Música

Billy Budd, rey de los pájaros

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Foto: Javier del Real, cortesía de Teatro Real.

La viuda de Melville dejó sin publicar Billy Budd porque el relato estaba desordenado e inconcluso. Los textos breves de Melville fascinan a los comentaristas y siempre terminan trayendo cola. Ahí está Bartleby, el escribiente por si alguien necesita ejemplos. Sobre la historia de un reo acusado de propiciar un motín, Forster y Crozier escribieron el libreto para una ópera de Benjamin Britten.

Edward Fairfax Vere, el anciano que una vez fue el capitán de El Indómito, buque de guerra de Su Majestad, cuenta la historia de su redención recordando a Billy Budd, el joven bueno que lo bendijo camino de la horca. «La vida en un buque de guerra no es un juego». Es 1797 y los ingleses están muy preocupados porque los franceses han cometido la excentricidad de declarar la república y de decapitar a su rey. Así que los súbditos de su graciosa majestad comienzan su tipo de guerra favorito: la naval. Los buques de guerra, efectivamente, no eran un crucero por las islas griegas: reclutamientos forzosos, hacinamiento y disciplina marcial. Con este panorama tan apetecible, llega una nueva remesa de candidatos al enrolamiento. Todos se resisten, salvo un tal Billy Budd, sin familia pero con patria (¡inglesa!), que está contentísimo de poder servir a su país y de encontrar camaradas. Billy es perfecto (los reclutadores estaban hartos de embarcar morralla), pero tartamudea. «Siempre hay algún defecto» («alguna imperfección en la imagen divina, algún tartamudeo en el divino discurso» recuerda el Vere anciano). En realidad hay dos: viene de un barco llamado Derechos del Hombre, lo que es muy apropiado para cantar «Farewell to you for ever, old Rights o’ Man», como una metáfora estupenda de la dura vida que se le avecina; pero sobre todo para hacer recelar a los oficiales al mando. «—¿Cree que existe el riesgo que las ideas francesas se cuelen por aquí, señor? —Un gran riesgo, un gran riesgo.  Existe una palabra que no osamos pronunciar y que en este momento la estamos aludiendo: motín». ¡La república flotante!

Billy Budd tiene muchos personajes, pero la ópera gravita sobre el triángulo que conforman el capitán Vere, el propio Billy y Claggart, el maestro de armas. Claggart es un hombre pérfido, frustrado y mezquino, que encuentra en Billy Budd belleza, generosidad y bondad; y las quiere destruir. La ópera nos lo muestra cruel desde el comienzo, pero reserva un soliloquio, que recuerda al famoso «Credo de la maldad» del Yago del Otello, en el oficial expone, más como un hombre miserable que como un supervillano, su plan para acabar con el muchacho. «¡Oh belleza del alma, del cuerpo… bondad!  ¡Cómo desearía no encontraros nunca!  Quisiera vivir en la depravación en la que nací.  Allí disfruto de paz a mi modo, allí impongo un orden comparable al que rige el infierno.  Pero, desgraciadamente, la luz brilla en las tinieblas, desgarrándolas». La maldad de Claggart no es jactanciosa, sino resentida. No es un astuto maquinador que goza planificando tragedias: más bien intenta aniquilar todo aquello que le recuerda, por comparación, su propia miseria.

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2 comentarios

  1. Pingback: Billy Budd, rey de los pájaros – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE

  2. ¡Gracias!

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