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Nazis contra el arte degenerado

Establos
Establos, 1913. Franz Marc.

Al pintor y escultor alemán Max Beckmann (1884-1950) la gente suele acomodarlo entre las filas del movimiento expresionista pero lo cierto es que cuando el propio artista observaba que llovían sobre él ese tipo de etiquetas optaba por sacudírselas rápidamente de los hombros y acelerar el paso sin mirar hacia atrás. La figura de Beckmann, autor de Retrato familiar (1920), El sueño (1921) o La noche (1919) gozó de un reconocimiento considerable en la Alemania de la República de Weimar, aquel inestable régimen político que tuvo lugar tras la derrota del país en la Primera Guerra Mundial. Durante ese periodo, el artista impartió clases en la selectísima escuela Städelschule de Fráncfort del Meno, recibió la medalla de oro de la ciudad de Düsseldorf, observó cómo sus pinturas se acomodaban en la Nationalgalerie de Berlín y en general provocó genuflexiones allá por donde tuvo a bien pasearse. Hasta que Adolf Hitler llegó al poder y el Gobierno señaló con un dedo al artista acusándolo a gritos de ser un bolchevique cultural, lo apartó de la docencia y confiscó su obra. En 1937 más de quinientas piezas con la firma de Beckmann habían pasado de ocupar sitios privilegiados en los museos alemanes a ser utilizadas como tope de puerta en los despachos del Gobierno nazi. Poco después, la Administración del Führer se encargó de designar a un pintor profesional para repasar la producción de Beckmann y realizar una selección de piezas notables con el objetivo de celebrar una exposición en Múnich, los nazis pretendían agarrar los mejores ejemplos de la obra que condenaban para presentárselos al público. Y el escenario para llevar a cabo aquel brillante plan sería la Entartete Kunst (Arte degenerado), una exhibición con un objetivo opuesto al de cualquier otra: ser un greatest hits del arte a evitar donde el público visitante se dedicase a condenar lo expuesto en lugar de admirarlo.

Entartete Kunst

El pintor encargado de seleccionar la alineación ideal de la Entartete Kunst se llamaba Adolf Ziegler y, además de tener nombre de copia pirata del Führer, también era el artista favorito del líder nazi. A Ziegler el Gobierno alemán le asignó un equipo de cinco personas para peinar los museos del país dando caza al arte sospechoso de ofender al régimen como quien sale a atrapar pokémones. Tras la batida, la cuadrilla regresó con el maletero repleto de piezas representativas del cubismo, el expresionismo, el arte abstracto o el surrealismo. Una selección que dejaba claro que Hitler y compañía le tenían tirria a todo lo que vendría a ser el arte moderno de la época. Con el material incautado Ziegler se las apañó para seleccionar seiscientas cincuenta obras (entre las que figuraban pinturas, esculturas o libros de más de un centenar de artistas diferentes) y montar en tan solo dos semanas la muestra Arte degenerado inaugurada en Múnich durante julio de 1937. Un evento que el Gobierno nazi acompañó con el detalle malévolo y cabrón de montar durante el mismo mes, y en la misma ciudad, otra exposición artística titulada Große deutsche Kunstausstellung (La gran exposición de arte alemán) en el museo Haus der Kunst, una muestra ideada para alabar y dar bombo a aquellos artistas que tenían el beneplácito del régimen.

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12 comentarios

  1. Santiago Pérez Segura

    Me ha parecido muy interesante el descubrimiento de la temprana afición de Hitler por la pintura. Tengo entendido que nuestro insigne General Franco también fue seducido por la misma inclinación. ¿Podrían decirme en que época de su vida se inició esa pasión y si conocen alguna representación de su obra? Sería interesante comprobar si como ocurría con su admirado Adolf, la figura humana quedaba al margen de su trabajo tal como hizo a lo largo de su vida

  2. Me ha encantado su artículo, la redacción del mismo, la abundancia de datos relativos a los movimientos artísticos y la ironía de la que ha hecho uso en varias ocasiones. Gracias por proporcionarnos esta lectura.

  3. Muy interesante el escrito. Le felicito por tratar de manera tan cuidadosa un tema tan complejo y doloroso al mismo tiempo. En esta misma línea temática sería interesante escribir sobre el Museo de la Higiene que los nazis animaron, pienso que alguna conexión habría. Atte.

  4. Luca Szekely

    Gran contribución, gracias!

  5. Interesantísimo artículo perfectamente documentado
    Muy agradable su lectura

  6. El arte degenerado no sólo carecía de contenido sino que carecía de técnica. Es la extirpación de los altos estándares de belleza, armonía y técnica que llevaron siglos desarrollarse, para confabularse en una parodia de subjetivísmo infinito. La expresión o declaración por si sola no es suficiente para ser arte. El arte moderno la mayor parte de las veces necesita retórica u otro plano para comprender tal abstracción. Es inútil intentar comprender esta retórica que puede tener todo el sentido del mundo pero imposibles de percibir a simple vista. Para el que quiera entender de lo que hablo, escuchen una obra musical atonal (dodecafónica o serial) y traten de encontrar un sentido lógico (no subjetivo) a lo que escuchan, sin ver la partitura o el análisis musical de dicha obra (lo que vendría siendo la retórica de explicación).

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