí me duele el antisemitismo abyecto y ciego de mucha gente de izquierdas. Por serlo también (de izquierdas) y porque me parece absolutamente incompatible con una mínima cultura y decencia . La crítica a las políticas del estado de Israel o al capitalismo , por anticiparme a los talibanes, se pueden hacer sin antisemitismo.

    Enhorabuena, muy bien planteado.

  10. Pues que va a ser, sino lo de siempre.
    Las buenas conciencias cristianas encontrando en los judíos a los culpables de todo lo malo que pasa en este mundo.
    Como si no fuese poco, de por si, que la cultura cristiana sea absolutamente inquisidora.

  11. Ciertamente el préstamo con interés es la forma mas insustancial de comprar el tiempo de los demás, no por que lo diga el cristianismo, sino porque es una lógica filosófica y es inmoral porque no puede recuperarse ni venderse mediante manufactura.

    Sociedades como la Roma precristiana ya prohibían la usura fijando su límite en 5 veces el valor del dinero, asi que no tiene que ver tanto con el dios bíblico como con la orgainizacón de las ciudades, haciendo que las clases desfavorecidas pudieran incorporarse al sistema.

    En general estaba prohibida por los dictadores en tiempos de guerra para no perder poder estatal.

    El autor parece sorprenderse de que la usura sea repudiada y confunde seguramente de forma consciente antisemitismo con antisionismo, que es como confundir a los judíos ortodoxos con la etnia askenazi que eran los que mayoritariamente ejercían de cambistas, no como los primeros que se dedicaban al estudio de la torá y el derecho.

    Confundir ambas cosas es un error histórico. Son los judios antisionistas (los que no estan de acuerdo con la formación del estado de Israel, pues el mesías todavía no ha llegado) los más críticos con sus primos anarcocapitalistas.

    Las comunidades judías de la Palestina británica se organizaban en kibutz, comunas de organización cooperativista y fueron absorbidas por colonos financiados por el capital proveniente de Estados Unidos.

    Lo digo una vez más: antisionismo no es antisemitismo. Este es un argumento endeble de los que defienden la usura, la guerra y el capitalismo que solo favorece a unos pocos. Por eso es inmoral y debe ser repudiado.

  12. Entretenido el artículo, se hace corto. Solo me gustaría añadir que históricamente, hasta la creación del Estado de Israel, los judios vivieron más seguros y en relativa paz en los los territorios islámicos que en los cristianos. Como bien se dice en el artículo, la mera existencia del judio era para la ortodoxia cristiana como una blasfemia viviente, una negación de su doctrina en su misma base. Es bonito ese meme reciente de una civilización judeocristiana, muy útil para lavar conciencias culpables y echar todo el antisemitismo secular en el saco de los brotes-si-bien-terribles-puntuales.

  13. fat_fredy

    Me sigue flipando una sociedad libre atacada por fanáticos asesinos yihadistas mientras en Occidente disculpamos a los yihadistas…

    En fin. Estamos en franca decadencia supongo que lo primero para ser destruido es querer ser destruido. Y en mi opinión estamos deseando ser destruidos nosotros y nuestro estilo de vida. La decadencia tiene estas cosas.

    Quizás otra historia de convivencia en Israel-Palestina hubiera sido posible pero eso creo que jamás lo sabremos.

    • Fat freddy, …es curioso que hayas elegido el nick de un personaje que fue icono de la contracultura y lo uses para desplegar un discurso tan pro-establishment. Das a entender que eres un luchador, un tipo que no se rinde, pero a la hora de analizar un tema complicado como el conflicto en Oriente Medio, parece que las fuerzas te abandonan y prefieres permanecer recostado en un mullido colchón de clichés y esteroetipos unidimensionales, y ahora que lo pienso, en ese aspecto en particular sí te que pareces a Fat Freddy.

  14. Que digo yo que...

    … viendo los comentarios no hemos cambiado nada. preparemos las antorchas y las horcas y eliminemos a unos cuantos esta noche.

  15. me parece incredible, y tristísimo, que precisamente en este artículo se permitan comentarios con un grado de racismo asqueroso, fanático, y lógicamente anlafabeto como los de Pepe y Eladio, y ya no he querido seguir leyendo para no vomitar.

    Nadie juzga en nuestro país a los marroquíes por lo que Marruecos hace en el Sahara occidental, y desde luego ya desearían los saharauis ser tratados como los palestinos.

    Pero cuando se trata de judios, todo vale. Qué asco.

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  18. David muhafra

    Como se.nota que la Iglesia le hizo mucho Daño a España y su gente..si LEYERON bien …a España PORQUE sigue siendo ignorante de su origen judío..Y a su pobre gente ignorante de su verdadera fe..mucho antes que cualquier cristiano o católico pisara la península Ibérica ya había en ella población judía..eso la Iglesia trató de borrarlo e impuso su terror hasta el día de hoy..así es ..España culo de Europa.

  19. Parlache

    ¡Gracias!

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