Este no es otro top de curiosidades de Star Wars

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Imagen: Lucasfilm / Disney.

Aunque hayas vivido bajo una piedra; aunque no las hayas visto nunca y esto no te interese, sabes qué es Star Wars. Conoces a alguien que es muy fan. Tu novia adora a R2D2. Tu novio se viste de Darth Vader en Halloween. La Saga (así, con mayúscula) ha sobrevivido a cuatro décadas de cambios en el mundo del cine; a la modernización del género y la sofisticación de la técnica. Ha sobrevivido a su propio creador y los delirios de este (Jar Jar Binks). Parece imposible acabar con Star Wars. Sin embargo, hay un par de cosas de las que todavía podemos hablar. Todo lo que siempre quiso saber sobre Star Wars y nunca supo a quién preguntar.

Star Wars no es ciencia ficción

Vamos a empezar fuerte: Star Wars no es ciencia ficción. Si atendemos a las formalidades establecidas por grandes autores como Isaac Asimov, la ciencia ficción como género se centra en dos cosas: la fabulación sobre el progreso humano y el conflicto moral entre humanidad y tecnología. En todas las historias, y aquí aunamos todo tipo de narración, el conflicto es el motor de la acción. Hay una sombra que hace que los personajes se muevan de un lado a otro. Pongamos Star Trek: la exploración espacial es el conflicto. Es la primera pieza en moverse en un efecto dominó que después aglutina diversas subtramas y conflictos. Pero la exploración de la última frontera es lo que no podemos eliminar de la saga creada por Gene Roddenberry a mediado de los años sesenta. La tecnología y el descubrimiento de nuevos mundos, de nuevas tecnologías, del desarrollo humano y su relación con ese futuro, son los temas, los conflictos, que forjan la historia.

El primer «problema» es que Star Wars no cumple ninguna de estas normas. Inspirada por los estudios de Joseph Campbell y el desarrollo del mito, la primera pista de su falta de ciencia ficción nos la da la mítica frase con la que empiezan todas las películas: «Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana». Es decir, no se habla de la relación que tiene la humanidad con su futuro, sino con sus orígenes. Y no todas las obras de ciencia ficción se ambientan en el futuro, pero Star Wars tampoco es un retrofuturismo.

¿Qué es entonces?

Lo único que no podemos eliminar de la saga sin que pierda sentido es la Fuerza. Ese concepto de una energía mística que rodea a todo lo vivo, que une a la galaxia, con un reverso tenebroso que puede arrastrar al más pintado a la destrucción, es lo único constante. Podemos cambiar los planetas, en los que siempre hay la misma gravedad, en los que todo tipo de raza puede respirar y moverse sin problemas, por aldeas en un desierto. Podemos cambiar las nobles espadas láser por revólveres; las naves por caballos y la Estrella de la Muerte por un cañón y la historia seguiría funcionando. Cambios el atrezo pero no el contenido. Lo único que no podemos mover es la Fuerza. Y la explicación más cercana a la Fuerza es magia. La magia es la constante en Star Wars. ¿Qué es entonces?

Pues Star Wars es una saga de fantasía.

Rozando la fantasía épica, si se me permite, pero nos distrajeron los rayos láser, los viajes a la velocidad de la luz y las razas alienígenas. Nos quedamos en la superficie del aderezo, pues estamos acostumbrados a que la fantasía se desarrolle en entornos que simulan la Europa de la Baja Edad Media. Pero el conflicto tecnológico en la saga solo se da en contadas ocasiones: Rogue One es lo más ciencia ficción que ha dado la obra basada en los personajes creados por George Lucas en los años setenta.

El feminismo

Cuando Luke y Han llegan a la Estrella de la Muerte a salvar a la princesa Leia y esta ve el caos que han montado, se abre camino para huir de los rayos bláster enemigos. Para los cánones de la época, donde el movimiento feminista todavía resultaba algo confuso en una Norteamérica que se transformaba y era consciente por primera vez de sus desigualdades, la figura de una princesa que no necesitaba ser rescatada supuso un soplo de aire fresco. Veníamos de Carrie (Stephen King, 1976, adapta más tarde al cine por Brian de Palma), una maravillosa metáfora en clave de terror sobre el patriarcado y la liberación femenina que se vivía en las universidades. Leia Organa era fuerte, tenía carácter y no necesitaba que ningún hombre le mostrara el camino.

