El hombre que tiene en jaque a Sudáfrica (y quiere ir a Argentina)

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Radovan Krejcir. Foto: Cordon Press.
Radovan Krejcir. Foto: Cordon Press.

Nadie podía imaginar los dolores de cabeza que Radovan Krejcir le supondría al Estado sudafricano cuando aterrizó en 2007 en el país austral. La fama internacional de Krejcir no hace justicia a sus cinematográficas andanzas, por lo que será mejor empezar presentándole. Aunque solo tenía veintidós años cuando la revolución de terciopelo desmanteló pacíficamente el régimen comunista, Krejcir empezó su fortuna en la tómbola de las privatizaciones de empresas públicas que fueron los años noventa en esa parte de Europa. Casi tan rápido como el dinero llegaron sus problemas con la policía, que en 2005, cerca de una década después de comenzar a investigarle, quiso detenerle en una redada en su mansión de los alrededores de Praga por delitos de fraude e intento de asesinato de un funcionario de aduanas. Pero Krejcir tenía otros planes, y escapó por la ventana para acabar cruzando en bicicleta la frontera con Polonia. Su carrera de fugitivo (condenado después en ausencia por los tribunales checos) le llevó después a Ucrania, Turquía y Dubai, desde donde voló a las Seychelles. Tras dos años en las islas, con una orden de arresto de la Interpol amenazando su plácida (y aburrida, como él mismo reconoce) existencia en el paraíso, decidió marcharse a Sudáfrica.

La vida en el nuevo destino no pudo empezar peor. Pese que viajaba con un pasaporte falso bajo el nombre de Egbert Jules Savy, la policía le detuvo en el Aeropuerto Internacional OR Tambo de Johannesburgo. Las autoridades sudafricanas iniciaron contactos con las checas para extraditarle, pero, una vez más, Krejcir tenía otros planes. Con mucho dinero, sobornos aquí y allá y buenos abogados logró retrasar mil veces el proceso, y hacer ver como razonable la posibilidad de que en un país perfectamente democrático de la Unión Europea hay un complot político en su contra y su vida corre peligro si es extraditado. Según Krejcir, su propio padre, Lambert Krejcir, que era dueño de una imprenta, fue secuestrado en 2002 y asesinado por agentes de la seguridad del Estado mientras él estaba detenido por la policía checa. En la historia de Krejcir hijo, sus supuestos captores querían que les entregara unos documentos comprometedores para el entonces ministro del Interior y futuro jefe de Gobierno Stanislav Gross, cuya campaña habría sido financiada por Krejcir. Sin embargo, según cuenta el semanario sudafricano Mail and Guardian, la policía checa detuvo en 2006 en relación con la muerte de Lambert Krejcir a varios empresarios locales, que le habrían secuestrado para forzar a su hijo a pagar sus deudas. Menos preparado para la vida al límite que su hijo, Lambert Krejcir murió durante el secuestro de un ataque al corazón. Cuatro años después de la tragedia, uno de los sospechosos del rapto murió de forma violenta, en un asesinato con pinta de encargo cuya autoría intelectual le fue atribuida a Krejcir.

Radovan Krejcir podía haber mantenido un perfil bajo mientras luchaba en Sudáfrica contra su extradición. Decidió en cambio ponerse a trabajar, quizá porque necesitaba seguir haciendo dinero. No se conocen muchos detalles claros sobre su actividad laboral en Sudáfrica. Una de las pocas certezas es que abrió una casa de empeños de oro y joyas en Bedfordview, una zona residencial del este de Johannesburgo donde viven los portugueses, italianos, griegos y otros europeos como Krejcir a los que les ha ido bien en la Sudáfrica postapartheid. La mejor parte de Bedfordview se despliega sobre una colina rocosa y de tupida vegetación plantada, coronada por lujosas mansiones con piscina y muros terminados en valla electrificada, como en todos los barrios prósperos de la ciudad. Una de estas casas era la de Krejcir, que fue subastada hace poco por el fisco para cobrarse los impuestos que le debía el checo. El comprador pagó por la mansión unos setecientos mil euros. «La mayoría de las habitaciones tienen puertas de acero con múltiples cerraduras», dijo al servicio radiofónico de noticias Eyewitness News Christiaan Gey van Pittius, uno de los participantes en la puja.

