Mariano y yo - Jot Down Cultural Magazine

Mariano y yo

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Fotografía: Andrea Comas / Cordon.

Mariano Rajoy me llamó un día por teléfono y yo le colgué cuatro veces seguidas. Es la pura verdad y juro que fue sin querer.

Era un viernes de agosto y en ese momento yo estaba utilizando el móvil para grabar una rueda de prensa de Rafael Hernando. El portavoz del PP en el Congreso, el que cada día inventaba un mote distinto para el presidente de Ciudadanos —«naranjito», «pichón…»— nos estaba contando que «el señor Rivera» era un hombre de Estado, no como otros, y que lo tuviéramos claro, estábamos ante «el principio de un gran amor» porque acababan de empezar a negociar un pacto de investidura. Claro, sonaba el teléfono y yo colgaba sin mirar. No quería perderme ningún detalle romántico.

La verdad es que yo esperaba, más o menos, la llamada de Rajoy, porque una nativa de La Moncloa me había avisado de que el presidente quería disculparse conmigo por los cortes que me había pegado en aquellas ruedas de prensa previas a la negociación PP-Ciudadanos. Os acordaréis: era la época en la que el pequeño Suárez, con treinta y dos diputados recién nacidos, se atrevía a poner un ultimátum al hombre que había convertido la indolencia en un arma de destrucción masiva. Porque él no mata nunca a sus enemigos, espera a que se maten entre ellos. Si algo nos ha enseñado Rajoy es que si te quedas en la orilla y lo deseas con todas tus fuerzas, al final verás pasar los cadáveres de tus rivales flotando por el río.

En una de las ruedas de prensa, repreguntó él mismo que si alguien tenía «algo importante», y en otra, directamente, me acusó de antipatriota: «No son preguntas que ahonden en el futuro de nuestro país», me reprendió, como si «el futuro» y «nuestro país» fueran mis deberes y yo hubiera hecho pellas. Mi primera pregunta fue, tras enumerarlas —que fue lo que le fastidió—, si aceptaba sin matices las seis condiciones que le había impuesto Rivera para empezar a negociar. Por ejemplo, la de apartar a los imputados por corrupción. Por aquellos días Rajoy trababa de transmitirnos que Rivera podía poner las condiciones, pero que él —como siempre— iba a administrar los tiempos. Por eso, una mañana con ocho cámaras apuntándole dijo que no podía tomar aquella decisión solo y otra tarde, con otras tantas cámaras delante, dijo que quién había dicho eso, que en la reunión del comité ejecutivo del PP no se había hablado de condiciones para nada. ¿Por qué entonces había tardado ocho días, siendo tan urgente la formación de Gobierno, en decirle que sí a Rivera? Esa fue mi segunda pregunta antipatriótica.

Rajoy terminó diciendo: «Yo, normalmente, cuando me comprometo a algo, lo cumplo». Normalmente. Lo del presidente de Murcia, ya tal.

En Twitter, que es la venganza que tenemos los pobres —el gusto de hacer un unfollow, la justicia divina de que un tema tuyo aparezca entre lo más visto—, se había montado cierto revuelo. Eldiario.es incluso publicó un vídeo en el que se oía mi vocecita —soy mucho más mala escribiendo que hablando— con toda la secuencia: «La respuesta despectiva de Rajoy a una periodista que le preguntó por la corrupción» se titulaba.

Por eso aquel viernes, aunque podía haber sido cualquiera ofreciéndome fibra óptica, en el quinto ring, temiéndome lo mejor, me la jugué; dejé a Hernando en la sala de prensa del congreso hablando de amor y descolgué:

—¿Es usted Natalia Junquera?

—Sí, soy yo.

—Le paso con el presidente.

No me dio tiempo a preparar La Respuesta Perfecta, a darle donde le duele, en la Constitución, y memorizar el artículo 20 sobre la libertad de información porque Rajoy se puso enseguida y, con mucha familiaridad, como si los vecinos del primero y el segundo nos acabásemos de encontrar en el rellano, me dijo:

—¡Natalia! ¿Cómo estás?

—Bien, bien. Aquí, en el Congreso, escuchando a Hernando, que nos acaba de decir que se está enamorando.

—Mira, quería disculparme, porque la verdad, ayer no estuve fino.

Me rendí enseguida.

—Muchas gracias, presidente, le agradezco el gesto y la llamada.

Pero él no se quedaba tranquilo.

—No, no, no. Es que tú estabas haciendo tu trabajo, que lo haces muy bien, además…

—Gracias, presidente.

