Sociedad

La guerra de las pulgas: Kukuxumusu vs Katuki Saguyaki

Katuki Saguyaki1
Imagen: Katuki Saguyaki.

Los lectores se entusiasmaban con aquel muñecote medio irlandés medio chino, calvo y ataviado con un holgado camisón. Sus historietas se publicaban cada domingo en el suplemento World Funny, propiedad de Joseph Pulitzer, que empezó a imprimir en color ante la devoción que despertaba el personaje. Era el protagonista de una serie llamada Hogan’s Alley, poblada de seres de los bajos fondos neoyorquinos. Se llamaba Mickey Dugan, pero todos le conocían como «The Yellow Kid», en referencia a su colorido atuendo. Al aroma del éxito, en 1896 el magnate William Randolph Hearstla competencia— maniobróFichó a toda la plantilla del suplemento de su rival, incluido el «padre» del audaz personaje: el dibujante Richard Felton Outcault. Con ellos lanzó el suplemento American Humorist, donde se trasladó a The Yellow Kid.

Pulitzer, rabioso, estimó que los derechos le pertenecían por cesión, y le llevó a los tribunales. Y aquí es donde se produce un nacimiento gemelar: el de la «prensa amarilla» y el de la disputa de los creadores por los «derechos de paternidad» sus criaturas. La justicia estableció que la serie Hogan’s Alley efectivamente pertenecía a la publicación de Pulitzer donde originalmente había sido creada, pero The Yellow Kid era propiedad de su creador que legítimamente podía continuar dibujándolo donde estimara.

Arrancó entonces la guerra sucia. Pulitzer contrató a otro dibujante para que replicara al personaje, que durante un tiempo apareció en ambas cabeceras simultáneamente. The Yellow Kid, además, bautizó el fenómeno: aquel choque entre magnates, editores y derechos del autor alumbró el nacimiento de un tipo concreto de prensa y de un conflicto permanente.

La disputa sobre si los personajes de una obra pertenecen al empresario que la comercializa o al artista que los concibió ha protagonizado numerosísimas batallas en la comunidad artística. Se trata de uno de los debates capitales donde entran en juego los límites de la propiedad intelectual, la industrial y libertad creativa. En nuestro país el último de estos episodios se vivió el pasado mes de marzo, cuando el Juzgado Mercantil nº 1 de Pamplona resolvió el bronco litigio entre el fundador de Kukuxumusu, Mikel Urmeneta y su actual director, el empresario Ricardo Bermejo, quien tomó el control accionarial de la empresa en 2014. Tras varios enfrentamientos, en 2015 Bermejo decidió unilateralmente prescindir del artista pamplonés como director creativo de la marca que este había creado. Urmeneta fundó la nueva empresa Katuki Saguyaki junto a otros dibujantes como Txema Sanz, Belatz, Marko y Asisko, responsables, con él, de la práctica totalidad de las creaciones de Kukuxumusu. A través de la nueva empresa inventaron y comercializaron nuevos diseños y dibujos.

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8 comentarios

  1. Pues ni uno ni otro. Las dos posturas son absurdas
    No existe la propiedad sobre las cosas intangibles
    https://mises.org/files/against-intellectual-property2pdf/download?token=PrrY1Zjq

  2. El artículo no entra a fondo en el quid del asunto, por qué hay una cesión de uso de esos dibujos, cuál fue el afán en esa cesión y en qué consistió esa cesión. Es ese para mi el hecho relevante, que pone en cuestión el traslado del asunto al terreno de la mística creativa.

  3. Pingback: Más leña a la hoguera del tema de los derechos de autor – AAAC

  4. Abogada Ceniza

    Artículo interesante sobre un tema complejo, aunque creo que peca de tendencioso a favor de la parte creativa.
    Me sumo al comentario anterior: esto es más un asunto del contrato y del objeto y causa del mismo, que parece no está muy bien definido. Ambas partes han sido muy temerarias y claramente no estaban de acuerdo en lo que cedían cuando firmaban (parece ser que el artista pretendía cobrar la pasta y estar al día siguiente haciendo la competencia con exactamente el mismo producto. Quizás tenían que haber intercambiado opiniones sobre esta posibilidad antes de firmar y montar este follón).
    En cualquier caso, creo que la moraleja de esta historia es bastante prosaica: para las cosas importantes, contrate usted a un buen abogado.

    • Sí, Ceniza, sí… ¡Vosotros los abogados siempre salís ganando! ¡Siempre estáis a tiempo de aliaros con el contrario en detrimento de los intereses de vuestros defendidos!
      ¡¡Y aquí paz y después gloria!!

      • Hola, soy abogado. Al parecer tienes la peregrina idea de que un profesional que asume una defensa en juicio y teme no salir airoso puede pasarse de bando y ponerse junto a la parte contraria antes de la sentencia. Claro que sí, hombre, lo dice el Real Decreto Legislativo 4/97, de 12 de abril, que regula los derechos de los cretinos en internet. A ti se te aplica entero.

  5. Carlos Alonso

    Parece que un elemento clavew en el juicio fue un grave fallo de estrategia de la defensa…

    «El juzgado de lo mercantil número 1 de Pamplona estimó la demanda
    interpuesta por Kukuxumusu contra su fundador Mikel Urmeneta y otros
    cuatro dibujantes, que no podrán reproducir en su nueva empresa los
    dibujos del Universo Kukuxumusu creados por ellos pero cuyos derechos
    de propiedad intelectual habían cedido. En su sentencia, la titular
    del juzgado se inclinó «clara y evidentemente» por el informe de la
    perito del demandante y señala que el del demandado no pudo ratificar
    en la vista el suyo por «haber permanecido en la misma antes de su
    declaración».

    Para no estar «contaminado» a la hora de declarar, ni los peritos ni
    los testigos pueden estar presentes en la sala desde el inicio del
    pleito. Por este motivo, deben permanecer siempre fuera hasta que se
    les avise y, una vez terminen, lo ideal es que se queden entre el
    público».

    http://www.expansion.com/juridico/actualidad-tendencias/2017/04/26/5900d208ca47410e288b461a.html

  6. Pingback: Más leña a la hoguera del tema de los derechos de autor – Asociación Aragonesa de Autores de Cómic

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