Krejcir tiene motivos para tomar precauciones. En noviembre de 2013, más de una decena de armas de fabricación casera, activadas por control remoto y colocadas tras la matrícula de un coche aparcado frente a su casa de empeños, abrieron fuego contra el vehículo de Krejcir, que había salido de su automóvil momentos antes. Poco después del fallido atentado contra su vida, Krejcir hizo gala de su proverbial sangre fría y de un humor a prueba de bala, como las puertas de sus habitaciones: estoy acostumbrado a estas cosas, «toda mi vida es al estilo James Bond», bromeó con la prensa.

La información más detallada sobre los negocios de Krejcir desde que está en Sudáfrica la dio el juez del Tribunal Superior de Johannesburgo Colin Lamont, al condenarle este mes de febrero a treinta y cinco años de cárcel por los delitos de secuestro, intento de asesinato y posesión de drogas. Era, después de casi diez años, la primera victoria de la justicia sudafricana contra Krejcir. Lamont estableció que el checo era el cabecilla de la operación que pretendía enviar a Australia veinticinco kilos de metanfetaminas, de un valor estimado de 2,3 millones de dólares. La mercancía desapareció a manos de uno de los correos, cuyo hermano fue secuestrado y torturado por Krejctir y sus secuaces, que le arrojaron agua hirviendo para que confesara el paradero del hermano. Junto a Krejcir fueron condenados a quince años cada uno cinco de sus cómplices. Algunos de ellos eran policías corruptos. Es cierto que Krejcir le ha creado a Sudáfrica numerosos inconvenientes. Pero su presencia en el país ha dado también un impulso inestimable a la calidad de vida de las familias de muchos funcionarios del Estado.

Para encontrar más pistas sobre sus actividades hay que seguir el reguero de muertos (dieciséis personas de su entorno han perdido la vida en circunstancias violentas) que ha dejado desde que llegara a Sudáfrica hace casi una década. Uno de ellos es el tuneador alemán de coches de lujo Uwe Gemballa, secuestrado en el aeropuerto y asfixiado hasta la muerte por sus captores en febrero de 2010. Gemballa venía a Sudáfrica a abrir una franquicia de sus negocios. Según varias informaciones, Krejcir debía haber financiado el negocio. Otro de los socios de Krejcir asesinado es el magnate de clubes de striptease Lolly Jackson. El chipriota George Luca, acusado del crimen, declaró ante la justicia sudafricana poco antes de morir de cáncer entre rejas que fue el propio Krejcir quien mató a Jackson de varios disparos. Según Luca, Krejcir ayudaba a Jackson (nacido en el Congo belga en una familia de origen griego como la de Luca) a lavar dinero negro. El rey de los clubes de striptease sudafricanos sospechaba que el checo le robó parte del dinero. Según la versión de Luca, Jackson le amenazó por ello, y Krejcir respondió matándole llamándole «cucaracha». La justicia no ha implicado hasta el momento a Krejcir en el caso. El fugitivo checo sí deberá responder ante un juez por el asesinato de dos figuras del hampa que habrían trabajado para él, así como por planear el asesinato de un alto cargo de la policía y del investigador privado Paul O’Sullivan.

Las autoridades sudafricanas tienen motivos para pensárselo dos veces antes de juzgar a Krejcir. Las casi ciento cincuenta vistas del juicio a Krejcir por el caso de las metanfetaminas le costaron al Estado cerca de doscientos mil dólares, gastados sobre todo en medidas de seguridad durante las sesiones y para su traslado de la cárcel al tribunal debido al riesgo de fuga. Krejcir lleva en la cárcel desde noviembre de 2013, aunque ha empezado a cumplir condena este mes de febrero. Estuvo primero en la prisión Kgosi Mampuru II de Pretoria, en cuya sección hospitalaria coincidió con Oscar Pistorius. En un vídeo grabado con un teléfono móvil se les veía jugar a fútbol en el patio de cemento de la cárcel. Un Krejcir algo rechoncho y cachazudo chutaba contra una pared convertida en portería con Pistorius de guardameta. Al final del vídeo cambiaban los papeles, y Pistorius golpeaba la pelota con con energía y determinación de deportista. De Pretoria lo trasladaron al penal de Zonderwater, cuarenta y tres kilómetros al este de la capital.