Rajoy insistía. Al final, cuando ya se estaba poniendo un poco violenta la cosa, le dije:

—Bueno, presidente, le perdono. Pero no lo vuelva a hacer.

Nos reímos en gallego, que es una forma distinta, como para adentro. Luego le confesé que me daba tan mala vida que acababa de enviarle a mi compañero que cubre el Gobierno —entonces de vacaciones en Galicia— un S.O.S. rogándole que volviera.

—¿Y qué te contestó?

—Pues solo me envió una foto de un concierto de la orquesta Panorama.

Para los de fuera, la orquesta Panorama es un fenómeno galaico con más poder de convocatoria que Ricky Martin y un juego de luces y efectos especiales que ni Madonna. El presidente y yo hablamos de las orquestas gallegas unos cuantos minutos, casi tantos como los que dedicaron Rajoy y Trump a repasar la actualidad internacional, incluidas, supongo, las pausas para traducir del inglés al castellano y viceversa. Me informó de que se iba a pasar unos días de descanso a Sanxenxo. Le comenté entonces que quizá conocía al padre de una amiga mía que acababa de fallecer. Lo conocía. Se interesó por él y su familia. Más riquiño no se podía ser.

En los días sucesivos, mi vida cambió. Me daban la palabra la primera en las ruedas de prensa. En el PP, como las dependientas sonrientes de las tiendas pijas, me llamaban «cariño». Y en nuestro siguiente encuentro, en rueda de prensa en el Congreso, volví a hacer una pregunta y Rajoy me contestó una verdad como una casa. Nunca se me olvidará. Le pregunté por qué había firmado Hernando y no él mismo —ya que se había molestado en ir al congreso un domingo— el acuerdo final con Ciudadanos, y me respondió que era víctima de la frase con la que unos meses atrás él mismo se había burlado de la solemnidad con la que Rivera y Pedro Sánchez habían firmado su pacto. «Por los Toros de Guisando», me dijo.

Mira, la piel de gallina.

Como todo lo bonito, fue intenso, pero breve. Las cosas volvieron enseguida a la normalidad, es decir, a los «no me consta», y muchos «no se preocupe que será usted la primera en saberlo», etc. En el congreso nacional del PP me di cuenta de que Rajoy ya me había olvidado completamente porque me confundió, entre una melé de señoras, con una fan. Yo había aprovechado un contacto visual para hacerle un gesto con la mano indicándole que quería hacerle una pregunta. Él asintió, con una sonrisa que yo traduje precipitadamente en cinco columnas de periódico. Mala suerte de los cámaras que se habían cansado de perseguirle por la Caja Mágica, pensé. Finalmente, me agarró por el hombro, miró al infinito y preguntó:

—¿Quién nos hace la foto?

Cuatro señoras y una amiga nos apuntaron, con buenos reflejos, con su móvil. Y entonces, instintivamente, yo grité: «No, no. ¡Fotos no!»

El pobre Rajoy, ojiplático, no entendía nada. Le expliqué que era periodista y que quería una respuesta, no un selfie. Qué desilusión.

—¿Nos va a decir hoy si sigue Cospedal o ya mañana?

—Mañana.

—¿Mañana seguro?

—Mañana.

Y mañana fue. De hecho, los jóvenes vicesecretarios del PP se enteraron en Rajoy live, ese mismo sábado, mientras los citaba en su discurso, de que seguían en la cúpula.

Una cosa dejó clara ese congreso del PP: queda Rajoy para rato. Es, con mucha diferencia, el hombre al que más tiempo he dedicado en el último año y lo puedo decir: está en plena forma. Un día me empezó a robar hasta los sábados, que era cuando a él le gustaba coger un AVE y recorrer España «porque en cada pueblo hay alguien enarbolando una bandera del Partido Popular». Luego me quitó el sueño en dos campañas agotadoras en las que te levantabas en un sitio, dormías en otro y en el medio pisabas cuatro comunidades autónomas —ahí entendí yo la melancolía de las top models, que se despiertan en Nueva York y se acuestan en Milán—. Los periodistas íbamos arrastrados siguiéndole por el país adelante, pero él nos hacía llegar cada día esos vídeos en los que salía tan pichi «caminando rápido» a las siete de la mañana por paseos marítimos o fluviales varios.

