
Se rumoreaba que había sido, en varias ocasiones, informante de los federales, policía de incógnito, militante de izquierda, republicano, pedófilo, una máquina de hacer publicidad, enfermo mental, exbaptista, y que había estado involucrado en asesinatos, uno con éxito, el de John F. Kennedy, y otros dos sin, el de Lyndon B. Johnson y el de Gerald Ford.
(Self Space, Christina B. Hanhardt)
La portada del Newsweek de la primera semana de febrero de este año parecía el póster de una provocadora película de éxito. Un cura, con alzacuellos, sostiene en sus manos un fusil. Podría ser algo como las monjas armadas de las camisetas de Rage Against The Machine o aquellos seminaristas navarros en la mili formando con fusiles en la antigua plaza de toros de Pamplona, imagen que se ha asociado erróneamente a la Guerra Civil en numerosas ocasiones. Pero no, ese cura lleva un titular distinto, pone: «El gay más peligroso de América». Newsweek le dedica su reportaje central al reverendo Ray Broshears y sus milicias LGBT. Una historia muy prosaica, este cura decidió que su comunidad tenía que defenderse de las agresiones que sufría en el San Francisco de los setenta armándose y aprendiendo artes marciales. Su lema: «Cristo tampoco estaba callado, era un rebelde».
El 4 de julio de 1973, este sacerdote —evangelista pentecostal— se había quejado a la policía por la mañana de que había adolescentes tirando petardos al tráfico. Cuando luego salió de su centro comunitario, le cogieron los chavales y le dieron la paliza de su vida. Le golpearon en la cabeza y le patearon por toda la acera hasta que un conductor de autobús paró y huyeron. El cura se quedó sangrando por la nariz, lleno de moratones y sin poder mover un brazo en el que sufriría parálisis.
En el barrio de Tenderloin estas palizas eran habituales y generalmente las recibían los homosexuales que lo frecuentaban. Algunos habían muerto y los crímenes seguían sin resolver. En el hospital, con la cara destrozada, Ray Broshears juró venganza. Como más adelante le confesaría a la revista Time, su propósito desde entonces sería: «Aterrorizar a todos esos jóvenes punks que han pegado a mis maricones (faggots)».
Dos días después, en una reunión con su comunidad anunció que nunca más se quedarían cruzados de brazos ante una agresión. Les habló empuñando un fusil. Anunció que se impartirían clases de kárate y judo, y repartió cuchillos y cadenas. El grupo nacía a imagen y semejanza de los Panteras Negras, incluso tomó su símbolo. Su nombre: Panteras Lavanda, Lavender Panthers. «La policía no volverá a mirar para otro lado cuando le den una paliza a un homosexual», les prometió. Y sentenció: «Trabajaría con el puto demonio para que los gais tengan derechos».
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