Desde entonces, la saga ha ido dando tumbos en este sentido. En las precuelas, la figura de Padme Amidala era muy parecida a su futura hija, hasta que se enamora del fuerte caballero jedi y pasa al segundo plano de la mujer sumisa que teme por el futuro de su esposo. En Rogue One nos encontramos con una Jyn Erso que apenas tiene líneas de diálogo y se encuentra rodeada del mayor casting masculino (mayor en cantidad) que se ha visto en una cinta reciente.

En esto, el universo expandido (al que más tarde llegaremos) ha logrado mayores avances. En la campaña del reciente Star Wars Battlefront II conocemos a Iden Versio, una comandante del Imperio que ve caer la segunda Estrella de la Muerte y se encuentra a sí misma en la coyuntura de seguir la lucha o abandonar. Cubriendo huecos narrativos entre los episodios VI y VII, en Star Wars Battlefront II, Iden Versio es lo más interesante que se nos presenta en este videojuego firmado por EA. Esto entronca con algo que ya veníamos echando de menos: lo «fácil» es contentar al feminismo con una heroína dulce, fuerte, independiente y bondadosa como Rey, la protagonista de la nueva trilogía. Lo difícil es crear una villana igualmente carismática que no caiga en la caricatura de ciertas características que se entiende como femeninas. La capitana Phasma se quedó a medio camino de esto en el Episodio VII, pero Iden Versio cumple con este cometido. Un personaje que parte de la oscuridad para buscar la luz; cuya evolución, pese a las carencias narrativas del videojuego, nos presenta la tridimensionalidad que se busca en un personaje. Iden Versio tiene ideales, pero también tiene dudas. Ha luchado toda su vida por una meta, pero ha visto desmoronarse sus sueños. Ama el combate, pero se ve juzgada en cada movimiento por la figura de su padre. Una villana convertida en heroína con un arco evolutivo que Jyn Erso envidiará.

Lo fácil, como decía, es crear una heroína. Eso es un avance, qué duda cabe, pero el verdadero hubiera sido que el líder supremo Snoke fuera una mujer. Pongamos que Kylo Ren recibe entrenamiento y órdenes de una líder. Que la Primera Orden fuera comandada por una mujer. Hace tiempo que Star Wars necesita una villana.

Transmedia

El espectador medio no conoce el Universo Expandido. Para los fans de la saga galáctica, esto es religión. Uno de los mayores logros de Star Wars es convertirse en la primera saga transmedia. La primera gran historia contada en diferentes medios. Los huecos que no llenan las películas (y son bastantes) quedan aclarados en novelas, videojuegos, cómics, series de televisión… Un universo rico que nació al mismo tiempo que explotó la gran histeria por la saga.

Hablamos de los años setenta y todo esto era nuevo. Aún habría que esperar mucho para ver un transmedia tan bien logrado, tan unido y tan coherente. George Lucas renunciaba a parte de su sueldo como director y guionista de la primera entrega por tener los derechos del merchandising de la saga. Esa palabreja todavía era desconocida en la época. Lucas pensaba en estampar sus personajes en camisetas y gorras, pero la euforia por el universo de la pantalla se fue de las manos. Una centena de autores, ilustradores y profesionales de todas las artes han unido esfuerzos en cuarenta años para expandir la historia.

¿Pero qué es el transmedia?

Estamos ante un tipo de narración en que un mismo relato se despliega a través de diferentes medios y plataformas de comunicación. En esto, Star Wars nos lleva años de ventaja. La historia de los Skywalker, de los jedi y los sith, de la galaxia y sus gentes se desarrolla mucho más allá de las pantallas del cine. Entre los episodios VI y VII hay treinta años de huecos. De elipsis narrativa. El ya mencionado Star Wars Battlefront II nos sitúa justo al final del Episodio VI y nos presenta la caída total del Imperio. Los últimos grandes generales aún leales al emperador caen bajo el peso de una galaxia unida por la rebelión. Las lealtades se resquebrajan. Los planetas ocupados se sublevan contra una dictadura que ha durado ya demasiado. La campaña del videojuego, una campaña exigida por los fans tras la ausencia de esta en Star Wars Battlefront. Y, polémicas de EA aparte, la campaña de esta segunda parte, aunque breve y limitada, imagina un escenario político y bélico que cubre uno de las grandes elipsis entre la saga original y la nueva. Un universo tan grande que no se puede condensar en dos horas y media de metraje.

Quizás sea este el gran logro de la saga. Ser el primer gran ejemplo de transmedia en una época en que ni siquiera existía internet. En que para que dos artistas colaborasen solo contaban con el teléfono, Correos y los vuelos. Una época en que la imaginación no se limitaba y era capaz de imaginar, con toda claridad, el futuro.

