Arte y Letras Historia

Ripperdá, del arribismo como doctrina política

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Ripperdá, el emprendedor a punto de sacarte de tu zona de confort. Retrato realizado por Hermannus Collenius en 1704. Imagen: (DP).

Teniendo en cuenta la coyuntura política en la que nos encontramos, no deja de ser llamativo seguir detectando en internet y redes sociales la amplia vigencia de la postura que podríamos llamar «cualquier tiempo pasado fue mejor» o «la degeneración postmoderna». Según esta corriente, la modernidad solo trae perversiones, vulgarización de valores que antes eran como la fabada de tu abuela: sólida, indiscutible, inamovible y eterna.

Pues bien, se trata de una deformación debida a la falta de perspectiva histórica. O en otras palabras, un sesgo como una catedral. La falta de escrúpulos, el oportunismo como fin en sí mismo y la poca vergüenza se pueden encontrar fácilmente en el pasado, si bien hay que reconocer que el bochorno que dejan a su paso suele ser limpiado por el Photoshop de los historiadores para disimular un poco y dignificar pasajes que no pasarían ningún filtro patriótico.

Por otra parte, es difícil la catalogación de los principales arribistas como tales, dada la problemática identificación de sus motivaciones. Aventureros, diplomáticos, espías, agentes dobles, intrigantes en la sombra y en general todos aquellos que realizan las labores de desatascar las alcantarillas del Estado son susceptibles de llevar esta etiqueta, aunque dedicarse a este tipo de menesteres tampoco es un indicador de arribismo pata negra. Si no, hagan la prueba con personajes de ficción como Frank Underwood. La cualidad esencial que diferencia a un auténtico desahogado no es la habilidad para la manipulación, sino la peligrosa ausencia de un par de rasgos imprescindibles para sobrevivir en política: uno, el conocimiento suficiente como para anticipar las consecuencias de tus decisiones y dos, tener una idea clara del propósito de ellas más allá de la promoción personal. Sí, estamos hablando de cierta clase de ideología, valores o creencias centrales. Algún tipo de brújula.

Por ello, este tipo de personajes son desconcertantes para historiadores y otros cotillas profesionales. El oportunismo se puede rastrear al menos desde Alcibíades, pero no es necesario irse tan atrás; la historia de España presenta algunos ejemplos palmarios muy suculentos. En este sentido, la vida y obra de Johan Willem Ripperdá, secretario de Estado en tiempos de Felipe V alberga lecciones muy instructivas.  

Este vividor nació en Groninga en el seno de una familia noble, rica y católica muy vinculada a los jesuitas. El joven barón de Ripperdá dio precoces muestras de su talento al cambiar de religión nada más heredar con el fin de medrar en los Estados Generales de su provincia. También pulió el arte de inventar todo tipo de patrañas y regalar la oreja de su audiencia, método por el que consiguió que lo nombrasen embajador de Holanda en Madrid, donde aterrizó en 1715. Toda una tierra de promesas para un espabilado como Johan, como veremos.

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12 comentarios

  1. ¡Bravo!

  2. Somos así.

  3. Pingback: Ripperdá, del arribismo como doctrina política

  4. De acuerdo en que Juan Guillermo fue un arribista de libro. Discrepo en lo de Italia. En España siempre se pensó que la pérdida de Italia en el tratado de Utrecht era un abuso y una manifiesta injusticia, por ser posesiones españolas antes de la llegada de los Habsburgo, como Nápoles, Sicilia y Cerdeña o conquistas propias, caso de Milán. Por eso cualquier iniciativa «italiana» encontraba eco en la corte de Madrid e incluso la actitud inglesa al inicio de esta campaña fue bastante tibia. El exceso de ambición hispana y la alarma británica al comprobar la eficacia naval hispana llevaron al combate abierto. Cierto que la Farnesio era ambiciosa para con sus hijos, pero esa ambición casaba muy bien con las aspiraciones hispanas. Buen artículo.

