
Acababan de ganar a los Clippers con una solvencia por la que suspiraba cualquier equipo del este. Desde su privilegiada butaca el director deportivo de los Cavaliers, David Griffin, no había perdido el menor detalle. Terminado el partido, a eso de las diez y media de la noche, decidió bajar al vestuario. Lo hizo antes de que se abriera a la prensa. Y una vez dentro la escena no pudo resultarle más inquietante. Un pesado silencio asfixiaba la sala. Los jugadores se aplastaban en las taquillas, abatidos y como indiferentes a una victoria de ese calibre. Ninguno levantó la cabeza a su entrada. Seguían absorbidos en los teléfonos, en el alivio de los pies desnudos o en el cese de toda tensión. Griffin se escandalizó. Aquella desafección no era normal.
Volvió sobre sus pasos, se tomó unos segundos y lo que venía meditando los últimos días cobró forma definitiva. Era el momento de actuar y allí mismo improvisó cómo hacerlo, con una discreción de operativo secreto. Bajo el marco de la puerta hizo una seña a James Jones, a quien llevó pasillo adentro hasta quedar a solas.
—Escúchame bien lo que te voy a decir. Mañana tendré una reunión con todos vosotros. Es importante y nadie puede faltar. Quiero que lo hagas saber a todos. Hazlo ahora. Y hazlo con cuidado. Esto es solo entre vosotros y yo. Nadie más puede saberlo.
Todos en el equipo conocen a Jones como «Champ». Ese jugador marginal de quien el público sabe por acompañar a LeBron James en su palmarés es mucho más que una sombra. Ejerce de líder de puertas adentro porque su personalidad despierta en los demás un respeto innegociable. Curtido, serio y reservado, el flaco «Champ» es uno de esos tipos de atracción natural para los inseguros. Su peso en el grupo remite a los gallos del barrio que han salido indemnes de mil peleas dando el primer paso y granjeándose así esa rara mezcla de temor y confianza de los viejos chamanes. Esto había valido en Miami, ahora en Cleveland y allá donde prosiga LeBron, sin el cual el flaco Jones hace tiempo que estaría fuera de la NBA. No eligió su papel sino al revés. Y Griffin recurrió a él y no a James porque para el encuentro del día siguiente pretendía situar a este en iguales condiciones que al resto, cosa que no ocurriría de ser LeBron quien gobernara la cita. Quién si no iba a reprocharle nada.
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Es bueno el texto. Pero dudo mucho pero mucho que hayan tomado la decisión de echar a Blatt sin preguntarle a Lebron primero. Y también había que agregar que seguramente mientras veían el 4 partido en la IPad de Lebron, tomaron la decisión de cargarse a Green.
Gran artículo, de verdad. No he seguido los partidos pero me ha ayudado a entender la campanada que los Cavs han pegado este año.
Gran articulo, no llego a entender porque necesitando Lebron una figura autoritaria como entrenador para rendir mejor ningún GM ha sido capaz de plantar a un sargento para dirigirle
Articulazo! Ni idea de cómo se ha enterado de las intimidades de ese vestuario (me refiero sobre todo a lo de Blatt) pero es un impagable documento para los que seguimos la NBA y su vertiente «épico-narrativa».
Mira que suelo disfrutar con los artículazos de Gonzalo, pero con LeBron pierde completamente la imparcialidad. Esta historia es incongruente. Se infiere inicialmente que LeBron pide el fichaje de James Jones («sin el cual el flaco Jones hace tiempo que estaría fuera de la NBA») pero luego se nos pretende hacer creer que las palabras de Griffin («La verdad es que nunca me ha pedido nada. Ni una sola vez») son ciertas.
