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Cuando la playa era para gente distinguida

Hubo un tiempo en el que las playas no tenían el menor atractivo: más allá vivía el Kraken y en ellas podían desembarcar en el momento más inesperado una horda de piratas que nos arruinase el día. Pero todo cambió a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, primero en Reino Unido y luego en el resto de Europa, cuando pasaron a verse como un destino donde las clases altas podrían recuperar la salud, pues la brisa marina —más rica en oxígeno, pensaban— lo mismo te curaba la melancolía que la lepra, el raquitismo o la histeria. Jane Austen, por ejemplo, insistió particularmente en ese detalle en Emma:

Siempre lamentaré que este otoño hayáis ido al mar en vez de venir aquí.

—Pero ¿por qué tienes que lamentarlo, papá? Te aseguro que a los niños les fue muy beneficioso.

—Además, si teníais que ir al mar hubiera sido mejor no ir a South End. South End es un lugar poco saludable. Perry quedó muy sorprendido al saber que habíais elegido South End.

—Ya sé que hay mucha gente que opina así, pero la verdad, papá, es que se equivocan del todo… Allí nos hemos encontrado perfectamente bien de salud, y el limo no nos molestó lo más mínimo; y el señor Wingfield dice que es un gran error suponer que es un lugar malsano; y estoy segura de que puede confiarse en su criterio, porque él sabe perfectamente de qué se compone el aire.

Huelga decir que su intrigante protagonista era «hermosa, lista y rica». Algo tiene la gente adinerada que le hace salir mejor retratada en las artes, donde la historia de un pervertido te da para una trilogía siempre y cuando sea millonario. Así que poco tardaron los pintores en plantarse en las playas con sus lienzos a recrear a todos aquellos burgueses y aristócratas con sus sombrillas y su aparatosa vestimenta. Bien es cierto que en el siglo siguiente el turismo se masificó y la costa se llenó de chusma, pero el cliché ya estaba creado por medio de multitud de bellas imágenes en las que cada artista demostraba su virtuosismo en la representación de la luz y el oleaje. Por ello, aprovechando el inicio de un mes tan propicio aquí va una selección de algunas de esa obras que ocupan un lugar destacado en la historia de la pintura, para que voten su favorita y se solacen pensando que pronto estarán en su lugar… aunque menos peripuestos, imaginamos.

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2 comentarios

  1. Es inquietante el rostro severo de la mujer en Paseo a la orilla del mar. Si esa era su esposa no lo hubiera envidiado al pintor.

  2. No, la que lleva el sombrero en la mano es la hija mayor (y le está dando el sol en la cara, lo cual puede explicar su expresión facial). A su esposa se la puede apreciar mejor en estos dos cuadros:

    https://bit.ly/2KIaZdP
    https://bit.ly/2NfuTyi

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