Las traducciones y los términos

Hay una pequeña polémica entre los fans clásicos y los nuevos. Algo que tiene que ver con la pronunciación del término jedi. Y es que en la saga original, en su traducción en castellano, se pronunciaba yedi. Mientras que en el inglés original se pronuncia yeday. En las precuelas y en la saga original se ha vuelto a la pronunciación original. Se puede distinguir la edad de un fans de la saga por su forma de pronunciar este término.

Por otro lado, hay otros términos que han supuesto un abismo generacional entre unos y otros. Los sith. En el guión original de George Lucas ya se empleaba el término sith para referirse a los enemigos de los jedi y usuarios de la Fuerza Oscura. Pero nunca se llega a decir en las películas de la trilogía original. De hecho, en lo que durante mucho tiempo se consideró la continuación oficial, la llamada Trilogía del almirante Thrawn, novelas escritas por Timothy Zahn, se utiliza el término «jedi oscuro» ante la falta de un mejor nombre. Ya en la saga de precuelas el bueno de Lucas recordó incluir el término. Y, de paso, trató de darle una explicación biológica a la Fuerza y convertir así su saga en ciencia ficción. Pero no se lo tendremos en cuenta.

Cuando Rian Johnson, director del Episodio VIII y, en el futuro, de toda una nueva trilogía de la saga, desveló el título de este algunas voces se hicieron preguntas. The Last Jedi en nuestro idioma podría pluralizarse o no. Podría referirse a un solo jedi o a la estirpe. En el Episodio III, Revenge of the Sith, se tradujo como La venganza de los sith. Lo que me hace pensar que hay un error en la traducción de una de las películas originales. Si vemos cómo continuó la saga en el universo expandido y vemos a dónde se dirigen estas nuevas cintas, tendrías más sentido haber traducido Return of the Jedi como El retorno de los jedi. Claro que en aquella época, con España recién salida de la dictadura, la comunicación entre Lucasfilms y la distribuidora española podía no ser todo lo fluida que hoy día.

Una saga imperecedera

Las grandes epopeyas no caducan. Star Wars ha llegado a la misma categoría que La Odisea o El Quijote. Algunos se llevarán las manos a la cabeza por esta afirmación, pero el tiempo tendrá la última palabra. Podríamos escribir docenas de libros hablando de qué tiene esta saga para resistirse al paso del tiempo, más allá de la mejor maquinaria de marketing del mundo. No es casualidad que la historia de los Skywalker se sustente en los mismo estándares de la construcción del mito que muchas de las historias tradicionales de la humanidad. Hay un paralelismo entre Luke y Gigamesh; entre Rey y Aquiles.

El camino del héroe.

El descubrimiento del camino.

Que la Fuerza os acompañe.

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18 Comentarios

  1. Quizá es porque ya se han vertido muchos ríos de tinta sobre esta saga, pero la lista no podría ser más insulsa. A saber:

    1) Star Wars no es ciencia ficción, y mucho menos futurista, porque tiene magia (cambiada de nombre) y se dice abiertamente que se desarrolla “hace mucho tiempo”.

    2) Hay mujeres. Y hacen cosas. Aplauso.

    3) Aparte de las películas, hay libros, cómics y videojuegos. Bien.

    4) En España el nivel de inglés medio no permite recordar que la “i” se pronuncia a menudo como “ai”.

    5) Star Wars es vieja, pero famosa.

    Sobre el 4 además hay un error: incluso en la versión española, las dos primeras entregas pronunciaron “yedai” como en el original inglés. “Yedi” es algo exclusivo del episodio VI, como “Princesa Lía” es algo exclusivo del IV.

  2. No sólo me resisto a decir “yedai”, es que me resisto al “lado oscuro”.
    ¡Viva el Reverso Tenebroso!

    • El problema de decir “yedi” es que es incongruente. O dices Jedi (j de jamón) o dices “yedai”. Yo digo “yedi”, pero es que la congruencia a veces se puede entender pero no practicar.

      • Es una costumbre. Llevo toda la vida diciendo “yedi”. Lo de “yedai” se empezó a decir en España cuando se estrenó La amenaza fantasma, y para entonces yo ya tenía 22 años, y la trilogía original en VHS gastada de tanto verla. Por más que quiera, me sale “yedi”.

  3. Vaya, parece que Palpatine os a dejado el cerebro frito y el tema de conversación en la pronunciación de una palabra. Interesante, casi parece la cantina antes de que entren los soldados imperiales.