Hola, Adrián. Soy consciente de haber incluido ambas cosas en el texto. Lo he hecho deliberadamente porque ambas son ciertas y creo que su omisión no procedía. Durante el mes y medio siguiente al anuncio de su vuelta (11/VII/14), dentro de la hoja de ruta establecida, Griffin incluyó la consulta a James sobre qué ‘fits’ vería adecuados adquirir a la rotación del equipo y si tenía alguna propuesta que realizar. LJ sugirió dos: James Jones y Mike Miller. Griffin entendió como válida y asequible la adquisición de ambos y ambos llegaron juntos un 5 de agosto. No puso la menor objeción porque nada resultaba inconveniente y sí sencillo añadir esa aparente unión de los tres. Esto sucedió exactamente así. De ahí las palabras de Griffin rechazando un aislamiento total en sus decisiones: «I’m not somebody who believes we don’t talk to the family before we make changes. We do. And I’ve told you that. I talk to many players when we make decisions of magnitude that will change the locker room».
Por eso año y medio después, también las declaraciones de Griffin tuvieron lugar así, declaraciones que en rigor yo entendía un deber incluir. Y que de eso pueda interpretarse una incongruencia (en términos de comunicación de franquicia) queda a voluntad de cada uno. Diría que en la escala de la gestión, consulta, orden y decisión tienen cada uno un diferente significado.
Saludos.
Gonzalo
Hola Gonzalo,
Muchas gracias por tomarte el tiempo de explicar más en detalle cómo ocurrió la contratación de Jones. Con toda la información en la mano, efectivamente no es incongruente una declaración con la otra. Aunque no te niego, a pesar de no tener ningún dato y de ser una opinión puramente especulativa, que me sigue costando creer que el poder de LeBron en Cavs sea tan limitado como se desprende del artículo. En cualquier caso, releyendo mi comentario ahora días después, disculpa si el tono resultó un poco brusco, no era mi intención.
Deseando leerte pronto.
Adrián
Gonzalo Vázquez es sin duda el mejor escritor de baloncesto actualmente. Lo comencé a seguir con PsicoBasket y ya no lo he dejado de leer.
Opino lo mismo, y últimamente ha dejado el estilo rococó llego de adjetivos superficiales.
El artículo es jamón ibérico.
Soy más de Curry pero no por eso niego que LeBron es uno de los más grandes de la.historia del juego; más allá de que como persona no le caiga bien, me pone bien que su sola presencia haya generado alegría en una ciudad tan castigada económicamente como lo es Cleveland
I hate Lebron, I love Kyrie
Me ha encantado. Qué es el deporte sin su narrativa. Pero esta crónica ha sido especialmente bonita. La diferencia con otros textos sobre competición es que se ha mirado la historia desde vestuario y oficinas, y no desde un asiento del estadio.
Normalmente acabo la lectura pensando «ojalá hubiera visto el mundial de Italia ’90 en directo». Ahora daría un año de mi vida por haber formado parte del vestuario de los Cavs.
Siento como que todo el mundo debería tener derecho a pasar una temporada en la NBA.
Gonzalo: Por favor, no dejes de reunir tus «Riqueza y miseria» en un solo tomo. Por favor.
La sumisión de Lebrón ante el entrenador novato, lo más impresionante del asunto.
Un gran artículo.
Bueno se ve que LeBron es ejemplo y líder para todo -según el relato- excepto en lo crucial de la trama: la salida de Blatt. Y que evidentemente el coach no le corregía en público por no atreverse, no en vano no había entrenado a casi nadie a lo largo de toda su carrera. Como de costumbre en Gonzalo trata de combatir a los hater de The King convirtiéndose en el mayor hater que puede tener The King, esa secta de aduladores -ventajista- que le bautizara como The Chosen One, la mayor losa a sus amplias espaldas capaz de arrojarlo al suelo de pura deshidración mental.
El autor de este artículo o bien ha omitido para su interés testimonios de los Insiders que no le interesaba contar, o bien se interesa solo por los Insiders que puedan regalarle los oídos a su obra. No me cabe otra interpretación de este texto.