Fotografía: Manu Brabo

Cuando la insultaban llamándola Lagerkind (‘niña del campamento de refugiados’), Melita Šunjić (1) respondía: «Todos somos iguales, nos protege la Convención de Ginebra».
Así le instruyó su padre, Nikola, partisano y comunista, opositor al régimen del líder vitalicio yugoslavo, Josip Broz Tito. Para escapar de la cárcel, Nikola y su familia huyeron de Rijeka, Croacia, y se refugiaron en Austria. Era 1957 y Melita tenía dos años.
Mientras defendía sus derechos en la primaria, Melita desconocía el significado de la Convención sobre el Estatuto de Refugiados (1951), pero sí sabía qué era el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR. La organización entregó el primer piso a su familia en Viena. Nunca ha olvidado que su décimo cumpleaños pudo celebrarlo en su propia casa, fuera del campamento de refugiados. Por primera vez dio a sus amigas el nombre de una calle y el número de un portal. «Era la primera vez que tenía una dirección».
Tres décadas más tarde, la niña del campamento comenzó a trabajar para ACNUR como experta en comunicación. Ya era doctora en Ciencias de la Comunicación, autora de libros, redactora jefa de la sección internacional del diario vienés Wiener Zeitung y hablaba seis idiomas. «Cuando vi el anuncio de trabajo en ACNUR sentí que me llamaban», confiesa. Corría el año 1992 y la guerra en la antigua Yugoslavia se había extendido. Melita compaginaba su trabajo periodístico con el activismo pacifista y la ayuda a los refugiados bosnios.
Desde 1993 ha recorrido centenares de campamentos de refugiados en África, Asia y Europa y ha vivido en Pakistán, Jordania, Afganistán, Sudán, Georgia, Nepal y Sudáfrica, además de varios países europeos. Como encargada de comunicación y portavoz, ha relatado el destino de miles de refugiados a distintos públicos, exigido responsabilidades a políticos, pedido protección para los refugiados y ha explicado el contexto político/bélico a un sinnúmero de periodistas que aterrizaban para cubrir países que no conocían.
En los últimos años se ha especializado en la comunicación transcultural y actualmente su trabajo se centra en diseñar y poner en funcionamiento las estrategias de comunicación para Afganistán, Irak y Siria, de donde proceden más de un millón de los refugiados que llegaron a Europa en 2015 y 2016.
El objetivo de las campañas de comunicación es informar a las personas de estos tres países acerca de los peligros que supone el viaje hacia Europa y, sobre todo, acerca de las condiciones de vida en distintos países europeos: bases legales para conseguir el estatus de refugiado, permisos de trabajo, condiciones para la reunificación familiar, etc.
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“Asesoran a las familias y tutelan a los chicos cuando llegan al destino. Los traficantes convencen a los padres para que envíen a sus vástagos a Europa y, si falta dinero, aconsejan la venta de propiedades. Los jóvenes afganos salen de viaje porque así lo decide su padre.”
“Los traficantes provocaban los incendios, calculando que la indignación y la lástima acelerarían la decisión del Reino Unido de abrir sus puertas a quienes aguardaban en Calais.”
“Por mil dólares se ofrecen cartas de amenazas firmadas por los talibanes, que servirán de prueba para justificar la persecución política y obtener el asilo.”
Es bastante asombroso. Nunca había leído algo tan sincero en un medio de prensa. Me pregunto qué piensa ella que sentirán los ciudadanos de países receptores al leer esto.
Mi país, Uruguay, ha sido receptor de refugiados desde siempre, y dio la casualidad que un grupo de presidencia salió expresamente a buscar 4 familias sirias para traerlas hasta aquí. Las malas lenguas dicen que fue para engordar la campaña del Nobel para un presidente muy simpático y querido que tenemos que viajar por el mundo promoviendo su evangelio de la pobreza, perdón, quise decir “austeridad” que queda mejor.
Se les dio dinero gratis, tierras para colonizar y ayudas de todo tipo. Después de la luna de miel, (la nuestra, obvio) estas personas dijeron que se querían ir. Fue un golpe duro escuchar que en nuestro país hay paz y es muy hermoso, pero que no ven futuro alguno en él, que es caro, que hay gente en la calle y que no estamos en condiciones de salvar a nadie, porque bastante de verdad tiene. Esto no es Alemania.
Enseguida surgieron las comparaciones odiosas, con españoles e italianos, nuestros abuelos, que se bajaron de los barcos y se construyeron vidas en este país trabajando de la nada. Que hicieron el país. Desde que no quieren trabajar hasta que no quieren escolarizar a sus hijos o que sus hijas se casen con gente de aquí. También críticas que muchos uruguayos no tienen tierras ofrecidas o crédito para emprendimientos que si se les han ofrecido.
Pero una cosa que creo es cierta y a cambiado, los libaneses, españoles, e italianos que vinieron a este país en otras épocas, convirtieron a sus hijos en uruguayos. Pero las nuevas oleadas de inmigrantes que llegan a Europa, o aquí no se si desean en verdad asimilarse completamente con la cultura receptora. ¿Puede construirse ciudadanía con personas que van a otro país a vivir o intentar vivir como si vivieran todavía en el suyo? Yo creo que es una pregunta que podría marcar todo el futuro de este asunto.
http://www.elobservador.com.uy/refugiados-sirios-quienes-son-y-que-se-quieren-ir-uruguay-n676229
http://ecos.la/UY/9/actualidad/2017/04/03/12645/familia-siria-cualquier-pais-es-mejor-que-aca-uruguay-no-esta-bien/
http://www.elpais.com.uy/informacion/familia-siria-salto-pidio-mas.html
https://www.youtube.com/watch?v=5Dtu0BHFGCc
Felicidades por tu articulo Manu Brabo, muy interesante y esclarecedor como pocos sobre este tema