Las elecciones pasaron, pero yo aún tardé varios días en recuperarme de las secuelas. Me despertaba cansadísima hasta que descubrí que pasaba las noches dando mítines porque me los había aprendido de principio a fin, es decir, desde la herencia recibida en 2011 hasta los veinte millones de puestos de trabajo en 2020. Durante el día hacía vida normal, pero por las noches soñaba que era Mariano Rajoy. Tenía conversaciones con Moragas, cerraba los ojos en el metro y tronaba en el vagón el himno reguetón del PP. También empecé a hablar raro. Decía, por ejemplo: «Eso es un chisgarabís» o comenzaba frases afirmando, convencidísima, «como en cualquier faceta de la vida…».

Las estaciones pasan, Rajoy permanece. Por el camino cayeron David Cameron, Mateo Renzi, anunció su retirada François Hollande y hasta José María Aznar se echó a un lado. El pacto con Ciudadanos, o como lo llaman en Génova, «las lentejas», salta por los aires. Nunca ha estado el líder del PP tan fuerte, ni tan débiles sus rivales.

¿Limitación de mandatos a ocho años? Será si quiere Rajoy.

23 comentarios

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  2. Completamente de acuerdo. Que la nada más absoluta que encarna el estafermo lerense esté más fuerte que nunca, dice todo de la patética izquierda que padecemos y evidencia todavía más la arrogancia de quien proclamando que iba a asaltar los cielos, se topó con el techo de su casa de Vallecas. La única certeza que le queda a la inane izquierda es que si Pablo Iglesias hubiera querido, en las primeras elecciones tendríamos un gobierno de izquierda. Pero la prepotencia y chulería que son su seña de identidad nos han condenado a mínimo 4, si no 8 años del estólido gallego.

    • Claro claro.. como no me había dado cuenta.. Nunca me lo habían dicho q la culpa de todo.. la tiene Pablo iglesias….. Jajaja… De verdad me gustaría saber si estáis tan fanatizados y lo pensáis seriamente estos votantes del PSOE… O en vuestros adentros sabéis las verdad… Por q parece q da igual q Pedro Sánchez haya reconocido q se equivocó en pactar con ciudadanos políticas de derechas para excluir a Podemos de un pacto y q tenia presiones de las altas esferas Isra en momento hacer una negociación sería con ellos… Eso parece.. q os entró por un oído y os salió por el otro….. No hay peor ciego q el qa no quiere ver…..

    • Cansina la obsesión de algunos. Éste es un artículo sobre el bueno de Mariano pero ellos dando la brasa con su fantasma favorito. Supongo que es algo más fuerte que ellos mismos.

      • No soy votante del PSOE y me considero de izquierdas. Seguid instalados en la utopía del advenimiento de una revolución en un país pastueño por antonomasia, salvo cuando se levantó contra el enemigo equivocado, Francia. Seguid en vuestro cubículo de pureza ideológica pero sin capacidad de influencia, y por supuesto, nunca hagáis autocrítica como el jefe de la tribu. Mariano se frota las manos. Parece mentira que con tantos estudios de politología e historia, ciertos dirigentes de Podemos sean tan obtusos a la hora de analizar la política e idiosincrasia españolas. La derecha entendió hace mucho tiempo el pragmatismo de la unión. La izquierda prefiero desgarrarse con luchas intestinas y la arrogancia por ver quién mea más lejos. Felicidades, el PP encantado.

        • Entiendo tus comentarios pero no estoy de acuerdo con ellos, pero me gustaría que entendieras tú también que se trata de DIGNIDAD, no solo de cerrar el paso al señor Rajoy, al que desgraciadamente vamos a tener que aguantar durante años, y no solo a él y a su irrelevante liderato, (la historia le juzgará) sino a sus políticas, o mejor dicho, a las que le imponen los oligarcas que manejan este fallido país.

          • La dignidad es incompatible con el pragmatismo. Los cambios en política española, o son graduales, o no son.

            • Dani, en qué revolución utópica o no, han levantado la bandera del pragmatismo, en que tratado podemos convencernos de que los cambios VERDADERAMENTE NECESARIOS deben realizarse gradualmente.
              Es así que estamos donde estamos y vamos a donde vamos.
              Me niego a aceptar que el camino sea gradualmente el que nos lleve a nuestros objetivos.
              Siento decir que por un momento me pareció sentir un cierto tufillo al discurso de Ciudadanos, estoy seguro que sin querer, pero es mi percepción, la de este utópico que escribe con las tripas y no con la calculadora en la mano

              • No voté en las últimas elecciones y no me debo a ningún partido. Si crees en las revoluciones en pleno siglo XXI y encima en España, sigue esperando a Godot. Mariano per secula seculorum. El objetivo de todos menos Rajoy era echar a este. Pudieron hacerlo, pero algunos utópicos prefirieron jugar al sorpasso con la absorción de IU. Bien, ahí están los resultados: Ni sorpasso y 1 millón de votos menos teniendo potencialmente 1 millón más. Autocrítica: Ni está ni se le espera. La sensatez de la vía Errejón, a 2 metros bajo tierra.

