
Imaginen que viven en un mundo ocupado por el III Reich, donde la manera de asegurarles un enchufe a sus hijos no pasa por anotarlos a las juventudes del PP o el PSOE, sino a las juventudes hitlerianas. Bonito, ¿eh? Pues bien, ese siniestro panorama es el escenario donde se desarrolla la gran apuesta de Amazon para lanzarse al mundo de la producción de series. Últimamente la adaptación de relatos clásicos de la ciencia ficción parece haberse convertido en uno de los resortes preferidos para aquellas cadenas televisivas que intentan hacerse un nombre, o recuperar el nombre perdido. Hace poco comentamos el mediocre aunque voluntarioso intento de SyFy Channel por recuperar parte de su prestigio perdido recurriendo a la adaptación de una novela clásica de Arthur C. Clarke, El fin de la infancia. El intento no les salió bien. Era una adaptación blanda y minada por serios errores de concepto, aunque loable en lo que pretendía conseguir, y más teniendo en cuenta que SyFy llevaba tiempo haciendo productos facilones sin molestarse en intentar ofrecer algo medianamente serio. Pero recurrir a esta clase de materiales clásicos tiene estas cosas: aunque el título de una novela famosa hace el trabajo de promoción por sí solo, las expectativas serán altas y cualquier resultado que no llegue a las expectativas hará que el tiro salga por la culata. Esto es lo que le pasó a SyFy.
Amazon no es exactamente una cadena televisiva, pero tiene un servicio de distribución de contenidos por internet (Amazon Video) y finalmente ha dado el paso de realizar series originales a través de una productora propia, Amazon Studios. Para estrenarse con un drama de peso decidieron tomar los mismos riesgos que SyFy , esto es, adaptar otra de las novelas clásicas que llevaba más tiempo siendo anhelada por diversos productores y cineastas. No era fácil. Philip K. Dick es uno de los autores más adaptados de la ciencia ficción escrita, es verdad, pero rara vez se ha conseguido convertir esas adaptaciones en éxitos artísticos. Eso sí, en Amazon tuvieron más sensatez que en SyFy, y realizaron su jugada de manera más cuidadosa. Distribuyeron un episodio piloto a modo de globo sonda, junto a diversos pilotos de otros proyectos, y dejaron que el público eligiese cuál de todos ellos prefería ver convertido en serie. El piloto de El hombre en el castillo parecía el más prometedor desde un principio y, como era de esperar, fue el más deseado por los espectadores, así que terminó convirtiéndose en una serie de diez episodios que por el momento tiene una única temporada, aunque ya se ha anunciado una segunda. Otra buena maniobra de Amazon era contar, como productor ejecutivo asociado, con todo un Ridley Scott (cuya adaptación de Philip K. Dick en Blade Runner es considerada una obra maestra). Ya la BBC había acariciado la idea de adaptar este libro con ayuda del propio Scott, por lo que la adaptación venía sonando desde hace tiempo, aunque al final la BBC se echó atrás. De esta manera, qué duda cabe que Amazon añadía una pátina de prestigio a la producción incluso antes de empezar a rodar, pese a que Scott ha hecho poco más que poner una parte del dinero.
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No estaría mal que en la segunda temporada algunos personajes viajaran a Berlín… digo, a Germania y ver un poco de lo que Speer tenía proyectado. Es decir, hacer una doble pirueta lateral invertida y acabar en «Fatherland».
Sí hay un viaje a Berlín (aunque el monoraíl no es creíble que pase por ciertos sitios).
Vi el primer capítulo y no convenció nadie, creo que intentaré con el segundo por si acaso.
Un tanto fuera de tema: las series y películas de SyFy en general me parecen bodrios, con la notable excepción de Battlestar Galactica, y cuando quiero ver buena ciencia ficción las evito, pero hace poco y gracias a El fin de la infancia (no-tan-bodrio) estoy viendo The Expanse y está muy bien.
The Expanse está muy bien. Lástima que, por alargar el chicle (mal de todas las series americanas, parece), no se decidieran a llegar al final del primer libro, y hay que esperar casi dos años para ver qué pasa. Pero la ambientación es sobresaliente, hard-sf como nunca he visto en televisión. Y los personajes funcionan.
Veré si consigo y leo el libro primero…y luego me pondré con la serie…
Acabo de terminar el libro y tengo la impresión que la serie va ser mejor que el libro, no es usual pero a veces pasa eso,
Dick es muy muy raro. Yo nunca he acabado de conectar con ese hombre.
La protagonista absoluta Alexa Davalos se pasa toda la temporada con cara de asustada y con los brazitos cruzados como muerta de frío….ella y el tal Frank ofrecen unas interpretaciones tan planas, vacías y faltas de matices que rozan el ridículo. Por cierto: la serie floja, floja, flojisima, he estado toda la temporada esperando que rompiera y al final ha sido una mierda monumental.
Pingback: El hombre en el castillo, la ambiciosa apuesta de Amazon
No he visto la serie, pero no veo mención en el artículo a la típica pirueta dickiana (¿spoiler?) en la base de la novela original: en el mundo de los Estados Divididos hay un escritor que imagina un mundo en el que el eje perdió la guerra y los aliados la ganaron, aunque no exactamente igual a como sucedió en la realidad, lo que añade una capa más de distorsión a la imagen.
SPOILER: En la serie es una cinta de pelicula. Para mi se aleja algo del libro y hay algunos detalles y acontecimientos no reflejados, veremos la segunda temporada.
A mi me parece que la serie se pierde en tramas sin interes (al ahora si, ahora no de la pareja protagonista; el triangulo que forman estos con el espia nazi; lo cutre de la resistencia…) en lugar de acudir a lo que interesa, que es de donde salen las cintas y que significan. Supongo que problema de querer estirar el chicle. Y luego situaciones absurdas, como el paseito nocturno de la protagonista por el edificio oficial japonés fuera de horas de trabajo (toque de queda, dice uno de ellos un minuto antes) cuando el día anterior hay un guardia con mala hostia y fusil pidiendo pases. O lo del dibujo mágico que ahora se vuela con una brisita y luego se pasa una noche en el suelo sin moverse. O lo del atentado, con el bobochorra del novio como un pasmarote con un revolver en primera fila y nadie hace amago de dar una voz. En fin, mucho bombo y poco que rascar.