  4. D. Francisco Miguel Espinosa: en 1983 , año de estreno de “El retorno del Jedi”, yo tenía 15 años, y le puedo asegurar que España “no acababa de salir de la dictadura”, como usted asegura. Habían pasado OCHO años.Es como si usted dice que hoy, 2017, acabamos, como quien dice, de padecer la crisis inmobiliaria.En 1983, desde 1975, cuatro presidentes del gobierno, una nueva constitución, la movida, el tecno pop, los conciertos de rock, las drogas, el destape, un mundial, el Makoki, las autonomías y etc,etc etc habían conseguido, entre otras muchas cosas, que la dictadura, para el común de los españoles, fuese un mito más que una realidad tangible en todos los aspectos.

    Ya quisiera España haber salido de la crisis de 2007-2008 con la misma celeridad y el mismo vitalismo con los que se había alejado de la dictadura en 1983

    • Es cierto que en 1983 ya habían pasado varios años desde el final de la dictadura, pero no ocho. El Rey había sido designado por Franco y el primer gobierno de Adolfo Suárez no salió de las urnas, sino que fue nombrado directamente por el nuevo monarca. Las primeras elecciones democráticas fueron en 1977 y la constitución no fue aprobada hasta 1978 así que la democracia aún tardo en llegar al menos 2 o 3 años más desde 1975.

  5. Esto es hablar por hablar, pero: La traducción del ingles al castellano de The Return of the Jedi (que me corrija un filólogo inglés pero, si te refieres a un colectivo o saga familiar, a diferencia que en castellano, se añade una -s, véase, the Sopranos, Los Soprano), atendiendo al contexto de la historia, yo siempre lo he entendido como que, quien regresa es Anakin como Jedi, en el momento en que renuncia al “reverso tenebroso” acabando con el Emperador, ya que , en cualquier caso, los Jedi nunca se habían ido del todo, a menos que consideremos que Luke no es un Jedi auténtico hasta la escena de la muerte de Yoda, pero me parece cogido por los pelos.
    Perdón por el rollo

    • Mace Windu: …you must realize there aren’t enough Jedi to protect the Republic. We are keepers of the peace, not soldiers. — Episode II

    • Luke no es un Jedi hasta que no renuncia a matar a Vader. Se lo dice Yoda en el lecho de muerte, y se lo confirma el Emperador (“asi que eliges ser un Jedi, pues morirás como tal”, más o menos)

    • El subgénero del Space Opera surge a finales de los años 30, cuando realmente nace la Ciencia-Ficción, y como es lógico ha tenido una evolución con el correr de las décadas. Pero en dicha evolución parece que se han ido dejando fuera del “concepto” aspectos que podríamos llamar incluso fundacionales. Y no entiendo por qué. Es como si creas un club de hombres casados rubios, y treinta años después consideras que un hombre casado rubio no debe considerarse parte del club, porque es para mujer solteras morenas.
      Busquemos aquellas viejas historias de Edmond Hamilton, Jack Williamson y Doc Smith, aquellas que crearon el género y le dieron un nombre, y veremos que tanto Star Wars como Mass Effect entran perfectamente en el club.

  6. Fabulación sobre el progreso humano: el progreso no siempre es lineal y hacia adelante, a veces como ocurrió en la Edad Media respecto a la época grecorromana se retrocede y se pierden conocimientos.
    Se fabula con la pérdida de tecnología.
    Conflicto moral con el progreso tecnológico: llegamos a construir una máquina llamada Estrella de la muerte, capaz de destruir planetas enteros. Además tenemos robots pero sigue habiendo esclavos. Dominamos el “hiperespacio” y hacemos desaparecer las distancias pero sigue existiendo corrupción y pobreza.
    Tenemos droides capaces de establecer relaciones diplomáticas en miles de lenguas, pero somos incapaces de evitar que una confederación democrática de miles de especies distintas, se torne en Imperio totalitario donde todos los que mandan son humanos y las demás especies parecen condenadas a estar sometidas.
    Star Wars (“Las Guerras Estelares” en la mejor traducción que es la de los tebeos de los ochenta) es una saga de Ciencia Ficción.

  7. Si entendemos que el protagonista principal (o uno de los protagonistas principales para no ofender a nadie) de Star Wars es Anakin Skywalker/Darth Vader el título de El Retorno del Jedi, o por lo menos yo siempre lo he entendido así, hace referencia a su regreso a la Luz y por lo tanto no creo que en este caso haya un error de traducción.

    • Ya aparecerán si se confirma el rumor sobre Quentin Tarantino.

      Sr. Spock: Mi cartera es esa en la que pone “Vulcaniano hijodeputa reflexivo”.
      Capitán Kirk: Caballeros, no empecemos a chuparnos los phasers.

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