                • Yo tampoco me debo a ningún partido, pero tampoco me debo a esa corriente de pesimismo y falta de esperanza que rezuman tus palabras. Una revolución en España al uso de las que se han conocido en siglos anteriores claro que no son posibles, pero movimientos como los que estamos viendo en España, 15M, Mareas, etc. son los que nos van acercando un poco más cada día a lo que necesitamos. A eso es a lo que me refiero cuando hablo de revoluciones. Pero se necesita otro tipo de aptitudes a las que destilan tus palabras para poder apartar de la vida pública a políticos como Rajoy, que era de quien trataba el gran artículo de Natalia Junquera, que ha motivado nuestro intercambio de mensajes y que te agradezco por el talante y el tono.

                  • Y yo te pregunto, ¿cómo hacer confluir mareas, asambleas, agrupaciones, partidos etc… de manera que formen un todo para derrotar a una derecha más sólida que el cemento? La política es el arte de lo posible y lo demás, aunque soñar es gratis, castillos en el aire. No es pesimismo, ni cinismo, sino realismo (no mágico como en Macondo o Comala, por desgracia).

        • Otro que no se cae del burro. Pactar con Cuidadanos es hacer políticas de derechas. ¿Cuántas veces te lo tenemos que repetir?

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  4. Admiro a Mariano Rajoy. Sí, sí, le admiro. Me encantaría que un día me invitase a Moncloa, tomarme una caña con él en lo que quede de La Bodeguilla de Felipe González, quizá junto a la pista de pádel de Aznar o en la piscina de la mujer de Zapatero, y sencillamente charlar con él del tiempo o de algún paseo marítimo o fluvial en el que haya caminado como con algo de prisa.

    No voto al PP, no me gusta la política del PP, no me imagino un futuro en el que yo cambie tanto (o el PP… o ambos) en el que pueda votar al PP, pero Mariano… Ah, Mariano. El hombre que cuando movió hilos para echar a un politiquillo de las Rías entreverado en temas de narcos recibió el aviso de que haciendo esas cosas en Galicia no iba a llegar a nada, al que el propio Fraga le dijo que se casase y preguntase menos, etc, etc. Y ha aprendido, vaya que si ha aprendido.

    Mariano ha entendido a la perfección la esencia de los españoles, lo que somos. Leed, leed, los mensajes anterior al mío aquí mismo, cómo se muerden, cómo se atacan, cómo un nombre, un gesto, una ambición, la pertenencia futbolera a las siglas, etc, etc, hacen que los españoles opuestos al PP se muerdan las yugulares. Mariano sabe que no tiene que correr delante de las fieras, sabe que solo tiene que subirse a un árbol, cual bosquímano, comerse un par de dátiles y esperar a que las fieras se ataquen entre ellas cual hienas hambrientas. Ya bajará él cuando no queden más que cadáveres y cuerpos desgarrados a cortarse unos filetes y caminar como si el médico le hubiera dicho que caminase una hora al día y él solo dispusiese de 45 minutos.

    Mariano entiende España, no tomar una decisión ya es haber tomado una decisión. Le venía todo tan grande que se camufló en la maraña, pero a base de subirse a los ficus ha aprendido el comportamiento de la hiena hispánica y la decepción que esta causa. Él solo tiene que esperar, leer el Marca y tomarse cañas en Moncloa mientras su gobierno lo hace todo.

    Y lo hará hasta que le dé la gana bajarse del ficus, como hasta ahora, cuando las fieras se hayan machacado entre ellas. Y ese día me gustaría echarme una caña con él, sin prisas, porque él sí que ha entendido todo.

  5. España simplemente se merece a Mariano, en el fondo deberíamos aprender de él. Un país que se levanta cada día con una nueva polémica, en el que todos opinan sobre todo y son capaces de contestar a cualquiera el famoso “que no tienes ni idea”. En ese mismo país aparece Mariano, un hombre que cada acción que hace nos deja estupefactos, que vive rodeado de escándalo tras escándalo. Mientras los demás salen “escaldados” de cada escándalo, este hombre siempre se fortalece. Ya ni siquiera me puedo imaginar un escándalo que pueda acabar con él.
    La única realidad es que vivimos el momento más complicado en democracia para el Partido Popular, pero a pesar de ello este hombre permanece imbatible como cuando Homer Simpson se hizo Boxeador.