Foto: Cordon Press.
Foto: Cordon Press.

Las medidas de seguridad en los juicios y desplazamientos de Krejcir se incrementaron sensiblemente desde septiembre del año pasado, cuando en una redada su celda en la prisión de Zonderwater le fueron confiscados una pistola con munición, un arma de electrochoque, diez teléfonos móviles, un espray de pimienta, una navaja suiza, un cuchillo, un USB, planos trazados a mano del ala de la prisión en la que estaba y un diario en el que había escrito nombres de investigadores y testigos de sus procesos judiciales. El hallazgo en la celda de Krejcir permitió a la policía confirmar lo que le había adelantado el investigador privado O’Sullivan: que el checo tenía meticulosamente preparada su huida, de la cárcel y de Sudáfrica. El diario sudafricano Sunday Times reveló detalles del plan obtenidos de la correspondencia entre O’Sullivan (una figura quijotesca que asiste desde fuera a la policía en todos los grandes casos de los bajos fondos sudafricanos) y un agente de la inteligencia checa.

Su madre residente en la República Checa, Nadezda Krejcirova, había dirigido toda la operación. A través de ella, Krejcir pensaba obtener planos de la prisión de máxima seguridad de Zonderwater. Un helicóptero para transportar al prófugo una vez libre de la custodia carcelaria era parte del operativo. La huida debía producirse el sábado 26 de septiembre de 2015. «Un helicóptero sobrevoló el área de Zonderwater el sábado», confirmó al periódico uno de los funcionarios de prisiones de la cárcel. Antes de ese mismo sábado, la unidad de reacción táctica de la prisión fue trasladada de Zonderwater, en una medida extraña y sospechosa que sugiere la intervención de la mano corruptora de Krejcir. Según confirmó la policía al Sunday Times, al menos diez presos y cinco funcionarios de prisiones estaban implicados en el plan, que según algunas estimaciones habría costado unos dieciséis millones de dólares.

Según el Saturday Star, periódico que consiguió la exclusiva sobre la operación frustrada, la idea de Krejcir era fugarse ese sábado cuando fuera escoltado al médico por una funcionaria de prisiones a la que el checo reduciría por la fuerza. Una vez libre, un Mercedes Benz conducido por una mujer le llevaría por carretera a la vecina Suazilandia, donde se alojaría en el hotel Royal Swazi Sun del bucólico valle de Ezulwini. De allí viajaría hasta Mozambique, y de la excolonia portuguesa en avión privado a Argentina.

Comenzar una nueva vida en Argentina parece ser un viejo deseo de Ravon Krejcir. En 2013, poco antes de comparecer por primera vez ante el juez por el caso de la metanfetamina, Krejcir fue detenido por la policía horas antes de tomar un vuelo de Johannesburgo a la capital de Namibia, Windhoek, desde donde volaría a Argentina. Krejcir ya había pagado por el viaje, y en el país hispanoamericano le esperaban su mujer y sus hijos. Paul O’Sullivan dio una vez más la voz de alarma. Tal vez evitara también que Sudáfrica se librara a la larga de muchos problemas.

Radovan Krejcir es un hombre simpático. Uno de esos canallas seductores acostumbrados a ponerse a la gente en el bolsillo con una sonrisa y un comentario jocoso. Durante el juicio en el que ha sido condenado departió amigablemente con los periodistas y la abogada. Vestía camiseta, vaqueros y deportivas. A veces una cazadora de cuero negro. Llevaba casi siempre una barba de un par de días y tenía un aspecto rubicundo y jovial. El día que cumplía veinte meses entre rejas lo mencionó con sorna a los reporteros, denunciando con humor un complot contra él. Una periodista india le preguntó por las Seychelles para su luna de miel. Un sitio estupendo, contestó él. «El lunes vas a pescar; el martes a hacer esnórquel. El miércoles a bucear; y el jueves, oh, otra vez a pescar». Calificó la isla en la que vivió de un lugar aburrido que se cruza en cuatro horas en coche, pero cambió de tono luego para recomendárselo a la periodista para el viaje de novios.