    • Alejandro García

      Sí y no. Me explico. Las ambiciones de la Farnesio coinciden con las reclamaciones sobre Italia, pero es sin muchas dudas el primer factor el decisivo (obviamente aprovechando el viento de cola del segundo); también se habían considerado abusos e injusticias cuestiones como Gibraltar, Menorca o el Asiento de Negros, por ejemplo. La primera aún anda pendiente en algunos nostálgicos, la segunda se acabó resolviendo…en definitiva, no era imperativo recuperarlo manu militari tan pronto y menos sabiendo que todas las potencias europeas importantes, todas, iban a responder. Es una falta de realismo político y estratégico impresionante, imperdonable y un derroche innecesario de recursos y prestigio. La prueba es que sólo hubo que esperar a la Guerra de Sucesión polaca unos años después, para obtener lo que se pretendía.

  5. La verdad es que el Ripperdá este me parece un poco flojo, aunque el artículo está bien para conocer que apenas sale en los libros de Historia.

    Lean la biografía de Fouché por Stefan Zweig, para conocer a un arribista de los pies a la cabeza.

    • Alejandro García

      Un tipo que consigue molestar a todas las potencias europeas de la época y provocar una crisis internacional de tal calibre no sé si definirlo como flojo. Sí es cierto que fue un paso fugaz, pues no pudo mantenerse en la cúspide mucho tiempo, pero su pequeñonicolasismo no le habilitaba para tal hazaña. Hay que tener en cuenta que aquí somos muy dados a eliminar vergüenzas también, que no se vean. Gracias por la sugerencia.

      • A ver: molestó, pero no hizo nada más que molestar. Un pequeño malentendido, que enojó va a alguna cabeza empolvada, pero no provocó ninguna guerra como sí hizo, y esta sí que fue un pájaro de cuidado, Isabel de Farnesio.

        Tal como está contado el asunto, a mí me parece una mezcla de listillo y mosca cojonera con vocación de parto de los montes. Fouché, en cambio, sobrevivió y prosperó durante 20 años con regímenes antagónicos. Tyrion Lannister o Meñique serían aprendices a su lado.

        • Alejandro García

          Claro, pero entonces estaríamos hablando de grandeza en el empleo la falta de escrúpulos, en un Vicepresidente Underwood y Ripperda tiene esa cualidad de esperpento y patetismo que le distingue. Quizá no he logrado exponer la diferencia como pretendía, pero creo que mantenerse mucho tiempo en la cumbre tiene que ver con otro tipo de político.

  6. Y yo me pregunto, ¿qué hay de malo en usar el bien público para fines privados? Deberíamos entenderlo ya como una acción tan común y placentera como aliviarse en el retrete o comer un buen chuletón. Lo que vivimos no es nada nuevo, está en nuestra condición de humanos codiciar.
    Que un holandés errante o bien una consorte parmesana usen su escalón social para obtener la satisfacción de su ego o un terrenito en Italia lo veo lógico. Todos usamos los medios a los que alcanzamos para lograr un objetivo, ¿quién no ha alardeado de ser, tener o conocer para ligar?, (cada uno a su nivel, claro).

    Las historias siempre se repiten, vea usted los orígenes del crac del 29 y de la crisis del 2008, a pesar de que el tema tratado se ha repetido constantemente y se seguirá repitiendo sin duda.

    Crecer y vivir o estancarse y morir Sr. García.

  7. Alfredo Taján

    Ripperdá es un personaje novelesco, siempre me ha seducido, a pesar de su paso fugaz por la corte madrileña y el tragicómico Tratado de Viena de1724. Su exilio en Marruecos y su final ya adquiere tintes de cuento de William Beckford. En cambio no me parece adecuado el tratamiento tan duro que hacéis de Isabel de Farnesio que, efectivamente, fue una intrigante, pero no hacía más que ajustarse al modelo de las alta política matrimonial que practicaban todas las monarquías de Europa. Tenemos que tener en cuenta, y no es para justificarla, que es la mujer de un rey demente, sucio, que además la maltrataba. Además, expulsó de España a la bruja más bruja del mundo, mucho peor que ella: la Princesa de los Ursinos.

  8. Pingback: Ripperdá, un oportunista holandés en la Corte de Felipe V – Tempus Fugit

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