Música

Cómo grabar un disco con menaje del hogar y fracasar en el intento

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Pink Floyd. Fotografía: Getty.

Recuerdo sentarme junto a Roger Waters y decirle: George, ¡esto es una locura! (Dave Gilmour, guitarrista de Pink Floyd)

Hablemos de no digerir el éxito. No, no me refiero a drogas o alcohol, ni a Anthony Kiedis pretendiendo escribir (¿?) una autobiografía para que terminemos de comprobar que no alberga materia sólida alguna dentro de su caja craneal. Hablo de un propósito artístico sincero, bienintencionado y hasta diría que noble, fundamentado en una idea completamente estúpida. Yo no tengo hijos, pero si usted los tiene, seguramente los habrá visto intentar hacer «música» golpeando cacharros que han encontrado por la casa, y entonces habrá entendido la necesidad de que existan conservatorios. Pues bien, algo así hicieron Pink Floyd durante los setenta. No lo de fundar un conservatorio, sino lo de golpear cacharros. Aunque ellos ya no necesitaban ayuda para ponerse el pijama.

En su país, el Reino Unido, Pink Floyd fueron una banda triunfal ya desde su primer disco. Nunca necesitaron hacer concesiones ni salirse de su estilo para que sus siete primeros álbumes, publicados en un periodo de seis años (1967-1972), vendiesen como rosquillas en las islas británicas, donde todos y cada uno de ellos entraron en el Top Ten. La banda también era importante en otros países europeos como Francia, Alemania y Holanda. Su gran escollo, sin embargo, eran los Estados Unidos. Allí eran conocidos, pero no tenían mucho éxito. Eso impedía que, a nivel mundial y comercialmente hablando, Pink Floyd estuviesen en la primera división. Un disco como Meddle, objeto de adoración en Europa, no pasó del puesto 70 en las listas estadounidenses. El mejor resultado que habían obtenido era el puesto 46 de Obscured by Clouds, banda sonora de la película La Vallée. Consiguieron esa modesta resonancia gracias a una canción que se alejaba de su estilo habitual —ya saben, cada vez más dramático y grandilocuente— y que se parecía más a lo que pudiese haber grabado algún grupo hippioso de San Francisco.

El grupo, en cualquier caso, apenas tenía guiños para el mercado estadounidense. Editaban muy pocos singles, cuando en Estados Unidos eran las canciones concretas las que solían garantizar el éxito de un álbum. Había excepciones, por supuesto, pero se debían más al renombre que las bandas habían obtenido en años anteriores. El Thick as a Brick de Jethro Tull, un disco conceptual, fue número uno en 1972, pero venía apoyado por éxitos anteriores del grupo. Los Rolling Stones también lo consiguieron con Exile on Main St., en el que ninguna canción es un bombazo comercial por sí misma (bueno, quizá un poco «Tumbling Dice»), pero huelga aclarar que los Stones eran una institución en Estados Unidos desde los tiempos de la British Invasion. Algo similar sucedía con los Who. En cuanto a Led Zeppelin, eran casi dioses en Estados Unidos, pero su estilo, como el de los Stones, estaba en completa sintonía con lo que hacían las bandas de rock americanas y con lo que ese público esperaba oír en la radio.

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5 comentarios

  1. Gran artículo!! Pink Floyd es mi grupo favorito y casi no recordaba este episodio. Sólo por el segundo fragmento de este alocado proyecto, ya mereció la pena.

  2. ¡Eres un Pink Floyd! Si te dicen eso, ya sabes por qué…

  3. Qué buen artículo, no conocía esos esfuerzos de los Floyd, salvo el Ummagumma, que creo que viene con canciones experimentales (no lo he escuchado para asegurar). Creo que fue un sello de ellos el integrar sonidos de otras fuentes a sus canciones, cosa que harían en los siguientes discos. Lo de Shine On espectacular!

  4. Lo más increíble de todo lo que dice el artículo es que Pink Floyd fuese una banda de éxito con sus primeros discos, discos que hoy en día son muy poco accesibles para el oyente medio y que probablemente hubiesen caído en el olvido muy rápido en el mainstream actual. Pero entonces la gente escuchaba esas cosas, y otras muchas que no se le parecían en nada. Es lamentable como han empobrecido la cultura musical las radiofórmulas y la cuasi difunta (en lo musical) MTV.

  5. Ruymán Hernández

    «Hay que querer a estos tipos», y se les quiere y mucho además. Hoy en día, y lo digo desde la ignorancia, la obra de Pink Floyd no sólo es reconocida por el peso y la calidad de la misma, sino por la cantidad de grupos que los han tomado como referencia. En mi humilde opinión, no se necesitan ser comparados, por si mismos ellos son los maestros.

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