
Siempre he sentido desconfianza ante esa gente que corre porque sí, sin que le persiga nadie, o que se sube a una bici a pedalear con una furia desatada pero sin moverse del sitio. Es más, como pasa a veces con lo desconocido, confieso que me daban un poco de miedo. No era una cosa exagerada, pero si podía evitar subirme en un ascensor con uno de ellos, mejor.
Pertenecían a un mundo lejano, ajeno. Pero, de repente, se multiplicaron y se metieron en todas partes, incluido mi móvil. El grupo de WhatsApp que tengo con mis amigas y sus maridos se convirtió en un centro de alto rendimiento. El chat se llenó de palabras raras. Y yo tuve que aprender el nuevo idioma. A día de hoy, creo que podría engañar a cualquier runner (por teléfono, claro): sé recitar de memoria las carreras importantes, provincia a provincia, y también podría tirarme el pisto citando cuatro o cinco aplicaciones de móvil para nosotros.
La teoría la domino y con eso me valía. Pero todo el mundo a mi alrededor se empezó a poner especialmente macizo, y entre eso y la crisis de los treintaytantos, me pudo la presión. Lo que sigue es el humilde diario que escribí para desahogarme después de cada visita al gimnasio. Lo comparto porque sé que hay más incomprendidos como yo. Si el primer día os presentasteis con un pantalón de chándal viejo y una camiseta de propaganda; si sois incapaces de ducharos en los vestuarios porque os intimidan todos esos cuerpos perfectos; si os sentís diminutos, desnudos, cuando atravesáis esos antros de sudor y música infernal, que sepáis que no estáis solos. Camaradas, somos la mayoría silenciosa. Desde aquí, mi abrazo solidario.
Día 1
Bueno, pues hoy he ido a un gimnasio de esos. En ningún país me había sentido tan turista. Como correr sin que me persiga nadie me parece de tontos y elíptica me suena a potro de tortura, me apunté a zumba. Una hora de baile pensaba yo. ¡Já! Sobre el espejo de la vergüenza, ese que te devuelve sin piedad la prueba de tu descoordinación, hay un reloj trucado: cuando crees que llevas una hora haciendo sentadillas y cosas por el estilo, solo han pasado diez minutos. He pisado a mis compañeras. Les he dado manotazos y codazos. Todas iban monísimas con sus mallas y sus tops. Aparentemente, el chándal ya no se lleva.
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Muy bueno!! Enhorabuena
¡Genial! ¡El mejor artículo que he leído en meses!
Juaaaaaaa. Perdón por lo prosaico, pero otra cosa no se me ocurrió. Hoy Jot Down está para bromas, y de las buenas. Junto a la reunión de científicos inútiles y esta Diana desorientada en el siglo veintiuno no paro de reirme, y tengo que decirle a los demás el motivo. A proposito, y espero no ser acusado de acoso o de morbosidad insana, pero, a qué altura te ha llegado el objeto de tu deseo que envidiabas con tanta resignación, el de la Diosa, quiero decir? Muy bueno. Requetebueno.
Me ha encantado reírme a carcajadas y verme reflejada en la experiencia. Muy buen diario!!
Genial! Disfruté mucho de tu diario. Y más, sé lo que sentiste jaja Yo probé zumba y también intentaba compreender lo que a mí me parecia un mundo paralelo al cual yo iba de vez en cuando. No me salia para nada, soy brasileña, una vergoña nacional que yo no sepa bailar.Debe ser una de las razones por las cuales he dejado mi país. En la sexta clase de zumba la profe decidió innovar, en el segundo saldo con giro perdi la poca coordinacion motora que tengo y casi me rompí el pie. Toda la clase paró, no podía levantarme, me hice un esquince, trajeron hielo, la profe estaba asustada. Despues de los primeros socorros me fui a casa cojeando, pensando que se acaba mi carrera de bailarin. Nunca más volvi al zumba. Pero fue divertido mientras duró. Un abrazo!
Entretenido, divertido, ironico, desternillante. Diferentes calificativos para el excelente (otro mas) articulo de Natalia Junquera. Muy bien que alguien nos haga reir . Enhorabuena a su autora.
Fantástico. Me quedo, especialmente, con la referencia a los «musculitos» y a cómo se ríen de las clases colectivas (y aunque no se rían físicamente, me consta que lo hacen por dentro): en una clase de body attack o de body step querría verlos yo, ¡¡verías cómo se les quitaban las tonterías!!
El artículo es muy divertido, pero tiene un fallo bastante gordo: en C.O.U. no había Educación Física. El último año con Educación Física en el instituto era Tercero de B.U.P.
Vamos, gordísimo el fallo
En ningún parrafo dice que diera Educación Física en C.O.U.
Dice:
«La última vez que había hecho deporte existía una cosa que se llamaba COU»
Genial!! Perfecto!! No tiene desperdicios. El lujo de detalles y las descripciones son excepcionalmente elocuentes. Felicitaciones!!
Estupendo artículo!! Me he reído un montón. Los que hemos pasado por eso nos sentimos plenamente identificados. ?????
Jajajajajaja lo más divertido que he leído en mucho tiempo. He llamado a mi mujer para que lo leyera porque me recordaba muchísimo a los comentarios que ella hace cuando baja a las clases.
Pero aparte de ésto me quedo con lo ameno que lo haces, por esa escritura tan fácil de leer…. lo dicho, un placer.
Reírse es terapéutico. Y facilita que haya razones para el optimismo https://dametresminutos.wordpress.com/2015/10/17/razones-para-el-optimismo/
Me ha parecido buenísimo el articulo. ???Lo que he podido reirme!! ??? Enhorabuena a la autora!
Me he reído mucho, especialmente el final por parejas, genial
Genial, es exactamente asi como lo sufrí al comenzar el gym, parece ser universal como hay una tribu de minas muy cool y un grupo de musculitos que odian que se dicte zumba en el gimnasio.
Un abrazo desde Tucuman, Argentina
¡Genial artículo-reportaje!
Si lo hubiera escrito Tom Wolfe sería una obra maestra.
Natalia Junquera merece el triple reconocimiento por la facilidad con que nos hace identificarnos con la protagonista.