Krejcir acabó el juicio defendiéndose a sí mismo. Primero solo. Luego con una intérprete de checo y siempre desafiante y airado. Una amenaza de bomba obligó a retrasar un día la vista de la sentencia. Krejcir llevaba las muñecas y los tobillos esposados y le pidió al juez Lamont que mandara desencadenarlo. El juez dijo que no por motivos de seguridad. «No entiendo qué ha cambiado», dijo Krejcir, que hasta ese día había asistido al juicio sin esposas. Su comentario provocó una vez más la irritación de Lamont, un tipo grande y de ademán tranquilo y estilo directo que discute con abogados y testigos y no esconde su irritación cuando cree estar escuchando una tontería. «Excepto que ha aparecido un artículo en el periódico que dice que quiero matar a Lamont», afirmó Krejcir.

Según fuentes de la policía citadas por el diario Star, Radovan Krejcir contrató a un sicario de origen europeo para acabar con la vida de Lamont. «¿Cuándo puedo levantarme y abordar a Lamont? ¿Cuán lejos puedo ir? ¿Puedo tirarle una botella de agua? ¿Puedo decir que la piedra en su parabrisas fue solo el principio?», escribía Krejcir en la libreta que le confiscaron cuando planeaba escaparse. La piedra a la que se refería impactó en el cristal del coche del juez cuando este conducía hacia su casa (también en Bedfordview) un día de 2014. El impacto produjo un fuerte ruido y quebró el vidrio. Lamont lo denunció y la policía le puso protección las veinticuatro horas del día.

Si el Tribunal Constitucional (al que tiene previsto apelar para denunciar la conspiración que ha sufrido) no lo remedia, Krejcir se pasará entre rejas unos cuantos años. Treinta y cinco si cumple toda la sentencia, más los que le caigan en los juicios que espera. Eso es lo que esperan las autoridades sudafricanas, pero no pueden bajar la guardia. Seguramente, Radovan Krejcir tiene una vez más otros planes.

 Foto: Cordon Press.
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9 Comentarios

  1. En Argentina por suerte ya no están los Kirchner (quienes podrían haberle garantizado la impunidad fácilmente) y los que quedan están haciendo fila para ir a prisión, así que dudo que a esta escoria le sea fácil su vida aquí. Ya bastante basura tenemos como para que encima nos caiga éste de regalo. NOOOOOOOOO!!!!

  2. Este malandro es un corderito comparado con los hermanos Gupta. Esos si que juegan a lo grande y tienen al pais en vilo empezando por tener al presidente el el bolsillo.

  3. La Argentina de Macri es ideal para tíos como este.Desde el Gobierno le garantizarán todo tipo de negociados y libertades, son de la misma calaña.

    • Falso. Todo lo contrario. El gobierno de Macri lo que pretende precisamente es terminar con eso. Y a las pruebas me remito; busquen en Google «Kirchner» y luego «Macri» y verán a quien está mas asociado la palabra CORRUPCIÓN. Los Kirchner y su grupo son la banda más grande de ladrones que ha existido en la argentina y en el mundo. Un grupo de despreciables y codiciosos ignorantes, resentidos, corruptos e ineptos. Poco preparados y muchos de ellos prácticamente analfabetos. Ésta lacra gobernó el país por más de una década y nos dejaron culo al norte. Quiero verlos presos pronto!!!!

      • Vamos, no se gasten con peleas politicas. Ambas caras de la política estan relacionadas con mafiosos. La única diferencia es el discurso que le venden a la gente.

  4. Leo los comentarios y me entristece comprobar cómo en casi todas las sociedades se tiende a la polarización y el maniqueísmo: «yo soy del bando de los buenos y los otros son los malos». Sería mejor profundizar y reconocer que el problema principal de los países sudamericanos es la corrupción. Políticos de todo el espectro ideológico (de neoliberales a socialistas) han demostrado no ser de fiar.

  5. Hizo guita con privatizaciones de empresas públicas. No estaba equivocado con querer venir a la Argentina, este es el país ideal para esos negocios. Y ahora con Macri, miembro de la familia más estafadora del Estado argentino en las últimas décadas (junto a los Kirchner), ni te cuento.

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