Fotografía: Eduard Bayer

Sahafa significa prensa en árabe. Es la palabra que James Foley gritaba una y otra vez tumbado en el suelo del desierto, en algún lugar a las afueras de Brega, en la costa de Libia. Es el 5 de abril de 2011, un par de meses escasos después del inicio de la revolución contra Muamar el Gadafi, esa Primavera Árabe que se tornaría en guerra civil y terminaría en el Estado fallido actual. «¡Sahafa, Sahafa!». A su lado están el fotógrafo español Manu Brabo y el surafricano Anton Hammerl. También Clare Morgana Gillis, reportera de guerra. Es una mujer alta, corpulenta, de mandíbula masculina y ojos severos e irónicos. Si no fuera por la sonrisa, que es ancha e infantil, daría miedo.
Foley, Brabo y Gillis pasarán cuarenta y cuatro días detenidos por el régimen moribundo de Gadafi; les pegaron, les interrogaron y finalmente les liberaron. A Hammerl lo dejaron morir en la arena el 5 de abril. Ese día se habían aventurado más allá del frente sin darse cuenta subidos en la furgoneta de unos rebeldes. Gillis volvería a Libia poco después, y luego a Siria, Irak, el Kurdistán, Turquía y Egipto. Foley también, hasta que una oscura confederación de insurgentes islámicos le capturó en Siria, le retuvo un año y medio y le decapitó ante una cámara. Ese vídeo de YouTube fue la presentación mundial del Estado Islámico.
Los mejores textos sobre Foley son de Gillis. Tiene un doctorado en Historia con una tesis sobre sexo en la Edad Media y posee una prosa precisa, económica y llena de destellos. Durante el interrogatorio al que la sometieron los esbirros de Gadafi el militar al cargo le preguntó, con incredulidad, por qué una doctorada en Historia por Harvard, con trabajo de profesora asegurado, había decidido irse a Libia como freelance, en medio de un conflicto, cobrando una miseria. Ella respondió que prefería ser testigo de la historia que leer sobre ella. Cinco años después vive en Brattleboro, Vermont, en el nordeste deprimido, fronterizo con lo whitetrash, y da clases en Darmouth College y Marlborough College, universidades con contratos muy por debajo de sus posibilidades. Su casa es pequeña y austera. Parece provisional. Menos querer escribir, todo en ella lo parece.
Esa respuesta en la sala de interrogatorio, ¿sigue siendo cierta?
Absolutamente. Lo que he estado cubriendo este último año son historias de refugiados que han venido a los Estados Unidos En el periodismo de guerra ves el proceso que lleva a la destrucción de la vida; cuando empiezas a seguir a los refugiados ves lo que significa intentar reconstruirla en un contexto nuevo. También tuve un contrato con la agencia para los refugiados de la ONU, en El Cairo y Jordania. Es otro tipo de historia, algo que puedo seguir de forma agradable, mientras doy clases.
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Lúcida, interesante, maravillosa entrevista.
Me devoré esta entrevista…LLegué apenas un par de años después de escrita, pero qué fascinante!
No conozco una revista que tenga el nivel de JOTDOWN. Y sobre todo la diversidad de temas que publican, pero toditos con un nivel y profesionalismo fantástico. Debería ser de lectura obligatoria para los estudiantes de periodismo.
Me gustaría colaborar en la remada («no os oigo remar») pero desde mi tierra, con un Euro comemos todo el mes!
Saludos desde Argentina!