    En las universidades deberían estudiarle en profundidad, y por supuesto a nosotros que hemos permitido todo sin salir del Bar.
    Por otro lado estaría bien mirar hacía Corea del Sur, para ver que clase de sociedad no permite la corrupción. La clase de sociedad que se pasa 6 meses en la calle, hasta que la misma presidenta es juzgada por corrupción y tráfico de influencias.

    Pero que queremos, aquí Mariano nos ha derrotado sin moverse.

  6. Fantastico. Podria ser mas largo, el articulo, pero no mejor. Mis felicitaciones.

  7. Mariano es más letal que la peste negra. Ha acabado con Aznar, Esperanza Aguirre, el grupo PRISA, el PSOE o Bárcenas, ha toreado al FMI y a la UE,le han resbalado mil y un asuntos de corrupción… Y mientras él, leyendo el Marca.

  8. Buen e ilustrativo artículo. Yo también pienso que el marianismo ha llegado para quedarse. Es un presidente que se adapta como un guante al pueblo español. Indolencia y acriticismo al poder que ya llegarán tiempos mejores en los que todos volveremos a trincar…y mientras don Pablos frunciendo el ceño detrás de la pancarta por los siglos de los siglos, amén

  9. ESPECTACULAR ARTÍCULO,!!!!
    Qué bien escribe esta chica. Puedo oír a Rajoy decir chisgarabís mientras leo…

  10. Nadie se para a pensar q hay millones de personas votando a Mariano sencillamente porque es hoy por hoy la única alternativa. La izquierda parece que ha involucionado hasta el 36, lo de entenderse con el de enfrente no está en su agenda más que de boquilla, de hecho la transición “buena” hubiera sido otro ajuste de cuentas seguido de otra espiral de violencia, tampoco creen en el capitalismo pero sin ofrecer una alternativa viable en lo económico más llá de slogans para tuiteros, se miran con regocijo en regimenes dictatoriales mientras blanquean el terrorismo. Dejan finalmente su único argumentario a en torno a la corrupción, obviando q todos los que se sentaron en Caja Madrid trincaron, alguno de ellos tan sinvergüenza que incluso llegó a dejar a su hijo sin poder irse de Erasmus (sic) aunque luego le regalara un pisito de protección oficial haciendo a su hijo cómplice a título lucrativo, otros escaquearon pasta a Hacienda o explotaron a sus cuidadores pagándoles salarios miserables en negro por no hablar de maltratadores de embarazadas a los que prominentes líderes con coleta visitan en prisión …Luego tenemos a un PSOE q nos metió en una espiral de despilfarro y q ni ellos mismos saben q lugar quieren ocupar,tanto es así que ni saben si su propio partido tiene autoridad sobre su rama catalana ni tampoco saben de que lado estar en el País Vasco a pesar de los muertos sufridos en los años de terrorismo. Está también el naranjito,pero me cuesta tomarlo en serio por la incosistencia de su discurso más allá de su resistencia al nacionalismo,ni ellos mismos saben si están a izda o dcha por no hablar de que tampoco se atreven a tumbar el concierto vasco o navarro…Y luego está el PP. No voy a hablar de ello porque ya se habla suficiente de ello en internet o en TV (corrupción etc, cierta pero no mejorada por las alternativas disponibles)
    …Hombre se me olvida UPyD, aquella escisión del PSOE q ingenuamente quiso cambiar las cosas y hacer de este país un país serio … y de verdadera “socialdemocracia nordica”, no esa roña bolivariana que os están colando.Pero estos son ya historia, otro caso de esos tan nuestros de quedarnos en el fango y en la verborrea facilona …En definitiva, tenemos Mariano para rato, y la culpa no es suya, él simplemente se ha dado cuenta de que a los inútiles que le quieren quitar la silla solo hay que dejarles hacer y hablar

  11. …Y otra cosa más Mariano se lleva los votos de la derecha, muchos de ellos de una derecha retrógrada y troglodita.. pero está más cerca de la socialdemocracia de lo que a él mismo le gustaría reconocer.

    • Para muchos votantes del PP, Rajoy es un centrista acomplejado, que ha traicionado a la derecha sociológica y que ni siquiera ha modificado la ley del aborto.

  12. Rajoy ha salvado España.

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